La izquierda en docentes: entre el crecimiento de la multicolor y el seguimiento a la celeste

Por Romina De Luca – El triunfo electoral de Baradel se explica, en gran medida, por la deficiente actuación de la izquierda durante la huelga del 2017. La izquierda no quiso o no pudo diferenciarse de Baradel en la lucha real y esto tuvo consecuencias en el plano electoral. Hoy el promedio salarial docente a lo largo y ancho del país es el de la pobreza: un salario que cubre apenas la mitad de la Canasta Básica Total.


La izquierda argentina viene ganando peso sindical en una de las principales fracciones de la clase obrera: los docentes. No se trata de un dato menor porque dentro de la estructura social, los docentes constituyen el cuarto renglón en importancia. Según los datos de la Encuesta Permanente de Hogares, en 2015, el cuarto sector de toda la fuerza de trabajo lo constituyen los docentes (9,9%). De ellos, tienen un gran peso los estatales (68%). El 33% del sector de enseñanza se encuentra en GBA y el 14,3% en CABA; Córdoba y Rosario tienen un 5% cada una y hay otro 4% en Mendoza. Gran Resistencia es el aglomerado donde hay un mayor porcentaje de docentes entre el proletariado: 15,9%. Le sigue Jujuy con un 15,2%, Concordia con un 13,8%, La Rioja con un 13% y San Luis 12,9%.1

Si miramos la evolución durante las últimas décadas, el proletariado argentino actual se compone, por una parte, de un sector amplio de “pauperismo consolidado” y de un ejército industrial de reserva muy extenso, lo que genéricamente son denominados desocupados o sub-ocupados. Por otra parte, el sector de obreros en activo se encuentra muy disminuido y puede separarse en dos fracciones: los obreros industriales (entre los que sobresalen transportistas) y el de las nuevas capas asalariadas (antaño de origen pequeño-burgués) como los docentes.2 La fragmentación del conjunto de la clase es una tendencia que empieza a hacerse sentir en la década del ‘70. Esto se percibe a nivel general cuando hablamos de la fragmentación entre ocupados y desocupados, entre obreros en blanco y en negro o tercerizados, en la disparidad contractual (convenios, contratos, cláusulas especiales y de productividad), en el plano salarial y en las condiciones de trabajo (duración de la jornada, estabilidad, entre otros). A nivel contractual, se expresa en la disparidad en las condiciones que fijan para unos y otros los convenios dentro de los trabajadores en blanco, la emergencia de los tercerizados (por fuera del convenio colectivo) o bien los trabajadores en negro (sin derechos). A nivel salarial, en la pérdida general del poder adquisitivo del salario que se hace sentir con mayor fuerza en las capas “informales”. De muestra vale un botón. Mientras en la década del ’70 el salario del empleo no registrado cubría casi el 70% del registrado, en la última década desciende por debajo del 50%. La explicación es sencilla: la caída salarial del conjunto de los trabajadores se potencia por el aumento de todas las formas de empleo precario (en negro, planes y programas de empleo intensivo).

En ese cuadro general, los docentes forman parte de esa capa de la clase obrera con mayor estabilidad lo que favorece a su organización sindical. La tasa de afiliación sindical de los docentes es una de las más altas: 55%. Se trata de un nivel muy elevado si se compara con la tasa de afiliación del conjunto de los trabajadores de solo el 37,7% (último dato disponible del año 2008). Mientras que la tasa de afiliación sindical promedio se ubica hoy muy por debajo de sus parámetros históricos cercanos al 50%,3 los gremios docentes constituyen una excepción ubicándose por sobre esos guarismos.

La realidad salarial docente no es muy diferente a la del conjunto de los trabajadores: hoy el salario del docente que recién inicia le permite comprar la mitad de lo mínimo que necesita para vivir y, por lo menos, el 67% de los docentes son jefes/as de hogar. Su salario es, entonces, el principal ingreso de la familia. Esta precaria realidad salarial no es nueva y se cuece, por lo menos, desde la década del ’70. Entre 1975 y 2003, el salario docente no para de caer encontrando su piso histórico entre 1989 y 1991. En este esquema, al contrario de la mitología K, el kirchnerismo solo implicó una recuperación salarial muy modesta y parcial. En el más largo plazo, el gobierno peronista aparece como el primer ajustador del salario de los maestros ya en los años ’50. Perón fue el primero que socavó el salario docente porque durante sus dos primeros gobiernos el poder de compra disminuyó 47%.

Para la década del ’30, el salario de una maestra que recién se iniciaba equivalía a más de dos canastas de consumo promedio para una familia tipo. Según el Censo de Población de 1914 el salario docente era 164% más alto del promedio de los asalariados urbanos no calificados. Realidad muy lejana. Hoy el promedio salarial docente a lo largo y ancho del país es el de la pobreza: un salario que cubre apenas la mitad de la Canasta Básica Total. Esto no es más que el resultado de un proceso que tiene décadas y cuyo resultado es la proletarización y pauperización de los docentes. Se proletarizan porque ahora su amplia mayoría es el único o principal sostén de hogar4 y se pauperizan porque el salario que reciben por su tarea es cada día menor.

Es en este contexto, que la izquierda viene ganando peso político en una de las fracciones más activas de la clase obrera desde fines de los ’90: los docentes. Ese peso se manifiesta en el posicionamiento sindical de la izquierda en los principales sindicatos docentes de todo el país: SUTEBA, ADOSAC, AMSAFE, ATEN y más recientemente el SUTE mendocino, Ademys, SUTEF, entre otros. Los frentes electorales (lista multicolor, Frente Único para la Recuperación Sindical) de distintas fuerzas políticas fueron los instrumentos para obtener esos espacios. La izquierda hoy tiene presencia en nueve seccionales de la provincia de Buenos Aires -La Matanza, Tigre, Quilmes, Ensenada, Escobar, Bahía Blanca, Marcos Paz, General Madariaga, Berazategui- y, en más de una oportunidad, gestionó La Plata, capital de la provincia, logró dirigir el Sindicato Único de Trabajadores de la Educación (SUTE) de Mendoza junto a seis seccionales del Gran Mendoza, dirige numerosas seccionales en la provincia de Neuquén y Santa Cruz, dirige AMSAFE-Rosario. Pero teniendo un terreno fértil e inigualable para su intervención, la izquierda no puede superar el síndrome del 17 de octubre: gana presencia en los sindicatos, pero su política no avanza, la falta de audacia la lleva a confluir detrás de las consignas peronistas. Esto, termina por limitar también su crecimiento gremial.

Los avatares de ese síndrome se hicieron sentir con fuerza durante el conflicto docente por las paritarias 2017 en el principal bastión docente del país: la provincia de Buenos Aires. Los coletazos se plasmaron inclusive en los resultados de las últimas elecciones sindicales: frente a una oportunidad histórica para crecer, en el mejor de los casos, consolidó lo obtenido en 2013. A pesar suyo, la izquierda avanza. En este artículo buscamos ver por qué frente a inmejorables condiciones estructurales la izquierda no crece más. Para ello, nos valemos del análisis de la provincia de Buenos Aires. Examinaremos la intervención de la izquierda en el conflicto paritario de 2017, los puntos en común con la huelga de 2014 y la evolución electoral de la Multicolor entre 2013 y 2017. Empezamos por esto último que da cuenta de su peso sindical real.

La provincia se tiñe de Multicolor: la elección de 2013 

El 22 de mayo de 2013, la izquierda dio en la provincia de Buenos Aires un batacazo histórico. Logró imponerse en 9 seccionales incluyendo la gestión de dos estratégicas: La Matanza y La Plata, esto es, la capital de la provincia y la seccional cuantitativamente más importante. A ellas, sumó otras: Bahía Blanca Ensenada, Quilmes, Berazategui, Tigre, Escobar, Marcos Paz. En todas ellas venía ganando espacios y dirigía algunas desde por lo menos 2003, pero era la primera vez que lograba imponerse en esas nueve seccionales en simultáneo. En 2003, la izquierda multicolor (Lista Violeta-Rosa) obtenía el 28% de los votos y ganaba seis seccionales: Gral. Sarmiento, La Plata, Bahía Blanca, Gral. Rodríguez, Lomas de Zamora y Marcos Paz. En esa oportunidad, perdía por pocos votos en Avellaneda, Alte. Brown y La Matanza.5 El reflujo y la aparición del kirchnerismo le darían un serio golpe a la izquierda que, en las elecciones de 2007, perdería la mayoría de esas seccionales. Diez años más tarde de ese triunfo del 2003, para las elecciones del 2013, la Multicolor logró conformar listas para 32 seccionales. El padrón electoral total se compuso de 88.055 electores, de los cuales votaron efectivamente 52.679 personas (casi el 60% del padrón). El resultado a nivel provincial se puede observar al final del artículo.

El gráfico no contabiliza en los porcentajes un total de 2.662 votos a otras listas, impugnados o en blanco. En ese mismo año, a nivel provincial, la izquierda cosecharía 281.597 votos en las elecciones legislativas de octubre, un 3,66% sobre el total. Inclusive en las elecciones nacionales, la influencia docente se hacía sentir en los porcentajes electorales: sus marcas eran mayores al promedio en buena parte de los distritos docentes: Bahía Blanca (5,5%); Ensenada (4,9%); Tigre (4,44%); La Plata (4,35%) y 3,89 en La Matanza, entre otras. En otros distritos donde la izquierda realizó una buena elección docente también logró porcentajes electorales generales más elevados como en Morón (4,24%), Lomas (4,38%), Avellaneda (4,20%) y Lanús (3,99%).

La elecciones docentes de 2013 evidenciaron que más de un tercio de los docentes giraban a posiciones clasistas. Cierto es que los valores provinciales diluyen, en cierta manera, el peso de la izquierda, que se encuentra mayormente concentrado en el Gran Buenos Aires y en algunas seccionales del interior, con presencia histórica de la izquierda como Bahía Blanca, La Plata y Mar del Plata. Sobre el total de 113 distritos, existen 18 que concentran más del 60% del padrón y casi el 55% de los electores efectivos. Las seccionales más grandes son Tigre, Sarmiento, San Martín-Tres de Febrero, Quilmes, Morón, Moreno, Merlo, La Matanza, Lomas de Zamora, Lanús, La Plata, General Pueyrredón, Florencio Varela, Echeverría Ezeiza, Berazategui, Bahía Blanca Avellaneda, Almirante Brown. En esas seccionales, la izquierda logró el 47,49% de los votos con un total de 13.709 votantes mientras que la Celeste/Violeta alcanzó el 45,54% con un total de 13.146. Mientras la Celeste se impuso en Almirante Brown, Avellaneda, Florencio Varela, General Pueyrredón, Lanús, Lomas de Zamora, Merlo, Moreno, Morón, San Martín-Tres de Febrero (con la maniobra de fraude denunciada) y Sarmiento; la izquierda Multicolor se impuso en Bahía Blanca, Berazategui, La Plata, La Matanza, Quilmes y Tigre y en seccionales más chicas como Ensenada, Escobar y Marcos Paz. El gráfico 2 al final del artículo resume lo dicho.

Tal como puede verse, la izquierda logra un caudal electoral mayoritario superando incluso los resultados de la alianza kirchnerista que encabeza Roberto Baradel. La diferencia se amplía aún más al comparar los resultados obtenidos por ambas fuerzas en las nueve seccionales que logró conquistar la izquierda en 2013. Ellas representan un cuarto del total de los empadronados y casi la misma cifra de votantes. En orden de importancia del padrón se ubica La Matanza, seccional que concentra el 10% del padrón total y representa el 33% de los votos multicolores en esas seccionales, seguida de Quilmes, Bahía Blanca, Tigre, La Plata y Berazategui. Con un total de 7.646 votos la izquierda Multicolor obtuvo más del 58% de los votos tal como muestra el cuadro 1 al final del artículo.

Así las cosas, la izquierda logró consolidarse como una fuerza política a nivel provincial con más de un tercio de los votos y como una fuerza mayoritaria y decisiva en las 18 seccionales que concentran el 60% del padrón y en las nueve seccionales que logró acaudillar a partir de 2013. Fue en esa oportunidad en la que dio un salto político en relación a las elecciones anteriores. Su triunfo se gestó en sintonía con el agotamiento del bonapartismo kirchnerista: el ocaso de la bonanza económica (el famoso viento de cola) y la decisión de cerrar el bonapartismo por derecha (la sintonía fina de Cristina). Tal fue el impacto de la victoria de la izquierda en docentes que Clarín publicó una nota con el título: “Avance de la izquierda en las elecciones de SUTEBA” y sintetizó la experiencia desde el punto de vista de Baradel como “ganó pero perdió”,6 haciendo alusión no solo al porcentaje de votos obtenidos por la izquierda sino a la centralidad de las seccionales conquistadas: La Matanza, La Plata. También lanzaba una profecía respecto al armado Multicolor: “la unificación de la oposición clasista servirá de modelo para otras elecciones gremiales”.

El batacazo que no fue

Las posiciones alcanzadas en el 2013 abrían la perspectiva de un mayor crecimiento y las elecciones del 2017 se presentaban como la posibilidad de ampliar lo obtenido e ir, incluso, por el control del SUTEBA provincial. Al presentarse las listas, el Partido Obrero declaraba: “se trata de la presentación más extensa e importante de la oposición en toda su historia, que buscará retener las seccionales recuperadas (La Matanza, Quilmes, Tigre, Bahía Blanca, Berazategui, Marcos Paz, La Plata, Escobar y Ensenada) y conquistar la dirección de muchos otros distritos clave de la provincia de Buenos Aires”.7 Si bien la multicolor es una fuerza política amplia -que nuclea desde el Partico Comunista Revolucionario, el guevarismo y el trotskismo-, las fuerzas del FIT y, en particular el Partido Obrero, controlan las seccionales más importantes (La Matanza, La Plata). Ello se expresó en la cantidad de listas que cada fuerza integra: mientras el PO compuso 35 de las 38 listas, el PTS colocó candidatos en 24 sin controlar ninguna secretaría general. Opinión Socialista dirige Tigre, el PCR Quilmes, el Encuentro Colectivo (MIC, Rompiendo Cadenas, Izquierda Revolucionaria) Bahía Blanca.

La presentación de las listas generó expectativas en el activismo docente que se encontraba movilizado por la huelga. Por eso, al presentar las listas, se señalaba la aprobación inmediata que las bases docentes habían hecho y la repercusión mediática alcanzada. Como en 2016, Baradel logró imponerse en una asamblea y asegurarse el control de la Junta Electoral ya en la presentación de las listas se advirtió la posibilidad de fraude, denuncia que la izquierda repite elección tras elección. En las tres semanas previas a las elecciones, el clima triunfalista se imponía. Como parte del pronóstico favorable se señalaba que las actividades electorales derivaban en encuentros masivos de cara a las presentaciones distritales de candidatos; crecía el número de fiscales, los spots se viralizaban y las actividades de presentación se transformaban en asambleas para organizar a la docencia en lucha. Que la octava reunión con la mesa salarial paritaria hubiera fracasado (manteniendo el 19% en cómodas cuotas con cláusula de presentismo) fue leído en clave política: si hay bronca, el voto es Multicolor. La falta de entrega de los padrones y las denuncias ante el Ministerio de Trabajo fueron mostradas como parte de la maniobra de fraude elaborado por Baradel.8 Dos días antes de las elecciones, una nota de Daniel Sierra en Prensa Obrera, rezaba:

“En el portal de Educación más visto por los docentes en la provincia de Buenos Aires (Fernando Carlos) hay una encuesta sobre las elecciones de Suteba. Sobre 2613 votos al momento de realizar esta nota, el 64,7 por ciento vota por Romina Del Plá contra el 17,3 por ciento a Roberto Baradel. La encuesta es anónima, no distingue entre afiliados y quienes no lo son, pero no deja de ser un indicio del ánimo que se vive en la docencia. Los spots de la Multicolor que se han colocado en dicho portal tienen más de 10.000 vistas cada uno”.

Y obviamente advertía una vez más sobre las posibilidades de fraude. Si bien señalaba los límites de la encuesta, sus datos eran tenidos por buenos como “indicios del ánimo”. Con algún matiz, la línea era la del triunfazo. Ahora bien, ¿cuál fue el resultado el 17 de mayo? Veamos.

En las elecciones de 2017, el padrón electoral total se compuso de 91.701 electores habilitados para votar. De ellos, votaron 56.268, 3.589 votantes más que en la elección anterior. La lista de Baradel (Celeste/Turquesa) obtuvo 34.444 votos (1.507 votos más que cuatro años atrás) y la lista Multicolor 20.556 votos, 3.476 votos más que en la última elección de 2013. Así, la lista Celeste se impuso en toda la provincia con el 61,21% mientras que la Multicolor obtuvo 36,53%. El voto en blanco marcó una tendencia creciente y registró 1,82% con un total de 1.023 votos concentrando altos guarismos en Quilmes (112), Pilar (144) y, proporcionalmente en Villa Gessell (40). El gráfico 3 al final del artículo resume los números de la elección.

Si comparamos la evolución en los 18 distritos que concentran el 60% del padrón, ambas fuerzas crecen en cantidad de votos dada una mayor participación electoral. La lista Multicolor disputa la hegemonía con la Celeste en tanto obtiene el 47,48% de los votos. Sin embargo, en relación a sus propias marcas en 2013 no logra crecer, más bien estabiliza sus logros de 2013.

Algo similar ocurre al comparar el crecimiento en los 38 distritos donde la Multicolor presentó lista a nivel distrital. Si bien muestra un leve aumento, el sumar listas en 6 seccionales, no tuvo un impacto significativo porque no se logró mejorar la posición relativa: al igual que la Celeste cosechó una mayor cantidad de votos, pero en valores porcentuales no se alejó de las marcas obtenidas. Más bien consolidó la posición de la elección anterior tal como permiten comparar los gráficos 5 y 6 mostrados al final del artículo.

En las nueve seccionales que la Multicolor gestionaba desde 2013, la lista de la izquierda tuvo 516 votos más que en 2013 porque pasó de 7.646 a 8.162. De esos 516, 408 se obtuvieron en La Matanza. La cantidad de votos totales disminuyó en Bahía Blanca, Marcos Paz y Quilmes, se mantuvo a nivel de voto provincial en La Plata9 y creció en Tigre, Escobar, Ensenada, Berazategui y, como dijimos, La Matanza.

Frente a este cuadro ¿cuál fue el balance de la izquierda? El mismo 17 de mayo Tribuna Docente sostuvo que:

“La Multicolor triunfó en la estratégica seccional de La Matanza, en Ensenada, Quilmes, Berazategui, Bahía Blanca, Tigre, Escobar, entre otras y logró importantes votaciones en Morón, Ituzaingó, San Isidro, Vicente López, Gral. Sarmiento, Mar del Plata, General Belgrano, donde el triunfo obtenido en las escuelas por la multicolor fue arrebatado con el voto de jubilados y funcionarios de los municipios (agregados fraudulentamente al padrón). En La Plata se continúa la disputa, voto a voto, pese a la concurrencia a votar de 300 “afiliados” que no acreditaron su pertenencia a la docencia”.

Según la izquierda, el fraude fue clave en la victoria de Baradel porque “la elección fue una demostración del agotamiento de una dirección que sobrevive con el pulmotor del estado, cómplice -de este gobierno y del anterior- con la destrucción de la educación y la miseria salarial. El fraude avalado por Triaca es la contraparte de la entrega de la paritaria a Vidal. Un factor que desalentó una mayor participación electoral de la docencia”. Según la izquierda, su caudal de votos se habría acercado al 45% (entre 42 y 45%). Para eso, considera los votos en el área del Gran Buenos Aires y en las seccionales donde competía con lista propia.

Recién el viernes 26 se realizó el escrutinio definitivo, aunque los datos oficiales completos aún no circulan. Al momento de cierre de este artículo, aún no habían asumido las nuevas autoridades (lo harán el 3 de julio) y no se había resuelto la impugnación realizada sobre los resultados en La Plata.

El 26 de mayo, el Partido Obrero sacó un nuevo balance sobre las elecciones. Ahí sostuvo que la “lista Multicolor rompió todas las marcas: obtuvo el 42,6% de la votación en la lista provincial encabezada por Romina Del Pla”. Los datos surgen de las “65 seccionales, que pudieron ser fiscalizadas por la oposición (de las cuales, incluso, algunas sólo parcialmente), en las que votaron 46.262 personas, 25.914 a la Lista Celeste (57,2%) y 19.328 a la Multicolor (42,72%). En diez de ellas ganó la Multicolor -incluida la seccional La Plata- y en al menos 15 regionales se obtuvieron sufragios por encima del 40%”. Sostiene que el caso de La Plata fue un “fraude escandaloso” con centenares de votantes truchos. La burocracia habría acentuado sus “métodos antidemocráticos” ante “la instalación de la Multicolor y de Romina Del Plá como referencias provinciales”. Sin poner en cuestión la valía de Del Plá y sus méritos para encabezar la lista, no puede dejar de señalarse el personalismo que marca el balance en lugar de enfatizar sobre la construcción del frente clasista.

En relación al fraude, el PO sostiene que se trata de un “fraude electoral histórico” producto de una sofisticada manipulación del padrón que la Celeste viene llevando adelante los últimos cuatro años. Pero al enumerar cuáles son las irregularidades señala: la no exhibición de los padrones 30 días antes de los comicios, la no entrega de una copia digital a la oposición y que en “La Plata, La Matanza, Tigre y San Martín, entre otras, la oposición Multicolor demostró la existencia de cientos de agregados irregulares en los listados, la adulteración de los circuitos electorales, la duplicación de los padrones en múltiples jurisdicciones, lo cual fue denunciado ante el Ministerio de Trabajo en las dos audiencias de conciliación que se realizaron en su sede”. Responsabilizan al Ministerio de Trabajo por habilitar la exhibición del padrón solo a partir del 10 de mayo. Señalan que se impidió la fiscalización en seccionales enteras, como Chivilcoy10, Azul o Colón. En La Plata, el comunicado que sacó el Partido Obrero el 18 de mayo reconoce 240 personas empadronados en La Plata que no acreditaban su condición de docentes, pero luego la impugnación se estableció por 92 casos.

El PO aduce que la votación de 2017 fue menor a la de 2013 pero, los números del acta del escrutinio del 26 de mayo no lo demuestran. Según ellos “la votación decayó respecto del nivel de votantes de la elección de 2013, lo que favoreció el peso del aparato en el proceso de la elección”. Este argumento, le impide ver que el crecimiento de la Multicolor también fue acompañado de un aumento del voto pro-Baradel. Según el Partido Obrero “influyó la desazón que provocó en la docencia la entrega de la histórica huelga de cinco semanas a cambio de nada. La bronca que la Multicolor recogía en su favor en la mayoría de los docentes de las escuelas no tuvo un registro directo y en la misma proporción en la movilización de los compañeros el 17 de mayo al momento de votar”.

El balance triunfalista es también compartido por otras organizaciones como La Fossati. Destacan el carácter amplio de la Multicolor, aglutinando distintas fuerzas de izquierda, su democracia y su antiburocratismo. Este elemento sería el que suma adhesiones por parte del conjunto de los trabajadores.

En general, diferentes corrientes vinculadas al espacio del Encuentro Colectivo asumen que la explicación de la derrota se vincula con el fraude electoral: inflar el padrón, incluir a no docentes, uso de patotas como mecanismo de presión; uso de mecanismos punteriles (por ejemplo, facilitando el traslado de votantes jubilados o no). Esos son algunos de los ejemplos de la maquinaria punteril del PJ usada por la Celeste. Sin embargo, agregan también que parte de la victoria reside en el nivel de conciencia de los compañeros. A decir de ese espacio, miles de docentes se siguen referenciando con el modelo de sindicato cimentado por la Celeste, esto es: verticalista, individualista y basado en la delegación. Ese nivel de conciencia favorecería una dinámica del tipo “mutual” repartiendo algunos beneficios y fracturando las problemáticas colectivas en asuntos individuales. Además, resaltan el bajo nivel de participación en tanto no todos los afiliados votan y sobre un total de 300.000 docentes (entre afiliados y no afiliados) poco más del 10% vota a Baradel. También destacan el acompañamiento y el apoyo que la Multicolor tuvo durante la campaña, pero no alcanzan a explicar por qué ese apoyo no se traduce en participación sindical y electoral. La conclusión que sacan es lógica: hace falta otro modelo sindical. Va de suyo que, ese punto de llegada diluye la discusión programática, refuerza la impronta frentista y coloca la discusión dentro del campo burgués de la “democracia sindical”: hace falta involucrarse más.

El problema de la democracia como factor explicativo del resultado es también la punta de lanza del MST. Pero, este partido a diferencia de otras corrientes, reconoce los magros resultados provinciales. El MST remarca que la Multicolor sacó menos votos que en 2013 en 10 distritos con lista (Quilmes, Bahía Blanca, La Plata y Marcos Paz y en Lomas, Varela, Lanús, Pilar, San Isidro y Vicente López).11 Para explicarlo, carga las tintas sobre todo en la conducción del PO, por no ser lo suficientemente amplia. Por ejemplo, ya en el mes de marzo, denunciaban las pretensiones del Partido Obrero de hegemonizar todas las listas12 y en particular, el caso del SUTEBA La Plata donde directamente acusaban a la conducción multicolor de burocrática. Acuerdan en que parte del resultado se explica por la “baja participación, desafiliación, desmoralización y desánimo” que quedó en las bases luego de la huelga de marzo. Con el resultado en la mano, siguieron responsabilizando al PO como el principal artífice de la derrota. Los argumentos remiten menos a los resultados de la huelga que a los personalismos. Su explicación entonces es igual de limitada. Según el MST “el PO quiso el monopolio de la unidad y no fue bien visto. El relato sobre la «lista de PO» sirvió a la Celeste para fidelizar su base y sectores en disputa”.13 La derrota se explica por un voto consciente anti-PO.

Por su parte, el PTS, en sintonía con el PO, celebró la victoria, aunque destacó que se “logró mantener esencialmente el espacio conquistado en la elección anterior”.14 Sobre los resultados prefirió destacar los lugares que logró su fuerza en cada una de las seccionales como lo hizo para Ensenada, Berisso, La Matanza y Tigre. Y nada más. La elección docente parece más bien un trámite dentro de la eterna campaña por conseguir más bancas de diputados para el partido de Nicolás Del Caño.

En relación al fraude en La Plata, Tribuna Docente agrega que hace cuatro años Baradel “viene integrando al padrón a estudiantes de La Cámpora, que actúan como una verdadera fuerza de choque en respaldo de una Celeste deslucida”. Añaden que, muchos de esos estudiantes fueron incluso consagrados candidatos y que, junto a 400 empadronados truchos, fueron aprobados por el Ministerio de Trabajo. El PO señala también que “el día de la elección, la Junta Electoral Provincial se instaló en el Suteba La Plata, intimidando todo el desarrollo del comicio. Estas fueron las herramientas del fraude de Baradel, por segunda vez”. En ese sentido, el balance impide ver un dato central que distingue las elecciones en el sindicato docente con las elecciones en cualquier otra fábrica donde el peso de las patotas es real: su masividad. Casi 1.600 personas se movilizaron en la Ciudad capital para votar. Cualquier patota queda opacada en esa magnitud. Al margen del fraude existen en la elección elementos de un incipiente “voto bronca” por parte de los afiliados platenses como la presencia del corte de boleta, uno de los factores que determinaron que la Multicolor se consagrara a nivel provincial, pero perdiera el control de la seccional. El Partido Obrero, como la fuerza que hoy conduce la seccional, debería hacer un balance al respecto.

En la seccional de La Plata el día 24 de mayo se realizó una asamblea donde se invitó a delegados, fiscales, presidentes de mesa, afiliados y no afiliados para decidir acciones contra el fraude. Allí se resolvió realizar una marcha de antorchas, en la ciudad de La Plata, el jueves 1 de junio, ampliar la presentación legal ante el Ministerio de Trabajo denunciando que dentro de los padrones inflados hubo 81 personas que votaron en las elecciones del 17 de mayo. También resolvieron la confección de un afiche denunciando el fraude con el nombre de las 81 personas que votaron sin estar habilitadas para hacerlo. Se votaron, además, otras medidas de lucha: movilización al Ministerio de Trabajo la semana del 5 al 9 de junio, realizar un festival contra el fraude y en defensa del SUTEBA La Plata, en la semana del 12 al 16 de junio. Como señalamos, antes del 3 de julio el Ministerio de Trabajo y la Junta Electoral deberán expedirse sobre la impugnación.

Qué ocurra con la seccional capital será un dato político de envergadura. Implica el control de una de las seccionales más importantes políticamente hablando por encontrarse en el corazón del poder político provincial. Si la izquierda logra retenerla será una victoria modesta. No puede dejar de ver que, el crecimiento electoral en la seccional respecto de 2013 fue nulo lo que implica revisar lo actuado, sacar balances y pertrecharse para la elección de 2021.

Llegado a este punto, conviene pensar cómo puede interpretarse el resultado electoral final. Cierto es que los números muestran una consolidación de la izquierda en uno de los sindicatos más importantes del país: el SUTEBA. A nivel provincial obtuvo el 36% de los votos y en las áreas metropolitanas o donde logra colocar lista, su fuerza se ubica cercana al 47%. Es un número que expresa una inserción real de la izquierda en el seno de los docentes afiliados y activos políticamente dentro de la cuarta fuerza laboral del país. Los docentes forman parte de la clase obrera y en ella la importancia de la izquierda se hace sentir tal vez como en ninguna otra rama o sindicato. La izquierda tiene una oportunidad histórica para crecer, pero parece desaprovecharla. Por lo menos así lo hizo en la última elección. Las expectativas de todas las fuerzas políticas que componían la Multicolor eran, si no ganar la provincia, por lo menos, sumar el control de un mayor número de seccionales. Con los resultados actuales solo agregaron General Madariaga (una seccional menor) y aún queda en discusión el destino final de La Plata, siendo válido todo lo que ya hemos señalado.

La izquierda tenía un escenario favorable para ganar más seccionales o, inclusive, la provincia. Enfrentaba a Baradel, un burócrata sindical en su peor momento quien, sin embargo, se impuso. Hay que preguntarse porqué. A nuestro entender, este resultado  se explica, en gran medida, por la deficiente actuación de la izquierda durante la huelga del 2017. La izquierda no quiso o no pudo diferenciarse de Baradel. Su enemigo cosechó el triunfo porque logró construir una victoria en el plano político: convertirse en el líder de la oposición macrista. En cambio, la izquierda, que no prosiguió la lucha ante la defección de la burocracia, no pudo capitalizar plenamente el malestar por el levantamiento de la huelga.

Los límites: su programa real

El conflicto de las paritarias 2017 desnudó la falta de un plan de acción escindido de la burocracia. La izquierda parece no animarse a traspasar los límites de esa conducción, salvo por alusiones a la gastada democratización, un abstracto llamado a la necesidad de lo nuevo o proclamas antiburocráticas. Para entender el impacto electoral del conflicto, veamos cómo se sucedieron los hechos.

A fines de 2016, el Ministro de Educación nacional, Esteban Bullrich, anunció la supresión de la paritaria nacional, instancia donde se fijaba el valor testigo para el ajuste del salario. Para hacerlo, el gobierno se valió de lo suscripto en la paritaria de ese mismo año, que en uno de sus puntos había acordado el salario inicial de los maestros fuera un 20% por encima del salario mínimo, vital y móvil. De esta manera, el gobierno intenta interpretar esa cláusula como una suerte de paritaria vitalicia.

La eliminación de la paritaria fue celebrada por la gobernadora María Eugenia Vidal al entender que Nación no debía fijar ninguna referencia para el salario docente de la provincia porque afirmó “somos las provincias las que pagamos los salarios”.15 Con el conflicto paritario ya en marcha, CTERA, UDA, AMET, CEA, SADOP, los cinco gremios nacionales, se reunieron el 9 de febrero de 2017 en la CGT y anunciaron un “plan de lucha” de no abrirse la paritaria federal. En el mismo impulsarían el no inicio del ciclo escolar y la organización de una marcha federal para el 7 de marzo sumándose a la convocada por la CGT. El 23 de febrero el Congreso Nacional de CTERA impuso paro por 48hs. para el 6 y 7 de marzo. A lo largo del conflicto, CTERA organizó tres grandes marchas federales, una serie de paros aislados y no demasiado más. La defensa del salario igual a la Canasta Familiar se colocó a la orden del día.

El SUTEBA de Baradel se puso a la cabeza de lo que sería una larga huelga, casi con seguridad mayor a sus intenciones iniciales. Baradel apostó a que el no inicio obligara al gobierno a mejorar su oferta inicial de 19% en cuatro cuotas. En ese contexto, ya en las primeras movidas de piezas avisaba que del original 35% requerido podía acordar por un 28%. Es probable que la intransigencia del gobierno lo haya sorprendido.

Ya a fines de febrero, el programa con el que irían los SUTEBAS combativos a la huelga quedó perfilado y brotó, en buena medida, en el Congreso de Tribuna Docente, de febrero de 2017:

“por la renacionalización de la educación, para que el Estado nacional se haga cargo del sostenimiento del presupuesto nacional, por un salario básico nacional unificado de 15.000 pesos con todos los adicionales que correspondan, provincia por provincia, de acuerdo con sus peculiaridades, sin sumas en negro, por la defensa de los estatutos y de las jubilaciones docentes. También, se denuncia la eliminación de los convenios docentes, el salario por mérito, suprimir la estabilidad laboral, la reducción del presupuesto educativo, la eliminación de 1000 institutos de formación docente en todo el país, el desconocimiento de los regímenes jubilatorios docentes (bancados por cajas complementarias y aportes extra de los trabajadores), la precarización de los cargos y la devaluación definitiva de la educación pública”16

Se exigió que el SUTEBA provincial convoque a un plenario de delegados de escuela con mandatos como instancia de decisión de las acciones. Además, otra constante fue la exigencia a la CTERA y a las centrales sindicales de convocatoria a paro. Es decir, pedir a otros (la burocracia) que decida la lucha por nosotros. Esto fue una constante en las medidas de lucha adoptadas por el sindicato multicolor de la Ciudad de Buenos Aires (Ademys). Durante todo el mes de marzo, en provincia el paro se sostuvo tanto por la burocracia celeste como por el sector Multicolor. Cierto es, como denunció el espacio Multicolor, la burocracia buscó cualquier gesto del gobierno para arribar a un acuerdo. Por eso, el paro no se desarrolló en un plan de lucha de “paro por tiempo indeterminado” sino como paros parciales (a menudo progresivos) y sucesivos en el tiempo que la dirección sindical comunicaba sobre la marcha. Pero el gesto nunca llegó. Recordemos que las sucesivas marchas federales movilizaron a más de medio millón de personas en todo el país en el centro del corazón político. Luego de la última y más masiva marcha, el día 22 de marzo, el gobierno repitió sus argumentos y se mostró incólume: se trata de un paro político de baja representatividad (adujo que el grueso de los docentes fue a trabajar), que los gremios ya habían acordado la paritaria nacional a inicios de 2016, que el paro en la provincia era político y que la provincia, fundida financieramente, estaba haciendo su mejor oferta. El gobierno nacional se mantuvo en su tesitura y Vidal sostuvo que no negociaría con los chicos como rehenes de los sindicalistas. En efecto, desde el primer momento, el gobierno apostó fuerte. Una vez lanzado el paro, el gobierno de la provincia de Buenos Aires, desplegó distintas medidas para quebrar la huelga. Buscó reclutar voluntarios para cubrir a los huelguistas; se recorrieron escuelas con policías oficiando de auditores para registrar el nombre de los docentes en paro; se intimó a los directivos a informar la cantidad de “pases” que se habían realizado a la escuela privada durante el mes de marzo. Se amenazó a los sindicatos con la conciliación obligatoria dictada por el Ministerio de Trabajo, finalmente implementada en mayo. Con la intransigencia luego de la gran marcha del 22 de marzo, la burocracia empezó a buscar la forma de desandar el paro.

Todavía en la cresta de la ola, frente a la amenaza de levantar la huelga por parte de Baradel, Daniel Sierra de Tribuna Docente afirmaba:

“En el momento más estratégico del conflicto, las declaraciones de Roberto Baradel que señalan que ‘analizamos diferentes modalidades y alternativas, entre las que está que los chicos estén en el aula’ (La Nación, 18/3), o los dichos de la secretaria gremial del Suteba, María Laura Torre, que declaró al mismo diario: ‘en algunas aulas habrá clases, en otras jornadas de protesta, en otras asambleas’ (ídem), o el planteo del secretario general de que trocarán los paros por bicicleteadas, son todas invitaciones a retroceder en la lucha”.17

Denunciaba que no se podía volver a las aulas con las manos vacías bajo el pretexto de diseñar “medidas creativas” de lucha. Cargó las tintas sobre la burocracia nacional (CTERA) y provincial (SUTEBA) por pretender levantar el paro que se sostenía gracias a la “movilización y presión de las bases” pero advertía la burocracia iba a tirar la toalla.18 Poco más tarde, caracterizaba “la huelga resiste y la docencia tiene sobradas reservas para continuar esta lucha”.19 Por su parte, Romina Del Plá sostuvo los primeros días de abril que “el paro sigue siendo muy fuerte y muchos compañeros entienden que el Gobierno sigue sin hacer ningún tipo de oferta y está tratando de que nos desgastemos, de que nos enfrentemos con la comunidad”. También afirmó que “la voluntad de lucha está completamente abierta. Muchos compañeros plantean que tengamos este nivel de firmeza porque el reclamo sigue muy firme” y no hay que “flexibilizar la postura”. Señaló que se evaluaban “paros rotativos o por tiempo indeterminado”.

Apenas unos días más tarde, el 8 de abril, levantarían el paro junto a Baradel y pasarían a reivindicar acciones como marchas de antorchas, festivales, bicicleteadas junto a la eterna demanda de “plan de lucha” a la CTERA y SUTEBA. Si el paro era firme y las bases querían continuar la lucha, no se entiende por qué los espacios multicolores levantaron la huelga junto a Baradel. Reclamaron un plenario provincial de delegados, pero no hicieron un plenario de delegados unificando a todas las seccionales combativas hasta entrado el mes de junio. A fines de abril, cuando en sus seccionales también la tregua marcaba el paso, achacaban que Baradel “sigue dilapidando la voluntad de lucha que demostraron repetidamente los trabajadores del gremio”.20

Levantado el paro, la izquierda siguió pidiendo a la CTERA y al SUTEBA que  organizaran un plan de lucha.21 Va de suyo que se trata de una exigencia seguidista: las fuerzas multicolores estuvieron más preocupadas durante el proceso por exigir a otros que organicen un plan de lucha que por hacer lo propio en las nueve seccionales que con autonomía dirigen. Que era posible tomar la iniciativa lo demuestra la tardía convocatoria que los Multicolores hicieron para el 9 de junio cuando finalmente convocaron al paro, sesenta días después de que este había sido levantado.22 Es decir, dejaron que la cosa se enfriara para recién entonces realizar un paro aislado, sin mayor horizonte político.

La multicolor tampoco organizó un plenario unificado de delegados que permitiera unificar el accionar de las seccionales combativas. De tal forma, la discusión quedó enclaustrada, por un lado en los Consejos Ejecutivos o las asambleas de cada distrito. Si la burocracia no quiso centralizar el debate fuera de los ámbitos que le resultaron propicios, la izquierda no propuso tampoco canales de centralización alternativos.

De hecho, las dos semanas previas al paro del 9 de junio no existía un acuerdo explícito sobre qué hacer. Mientras la asamblea de la seccional de SUTEBA Tigre resolvió: “1- Exigir a SUTEBA y al Frente de Unidad Docente Bonaerense que la Clase Pública del jueves 1 de junio en la Casa de la Provincia sea en el marco de un PARO PROVINCIAL. 2- Retomar el Plan de Lucha con acciones coordinadas como paros progresivos, Movilizaciones y toda iniciativa que nos permita lograr las respuestas que nos merecemos”, la seccional más importante multicolor, La Matanza, insistía con la exigencia a CTERA y SUTEBA de continuar el plan de lucha y propuso coordinar acciones con las seccionales opositoras en caso de que la provincial no convocara paro para el 1 de junio.23

No es la primera vez que la izquierda apela a las centrales sindicales para la organización del plan de lucha. En el conflicto de 2014 hizo lo mismo.24 La huelga del 2014 fue levantada el 28 de marzo firmando un acuerdo salarial por el 30%. En esa oportunidad, los sectores combativos rechazaron el acuerdo, pero no lograron sostener la medida perdiendo la votación. Más tarde se plegarían al paro de la CGT del 10 de abril y luego bregarían por el no inicio tras el receso invernal reclamando reapertura de la discusión salarial.

También debe considerarse que Baradel levantó el paro en 2017 sin obtener nada (a diferencia de 2014), pero logró mantener la iniciativa política. Cumplió milimétricamente con lo que el año electoral le exigía y se mostró “luchador” al inicio, jugando a favor del kirchnerismo como su principal líder sindical, pero supo levantar el pie del acelerador cuando la huelga comenzó a desgastarse. Fue esa “razonabilidad” la que lo llevó a buscar otras estrategias de lucha. En ese contexto, CTERA decidió instalar una “carpa-escuela itinerante” frente al Congreso Nacional el domingo 9 de abril.

El gobierno nacional reprimió la instalación de la carpa y se llevó detenidos a cinco docentes. Esa acción tuvo un efecto no deseado para el gobierno: ubicó a Baradel, una vez más, en el centro de la escena política aun habiendo abandonado el paro. La represión en la carpa docente mostró el endurecimiento del gobierno y el pasaje a una fase abiertamente represiva. No se trató de un hecho nuevo o aislado: el desalojo de los trabajadores de AGR/Clarín y la represión de los cortes en el marco del paro nacional del 6 de abril anticiparon esos sucesos. Que no se trata de una opción “neoliberal” del macrismo lo demuestra la represión análoga en Santa Cruz con punto de inflexión el 21 de abril y las decenas de exoneraciones de docentes en Tierra del Fuego. Mientras la CTERA denunció la represión frente al congreso e hizo una movilización al día siguiente, apenas emitió un comunicado frente a los episodios en el sur lo que da cuenta de su defensa del kirchnerismo.

La carpa fue utilizada por Baradel como tribuna electoral. Organizada por la CTERA, Baradel se paseó por allí numerosas veces y usó la represión para victimizarse y marcar cómo los que pedían otras formas de lucha respondían con represión. La izquierda lo corrió por entregar la huelga, pero, como señalamos, tampoco se lanzó a sostener la medida en sus propios distritos. Para peor, no le contrapuso a la carpa ningún tipo de acción más que la denuncia. La izquierda pecó de falta de audacia. No se animó a sostener la huelga y ser acusada de “ultrista”, pero tampoco se animó a disputar el juego con las reglas que imponen otros. El resultado es claro. La izquierda no logró contraponer ninguna acción equivalente a la instalación de la carpa y se dispersó, en el mejor de los casos, en decenas de festivales distritales, cediéndole el papel estelar a Baradel. Entonces, más allá de las asambleas, las acciones objetivas que la izquierda llevó adelante durante el paro no fueron muy diferentes. Cuando la burocracia levantó el paro lo hizo con ella, y a la carpa de Baradel solo le contrapuso una serie de acciones menores y dispersas: ollas populares, festivales, marchas de antorchas, radios abiertas, bocinazos, caravanas, bicicleteadas…

También el programa y las consignas con las que fue a la lucha registran puntos flacos. En el medio de las elecciones, sostuvo que su programa era: “en defensa de la escuela pública, por la nacionalización del sistema educativo -hoy fragmentado en 24 jurisdicciones-; por una gestión democrática de la educación pública frente a la arbitrariedad de un Ministerio de Educación sin escuelas, que gobierna en contra de la participación de docentes, padres y alumnos; por un salario básico nacional unificado de 15.000 pesos; por la defensa de IOMA; contra el vaciamiento del IPS y el resguardo de las jubilaciones; contra la privatización educativa y por el aumento del presupuesto; en defensa de una educación científica, laica, estatal, obligatoria, con currículas establecidas con la participación de los docentes y estudiantes y un nomenclador único nacional”.25 En su plataforma electoral se agrega “la defensa de las condiciones laborales docentes, que la actual crisis económica y social no la debe pagar la educación pública, sino la banca, las privatizadas y los grandes pulpos empresariales (…) la triplicación del presupuesto educativo y la defensa irrestricta de la democracia sindical y de los métodos de lucha de la docencia. De esta manera, recoge la mejor tradición de la docencia argentina”.26 Su programa no es muy diferente al de la Celeste.

Baradel en su propio programa también sostenía: “no a la “Armonización”, no al aumento de la edad jubilatoria, no a la liquidación del Fondo de Garantía y Sustentabilidad, no a la modificación del Régimen Jubilatorio”. Defiende una escuela pública nacional, popular e inclusiva, paritaria anual con cláusula gatillo, integridad del salario en blanco, eliminación del impuesto a las ganancias. Además, en el rubro financiero pide el acceso gratuito de los docentes a distintos bienes culturales como internet, cines y teatros, museos y espectáculos musicales. También brega por la creación de una comisión de seguimiento de las condiciones de trabajo, la regularización de la prestación del IOMA y cobertura al 100% de las prestaciones, ampliación de las enfermedades laborales reconocidas por la ART, licencia por violencia de género, equipamiento integral de las escuelas, congresos pedagógicos en los distritos y formación en servicio con año sabático de capacitación.27 Cierto es que quienes gestionaron el sindicato durante 14 años no se ocuparon de garantizar ninguno de esos puntos. Pero lo importante aquí es cuál es el programa que, en los papeles también, se le opone. Y lo cierto es que la Multicolor no logra trascender un programa sindical elemental. Que Baradel sea el que se preocupe por reconocer aspectos vinculados a la formación cultural de los docentes y no la izquierda marca la pauta de los límites de nuestro campo.

En materia de salario, la fórmula encontrada por la izquierda logró eludir la discusión más básica, a saber: cuánto necesitamos para vivir. Resulta contradictorio proponer un piso común en 15.000$ de básico para el docente sin antigüedad ni zona, situación que mantiene la fragmentación del salario, junto a la denuncia de la fragmentación. Esa cifra no tiene el mismo poder de compra en Santa Cruz que en Misiones o CABA. En efecto, con 15.000$ de básico un docente misionero apenas alcanzará la canasta real de pobreza. En este punto que hoy cubra la mitad no tiene ninguna importancia porque no vamos a la lucha por metas “realistas” sino correctas.

Históricamente, la izquierda ligó todas sus consignas salariales a salario igual a canasta familiar (o canasta básica total, en términos estadísticos). A la hora de traducir la consigna de los 15.000$ la izquierda apeló a esa fórmula. En la otra gran huelga del 2014, la izquierda sostuvo esa misma consigna: “salario igual a la canasta familiar con cláusula gatillo” valgan de ejemplo las resoluciones del Encuentro Provincial de Delegados de aquel 24 de febrero de 2014.28

La izquierda parece no entender el significado de la Canasta Básica Total (CBT). La CBT es un concepto que se elaboró a fines de la década del ’80 para medir la pobreza. Establece cuánto dinero necesita una familia tipo (dos adultos y dos niños menores) para cubrir ciertas necesidades “básicas”. Y cuando decimos básicas implica poder satisfacer los requerimientos calóricos mínimos para dos adultos con “actividad moderada” y sus hijos más un “adicional” para cubrir otros requerimientos también elementales siempre dentro de un cálculo de pobreza: transporte, vestimenta, gastos en educación, gastos para conservar la salud o recuperarla, el pago de los servicios, un dudoso valor de vivienda y otros gastos de esparcimiento.

La canasta se construye en base al consumo de las fracciones más pobres de la población -el segundo quintil del INDEC y los ventiles 8 a 11 de CABA. O sea, la canasta de pobreza se mide con los hábitos de consumo de los pobres. Una tautología solo justificada en clave estadística. Va de suyo que este es un primer límite: no vamos a hablar de lo “deseable” sino de lo mínimo requerido y consumido por esas fracciones pobres de la sociedad. Cuando la izquierda pide ese salario igual a la canasta familiar para el cargo testigo parece desconocer el contenido real de su consigna aceptada por el mismísimo Baradel.

En el conflicto se fueron desarrollando otras variantes peores. El PTS se encargó de dejar en claro que su consigna durante el conflicto paritario era:

“pelear por trabajar un cargo de 6 horas con 4 horas frente al curso con 2 dos de capacitación, 5 días a la semana con un salario igual a la canasta familiar para defender el salario y la educación pública. También queremos transformar los sindicatos que recuperamos y que mantuvimos en estas elecciones, transformando los estatutos para que sean sindicatos de organización de miles de docentes, democráticos y de lucha, lo opuesto a lo que representa Baradel”.29

Su consigna es peor incluso que aquella que pide salario igual a la canasta familiar. Porque plantean una jornada total de 6hs que no le permitirá al docente tener un segundo cargo y lo condena a un salario igualmente de pobreza. Con los dos cargos podría aspirar a una vida algo menos miserable, deseo que la creatividad abstracta del PTS coarta con una pseudo progresista regulación de la jornada.

La defensa abstracta de la educación pública es compartida en la agenda celeste y multicolor. Estos últimos, acusan a Baradel porque “acompañó doce años de convalidación del esquema privatista en la educación”30 apoyando las leyes que mercantilizan y privatizan la educación. He ahí el corazón del planteo de la izquierda. La lucha contra la privatización constituye una de sus consignas históricas. Distintas fracciones del arco trotskista señalan, desde hace años, que el Estado burgués buscaría en forma consciente la mercantilización del servicio educativo para aumentar la ganancia de los capitalistas. La privatización iría de la mano de una destrucción del circuito público como contraparte previa necesaria.31 Todos coinciden en que el crecimiento del sector privado durante el kirchnerismo sería exorbitante. Señalan además que las escuelas carentes de fondos no darían abasto (ni físico ni monetario) para recibir a una población creciente y demandante. Así, la saturación del sistema público aceleraría la descentralización y la iniciativa privada. Entre 2003 y 2013, “el crecimiento en la matrícula privada superó incluso los números de la década neoliberal”. No podemos aquí más que remitir al lector a otro trabajo y recordar lo fundamental. La discusión sobre la privatización impide comprender el problema real de la educación argentina: su degradación. Lejos de privatizarse el sistema educativo se estatiza. La estatización va acompañada de una mayor degradación. Circulación rápida en el nivel primario, permanencia y egreso vaciados de contenidos, procesos educativos más largos y fragmentarios en media, son algunas de las marcas de la nueva “inclusión estatal”, cambios en la articulación de las modalidades (escuela común, de adultos, Fines), reformas que prometen vaciar contenidos.32 Al no entender esos problemas, nos quedamos sin política e impotentes. Mientras la burocracia no los toma, porque no les interesa, la izquierda no lo hace por falta de capacidad propia para analizar la realidad. Su programa, entonces, es un programa corporativo.

La izquierda en el sindicato se limita a llevar adelante la lucha corporativa, esto es cómo mejorar el valor de compra-venta de la fuerza de trabajo docente. Como vimos tampoco hace esto bien, porque toma consigna el salario igual a la mísera canasta básica total. Al tiempo que deja de lado los planos políticos e intelectuales necesarios en la contienda y propios del sujeto protagonista de su lucha: el docente, obrero intelectual.

Epílogos de la huelga

Recién el miércoles 28 de junio, la provincia hizo una oferta que “destrabaría” el conflicto luego de que tras el levantamiento inicial de la huelga el 8 de abril, hubiera dos jornadas de paro adicionales -una convocada por la Multicolor el 9 de junio y otra por la celeste el 14 de junio. Vidal ofreció 21,5% en cuatro tramos (el último a pagar en septiembre) con cláusula gatillo, más un 2,5% de recomposición salarial 2016 que no es más que lo que ya se pagó “a cuenta de la paritaria” en 2017. Además, se suman dos bonos por material didáctico por 800$ cada uno, en los meses de septiembre y octubre, justo antes de las elecciones legislativas nacionales, y que se dejan de percibir si el docente incurre en faltas.

El SUTEBA de Baradel salió a decir que rompieron el techo salarial logrando un aumento del 27,5% mientras que el gobierno bajó el tono y destacó que se trataba de un 24% y que para el 2017 la pauta de referencia no sería otra que el 21,5%.  La propuesta fue aceptada el lunes 3 de julio por parte de la Celeste, a través de una “encuesta” en las escuelas y rechazada por las conducciones multicolores en las asambleas realizadas el 30Ratificar el pliego de reclamos que dio orígen al conflicto, como los 15.000 pesos de básico, sin cuotas y al básico, obras de infraestructura, cupos de comedores y nombramiento de los cargos necesarios. de junio en cada seccional. Las resoluciones votadas se limitaron a rechazar la oferta salarial y ratificar el pliego de reivindicaciones originales más la exigencia de que se devuelvan los días de paro descontados. Pero en relación con estos puntos no se planteó ningún plan de lucha por fuera de una movilización a La Plata para el día 10 de julio.

La Multicolor sí organizó el rechazo a la Resolución 1137 que obliga a los docentes a asistir a las escuelas durante el receso invernal  para recuperar los días de clase perdidos por el paro. La Matanza realizó una concentración el día 5 de julio frente a la Jefatura Distrital y el día 11 de julio, resolvió ocupar la Jefatura Distrital para solicitar a las autoridades la derogación de la Resolución 1137. La ocupación se extendió ese día hasta las 22 horas. El SUTEBA Tigre replicó la medida de ocupación el día 12, pero dio un paso más: permaneció ocupando la Jefatura hasta, por lo menos, el día 14 de julio (fecha de cierre de este artículo). El día 14 de julio, a las 17 horas, cada una de las seccionales multicolores realizará una nueva asamblea para decidir cómo seguir el rechazo a la Resolución 1137.  Por su parte, el SUTEBA de Baradel realizó una presentación de Amparo ante la Justicia pidiendo una medida cautelar junto presentaciones en las jefaturas distritales y regionales con el mismo efecto: derogar la medida. El 14 de julio, el juez Arias falló a favor de la presentación y dispuso la suspensión de la medida.

De tal manera, si bien en este caso la Multicolor muestra más iniciativa, a la misma le sigue faltando una coordinación. Pero, por sobre todo, no termina de diferenciarse de Baradel. Al igual que la celeste, la multicolor sólo salió a combatir la Resolución 1137. Es cierto que los métodos marcan una diferencia: mientras que Baradel acudió a la justicia, la Multicolor tomó acciones directas. Sin embargo, y esto es lo principal, el acuerdo salarial pactado, que era el núcleo de lo que se discutía no mereció por parte de la Multicolor más que un mero repudio nominal, sin ninguna acción que lo respalde y por lo tanto sin una verdadera delimitación de la conducción celeste. 

Nunca es triste la verdad 

La izquierda tiene inmejorables condiciones para crecer en el seno de los docentes. Viene construyendo, con avances y retrocesos, una inserción real hace décadas. En el año 2013 consolidó una posición estratégica y si no crece más, tal como demuestran las elecciones sindicales de 2017, es sencillamente porque no se anima a romper con el peronismo.

En la huelga docente y de cara a las elecciones de mayo, la izquierda apeló a no perder las simpatías de las fracciones de docentes kirchneristas. Por eso no se animó a seguir la huelga más allá de Baradel. Si hasta el día anterior levantar la huelga era una maniobra de la burocracia y las fuerzas daban, la falta de disputa real de la medida solo puede ser interpretada en esa clave. Si el problema era que la huelga se desinfló, la izquierda no debería mentirle a sus bases. Perfectamente era uno de los posibles escenarios de la huelga más larga de los últimos años. Pero en lugar de adulterar el escenario en sus discursos, o auto-engañarse, la izquierda tiene la responsabilidad de disputar esa conciencia reformista, que no está dispuesta a sostener la medida de lucha, para revertir la situación. Solo puede hacerlo si se da un balance correcto de la situación y si decide disputar la conciencia reformista con un programa que no reproduzca ese mismo estado de conciencia inicial. Un escenario similar se dio en la huelga del 2014. Pero en esa oportunidad, se dio la discusión para continuar y esa es la gran diferencia con la situación actual. Con el escenario electoral frente a sus narices, decide sumarse a la oleada pro-festivales aun habiéndolo denunciado como parte de una maniobra de tregua en el conflicto. Denuncia a su enemigo por entregar la huelga sin nada a cambio y, sin embargo, entrega la huelga con él.

En segundo lugar, la izquierda fue a la huelga (y también a las elecciones) con un programa estrictamente sindical que además, se circunscribe a la lógica de lo posible: salario igual a la canasta familiar. Parece no comprender que limita su lucha a un indicador de consumos mínimos. Cuando busca una fórmula general, como los 15.000$ de básico, reproduce en su planteo aquello que denuncia: la fragmentación del sistema porque ese básico no tiene el mismo poder adquisitivo en las provincias patagónicas con una canasta regional más cara que en las del norte. Pareciera que la “nacionalización del sistema educativo” remite pura y exclusivamente a la caja de la que saldrán los fondos para pagar los salarios y no a terminar con la fragmentación del salario y, detrás de ello, con la fragmentación sindical.

La precarización laboral, la búsqueda de cercenar derechos (en el sistema de licencias, por ejemplo), la crisis de infraestructura o del sistema de atención médica son denunciados también, denuncias que perfectamente suscribe la burocracia. Está claro que no es igual la responsabilidad de quien conduce el sindicato entero que quien apenas dirige nueve seccionales. Pero ni siquiera en sus espacios eleva el nivel de la discusión. Parece contentarse apenas con demostrar una gestión democrática y asamblearia y luchadora, articulando con otros sectores en lucha no necesariamente docentes. Es Baradel quien introduce en su programa la disputa cultural a través del pedido de acceso gratuito a los bienes culturales para los docentes. Aunque incipiente, es él y no la izquierda, quien incorpora ese elemento. Que lo haga por oportunismo es harina de otro costal. Baradel puede hacerlo porque la izquierda le resigna ese terreno al enemigo.

La izquierda puede crecer más, pero para hacerlo debe, de una buena vez, dejar de lado su claudicación ante el peronismo. Trascender, por un lado la política meramente corporativa y, por otro, los reclamos de tintes peronistas carentes de anclaje en la realidad (la lucha contra la supuesta privatización). Debe denunciar a la educación burguesa por lo que es (al tiempo que se trabaja para transformarla en su contrario) y cuestionar su constante degradación. Esto, por supuesto, implica enfrentar a la celeste también en el terreno político. Por otro lado, es necesario superar a Baradel de hecho en la lucha, prosiguiendo las batallas que este abandona y organizando los canales de coordinación necesarios para ello. La lucha docente no puede quedar supeditada a la voluntad de un burócrata, ni la acción de la izquierda  limitarse a reclamarle a este las medidas que nosotros podríamos desplegar por nuestra cuenta, en vez de sumirnos en la impotencia ante su negativa.


Notas

1Harari, Ianina; Villanova, Nicolás; Sartelli, Eduardo: “La estructura de la clase obrera ocupada tras el kirchnerismo: un análisis a partir de las estadísticas”, en IX Jornadas de Sociología de la UNLP, La Plata, diciembre de 2016, p. 6. Seguimos este texto hasta la siguiente referencia.

2Sartelli, Eduardo: La plaza es nuestra. El Argentinazo a la luz de la lucha de la clase obrera en la Argentina del siglo XX, Buenos Aires, Ediciones ryr, 2007.

3Harari, Villanova y Sartelli, op. cit., p. 6.

4Esto contrasta con situaciones frecuentes varias décadas atrás donde el salario docente podía constituir un segundo ingreso en una familia cuyo jefe de hogar era pequeño burgués.

5La verdad obrera, 27/6/2003. Disponible online en: https://goo.gl/9fyGhL.

6Clarín, 24/5/2013. Disponible online en: https://goo.gl/M8ifZt.

7Prensa Obrera, 14/3/2017. Disponible online en: https://goo.gl/ukMEP7.

8Prensa Obrera, 4/5/2017. Disponible online en: https://goo.gl/okFApF.

9En la elección de 2013, la lista Multicolor obtuvo en La Plata 795 votos para la elección provincial y en 2017 la cifra fue de 797 votos. Por su parte, la Celeste obtuvo 435 y 774 respectivamente entre una y otra elección. En términos relativos, la Multicolor empeora porque no logró crecer luego de cuatro años de gestión de la seccional.

10Un testimoniante de Chivilcoy nos manifestó que no había boletas de la lista Multicolor en su distrito y que recurrió al voto en blanco como repudio.

11MST, 24/5/2017. Disponible en: https://goo.gl/7CxCiB.

12MST, 15/3/2017. Disponible en: https://goo.gl/cYXve3.

13MST, 24/5/2017. Disponible en: https://goo.gl/iVrcbx.

14Izquierda Diario, 18/5/2017. Disponible online en: https://goo.gl/X7mxta.

15La propuesta de atar la paritaria docente al Salario Mínimo Vital y Móvil fue aceptada por los gremios en febrero de 2016 y fue la exigencia de la conducción Celeste de CTERA y SUTEBA en las paritarias de 2015 cuando exigía equiparar el salario testigo con el mínimo, vital y móvil (Infobae, 25/12/2014). Es por eso, que la estrategia de la conducción Celeste en la paritaria de 2017 consistió en que se cumpla con la Ley de Financiamiento Educativo (Ley Nº 26.075).

16Prensa Obrera, 20/2/2017. Disponible online en: https://goo.gl/EfWBvv.

17Prensa Obrera, 23/3/2017. Disponible online en: https://goo.gl/cndmWN.

18Prensa Obrera, 30/3/2017. Disponible online en: https://goo.gl/jxj14p.

19Prensa Obrera, 07/4/2017. Disponible online en: https://goo.gl/wuyMTF.

20Ídem.

21Resoluciones de la Reunión de Delegados con mandato, Suteba La Matanza, 22/6/2017. Disponible en: https://goo.gl/1dhkQn La misma exigencia puede verse en las declaraciones del día 2 de mayo. Disponible en: https://goo.gl/UbEjFm o el 25 de abril disponible en: por mencionar algunas.

22La Convocatoria se votó en La Matanza en la Asamblea del 7 de junio de 2017 y en las Resoluciones del 30 de mayo de 2017.

23Suteba La Matanza, Resoluciones de delegados 30 de mayo de 2017. Disponible online en: https://goo.gl/gQofi5 y Suteba Tigre, Resoluciones de la Reunión de Delegados de SUTEBA Tigre, 31 de mayo de 2017. Disponible online en: https://www.facebook.com/sutebadetigreconduccionmulticolor/.

24En las resoluciones de las asambleas de marzo de 2014 de La Matanza en el punto 2 se exigía a la CTERA la continuidad del plan de lucha y en el punto 4 “exigir a las centrales sindicales, CGTs, CTAs, la convocatoria a una huelga general en apoyo a nuestra lucha, por el aumento general de salario, y que enfrente el ajuste del gobierno”. La convocatoria a un plenario de delegados aparecía como el tercer ítem resuelto. Va de suyo que la exigencia no puede estar escindida de la organización de la lucha en el campo propio SUTEBA La Matanza: Resoluciones de la Asamblea del 14/3/2014.

25Prensa Obrera, 27/4/2017. Disponible online en: https://goo.gl/pXioGe.

26Prensa Obrera, 14/3/2017. Disponible online en: https://goo.gl/ukMEP7.

27SUTEBA: “Propuesta de política gremial integral 2017”. Para seccional La Matanza. Disponible online en: https://goo.gl/iG42BT.

28Resoluciones del Encuentro Provincial de Delegados, 24/2/2014.

29Izquierda Diario, 18/5/2017. Disponible online en: https://goo.gl/X7mxta.

30Ídem.

31Nota de A. Iglesias, “Las consecuencias de la dékada ganada en educación”. Izquierda Diario, 31/10/2014. http://goo.gl/CHZRQd (consultado el 21 de mayo de 2015). A. Iglesias, “La pelea por la defensa de la escuela pública”. Izquierda Diario, 24/09/2014 http://goo.gl/B12ME7 (consultado el 21 de mayo de 2015); A. Iglesias y V. Pescarmona, “Dékada educativa: nada que festejar”. Izquierda Diario, 08/10/2014. http://goo.gl/IBbs2q (consultado el 21 de mayo de 2015); Pablo Rieznik, “El planteo socialista en educación y el programa de acción”. Pablo Rieznik et al., El planteo socialista en educación (Buenos Aires: Tribuna Docente, noviembre de 2012), p. 10 y Daniel Sierra, “Análisis de las leyes educativas en el contexto de la privatización mundial de la enseñanza, reformas educativas capitalistas” Pablo Rieznik et al., El planteo socialista en educación (Buenos Aires: Tribuna Docente, noviembre de 2012), p. 10.

32De Luca, Romina: “Epílogo. El fantasma de la privatización y la degradación educativa en la etapa kirchnerista, 2003-2014” en De Luca, Romina: Brutos y baratos. Descentralización y privatización en la educación argentina (1955-2001). 2º edición actualizada y ampliada, Buenos Aires, Ediciones ryr, 2017.

También te podría gustar...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *