La impotencia de una clase agotada. A propósito de la película “Argentina latente” de Pino Solanas

Por Verónica Baudino – “Se puede”, es el lema que recorre la última película de Pino Solanas. El film intenta dar cuenta de la situación de la industria durante las décadas de 1940 y 1950 contrastándola con la coyuntura actual. Para ello utiliza el formato documental, con entrevistas a diferentes personajes y apelando a la exaltación del sentimiento nacionalista, por momentos empalagoso. La propuesta parece decir “si tenemos recursos humanos y naturales, si antes pudimos, ¿por qué no reeditar experiencias pasadas?”. La respuesta viene de la mano de una apología del peronismo y de la capacidad industrial del Estado y del pequeño capital. Ahora bien, ¿la historia avala como viable dicho programa como forma de solucionar la debilidad de la Argentina? Como veremos, los ejemplos usados por Solanas se muestran uno a uno como una manipulación de la realidad para justificar una política inviable y crear falsas ilusiones.

Peronismo, divino tesoro

La industria durante el peronismo se muestra aquí como la panacea del desarrollo capitalista, como un momento en el que la burguesía nacional parecía ostentar condiciones productivas equiparables a las grandes potencias extranjeras, especialmente en las ramas aeronáutica y automotriz. En 1950, en Córdoba, se fabricaban los modelos Pulky 1 y 2, aparentemente con similar tecnología que la utilizada en Francia.

Solanas considera la cancelación de esta experiencia como el producto de la irrupción de un conjunto de políticas antinacionales. Mediante imágenes en blanco y negro de fábricas desoladas, grafica lo que a su entender fue la “desindustrialización”. A su juicio, se trató del desmantelamiento del aparato productivo nacional en favor de la fuga de capitales al exterior. Así, se desarmaron la mayoría de las industrias del período peronistas. ¿Si éstas seguían siendo tan productivas como antes, se privatizaron o cerraron por mero capricho antinacional? Solanas no lo explica. Desde la década de 1950, pega un salto hasta los cierres de 1990. Nos quedamos así, sin saber qué ha pasado en el medio. Y, como si fuera poco, advierte: hoy todo lo que “tuvimos” (¿quiénes?) se puede reconstruir. La fábrica de Córdoba podría ser puesta en funcionamiento, claro. El problema son sus 40 años de retraso. ¿Acaso Solanas pretende competir con los aviones fabricados con lo último en tecnología por las principales potencias, con el Pulky?

Un barco a la deriva

La devaluación post 2001 y la recuperación económica vislumbran para Solanas experiencias que demuestran que aún podemos. Una de las riquezas argentinas que se estaría desperdiciando es el capital humano, sito en las universidades de Córdoba, Buenos Aires, el Instituto Balseiro, etc. Los proyectos allí desarrollados expresarían el “colonialismo mental”: la sumisión de las ideas y proyectos nacionales a los intereses extranjeros. En realidad, muchos capitales nacionales se benefician con los resultados de la investigación científica allí producida. Sin embargo, esta circunstancia no cambia la situación general del capitalismo argentino ni, mucho menos, la de las clases explotadas. La cuestión no es ser más o menos nacional, sino si este país tiene potencialidades para insertarse en el mundo de hoy en forma exitosa.

Los recursos naturales representan otra preocupación para Solanas. Si “tenemos” petróleo, tierras fértiles, recursos mineros, etc., cuestiona: ¿por qué la mayoría está en manos extranjeras que provocan una sangría permanente? Su propuesta obvia es la nacionalización de estos recursos, especialmente YPF. Igual que Kirchner, quien pretende por esa vía subvencionar capitales paupérrimos e inútiles a escala internacional, como es el caso del empresario Eduardo Eskenazi.1 Es decir, transferir la plusvalía producida por los obreros y acumulada bajo la forma de ingresos estatales, a favor de capitales nacionales amigos.

Por último, con aires izquierdistas, defiende las empresas recuperadas como el ejemplo para revertir la historia a partir de la voluntad y de los recursos humanos. Éstas, señala, apuestan a la Argentina, como IMPA, una fábrica convertidora de aluminio, fundada en 1910, nacionalizada en 1947, privatizada en 1961, vaciada en 1997 y recuperada en 1998 por sus trabajadores. En su opinión, pudieron independizarse de los monopolios y beneficiar al conjunto de la población. Otra experiencia es la fábrica de tractores Zanello, ensalzada por ser líder en el mercado interno. Lo que Solanas no dice es que Zanello fabrica 50 tractores por mes en una sola planta en la que ocupa a 195 personas, 50 de ellos pertenecientes a los planes Jefes y Jefas…2 Mientras tanto, John Deere, la líder mundial en producción de maquinaria agrícola tiene 35 plantas en 5 continentes, 47.000 empleados, venta en 5.000 concesionarios a lo largo y ancho del hemisferio.3 Esta situación se repite con SIAM Di Tella, que suele considerársela emblemática del desarrollo nacional, pero que fue barrida una vez que se enfrentó con gigantes como Phillips. Por su parte, IMPA vio fracasar su estrategia cooperativista, pues debió venderse en los últimos meses. Algo que, por supuesto, no es mencionado en la película.

Solanas presenta una sola cara de la moneda, omite la competencia capitalista y trata de identificar a los trabajadores con sus (pequeños) explotadores. Sin embargo, Argentina no puede jugar su propio juego y hacer que el mundo no existe, para colmo con una burguesía históricamente inútil. Con fábricas con una antigüedad de más de 30 años, no es posible pensar que esta experiencia pueda tener largo aliento por el sólo hecho de apelar a la inteligencia no utilizada de los argentinos. El barco del Astillero Río Santiago, echado al mar ante la alegría de los trabajadores hacia el final de la película, es una clara metáfora del rumbo de la nación que quiere. Las dificultades de la industria naval argentina ante la competencia mundial, expresa mejor todavía los límites que esta burguesía impone a la sociedad que domina.

Precisamente, ese “nosotros”, ese “tuvimos” o “tenemos”, es una operación ideológica de tipo nacionalista. Se intenta borrar la diferencia entre los explotadores (nacionales o chicos) y los explotados, que sostienen las experiencias de los primeros. Sus propuestas de una Argentina PyME no beneficiarán a los trabajadores, sino que, además de tanto o más inviable que el “modelo neoliberal”, los condenará a una mayor explotación. No se trata de si “podemos” o no, sino de cuál es el sujeto necesario para una transformación social que rescate a la vida de su descomposición, en esta porción del territorio mundial. La única clase con esa potencialidad es el proletariado. Sólo bajo otras relaciones sociales, la Argentina “podrá” tener algún futuro.


Notas

1Eduardo Ezkenazi, dueño del grupo Petersen, controla los bancos Santa Cruz, San Juan y Santa Fe, además de la constructora Petersen. El Banco Santa Cruz controla, además, los 600 millones de dólares que la provincia tiene en el exterior.
2http://www.lasvarillascba.com.ar/paginas/pauny1.htm
3http://www.deere.com

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