La ignorancia no disculpa – Por Jonathan Bastida Bellot

9433355770_67168cd6ee_o_BYNDebate con el PTS sobre el rol del sistema financiero en la década kirchnerista

Detrás del planteo del PTS de que en esta década al capital financiero le fue mejor que a la industria, se encuentra la idea de que las finanzas dominan la economía. Para afirmarlo, manipulan la información que presentan en pos de que la realidad se ajuste con fórceps a su caracterización sobre la economía argentina.

Por Jonathan Bastida Bellot (OME-CEICS)

Otra vez, el PTS hace propio el planteo de parte de la burguesía como resultado de un análisis equivocado de la realidad concreta, incluso en sus aspectos más evidentes. Después de haber afirmado la existencia de 3 millones de campesinos en la Argentina para justificar su política reformista en el agro1, ahora se olvidaron de la inflación y de cómo sacar un promedio para afirmar que las finanzas estrangulan a la industria.2 En sintonía con una corriente desarrollista crítica al kirchnerismo3 (y compartida por un sector del kirchnerismo crítico),4 el PTS publicó un dossier en la revistaIdeas de Izquierda sobre el sector financiero como el gran ganador de la década. En este caso, parten de la falsa división entre capital industrial (bueno) y financiero (malo) en base a exagerar las ganancias de los bancos (usando datos nominales, es decir sin quitarles la inflación) y a realizar comparaciones a medias que los llevan a hablar de una década financiera cuando sus propios (malos) datos muestran que a los sumo estamos ante un lustro. A estos errores básicos, se suma una falta de mirada global que permita explicar cuál es el rol de las finanzas en el capitalismo como parte de una totalidad.

Economía para principiantes

En su búsqueda de probar la maldad de las finanzas, cometen un error elemental. Marcan que las ganancias netas del sistema bancario pasan de 4.757 millones de pesos en 2008 a 29.143 millones en 2013, “un salto de 512% en solo cinco años” (p. 14). No es lo único. Luego, que entre 2008 y 2009, el margen financiero por títulos y valores tuvo “un primer salto de 150%” (p. 15) y que por especulación con divisas “van a tener una rentabilidad de 173% en 2013 respecto a 2012” (p.16). Todos números espectaculares, pero falsos. Compañeros: esas cifras están en precios corrientes, tal como lo publica el Banco Central. Hay que tener en cuenta la inflación y deflactar los números con un índice de precios. Con el mismo criterio de no tomar en cuenta la inflación, las subas salariales también serían enormes. Por suerte, los obreros no consultan los cálculos del PTS para luchar por sus ingresos.

Otro problema en el manejo de la información está en relación a cómo trabajan con los datos de rentabilidad sobre el sistema financiero. No es algo menor porque encierra todo el núcleo de la discusión. Otra vez, toman los datos de rentabilidad tal como lo presenta el BCRA. Pero esos datos no dan cuenta de la valorización del sistema financiero. El BCRA toma la ganancia de un año y la contrasta con el patrimonio o el activo del mismo año al finalizar el ejercicio. Es decir que ya aparece valorizado. Hay que tomar el patrimonio deflactado del año anterior, que es con el que comienza el siguiente ejercicio, y la ganancia del mismo.5 De esta forma, la rentabilidad del sistema financiero se corrige del 24,5% en el 2008-2013, al 21,2%.

Otro error lo encontramos cuando realizan la comparación internacional del ROA (Rentabilidad sobre activos): encuentran que el sistema financiero en 2014 lidera el ranking entre los países del G-20 (4,5%). Luego comparan el ROE (Rentabilidad sobre Patrimonio) con los ‘90. Encuentran que para fines de 2013 la ROE era de 29,5%, superando el promedio de rentabilidad de la convertibilidad, de 16%. Pero las conclusiones sobre el conjunto de la década son erróneas. Comparan sólo el 2013 internacionalmente, y toman sólo ese año para comparar con el promedio de la década de la convertibilidad. Eliminan la tendencia de la década para centrarlo sólo en los últimos años en donde el sistema financiero efectivamente tuvo una rentabilidad más alta. Como afirmábamos en El Aromo N° 80,6 tomando el promedio de la década y no un solo año, del 2003 al 2013 la rentabilidad del sistema financiero fue del 11,5%, por debajo de la década del ‘90.

Ahora bien, no solo alcanza con manejar decentemente los datos (lo que el PTS no hace, porque seguramente no sabe cómo). Además hay que establecer parámetros que permitan sostener que esta rentabilidad es superior o menor a algo. No basta con hacer análisis centrados en sí mismo. En base a la misma fuente que el PTS (y sin repetir sus errores), encontramos que entre 2003 y 2005 los bancos tuvieron en promedio pérdidas anuales mayores al 5%. Por su parte, la industria fue favorecida ampliamente con la salida de la convertibilidad. De esta manera, hasta 2008-2009 es la industria la que gana: 25,5% contra 3,4% del sistema financiero. El punto de inflexión se da con el estallido de la crisis mundial. A partir de ese momento las curvas de rentabilidad de estos sectores se invierten. Desde 2009 hasta fines de 2013 el sector financiero pasa a ganar, en promedio, a una tasa del 21,2% contra el 11,4% de la industria. Si el argumento es que la mayor rentabilidad financiera es expresión de un estrangulamiento de las ganancias industriales, a lo sumo estaríamos ante un lustro financiero. Lo cual debería llevar al PTS a defender el lustro previo. Pero el problema no está solo en el manejo de datos básicos, sino en cómo el PTS establece el vínculo entre lo financiero e industrial. La clave está en explicar el conjunto de la década, y entender qué rol ocupó en relación al resto de la economía y no tomarlo como un sector aislado.

El lugar del Estado

Como explicamos en El Aromo pasado, las mayores ganancias del sistema financiero que obnubilan al PTS comienzan recién en el 2009, motorizadas por la intervención del Estado para sostener la rentabilidad del capital industrial que venía en caída desde la crisis mundial de ese año. El conflicto del campo en 2008 implicó para el Estado una menor apropiación directa de renta. Entonces, los crecientes subsidios a la industria y compra de dólares para el pago de deuda externa se sostuvieron con emisión. Desde el 2008 hasta mediados del año pasado, la deuda pública interna había aumentado casi un 70%. De esta forma, la oferta monetaria total (M3) pasó de $307.191 millones en 2008 a $1.131.294 millones en 2014. El aumento de esa masa monetaria a partir de 2009 coincide con una mayor liquidez que se canaliza a través del sistema financiero, que recupera sus ganancias brindando créditos en un momento en que la rentabilidad de las empresas se iba a pique por la crisis mundial.

El principal ingreso de los bancos son los resultados por intereses por otorgamiento de préstamos, que crecen casi un 100% entre el 2009 y 2013. Solo estos resultados explican el 50% del margen financiero. Estos préstamos coinciden con el mayor endeudamiento de las empresas a partir del 2009, que así tratan de patear su crisis para adelante. Lo hacían gracias a que las tasas estaban bajas, debido a que el BCRA colocaba la tasa del Lebac a un nivel bajo. El interés promedio por los créditos a personas jurídicas para el periodo 2009-2014 es de 18,96%. Es decir, por detrás de la inflación. Estas tasas de interés negativas son un mecanismo de compensación que necesitan los capitales industriales en Argentina debido a su baja productividad del trabajo.7

Esa es la unidad entre el sistema financiero y el sector industrial impulsado por el Estado. Sin el estímulo monetario, no hay emisión de deuda; sin emisión de deuda, no ganan plata los bancos; y sin esos créditos con tasa de interés negativa ni el sostenimiento del consumo, las ganancias industriales hubiesen caído aún más.

Tan centrado en las fábricas, el PTS cae en un fetichismo de la industria y pierde de vista al capital como una totalidad social. Se trata de un análisis coherente con la caracterización trotskista de la economía argentina como dependiente y atrasada, dominada por los monopolios financieros. La falta de un análisis científico y el mal uso de los datos como simple ilustración de las verdades reveladas por Trotsky, los llevan a coquetear con planteos desarrollistas. Un análisis científico permite señalar la unidad entre el capital financiero y el industrial y superar los argumentos a favor de una fracción de la burguesía, en pos de plantear una alternativa que posicione a la clase obrera enfrentada a estas dos fracciones de la misma clase explotadora.

Notas

1 Ver Sartelli, Eduardo: “Apuntes sobre el marxismo eleático. A propósito de las consideraciones estratégicas de la izquierda idealista”, Razón y Revolución N° 18, Ed. ryr, pp. 131-135. http://goo.gl/J5pfWZ

2 Textual: “Esto se agrava porque el sistema financiero, hiperconcentrado y extranjerizado, está orientado a la valorización de bajo riesgo, plazos cortos y a altas tasas de interés. Es decir, un sistema bancario que tiende a “estrangular” al conjunto de la economía, pero que está hecho a imagen y semejanza de una burguesía local sin ningún interés en el desarrollo industrial”, Ramírez, Gastón; Trodler, Emiliano: “Década ganada…para los bancos”, Ideas de Izquierda, N° 15, p. 15.

3 Azpiazu, Daniel, y Schorr, Martín: Hecho en Argentina: industria y economía, 1976-2007, Siglo XXI Editores, 2010.

4 Basualdo, Eduardo: Estudios de historia económica argentina: desde mediados del siglo XX a la actualidad, FLACSO, 2006.

5 Kornblihtt, Juan; Dachevsky, Fernando: “Notas metodológicas para el cálculo de la renta de la tierra petrolera”, Economía: Teoría y práctica, 2010, pp. 141-167. Rodriguez Cibulski, Viviana; Dy, Débora; Farfaro Ruiz, Betania; Mussi, Emiliano: “Aproximación a la medición de la rentabilidad de un capital individual a partir de la tasa de ganancia. Caso Techint”, IV JEC, 2011.

6 Bastida Bellot, Jonathan y Mussi, Emiliano: “Las finanzas al rescate. En torno a la unidad entre el capital financiero y el productivo”, en El Aromo nº 80, http://goo.gl/0RsYGD.

7 Iñigo Carrera, Juan: La formación económica de la sociedad argentina, Imago Mundi, Buenos Aires, 2007.9433355770_67168cd6ee_o_BYN

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