La fiebre está en el sistema

Juan Manuel Iribarren

Taller de Estudios Sociales – CEICS

El deterioro del sistema de salud tiene una de sus manifestaciones más graves en la reaparición de enfermedades que habían sido controladas o erradicadas. Esto tiene dos causas inmediatas: el incumplimiento de las campañas de vacunación y el deterioro de las condiciones de vida de la población. La aparición de casos de fiebre amarilla (FA) en Paraguay (26) y Argentina (6) apenas iniciado el año, es una prueba más de ello. La FA es un virus que se encuentra en monos y humanos y se transmite mediante mosquitos (específicamente el Aedes Aegyti). Las zonas donde el virus puede reproducirse son algunas regiones de África y América del Sur. Dentro de este último, los países que mayores casos presentaron en los últimos tiempos son Brasil, Perú y Bolivia1 . En los últimos cinco años, en América del Sur se detectaron más de 600 casos con un 50% de mortalidad. El virus se transmite mediante dos ciclos. El primero, fiebre amarilla selvática (FAS) tiene lugar en la selva, donde a través de la picadura de los mosquitos se propaga entre monos y humanos. El segundo, fiebre amarilla urbana (FAU), se produce cuando un humano infectado se traslada a un medio urbano y es picado por el mosquito Aedes, que luego expande el virus. Las manifestaciones que produce la enfermedad no son claras, pasando por síntomas leves inespecíficos (dolor de cabeza, etc.), hasta la fiebre hemorrágica clásica, de alta letalidad.2 Ésta se desarrolla tras 3 a 8 días, entrando a partir de este último en la etapa de intoxicación, etapa en donde recién se puede confirmar si el enfermo está afectado por el virus de la FA. Asimismo, la prevención de la fiebre amarilla solamente es posible por medio de la vacunación. Dicha vacuna, que es de gran eficacia, no es aplicable a todas las personas, ya que según estudios es peligrosa para menores de un año o mayores de 60 o cuyas condiciones de salud no son adecuadas, por ejemplo, por desnutrición.

Paraguay: ocultamiento, desidia y un sistema de salud colapsado3 .

Durante veinte días, desde el 15 de enero hasta el 6 de febrero, el gobierno sabe que hay casos de FAS en su territorio y lo oculta a la población. El 15 de enero ya se habían confirmado 5 casos. El número va creciendo, pero el gobierno no hace nada, salvo tapar las noticias. Recién el 6 de febrero esta situación es comunicada a la población y un día después comienzan las jornadas de vacunación. Desde entonces se suceden vacunamientos masivos seguidos de escasez de vacunas, compra de nuevas partidas, protestas, nuevos casos de fiebre amarilla, vacunamientos masivos… limpiezas de lugares públicos, despidos de funcionarios de salud… El lento avance de la campaña favorece la expansión de la FA. Hay que tener en cuenta que la vacuna se hace efectiva diez días después de ser inyectada. Además, el gobierno restringe la vacunación al distrito originalmente afectado y amplía la campaña sólo después de que el contagio se expandiera a otras zonas. 4 Al 5 de marzo se habían confirmado 21 casos de FA. A partir de esa fecha, los casos comienzan a ser más esporádicos, habiendo sido detectados hasta el 31 de marzo, un total de 26 personas afectadas por el virus. Los casos de fiebre amarilla se reducen pero a partir de mediados de marzo, comienzan a encontrarse casos de dengue, que es transmitido por el mismo mosquito (el aedes). Al 3 de abril, se habían confirmado 5 casos de dengue, y si bien los casos de FA no habían aumentado, se estaban estudiando si personas con síntomas similares a los producidos por la enfermedad tenían el virus. Las medidas tomadas muestran la pésima infraestructura y servicio médico que tiene el Paraguay que, a su vez, evidencian el desinterés en destinar recursos económicos para garantizar la atención sanitaria de la clase obrera. En el momento en el que todos los recursos debían estar en disponibilidad absoluta para atender a la emergencia fue necesario cerrar un día entero el hospital nacional para realizar la desinfección del edificio… A esto se suman jornadas de vacunación realizadas en pésimas condiciones, sin planificación en las cuales se agotaban las vacunas a pocas horas de haberse iniciado la actividad, de modo que al lugar llegaban cientos de personas que no podían ser vacunadas. Esto, junto al manejo de la información por parte del gobierno, generó extrema preocupación en la población, que después del ocultamiento inicial, tenía sobrados motivos para desconfiar. Paradójicamente, los diarios hablan de la “psicosis” de la gente y relativamente poco de cómo el gobierno parecía empeñado en generar el pánico con su ineficiencia. Los programas de vacunación iniciales fueron muy focalizados y sólo se ampliaron ante la presión de la gente organizada. El costo individual es de 1,06 dólares por vacuna, pero sólo la movilización de la gente impulsó la ampliación de la campaña de vacunación: el 19 de febrero 50 personas cortaron una ruta reclamando por horarios más extensos de vacunación y denunciando privilegios para miembros del partido oficialista a la hora de vacunarse. Asimismo, otros titulares del mismo día y del anterior muestran las distintas protestas que se efectuaron: “La gente cerró ayer varias calles para reclamar la inmunización”, “Corte de ruta por falta de vacunas”; “Cerraron avenida y tuvo que intervenir un fiscal”; “Tensión y caos frente al Ministerio de Salud”; “Caos y descontrol durante vacunación en el Hospital de Luque”.5

Los regalos de la descentralización

El caso de Misiones, (al igual que el de Paraguay) muestra que no se cumple con el plan de vacunación obligatorio oficial. Este año se detectaron 6 casos de FA y otro está pendiente de confirmación. Todos ellos se produjeron en dos municipios: San Pedro y Guaraní. En Misiones está en vigencia el Programa de Descentralización, en donde se reparten los recursos destinados para la salud por municipios y ellos se encargan de asegurar la cobertura médica de sus residentes. La descentralización de los recursos destinados a la salud, así como ocurrió con la educación, implicó un deterioro de la salud para la clase obrera, en especial la que vive en los distritos más pobres. Menos recursos en general y muchos menos para los distritos más necesitados en particular es la ecuación. Por ello, no sorprende que los afectados fueran trabajadores rurales.6

Échale la culpa al calor

La candidata oficialista para las próximas elecciones al gobierno de Paraguay argumentaba que los casos de FA eran resultado del cambio climático. Pero Paraguay siempre fue un clima subtropical con intensas lluvias en verano, es decir una zona propicia para el desarrollo de la enfermedad. En el mismo tren de lavarse las manos el Ministerio de Educación plantea que: “La suciedad y la proliferación del mosquito no es culpa del Ministerio” y culpando a las víctimas solicita a la población que asuma la responsabilidad por el mantenimiento de la limpieza. Esta proliferación del mosquito ya era evidente desde los años anteriores: durante 2006 y 2007, se produjeron alrededor de 20 mil casos de dengue en Paraguay, lo que marca un aumento importantísimo del mosquito vector de la FA y del dengue. Esto debería haber impulsado políticas especiales: campañas de fumigación y saneamiento de los sitios con aguas estancadas. Al igual que en la Argentina, se descuidan las políticas realmente efectivas y, cuando ya es tarde, ante la invasión de mosquitos potencialmente transmisores de las enfermedades, se le pide a la gente que tire el agua de los jarrones como si eso fuera a revertir a situación. Los casos de FA pudieron haberse evitado. Campañas de vacunación planificada y de fumigación sistemáticas resolverían el problema. En los ‘60 en distintos países sudamericanos como Brasil las campañas sanitarias estaban asociadas al progreso económico. Tras décadas en las cuales se había calificado a los trabajadores criollos de vagos se descubría que su rendimiento no obedecía a factores culturales, sino a problemas de salud: muchos de ellos se encontraban infectados de Chagas y otras enfermedades que atentaban contra su desempeño laboral. Se planeaban entonces campañas sanitarias cuyo objetivo era aumentar la productividad de la población por la vía de mejorar su salud.7 Hoy las distintas actividades industriales –tecnificación mediante- expulsan población del sistema productivo. Esta sobrepoblación relativa no reviste interés inmediato para el capital, por lo que velar por su salud resulta, a su juicio, un gasto superfluo. Por ello, en las últimas décadas, en vez de mejorar, las condiciones de salud retroceden. Este fenómeno, no siempre visible por su desigual manifestación a nivel regional, se torna evidente cuando presenciamos el retorno de enfermedades que ya habían sido controladas. Esta tendencia estructural se agrava ahora en medio de la crisis capitalista. Este sistema ya dio lo mejor de si y, en medio de su actual descomposición, destruye sus antiguos logros. Sólo su superación por el socialismo podrá evitarnos un mayor deterioro de nuestras condiciones de vida.

Notas

1 En base a los reportes publicados por la Organización Panamericana de Salud (OPS) y el cuadro de la publicación: “Fiebre amarilla: Número de casos y defunciones, 1960–2007”, también realizado por la OPS.

2 Para un mayor desarrollo de esto se recomienda: Control de la Fiebre Amarilla, Guía Práctica. OPS, Publicación Científica y Técnica nº 603, Washington, 2005 pp. 12-13

3 En este acápite nos basamos en reportes de la OPS y en las noticias publicadas por el diario ABC, de Paraguay

4 SITREP, n° 4, Sistema de las Naciones Unidas en el Paraguay, 10/03/2008.

5 Fuente: ABC, 18, 19 y 20 de febrero de 2008.

6 En Paraguay, la mayoría de los casos se concentraron en uno de los departamentos más pobres del país, donde la mayoría de los habitantes se dedican a trabajos rurales de manera estacional. Según Encuesta Permanente de Hogares de 2006. La EPH de Paraguay fue consultada en http://www.dgeec.gov.py/

7 Lima, Nisia Trinidade y Hochman, Gilberto: “Condenado por la raza, absuelto por la medicina: el Brasil descubierto por el movimiento medico-higienista de la Primera Republica “, en Armus (comp.): Avatares de la medicalización en América Latina 1870-1970.

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