La farsa que fluye. Sobre la muestra del grupo Fluxus en el Malba: “Fluxus. Una historia con muchos nudos, 1962-1994”

Por Diana Mejillones – Desde el 26 de diciembre del 2006, y hasta el 30 de enero de este año, el Malba presentó una muestra del particular y amplio grupo de artistas que se dio en llamar Fluxus. La misma, fue organizada por el IFA (Instituto Alemán para las Relaciones con el Extranjero), en cooperación con el Goethe Institut Buenos Aires y Malba-Colección Constantini. Con curatoría de René Block y Gabriele Knapstein, la muestra cuenta con el patrocinio de las empresas Personal, Knauf, Bodega Navarro-Correas, Ñ, Claxon, Craverolanis y la radio 95.1, La Metro. La exposición reúne documentos fotográficos de acciones, festivales, conciertos, happenings1, performances2 y trabajos plásticos originales. Se complementa con una selección de carteles, cartas, grabaciones, libros y partituras de las primeras actividades de Fluxus, que se llevaron a cabo a fines de 1950 y comienzos de 1960 y fueron realizadas por Joseph Beuys, George Brecht, John Cage, Henning Christiansen, George Maciunas, Nam June Paik, Takako Saito, Ben Vautier y Wolf Vostell, entre otros. Durante el 2006 esta muestra se presentó en el Museo Oscar Niemeyer, de Curitiba y en el instituto Tomie Ohtake, de São Paulo, Brasil. Mediante la reformulación de la música, el teatro y las artes plásticas, Fluxus se propone el fluir y la unificación del arte y la vida cotidiana. Llamados “neodadaístas”, retoman los postulados del Dadá de 1916: rechazan las “bellas artes”, la figura profesional del artista y la separación artificial entre productores y espectadores. Sin embargo, estas intenciones, el problema de unificar arte y vida –uno de los ejes de las vanguardias del siglo XX- no fue ni pudiera haber sido resuelto por Fluxus en el marco del sistema capitalista al cual de ningún modo pensaron combatir. La celebración y el rescate de lo cotidiano, como arte propuesto por el grupo, no es más que la apoteosis de la recomposición de la burguesía alemana post segunda guerra mundial. Es significativo que, a más de cinco años del Argentinazo, la burguesía argentina también busque celebrar la suya vía gobierno de Kirchner, en el Malba y con la excusa del grupo Fluxus.

¿Qué es Fluxus?

“Fluxus es, en primer lugar, una red multidimensional de representaciones, encuentros, ideas y objetos que se extiende por un largo espacio de tiempo y muchos países”, nos dice el catálogo. En efecto, este grupo de arte acción surge en la República Federal Alemana y en Nueva York a fines de 1950, y mantuvo contactos con Japón, París, Amsterdam, Copenhague, Londres, Estocolmo, Praga y Madrid. George Maciunas, artista y empresario lituano radicado en Nueva York, fue su ideólogo y dirección. El concepto Fluxus originalmente fue pensado por Maciunas como título para una “revista internacional del más reciente arte y antiarte, música y antimúsica, poesía y antipoesía”. La revista nunca apareció, pero el concepto fluxus se mantuvo desde los años ‘60 hasta hoy. Sus experiencias buscan la reflexión constante del espectador en pos del “redescubrimiento” del arte y las sensaciones que lo rodean en el incesante “teatro de la vida”. Ya sea al modo del músico John Cage, donde sus piezas musicales contienen tal cantidad y variedad de información (diversas estimulaciones visuales y sonoras) que se aproximan al “caos propio de la naturaleza”, como al de George Brecht, para el cual lo más importante es aislar un suceso e interesarse por los atributos de las cosas por separado.

La muestra

Entre las muchas obras, se destaca John Cage con Partitura de 4’ 33’’, una hoja perforada al azar que luego sería interpretada en los festivales Fluxus: un pianista que se apresta durante cuatro minutos y treinta y tres segundos a ejecutar una supuesta pieza. Durante este tiempo, el público expectante tose, se escuchan pequeños ruidos tanto del pianista que apresta el instrumento como del público que se acondiciona para lo que vendrá, sin percatarse que ese tiempo transcurrido es el mismo evento. Otro registro consiste no ya en tocar el piano -instrumento clásico si los hay- sino en los sonidos que constituyen su destrucción a martillazos. También se presenta un coro de lectores que, parados, diarios en mano y a la orden del director, comienzan a leer en voz alta las noticias cada vez a mayor volumen. Una grabación de Joseph Beuys de 1970 en la que, durante 47’ 48’’, se pronuncian continuos sí, sí, sí; no, no, no. Fotografías de acciones al aire libre: en una un personaje “hace dedo” en una ruta tapado con un cartel que dice “No voy a ninguna parte”. En otra, en medio de un bar en una vereda, el personaje camina con otro que dice “No espero a nadie”. Takako Saíto homenajea a Duchamp con sus diversas propuestas de tableros y piezas de ajedrez3: de frascos de especias, de botellitas de licor, entre otros. También, vemos la referencia duchampiana en la línea del ready- made Fuente4, en la obra de George Brecht Mers d’alors, ah de Cologne, de 1972. Brecht (también empresario, creador del famoso tampón femenino Johnson&Johnson) expone el cajón de guardar elementos de limpieza (jabones, esponjas usadas, rejillas) comprado a la señora encargada del aseo de los baños de la estación de Colonia. Estas, entre otras obras, muestran la intención del concepto fluxus: la desarticulación y posterior estetización de lo cotidiano mediante el redescubrimiento de las sensaciones que lo componen. En pocas palabras, volver a sentir la vida y sus pequeños acontecimientos como la conformación de la verdadera obra de arte.

La tragedia y la farsa

El dadaísmo nació durante la Primera Guerra Mundial, en 1916, con una postura de rebelión y de negación hacia los modos de vida, valores, y lógica de la sociedad burguesa que provocaron la guerra. Sostuvo la desenfrenada libertad del individuo, la espontaneidad, el absurdo, la contradicción, la falta de sentido. Así, más que una tendencia plástica, Dadá se trató de una actitud que tendía a ser provocativa y polémica. Derivada de ésta, la obra de Marcel Duchamp fue la influencia más importante del grupo Fluxus. Su obra Fuente cuestionó el origen de la definición de arte durante el siglo XX. Desde entonces, y según Duchamp, cualquier cosa podría ser llamada arte mientras esté dentro de una galería y a nombre de un artista. Denominados “neodadás” y en contra de la vanguardia institucionalizada, Fluxus centra sus acciones en la música, los happenings, los performances y el ready-made como formas de unificar el arte con la vida cotidiana, saliéndose de las galerías y museos. Sin embargo, lejos de la anarquía política del dadá, la de Fluxus entraña la alegría y el humor, el desconcierto y el desparpajo no ya de una sociedad diezmada por la guerra, sino de aquella parte victoriosa que celebra su recomposición. Esta vez, mediante el reencuentro con sus sensaciones vitales y la afinación de sus sentidos.

El problema de unificar arte y vida

Abordado a lo largo de la historia, el problema de unificar arte y vida siempre ha chocado con los límites que las sociedades de clase han impuesto a la vida misma, y por lo tanto, al arte. Fluxus reconoce la historicidad de esta intención. Por eso, una de sus obras resulta un “árbol genealógico” en donde ellos mismos buscan sus antecedentes: desde el Circo Romano y las ferias medievales, pasando por los artistas callejeros rusos, William Morris, las vanguardias de principios del siglo XX y la Bauhaus, entre otros.

El arte, como expresión netamente humana, pertenece al llamado “reino de la libertad”, que sólo puede sucederse una vez superado el “reino de la necesidad”, plenamente animal. Es a partir del Renacimiento cuando el artista se convierte, de trabajador, en genio y la obra de arte, de mera ilustración religiosa, en mercancía de la burguesía en ascenso.5 A partir de allí, los siglos siguientes vieron conformarse la Institución Arte, que bajo el capitalismo, entraña no solo a los artistas como sujetos diferenciados en el mercado, sino al conglomerado de actores que lo sostienen: críticos, galerías, marchands, museos, publicaciones, obras, espectadores, etc.6 Duchamp y su mingitorio pusieron en cuestión quién es finalmente el que decide qué es arte. Cuando Brecht presenta la caja con jabones de la señora del baño de Colonia, es él, artista institucionalizado, el que decide que esa caja es arte. ¿Qué hubiera sucedido si hubiese sido la misma señora la que lo hubiera propuesto? Sin dudas, la Institución la hubiese mandado de regreso al baño con risas a sus espaldas.

Fluxus fracasa en su intento de arremeter contra las instituciones por no comprender que ellos mismos las encarnan. Pero, también, por suponer que por el sólo hecho de “señalar” la vida de (lo que ellos creen) la mayoría, el objeto se convierte en arte. La vida de los seres humanos no existe en abstracto, sino en tanto una forma en que se organicen para reproducirla. Por lo tanto, en una sociedad dividida en clases, el propósito de unificar arte y vida pierde abstracción y se enfrenta a su dilema concreto: el arte de quién, la vida de quién. La experiencia antecede a la conciencia. Por lo tanto, la señora del baño no verá, de ahora, en más su nueva caja de jabones como una obra de arte, por más que un artista así se lo señale.

La caja comprada por Brecht es expuesta en museos como arte por quienes comparten la institución, que implica también a los espectadores construidos históricamente a tal efecto. Al no atacar las bases que verdaderamente separan el arte y la vida –el capitalismo- aún sus mejores intenciones serán solo un verdadero fracaso. Lejos de derribar la figura del artista, tanto Duchamp como Fluxus, la reafirman. Como chamanes se esgrimen redimiendo el supuesto arte cotidiano cegado a las masas. En la falsa unión de arte y vida propuesta por Fluxus, la vida de la clase explotada es transformada en arte por su clase antagónica. De esta manera, una clase social –la burguesía alemana- no sólo celebra su vida recompuesta, sino que se esgrime como salvadora de la derrotada. Luego de pagar $12 como entrada general, el Malba nos propuso reencontrarnos con nuestras sensaciones vitales. La farsa que fluye tiene su correlato, esta vez, en Argentina.


Notas

1Happening: acontecimiento. Su estructura es una síntesis interdisciplinaria y ambiental: arte objetual, sonido, proyecciones fílmicas, teatro, acción, etc. Invita al público a participar de una propuesta para así superar su aislamiento, en el cual debe someterse a las normas de la acción improvisada por el grupo dirigente.
2Performance: derivado del happening, propone una relación más directa y espontánea con el espectador a través de exaltar el cuerpo, sus acciones y sus relaciones, en un espacio y tiempo específicos. Son obras efímeras; rescatan la creación y la naturaleza así como la inmediatez de los actos y las conductas humanas.
3Duchamp habría dejado oficialmente la actividad artística por varios años, dedicándose entonces a jugar al ajedrez. A su vez, esta actitud de Duchamp es propuesta justamente como una obra de arte.
4Ready-made: objeto de la realidad cotidiana que, mediante el señalamiento del artista, es descontextualizado de su función para primar ahora sus posibles relaciones estéticas. Un ejemplo paradigmático es Fuente, obra que consiste en un mingitorio colocado al revés y firmado por R. Mutt. Fue enviado por Marcel Duchamp a la Exposición Internacional de Nueva York en 1917.
5Véase Gimpel, Jean: Contra el arte y los artistas, Ed. Gedisa, Barcelona, 1972.
6Véase Dickie, George: El círculo del arte: una teoría del arte, Paidós, Barcelona, 2005.

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