La explosión interrumpida

El empate entre el autonomismo y el MAS colocan a Bolivia al borde de la guerra civil

Mariano Schlez

Laboratorio de Análisis Político – CEICS

Desde el primer año del siglo XXI, Bolivia atraviesa una crisis orgánica que se ha profundizado con la llegada del MAS al poder y ha devenido en un proceso revolucionario de resultados aún inciertos. La Asamblea Constituyente, que tenía por objetivo, según Evo, profundizar la revolución, no hizo más que agudizar los enfrentamientos y actualizar la cuestión de las autonomías regionales, acicateada por las burguesías regionales separatistas que buscan debilitar el bonapartismo de Evo. La sociedad boliviana posee en su interior dos tendencias contradictorias, que aceleran o ralentizan el estallido de una guerra civil abierta. Dilucidarlas y ponderar sus alcances es el objetivo de este trabajo.

Una guerra de hecho

La observación de los enfrentamientos nos otorga algunos elementos para comprender el nivel de agudización de la lucha de clases en Bolivia. En primer lugar, la Asamblea Constituyente funcionó en un recinto militar, debido a los ataques de la oposición, y el gobierno debió apelar a la movilización popular para garantizar su traslado a una ciudad oficialista. En mayo de este año, Evo debió suspender su visita a Sucre por el rechazo que genera en importantes sectores. Allí, la oposición agredió a unos 50 trabajadores rurales gritando “¡De rodillas indios de mierda!”, mientras los obligaban a desnudarse y arrodillarse en la plaza principal. Incluso el Alcalde de Mojocoya fue forzado a quemar la bandera del MAS y la Wiphala (símbolo de las naciones originarias) bajo los aplausos del presidente del Concejo Municipal y con la ausencia de la policía y el Ejército, que no pudieron intervenir porque una multitud los obligó a replegarse en sus cuarteles. La radicalización de los choques provocó que el vicepresidente del Comité Cívico cruceño exija a los sectores afines al gobierno “abandonar Santa Cruz o, de lo contrario, atenerse a las consecuencias”. A los ataques de las burguesías regionales, las masas responden cada vez con mayor dureza: a principios de junio, los sectores opositores de la COB decretaron una huelga general indefinida, movilizaciones y bloqueos de caminos a nivel nacional “para frenar la rebelión de la oligarquía y obligar al presidente Evo Morales a cumplir con sus promesas”.

Las tendencias a la guerra civil abierta

Frente al bonapartismo de Evo, se alza el poder material de la “medialuna”: Santa Cruz, Tarija, Pando y Beni representan dos tercios del territorio boliviano, un tercio de la población y el 60% de la producción nacional. Santa Cruz, corazón de la burguesía opositora, genera cerca de un tercio del PBI.1 Por ella ingresan el 45% de las importaciones y su crecimiento se encuentra directamente vinculado a la renta petrolera y de hidrocarburos.2 Los productos derivados de la soja representan más del 40% de la producción que, junto al 36% del gas natural, aportan casi el 80% de las exportaciones cruceñas. En este distrito, el clan de Branco Marinkovic, dirigente del Comité Cívico cruceño, posee más de 26 mil hectáreas, controla la industria del aceite de soja y girasol y casi la quinta parte de las acciones del Banco Económico. La ganadería está en manos de las familias Kuljis, Áñez y Monasterios, que controlan desde la producción hasta la venta en supermercados. Los Kuljis también son accionistas bancarios y propietarios de la papelera Empacar, la cadena televisiva Red Uno y la Universidad Mateo Kuljis. Los Monasterios son dueños de grandes frigoríficos, accionistas mayores del Banco Ganadero y propietarios de la red televisiva Unitel. Estos grupos se encuentran enlazados a las trasnacionales: un tercio de la producción y exportación de soja y oleaginosas está bajo el control de empresarios brasileños, que alquilan y/o compran tierras a los latifundistas bolivianos y otro tercio de la inversión en tierras está bajo el control de empresarios argentinos, rusos y japoneses. En Beni, la oposición encabeza los principales negocios, la prensa y la administración pública y el prefecto es uno de ellos: Ernesto Suárez Sattori, ganadero latifundista y ex parlamentario de la fascista Acción Democrática Nacionalista. Nada diferente ocurre en Pando, donde ocho familias concentran cerca de un millón de hectáreas de tierras fértiles y gobierna otro millonario ganadero, Leopoldo Fernández. La naturaleza de la reproducción de estas burguesías regionales se encuentra objetivamente enfrentada al Estado central: ambos, para sobrevivir, deben apropiarse de una porción creciente de las rentas agraria y de hidrocarburos. De allí la centralidad de las consultas populares por la autonomía que, de triunfar, les permitirían consolidarse y resistir las avanzadas del poder central sobre la renta. Además, este apoyo es fundamental para legitimar la formación de “brigadas de seguridad civil” que garanticen la puesta en práctica de los estatutos autonómicos, habilitantes a la creación de una policía propia. Sin embargo, estas burguesías no parecen haber obtenido el apoyo popular. Si bien es difícil objetar su triunfo en los referendums, el alto abstencionismo muestra que el éxito no es tan abrumador: en Pando, sumando ausentismo y votos por el “NO”, un 64,7% apoyaría al gobierno de Evo, mientras que en Beni, el mismo cálculo muestra que el 44,3% está en contra de la autonomía. La oposición, no obstante, cuenta con un aliado poderoso: la embajada norteamericana sería quien está promoviendo y financiando los intentos separatistas. Las estrechas relaciones del embajador, Philip Goldberg3 , con Costas y Marinkovic, y la agencia norteamericana de cooperación, USAID, parecen corroborar esta idea. En síntesis, a pesar del enorme poder económico y del supuesto apoyo de los EE.UU., las burguesías separatistas, para avanzar en la concreción de su proyecto autonómico, aún necesitan de un elemento central que permanece en el campo revolucionario: las masas.

El aire del bonapartismo boliviano

Al mismo tiempo, el gobierno intenta reforzar su bonapartismo: mientras que las masas son su base social, las burguesías son su principal sostén económico. De allí su contradicción insalvable y su tendencia inherente a la crisis. Evo otorga concesiones a las masas, como los 200 millones de dólares para el pago de un beneficio anual y vitalicio para todos los mayores de 60 años, pero inmediatamente se ve obligado a prometer a las burguesías regionales la devolución de estos recursos, obtenidos del Impuesto Directo a los Hidrocarburos (IDH). Un gobierno que pretende elevarse por encima de las clases y contener las tendencias al enfrentamiento sólo puede mantenerse en el poder a partir del aumento constante de los ingresos estatales. Con este objetivo en mente es que Morales firmó los convenios de venta de gas natural con la Argentina, junto a contratos de exploración y explotación de los hidrocarburos.4 Repsol, Petrobras, Total, British Petroleum, Pluspetrol, Vintage y Pan American pagaron casi un 50% en impuestos, que redundaron en el crecimiento de las arcas del Estado central.5 Para octubre de 2007, el Banco Central marcaba nuevos récords de reservas internacionales (3.532,7 millones de dólares), despertando elogios hasta del FMI y el Banco Mundial. En diciembre de 2006, el sector de hidrocarburos aportaba el 43,2% de los ingresos estatales.6 Según el Vicepresidente, la nacionalización de los hidrocarburos le permitió al Estado recaudar 1.900 millones de dólares en 2006; 1.980 millones en 2007 y pronosticó unos 2.300 millones para el 2008. Con este objetivo, el gobierno acaba de aumentar los tributos del sector minero, por lo que el Estado percibiría hasta un 55% del valor de la producción de la minería privada, frente al 32% que recibía hasta junio de 2008.7 En síntesis, toda la estrategia de Evo se resume en su nuevo “modelo económico nacional productivo”, lanzado en junio de 2008, que tiene por objetivo pasar de controlar del 21% del Producto Interno Bruto al 35%, en los siguientes tres años. A pesar de que los datos del cuadro son oficialistas y no deben considerarse definitivos, muestran el creciente control del Estado sobre rentas y regalías. Al control de la renta de hidrocarburos y las alianzas con las empresas trasnacionales, Evo suma a su favor la provisoria debilidad de las relaciones comerciales cruceñas y el apoyo de la mayoría de los gobiernos latinoamericanos. Casi el 80% de las exportaciones de Santa Cruz tienen como destino Brasil, Colombia y Venezuela, pero los apoyos de Lula, Chávez y del conjunto del Grupo Río a Morales no parecen ofrecerle demasiados aliados posibles a los separatistas. El último elemento que parece terminar de consolidar el poder del MAS es el apoyo de la policía, el ejército y las masas. A pesar de los insistentes llamados de los prefectos de la “medialuna” al Ejército para derrocar al presidente, el Estado Mayor de las Fuerzas Armadas y la policía advirtieron que harán respetar al gobierno y no permitirá la desintegración del país a través de referendums autonómicos al margen de la Constitución.8 De la misma manera, las principales organizaciones obreras y campesinas, a pesar de sus críticas cada vez más profundas, no han llamado a derrocar al presidente, sino a obligarlo a cumplir sus promesas.

Ahora es cuando…

Luego del proceso insurreccional, y a dos años de la llegada del MAS al poder, Bolivia está partida en dos. Existen, de facto, dos gobiernos: el de Evo, que controla el altiplano (La Paz, Oruro y Potosí) apoyado por las masas urbanas y rurales, sectores sindicales y de la clase media, el Ejército y la policía; y el de las burguesías regionales que, aunque aún no han podido formar un Estado mayor, cuenta con la adhesión militante de amplios sectores pequeños burgueses y con la sumisión de algunos sindicatos y organizaciones cívicas y populares, dominando seis de las diez ciudades principales del oriente y sur del país. La crisis es la expresión más acabada de un proceso de disolución de las burguesías nacionales en formaciones más reducidas. La disputa por la nueva Constitución y el control de la renta de hidrocarburos son los ejes en los que se expresan las contradicciones entre las fracciones burguesas que sostienen al poder central y las que poseen un proyecto autonomista. Ante este empate hegemónico, la llave la tienen las masas. Bolivia atraviesa un impasse debido a la ausencia de un desarrollo político del proletariado, que se debate en la confianza más o menos crítica al MAS y la incapacidad de dotar una organización para su programa, la Agenda de Octubre.

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Notas

1 Matkovic, Zvonko: “El liderazgo productivo y competitivo de Santa Cruz”, en Santa Cruz: sinónimo de oportunidades y progreso, Bolivia, 2003, Año 12, No. 116.

2 Aponte, Mario: “Es impensable el desarrollo cruceño sin la Prefectura”, en Idem.

3 Goldberg, experto en “separatismo”, trabajó como asistente del embajador Richard Holbrooke, uno de los estrategas de la desintegración de Yugoslavia y de la caída del presidente Milosevic; promovió la separación de Serbia y Montenegro y estuvo en Kosovo, acicateando los conflictos entre serbios y albaneses.

4 La Razón, La Paz, 4 de noviembre de 2006.

5 Arze, Carlos: “Nuevos Contratos de Hidrocarburos”, CEDLA, 2006.

6 Cámara Boliviana de Hidrocarburos, www.cbh.org.bo.

7 http://abnoticias.info/

8 www.bolpress.com.

 

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