La decadencia de un emblema – Julia Egan

220px-BrukmanEl devenir de Brukman tras el Argentinazo

Por Julia Egan (TES-CEICS)

Hacia fines de 2014, un grupo de trabajadores de la cooperativa Brukman denunció la venta inconsulta de maquinaria y el intento de liquidación de la fábrica de confección de ropa que fue símbolo de lucha del proceso abierto con el Argentinazo. Para conocer lo sucedido, charlamos con uno de los denunciantes, Alfredo Ulliarte, trabajador despedido y militante del PSTU, quien nos contó cómo se acercó a la lucha de Brukman, el proceso mediante el cual se conforma la cooperativa, las discusiones que supuso y los diferentes programas políticos que se ponen en disputa al interior de la fábrica.
En el marco de la crisis económica, es necesario retomar las lecciones que dejaron estas experiencias. En primer lugar, que la mayoría de las fábricas que fueron ocupadas luego de la quiebra consiguieron la expropiación, a diferencia de aquellas que se lanzaron directamente a la disputa legal, de las cuales solo consiguieron la expropiación un tercio de las fábricas.1 Es decir, que muestran que el esfuerzo puesto en la lucha colectiva tiene su recompensa frente a la salida legal-individual. En segundo lugar, la necesidad de retomar el reclamo de estatización bajo control obrero. Como señalamos varias veces en las páginas de El Aromo, si bien la salida cooperativista permite en lo inmediato sostener la producción (y con ella las fuentes de trabajo) y dar un resguardo legal a los obreros, conlleva muchos riesgos para ellos. Por un lado, si en el marco de las relaciones capitalistas se aísla de una lucha conjunta por el control obrero de la producción, puede desembocar en distintas formas de gerenciamiento capitalista, ya sea bajo la conducción de un grupo de trabajadores o por algún cliente. Tal parece ser el caso de Brukman, cuya lucha comenzó bajo la consigna de “estatización bajo control obrero”, pero que con el reflujo relativo producido tras el Argentinazo y el avance del bonapartismo kirchnerista comenzó a perder fuerza. Las políticas estatales que impusieron a las fábricas ocupadas la obligación de conformarse como cooperativas y la represión policial empujaron a tomar la salida cooperativista.
Por otro lado, conformar una cooperativa implica que los antes trabajadores se convierten en “socios”. Esta figura permite la pérdida de todo derecho laboral que los asistía. Y a la vez, la someten a los vaivenes de la competencia capitalista y a ocuparse de asuntos que antes eran responsabilidad del patrón, como asegurar el sostenimiento de la producción y, con ella, los niveles de ingreso y la estabilidad laboral. Estos problemas no fueron ajenos al proceso de Brukman. Además, se suma el hecho de que, al tratarse de un capital chico y con baja productividad, gran parte de la producción estuvo destinada al Estado, quien nunca formalizó el vínculo laboral con los trabajadores de la cooperativa.
Después de 14 años de lucha, Brukman ha caído en una trama de manejos punteriles encarnados por militantes ligados al kirchnerismo y a la Iglesia (mostrando de esta manera que la relación entre Francisco y Cristina no es anecdótica). Tal es así, que la propia Presidenta se comprometió en un discurso público a modificar la ley de quiebras de acuerdo con el proyecto elevado por Caro, donde entre otras cosas se proponía la obligación de tomar la forma de cooperativa y que las deudas laborales de las empresas fueran tomadas como forma de pago por los bienes del capital en quiebra.2
La defensa de Brukman debe imponerse y el Estado debe hacerse cargo, estatizando la empresa y asegurando su continuidad con la provisión de trabajo, como ha hecho pocos años atrás. Además, debe garantizar todos los derechos laborales y la fábrica debe ser expropiada de forma definitiva en manos de los trabajadores sin mediar pago alguno, y deben ser ellos los encargados de la planificación y la realización de la producción y de todo lo que hace a la vida interna de la fábrica.
Las fábricas ocupadas, aunque hayan asumido la forma legal de cooperativa y presenten los límites mencionados, siguen siendo un ejemplo para los trabajadores, sobre todo en el escenario actual, donde los despidos y las suspensiones se encuentran a la orden del día. Las discusiones de orden organizativo y político más generales deben fomentarse en su interior, deben servir como una escuela de formación para las futuras tareas. Es por eso que se trata de una experiencia que debe ser defendida y depende de la izquierda revolucionaria que el cierre del bonapartismo no la obture.

Notas

1Véase Kabat, Marina “Las fábricas ocupadas a 10 años del Argentinazo”, en El Aromo n° 64, http://goo.gl/7lEkqX.
2Véase La Nación, 13/7/2009, goo.gl/UF4R9g.

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