¿La década ganada? Los Derechos Humanos

Hay una cuestión que se instaló como un logro del kirchnerismo. Algo que, se supone, nadie en su sano juicio podría cuestionar. La llamada política de derechos humanos. Hasta gente que cuestiona otras facetas del gobierno de Néstor y Cristina, cree encontrar ahí un punto a favor del matrimonio K. Esa idea tiene tal fuerza, que algunos llegan a olvidar que desde 2013 el kirchnerismo gobernó con uno de los represores de los años ’70, César Milani. Este subteniente de Inteligencia durante la dictadura, fue en democracia jefe de Estado Mayor del Ejército. Allí llegó de la mano de Cristina.

Se supone que, desde la derogación de las llamadas Leyes de Impunidad, Néstor y Cristina impulsaron con gran fuerza los juicios a los represores y las condenas por crímenes de lasa humanidad. Examinemos los datos más elementales.

Desde la reactivación de los juicios hasta marzo de este año, fueron imputados por delitos de lesa humanidad 2780 represores. De todos ellos, solo el 16% está bajo cárcel efectiva y el 7% tiene sentencia firme. Solo 750 recibieron condena. Es decir, un 27%. Todos porcentajes muy bajos para 12 años de “defensa de los derechos humanos”. Si se tiene en cuenta que durante la dictadura funcionaron más de 600 centros clandestinos de detención, tenemos poco más de un represor condenado por cada centro. Poco, muy poco.

¿Sigue creyendo en que todo esto es un “logro”? Veamos algunos datos más. 411 represores, un 14,5% del total, todavía estám esperando que los llamen a declarar. Otros 467, un 17% del total, murieron sin condena. Ya lo sabe compañero, la justicia tiene sus tiempos… ¿Todavía no se indignó? Hay 45 represores que están prófugos. Se fugaron del país. O quizás no. Lo cierto es que no se sabe absolutamente nada de su paradero.

Quizás crea, compañero, que al menos estos personajes se están pudriendo en la cárcel. No es así. De los 1044 represores detenidos, hay 518 que están con prisión domiciliaria, más otros 65 que, o están en hospitales o en dependencias de las Fuerzas Armadas o de Seguridad (que para ellos, es algo muy parecido a estar en la casa). O sea, un 55% está lejos de los barrotes, bien lejos.

“Bueno”, me dirá, “serán pocos los condenados, pero seguro que les cayó todo el peso de la ley y recibieron condenas ejemplares”. Otra vez, no. No lo decimos nosotros, sino un reconocido kirchnerista. Fue Verbitsky quien señaló que ni los querellantes ni las fiscalías pidieron nunca que se aplicara el agravamiento de penas que estipulaba la Corte Penal Internacional. Incluso cuando se aumentaron las penas por privación ilegal de la libertad y robo de niños, el ministerio público fiscal pidió la aplicación de las penas menores. “Ah, pero eso es porque ahí está el Partido Judicial”, le dirá algún amigo kirchnerista. Para nada. Los Ministerios Públicos Fiscales dependen de la Procuraduría  General de la Nación, que durante la década ganada estuvo en manos de Esteban Righi y Gils Carbó. Es decir, de kirchneristas.

Además de todo esto, nunca, en doce años, abrieron los archivos secretos de las Fuerzas Armadas y los servicios de inteligencia para saber qué pasó. Nunca. En un acto de cinismo y perversión, obligaban a las víctimas a probar lo que el Estado ya sabía y ocultaba.

¿Y qué hicieron Néstor y Cristina por los derechos elementales de la población durante su gobierno? Néstor se encargó de sancionar la Ley Antiterrorista, para perseguir a los que luchan. Y de poner a punto el aparato de espionaje de Gendarmería sobre organizaciones y militantes políticos, conocido como Proyecto X. Cristina colocó a Sergio Berni en la Secretaría de Seguridad, desde donde se encargó de “limpiar” la Panamericana a fuerza de palos y gases, de lo que pueden dar fe los compañeros de la Línea 60.

En esta misma sección, en el número anterior mostramos que entre 2003 y 2014 hubo 911 hechos represivos y 38 compañeros caídos. No es simplemente historia pasada, basta con mirar a Santa Cruz para ver cómo, esta vez de la mano de Alicia, el kirchnerismo sigue siendo protagonista de la represión y el ajuste.

Y a esta gente aún le da la cara para hablarnos de las conquistas de la política de los derechos humanos. Cuando alguna persona que defiende a los amigos de Milani le hable de los “logros”, dele un baño de realidad y muéstrele estos datos. Hay que denunciar y exigir cárcel a los represores de ayer, claro, pero también a los de hoy.

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