La dama boba. Sobre el documental “La toma”, de Naomi Klein

Por Ianina Harari

El dulce encanto del tercer mundo

Desde el 2001 hasta el presente, las fábricas ocupadas en la Argentina fueron el atractivo principal de los intelectuales progres del mundo. Entre ellos, se encuentran Naomi Klein y Avi Lewis que, cámara en mano, retrataron su visión sobre este fenómeno en el documental La toma. Estos dos periodistas canadienses, críticos del neoliberalismo, apoyaron el movimiento antiglobalización del Primer Mundo. Sin embargo, empezaron a darse cuenta que estas protestas tenían un límite, que era hora de “hablar de por qué se está luchando”. Como reconoce en el documental, Naomi se quedaba en silencio cuando le preguntaban por su propuesta.

Cuando se enteraron que allá lejos, en el Tercer Mundo, “emergía una nueva economía”, decidieron venir a la Argentina a buscar respuestas. Eligieron el caso de la cooperativa FORJA San Martín, una fábrica de autopartes abandonada por sus patrones. El establecimiento fue ocupado por sus ex empleados, quienes consiguieron la ley de expropiación y la pusieron de nuevo en funcionamiento. La fábrica pertenece al Movimiento Nacional de Fábricas Recuperadas dirigido por Luis Caro, quien fuera candidato de Aldo Rico. Como veremos, la opción de los realizadores no es neutral.

Ni yanquis, ni marxistas

Avi y Naomi ofician de narradores y, junto a un asombro más propio del turista que del documentalista serio, nos transmiten su mirada de la historia Argentina. Naomi rememora la idílica “era dorada” del peronismo, cuando la Argentina “se acercaba al Primer Mundo” gracias a que “Perón construyó el país como el modelo de Europa y Norteamérica”. Este proyecto habría sido abortado por el neoliberalismo, encarnado en Menem y el FMI, que transformó a la Argentina en uno más de los países pobres del Tercer Mundo. Ahora existiría un proyecto superador de ambos modelos (el peronista y el menemista) porque la “nueva economía” se opone al neoliberalismo, sin esperar la salvación de un caudillo. Es decir, Naomi cree haber encontrado algo así como un peronismo “desde abajo” o “autónomo”. Efectivamente, su mirada contiene todos los vicios del peronismo y del autonomismo juntos.

Con el peronismo comparte “la moral del trabajo”, cierto ocultamiento de las contradicciones existentes, un carácter legalista y un intento por negar la existencia de ideologías. Como el obrero que decía “yo soy peronista, no me meto en política”, Naomí dice: “esto nace desde abajo, no tiene ideología”. Y, desde esa supuesta neutralidad, le pega a la izquierda, sea en la crítica directa, sea mediante el ocultamiento de su peso dentro del movimiento de fábricas ocupadas. La apología de la falta de ideología en los obreros que ocupan las fábricas está presente a lo largo de todo el documental. Señalan que es un movimiento “desde abajo” que conforma una red solidaria1, bien distinta de las fábricas soviéticas, donde todo habría sido impuesto desde arriba y manejado por la burocracia. En este punto, el film hace su única mención a la izquierda. En ningún otro momento se la nombra ni se indica su rol en el movimiento de ocupación de fábricas. Este desprecio por la izquierda los lleva a dejar pasar la frase más interesante de la película: en forma muy fugaz una dirigente de Brukman afirma que si los obreros pueden manejar las fábricas, el día de mañana podrán manejar el país. Este comentario -el único que trasluce un proyecto por fuera de la fábrica- no es retomado por los narradores y queda aislado entre todas las escenas que muestran a los trabajadores preocupados sólo por evitar el regreso del demonio de Anillaco. Toda la acción de la película transcurre en la espera pacífica por la ley de expropiación.

Nadie pone una máquina a funcionar hasta que la ley no lo habilita. Esta forma de proceder los diferencia de fábricas como Zanón, donde los trabajadores decidieron poner la fábrica en producción, más allá de la legalidad de la medida. Con todo, el Movimiento Nacional de Fábricas Recuperadas se queja en su página web de que la película los deja mal parados: “es un claro testimonio del carácter ilegal que pueden llegar a tener algunos conflictos, lo que puede resultar muy peligroso para todo el conjunto de las fábricas recuperadas”2, aunque el slogan que el film atribuye al movimiento, “Ocupar, resistir y producir”. En su búsqueda de obreros “sin ideología”, Klein se asocia al sector menos radicalizado del movimiento. Por ello, incluso su tímida reivindicación de la lucha termina siendo repudiada por aquellos a los que entrevista. Los “obreros” que hacen todo “desde abajo”, terminan cuestionando su visión del conflicto y agradeciendo en la misma página a los funcionarios y jueces que otorgaron la expropiación. La película, como un cuento de hadas, termina con su final “feliz”: los obreros que vuelven a trabajar una vez conseguida la expropiación legal. Pero, nada nos dice sobre lo que ocurrirá una vez comidas las perdices, qué peligros y contradicciones deberán enfrentar esos trabajadores. La “nueva economía” es así idealizada. En números anteriores de El Aromo ya hemos explicado los límites y las dificultades a los que se enfrentan las fábricas ocupadas.3 Naomi, cuya ignorancia en el tema no tiene límites, no es capaz ni siquiera de cuestionarse ni una coma de su propio discurso.

Finalmente, los documentalistas se esfuerzan por resaltar que la única forma de adquirir dignidad es trabajando. La esposa del dirigente de la cooperativa cuenta entre lágrimas cómo les habían robado la dignidad, porque “un hombre sin trabajo es un hombre humillado”. Queda claro que para Naomi y Avi, los millones de desocupados del país, entre los que se incluyen los militantes del movimiento piquetero, son personas indignas. Retratan así, la moral burguesa del trabajo. No es extraña su simpatía por el peronismo, el mayor exponente de esa moral.

Aunque no la veamos

Un documentalista debe abordar su objeto con una investigación previa. Klein y Lewis, por el contrario, no se tomaron siquiera el trabajo de hacer averiguaciones sencillas, antes de lanzar afirmaciones tan contundentes. Por empezar, es falso que el movimiento de fábricas recuperadas no sea objeto de disputa ideológica alguna y que afirme que las elecciones son sólo “un circo para los trabajadores que los distrae de su objetivo principal que es crear una nueva economía”. Los directores desconocen los datos más elementales de los principales dirigentes del movimiento. Como ya dijimos, el dirigente del Movimiento Nacional de Fábricas Recuperadas, Luis Caro, fue candidato de Aldo Rico en Avellaneda en las elecciones de 2003.4 Pero Caro, no fue el único en intervenir en política. Eduardo Murúa, del Movimiento Nacional de Empresas Recuperadas se presentó como candidato del Polo Social.5 Diego Kravetz, también del mismo movimiento, ganó una banca en la legislatura porteña por el Partido de la Revolución Democrática (PRD), liderado entonces por el kirchnerista Miguel Bonasso, y es el actual presidente del bloque del Frente para la Victoria.6 Celia Martínez fue también candidata, por el PTS y Carlos Ragghini, por el PO.7 Recientemente los trabajadores del Bauen adelantaron su apoyo electoral a Telerman y partidos de izquierda los han llamado a reveer su decisión. Es decir, que el movimiento exuda no sólo lucha ideológica, sino que contiene, en su personal dirigente, a las organizaciones políticas que intervienen en ella.

Klein oculta la colosal lucha de clases que se desarrolla dentro del movimiento de fábricas ocupadas. Las fracciones de derecha apoyan el statu quo y luchan contra la izquierda cuyo planteo trasciende la mera ocupación de la fábrica. Como siempre, la opción por la neutralidad, por la indefinición ideológica, juega a favor del statu quo. Eso le ocurre a Naomi. Paradójicamente, ella filmó sin darse cuenta una escena que podría ser su propio retrato. Una obrera de Zanón descreída de todo liderazgo, sin ninguna ideología vive con su madre, una puntera peronista. El día de las elecciones la madre se encarga de indicarle a la gente dónde ir a votar y entregarle las boletas del PJ. La hija, tan autónoma ella, colabora en la tarea. Igual que Naomi, no quiere tomar una posición y termina optando en la práctica por la peor de todas.

El virus idiota ataca de nuevo

Los autonomistas como Klein y Lewis no buscan tomar el poder para cambiar el mundo, se limitan a crear supuestas “alternativas” al “neoliberalismo”. Pretenden crear en el interior del capitalismo una economía paralela, “distinta”, “solidaria”. Para ellos, los culpables de todos los males son las multinacionales y creen poder combatirlas creando pequeñas empresas. Otra vez el viejo discurso, que se remonta a Proudhon, sobre las bondades del “pequeño capitalismo”.

La economía que Klein propone en su libro, un mundo sin grandes marcas, no es más que una copia microscópica del mundo real.8 Su “nueva economía” es igual a la vieja, pero con un nivel de concentración económica menor. Si tal retroceso en las fuerzas productivas fuera posible, además de dejar en la calle y matar por hambre a varios miles de millones de personas, el resultado final sería idéntico al que hoy presenciamos. Librado a su evolución “natural”, es decir, capitalista, ese microcosmos de pequeñas empresas repetirá la evolución histórica que lleva a diferenciación económica y a la acumulación diferencial a favor de capitales de mayor tamaño. Nuevamente, los pequeños serán víctimas de los no tan pequeños. En el caso de las fábricas ocupadas ese final no es inevitable, pero para marcar otro camino en vez de una economía paralela, hay que integrar el problema de las fábricas ocupadas a las luchas por la transformación del conjunto de la sociedad. Es decir, poner sobre el tapete la cuestión del poder político.


Notas

1Aunque a los canadienses la solidaridad parece habérseles olvidado de regreso al Primer Mundo. En un reportaje, los obreros de FORJA se quejan: “Klein habrá hecho plata con esto, pero nosotros no vimos un peso”, www.edicionnacional.com/edicion/2005/7/29/articulo/5914
2http://www.fabricasrecuperadas.org.ar/article.php3?id_ article=49
3Véase Harari, Ianina: “De casa a la ocupación y de la ocupación a casa”, El Aromo, n° 33, septiembre de 2006 y Pascucci, Silvina: “Brukman por dentro”, El Aromo, nº 14, septiembre de 2004
4Página 12, 7/9/2003.
5Idem.
6Idem.
7Idem.
8Klein, Naomi: No logo, Paidós, Buenos Aires, 2001. Véase la crítica de Eduardo Sartelli, en La Cajita infeliz, Ediciones ryr, Buenos Aires, 2006

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