La Columna de Fuego de Alberto Ghiraldo y su incidencia en la fusión de las centrales obreras: 1913-1914

aromo55_alberto_ghiraldoMartín Manuli
Colaborador – Universidad de Buenos Aires (UBA)

Alberto Ghiraldo fue un propagandista anarquista que desempeñó un papel central en el anarquismo rioplatense de 1902 a 1916. Adherimos a la hipótesis de Hernán Díaz quien sostiene que Ghiraldo representaba a un sector que “buscaba la unidad sindical con corrientes no anarquistas”(1) que fue sucesivamente vencido por el ala fuerte del anarquismo local abroquelada en la FORA. La obra La Columna de Fuego (LCF), estrenada en 1913, se insertaba en un período de fuerte reflujo fruto de la profunda represión llevada a cabo por el Estado Argentino en el Centenario. Para comprenderla en su contexto indagaremos los problemas entre y dentro de las centrales obreras del momento: la FORA y la CORA.

El dilema de la fusión

El conflicto por la dirección del movimiento obrero será el eje que atraviese el período y, excepto por fugaces momentos, nunca podrá ser saldado.(2) Las razones de esta permanente división no pueden ser reducidas a la explicación simplista que sostiene que los ácratas (como un todo) no querían la fusión y que los sindicalistas revolucionarios eran quienes capitaneaban los intentos de fusión. Dentro de las centrales obreras se encontraban una variedad de fracciones con diferentes posiciones sobre la construcción del movimiento obrero, y cuya correlación de fuerzas explica las resoluciones tomadas.

El proyecto sindical opositor a la FORA poseía una virtud importante: buscaba crear una organización incluyente con el objetivo de ser representativa de todo el proletariado y no solamente de la fracción consciente que adscribiera a cierta posición ideológica (el llamado finalismo). Esta posición no es única del sindicalismo revolucionario sino también de fracciones del anarquismo local que hacían causa común con aquellos en los intentos de fusión. Pero las posiciones de estos anarquistas no lograrán volverse hegemónicas hacia la interna del movimiento libertario.

Si bien entre las centrales obreras el debate de fondo era sobre la unidad, se dieron en este período una variedad de debates subalternos que en última medida remitían a él. En 1913 uno de estos debates era sobre la posición que tomar frente a los desempleados en una coyuntura de crisis. La posición de la CORA era la siguiente:

“Ante el inminente congreso convocado por la C.O.R.A. para el mes de junio de 1914, los sindicatos destacan la necesidad de obtener una mayor remuneración de la mano de obra y la disminución de la jornada de trabajo para contrarrestar la carestía y la desocupación. Como en este congreso se debatirá nuevamente el problema de la unificación obrera, señálase que con la concentración sindical podría crearse un clima de confianza mutua entre los trabajadores propicio para poner un dique a la desocupación creciente”(3).

Como dice Marotta, la FORA también levantaba esta reivindicación por medio de la FOLB, que realiza numerosos actos cuyo cenit fue en julio de 1914(4). Pero debemos hacer notar que esta Federación Local en 1914 distaba de ser una entidad ortodoxa del finalismo. En este año el Secretario era Francisco García quien, como dice Eduardo Sartelli(5), para 1918 se había convertido en un sindicalista revolucionario convencido. No es muy aventurado plantear que García en 1914 sostuviera una línea política más cercana a los sindicalistas revolucionarios que al forismo-finalismo. Esta hipótesis se fortalece con la constatación de que en el IX Congreso de la FORA, la FOLB (representada por García) votará en contra de la finalidad comunista anárquica. Con esto no estamos marcando que se diera una “infiltración sindicalista revolucionaria” en la FORA previa al Congreso de Concentración Obrera de septiembre de 1914, sino algo más rico: que por el desarrollo de la lucha de clases los militantes ácratas que levantaban la unidad del proletariado iban ganando posiciones en la central finalista.

El teatro en pos de la fusión

“Son los trabajadores. Los obreros del puerto, los aguerridos militantes de la FORA, de todos los gremios, los que esperan impacientes el momento de iniciar la función”(6)

La Columna de Fuego (LCF) se estrena en mayo de 1913 por la compañía de Pablo Podestá en el Teatro Nuevo. Como se denota en la cita precedente, Ghiraldo tenía bien claro hacia quien le estaba dirigiendo su obra. No era una obra para entretener a los típicos asistentes teatrales, sino que era un texto de posicionamiento en una fuerte polémica: cómo hacer en el período post represión para construir un movimiento con el poder suficiente para oponérsele al sistema.

En LCF vemos el conflicto entre los obreros conscientes contra los carneros. El personaje principal, León, es un organizador perteneciente a la “Federación Obrera”, quien durante toda la trama choca con el capataz carnero Marcos, un viejo militante quién por miedo al desempleo organiza a los “amarillos” (rompehuelgas). Ghiraldo se preocupa mucho por mostrar la coherencia del accionar carnero: “MARCOS. -Recapitulemos, León. Acuérdese que cuando el otro movimiento fracasó, yo quedé sin trabajo. (…) Durante varios meses hemos estado viviendo poco menos que de milagro.”(7)

Tanto en el bando carnero como entre los soldados enviados a proteger los intereses de los patrones encontramos reflexiones que reprueban que los explotados se opongan a los intereses generales de la clase: “SOLDADO 1°.-Sin embargo, hablando en plata, yo creo que los hombres tenían rasón (sic). El trabajo es duro, es pesao (sic) y no lo pagan”(8) Estas reflexiones de simpatía a sus enemigos coyunturales por parte de los carneros y los soldados no son recíprocas por parte de los huelguistas. El argumento de Ghiraldo se basa en esto mismo. Critica la incapacidad de los obreros de ver que, en un momento de malestar económico, la estrategia huelguística sin adaptaciones los enemista con los desocupados.

En la conclusión del texto dramático, Ghiraldo expresará su opinión a través del librepensador Salvador de la Fuente:

“en la actual lucha obrera no es posible continuar dejando olvidada esa enorme fuerza latente formada por los sin trabajo, ya que esa fuerza por causas inevitables y fatales, causas de orden económico y de índole tan exigente y perentoria como la vida misma, ha de pesar siempre, decisivamente, en contra de la colectividad, durante los momentos críticos en que ésta pretenda echar mano de la huelga como arma y recurso poderoso contra la actual organización social.”(9)

La solución sería “repartir el [trabajo] que hubiera, mientras se prepara la gran revolución”(10)

La creación de una polémica desde la prensa

La táctica del autor no se agota en simple crítica social a través del teatro sino que buscará la proyección en el tiempo. El estreno de la obra será recibido con frialdad por la crítica burguesa, lo que despertará un debate de meses en la revista del autor: Ideas y Figuras (IyF). Esta campaña de apoyo dista de ser espontánea: las mismas contestaciones nos permiten descubrir que Ghiraldo pedía que se escribieran textos para publicarlos. Un año después del estreno, en los números 110 a 112 (de mayo a julio), publica la serie “El problema sociológico de ‘La Columna de Fuego’” por A. Rula Yoczuma. Siendo que el Congreso de Concentración Obrera se realiza en junio y su finalización -tras cuarto intermedio- es en septiembre, se verifica la actualidad del tema. Es en este Congreso cuando se resolverá disolver la CORA y entrar en la FORA, preludio del IX Congreso en el cual se le quitará el carácter finalista a la central.

La primera nota comienza de manera sugestiva: “es de oportuna actualidad y perentoria urgencia, el estudio crítico del teorema sociológico que la obra plantea. (…) Compete a los anarquistas o a los gremios que esta finalidad llevan, la solución de este problema”(11). En la serie se analiza en profundidad la solución ofrecida (la repartición de las horas de trabajo) y se llega a la conclusión de que se plantea la misma sin la reducción del jornal, siendo esta la meta que tiene que tomar el movimiento obrero. Se crítica que:

Los organizadores jamás pensaron en esto y al iniciar una huelga, se ocuparon de todo menos del desocupado a quien juzgaron masa muerta y sin personalidad, mientras permaneció inactivo, y como a viles traidores cuando desconcertado por la indiferencia y mordido por el hambre fue a reemplazar al hermano en lucha”(12).

Aunque:
“No queremos culpar a nadie ya que el error como afirma Salvador de la Fuente, es ‘un mal común’, pero sí queremos puntualizar hechos y cosas para que los que aún dudan se decidan y para que los que hallado el camino de salvación prosigan en él.”(13)

Entonces, si bien no quiere criticar a los “organizadores”, reconoce que la mayoría “aun no se decide” y está en el “error”, mientras que un grupo “halló el camino” y debe “proseguir en él”. Como hemos visto anteriormente, uno de los puntos a tratar en el Congreso de la CORA de junio de 1914 era la necesidad de la reducción de la jornada de trabajo, reivindicación que será votada favorablemente en el IX Congreso de la FORA. Pero se sostenía que para lograr esta reivindicación primero era necesaria la fusión. La CORA corría por izquierda a la FORA, en un movimiento similar a la declaración de la huelga general que hiciera en abril de 1910 quedando como más revolucionaria.

Es en esta coyuntura que la táctica de Ghiraldo cobra claridad. Publicar la serie acompañada con una nota de fondo sobre un respetado militante sindical ácrata como Malatesta(14) es el golpe de efecto y el reaseguro: no por militar en pro de la fusión contra la declaración finalista se deja de ser ácrata, sino que se trata de otra estrategia de construcción revolucionaria.

Conclusiones

Con este análisis de una pieza teatral de Ghiraldo pudimos vislumbrar con más detalle las diferencias de construcción hacia la interna del movimiento libertario. Los anarquistas que levantaban líneas más en el tono de la construcción bakuninista y/o malatestiana, despreciaban las expresiones de fe ácrata demasiado principistas, optando por un modo de militar el día a día más escondido, aunque siendo en el terreno de la construcción ideológica tan claros como los forismo-finalistas. De este modo, LCF, sin decirlo explícitamente es una obra pro fusión que levanta la línea política de la CORA hacia el movimiento obrero. La táctica de Ghiraldo consiste en ir de a poco haciendo visibles estos matices de la obra a través de su revista de arte.

Pero esta forma de construir no logrará por completo su objetivo porque, si bien la fusión de las centrales obreras se concretará en el IX Congreso de la FORA, a las pocas semanas llegará la división, realizada por 21 gremios con fuerte hegemonía forismo-finalista. El problema radica en que los anarquistas que se abroquelarán en la FORA del V Congreso querrán revivir los éxitos pre-centenario en base a repetir a rajatabla los mismos modos de organizarse. Pero tras la derrota, lo que se necesitaba era una autocrítica, que los ácratas de la línea de Ghiraldo quisieron realizar, por eso militaron en pos de la fusión entre centrales.

NOTAS:
(1) Díaz, Hernán: Alberto Ghiraldo: Anarquismo y cultura, CEAL, Bs. As., 1991, pág. 66.
(2) Sobre este proceso vease Bilsky, Edgardo J.: La F.O.R.A. y el movimiento obrero, CEAL, Bs. As., 1985.
(3) Marotta, Sebastián, El movimiento sindical argentino. Su génesis y su desarrollo. Tomo II, 1907-1920, Ediciones Lacio, Bs. As., 1961, p. 148, cursivas mías.
(4) Op. cit., tomo II, p. 148.
(5) Veáse Sartelli, Eduardo, Un barco en la tormenta: la FOM y la apuesta del movimiento obrero en la primera posguerra (1914-22).
(6) Cordero, Héctor Adolfo, Alberto Ghiraldo. Precursor de nuevos tiempos, Claridad, Bs. As., 1962, p. 152.
(7) Ghiraldo, Alberto, Teatro Argentino. Repertorio Completo. Tomo I, Americalee, Bs. As., 1946, pág. 138.
(8) Ibid., pág. 149.
(9) Ibid, pág. 146, cursivas del autor.
(10) Ibid, pág. 175.
(11) Rula Yoczuma en IyF, N° 110, pág. 1.
(12) Rula Yoczuma en IyF, N° 111, pág. 14, cursivas mías.
(13) Rula Yoczuma en IyF, N° 111, pág. 14, cursivas mías.
(14) N° 112, del 3/7/1914.

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