La Bengala y el Rocanrol.

Por Leonardo Grande.

El rocanrol también es culpable?

El grupo de jóvenes sobrevivientes y familiares de víctimas de República Cromañón que encabeza la lucha por justicia contra Chabán y el Estado, Los Pibes de la Vigilia, levanta la consigna “Ni la bengala, ni el rocanrol, a nuestros pibes los mató la corrupción”. Reaccionan así contra la opinión de los medios de comunicación más reaccionarios (Canal 9, Radio 10 y AM 1190) que culpan al rock, sus músicos y sus seguidores. Estos medios atacaron a Chabán no por poner la ganancia por encima de la vida, como lo hace cualquier empresario, sino por vender trasgresión y regentear el mercado de la rebeldía juvenil. El Jefe de Gobierno, represor de Brukman y Padelai, Aníbal Ibarra, elevó la idea a fórmula de salvación: todos tenemos una parte de la responsabilidad por lo ocurrido. ¿Qué opinan los músicos de rock? Para los “re-heavys” de Attaque 77: “Callejeros tuvo un crecimiento muy abrupto y no todos los grupos están preparados para eso”, dijo Ciro Pertusi, vocalista de la banda en Diario Hoy.net, de La Plata el 5/02/05. “Para Pertusi, la tragedia de Once ‘se les fue de las manos a Callejeros […] hace cuatro o cinco años manejaban su empresa como un almacén y de pronto se encontraron con un supermercado pero siguieron haciendo lo mismo’”. Todo conduciría al intento de encarcelar a la banda, lo que ha generado una conveniente disputa generacional en el frente interno de los familiares. Pero no sólo eso. Como veremos, se trata también de un intento por contener el potencial revolucionario de la rebeldía juvenil contra el Estado.

Ser o no ser rebelde

La revista “especializada” Rolling Stone, de febrero, se encargó de resumir la acusación contra el rocanrol. El problema es la rebeldía. Los periodistas, los músicos, los empresarios como Chabán y los pibes que van a los recitales alimentaron una cultura basada en el repudio a las instituciones (familia, policía, Estado en general) y el menosprecio por la vida. Eso nutriría los recitales de grupos como los Redondos, Callejeros, La 25, Los Gardelitos, La Renga, etc. Lo que se ha dado en llamar “rock chabón”. Para Pablo Plotkin, este rock cultiva valores morales que explican por qué la “tragedia” de Cromañón era previsible y evitable, no por el Estado, sino por los miembros del mundo rock. Toma en cuenta que la juventud argentina ha sufrido el impacto de esas instituciones: María Soledad asesinada por el régimen político de su provincia, Bulacio por la Policía Federal luego de un recital de los Redondos, Carrasco por el Ejército Argentino. Pero en lugar de buscar reformarlas la juventud reaccionó contra ellas, y ahora se quejan porque no funcionan.
Siguiendo con esta posición el día 28 de febrero se montó una mesa redonda en el Instituto Hanna Arendt de Elisa Carrió. Allí, bajo la coordinación de la filósofa de la UBA y Directora de la universidad del ARI, Diana Maffia, ampliaron su alegato. Miguel Botafogo y Tom Lupo (leyendas del mítico rock anti-militar de los ’70) adhirieron a la tesis de Attaque, la Mega de Haddad y la Rock&Pop: el rock había demostrado ser un excelente negocio si era bien manejado. El problema es manejar bien el quiosco, un pequeño patrón con mentalidad de progreso. El enfoque “cultural” de Plotkin fue ampliado por Iván Noble. Remontándose a los conocimientos sociológicos de sus épocas de estudiante universitario, se “hizo cargo” de las responsabilidades socio-culturales de los músicos. El problema radica, según el ex-Caballero de la Quema, en que los ’90 generaron la marginación económica de la juventud, una “anomia” que redundó en la falta de expectativas en el futuro. Esto habría transformado al rock en un contenedor de ilusiones y resistencias similar a una religión, donde el público era el feligrés y el músico su sacerdote. Los recitales, obvio, las misas rituales. El Estado no se hizo cargo y los músicos asumieron inconscientemente este rol de líderes mesiánicos. La culpa no es del rock, sino del rock rebelde, del rock anti-institucional, del rock del Argentinazo.

Gorilismo progresista, otra vez

El problema de la tesis de la anomia para explicar las conductas de la juventud es que es falsa. Es falso que los jóvenes obreros y pequeño burgueses empobrecidos de la Argentina de los ’90 sean marginales o se hayan entregado a actitudes suicidas y desmoralizadas. Por el contrario, muchos de ellos, además de consumir rock han llenado las organizaciones piqueteras, estudiantiles y asambleas populares que construyeron el Argentinazo. Plotkin lo sabe: en su nota compara la cultura rebelde del rock chabón con el “Que se vayan todos” del 2001. La religiosidad del rocanrol es, en realidad, una fabulosa concentración de energías detrás de un programa que reacciona contra la opresión de los que sufren bajo este sistema social. La “anomia” no provocó desmovilización sino lo contrario.
El fundador de la sociología de la UBA y clásico de los estudios sobre el peronismo, Gino Germani, vio en la anomia otra alternativa. La anomia social podría provocar movilización en lugar de suicidio. Las masas cuyas normas se quebraban quedaban “disponibles” para ser manipuladas por agentes pre-modernos, carismáticos, no civilizados. Eso explicaba la irracionalidad de los “cabecitas negras” y el éxito de Perón al “acaudillarlos”. O sea, un montón de negritos llevados de las narices por un tipo muy vivo. Se le quitaba así a los millones de obreros peronistas el privilegio de ser considerados seres humanos racionales y su capacidad de intervenir conscientemente en la realidad por intereses propios. Reaccionaria y todo, la teoría de Germani queda a la izquierda de su inesperado “discípulo” porque al menos admite la posibilidad de la acción, una acción manipulable pero acción al fin. Noble no ve otra cosa que lumpenaje pasivo. Germani tenía una solución, aunque fuera falsa: modernizar las instituciones. Su discípulo simplemente condena sin otra salvación posible que el sometimiento a la ideología burguesa.
Igual que con el peronismo, la juventud rebelde que sigue manifestaciones culturales como el rock es animalizada por no tener “conductas” civilizadas. La respuesta es mejorar nuestra cultura, educar a los chicos en las normas burguesas de respeto a las instituciones democráticas que los matan en los recitales, enseñarles que la policía y el Estado están para protegerlos aunque en sus barrios los maten a palos todos los días, etc., etc.

Hacerse cargo, depende de qué

Bernardo Neustad en los ’70 cuando psicopateaba a los padres no gustaba de tantos eufemismos. Cuando preguntaba “¿Sabe ud. qué están haciendo sus hijos en este momento?”, dejaba claro que la “anomia” juvenil se explicaba en términos de intereses de clase. “Nuestros” jóvenes se rebelan contra el relajamiento de las normas de la sociedad burguesa, el respeto a los valores cristianos y occidentales de Familia, Patria y Propiedad Privada. La solución consistía en que los padres reencauzaran y vigilaran a sus hijos y que el gran padre burgués, el Estado, hiciera lo mismo.
Iván Noble planteó el problema así ¿por qué los jóvenes setentistas canalizaban su rebeldía en organizaciones políticas y los de los noventa lo hacen en recitales-misas? Se justificaba alegando que él no era un líder político, sino un mero artista que produce disfrute estético. Su problema está en que no puede “hacerse cargo” de los significados políticos que su música conlleva. Se niega a aceptar que su arte encierra una forma de comprender el funcionamiento de la realidad compartido con sus “feligreses”, un programa. Todos los rituales que unen a sus seguidores con la banda encubren esa identificación consciente con un programa político determinado. Se trata entonces de aceptar esa racionalidad y observar qué programas nuclean a los seguidores del “rock chabón”, es decir, qué conciencia tienen los jóvenes obreros del mundo en que viven, a dónde conduce su rebeldía, qué mundo desean.
La explotación y opresión que el sistema imprime a los pibes obreros o pequeño burgueses empobrecidos es la que genera su rebeldía contra el sistema. Y las actitudes culturales que se elaboran para manifestar ese descontento son irracionales sólo para los que defienden la sociedad burguesa. Para ellos todo lo que plantee un cuestionamiento del orden social por fuera de los canales institucionales burgueses es pre-moderno, tribal, animal, no-civilizado. Detrás de la apariencia “responsable” de la auto-culpa del rock se esconde el intento por aprovechar la crisis presente para re-educar a la juventud rebelde, para reencauzar a los hijos pródigos en el rebaño institucional, sacarlos de las calles.
Como con el “Que se vayan todos”, la prehistoria capitalista será liquidada sólo cuando nuestra rebeldía se transforme en revolución, no cuando nuestra juventud oprimida madure y se “civilice”. Las cartas están echadas, la burguesía, en sus variantes reaccionaria y reformista, ya lanzó sus intelectuales a la tarea de dirigir a nuestros jóvenes de vuelta a la ideología burguesa y sus instituciones. Es tarea de los intelectuales revolucionarios enfrentar esa estrategia.

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