La bancarrota del FIT

El FIT acaba de protagonizar un episodio vergonzoso. En el día de ayer los diputados Nicolás Del Caño, Romina Del Pla y Nathalia González Seligra votaron a favor del proyecto massista y kirchnerista que congela las tarifas a valores de noviembre de 2017. Un proyecto que no plantea la anulación de los tarifazos, sino un mecanismo para escalarlos en el tiempo. Dicho sencillamente, un proyecto que convalida el aumento de los servicios elementales. Eso votó el FIT.
Una votación realmente curiosa, no solo por el evidente contenido antiobrero de la propuesta, sino porque hace unas semanas atrás Romina Del Pla se negaba a votar un proyecto que avanzaba en la penalización de la tenencia de pornografía infantil, con el argumento de que no era una solución de fondo. No se entiende por qué ahora ese criterio no aplica. O los compañeros creen que efectivamente el proyecto K sobre tarifas es una solución de fondo o lo votan por intenciones inconfesables. Como durante toda esta semana han insistido en el carácter “limitado” del congelamiento de tarifas y han acusado a la oposición burguesa de “posar de opositor”, la opción es la segunda. ¿Y qué es lo que no quieren confesar? Lo que ya dijimos: que están embarcados en la construcción de un frente antimacrista que los deja bajo la iniciativa del kirchnerismo y los convierte en una pata de la candidatura de Cristina.
Contra Macri, con Cristina
Todo el affaire tarifas y “retorno al FMI” pinta de cuerpo entero el estado de situación del FIT. No se ofrece como una alternativa para la clase obrera, no quiere delimitarse del kirchnerismo y está absolutamente postrado. Un botón de muestra de todo ello puede encontrarse en la última declaración firmada como Frente de Izquierda, publicada el pasado martes.
El documento carga las tintas sobre Macri, a quien se sindica como el artífice de la crisis económica y política actual. Al peronismo le cabría la responsabilidad de haber votado todas las leyes de ajuste y aplicarlo en todas las provincias donde gobierna. Ahora “posa de opositor” con este proyecto de ley que “le pone límites a los ajustes de las tarifas a futuro”. Sí, ese mismo que el FIT acaba de votar. ¿Y el kirchnerismo? Merece tres oraciones en un documento de más de dos páginas. Se le critica ir a la saga de los gobernadores y legisladores del PJ y no ofrecer ningún “programa alternativo” (¿Por qué habría de ofrecerlo? ¿No eran lo mismo Macri y Cristina?) Toda la responsabilidad de la “década ganada” en la situación actual es haber mantenido el “esquema privatizador del menemismo” y haber beneficiado a las empresas “vaciadoras” con “subsidios millonarios”. Según el FIT, el único error fue no desmantelar por completo la herencia de los ’90. Parece que si los servicios fueran públicos, no habría ningún problema. Todo el asunto son las empresas privadas.
Ahora resulta que Néstor y Cristina no fueron responsables de la degradación de la vida de millones de trabajadores. Después de 12 años, dejaron salarios tan bajos que la clase obrera no puede pagar los servicios esenciales. Dejaron un sistema energético completamente quebrado y, en medio de ello, dilapidaron los recursos de ANSES y del Banco Central. En definitiva, dejaron una bomba a punto de explotar.
Como no podía faltar, el documento plantea que el potencial acuerdo con el FMI significaría una escalada mayor en el ajuste. No sorprende ver en los últimos días spots del PTS con la consigna “vuelve el FMI y vuelve el ajuste”. Ya no se exculpa solo al kirchnerismo, sino que se abre la puerta para exculpar a toda la burguesía porque ahora, de la mano del imperialismo, se viene el ajuste en serio. De fondo, lo que se ve es un análisis que se queda en la superficie de los problemas y por tanto, no puede ofrecer una crítica profunda. A lo que asistimos no es al inicio del ajuste. Eso ya lo hacía Cristina ¿O que es una inflación del 40% sino una enorme confiscación a la clase obrera? Lo que parece comenzar a depuntar es la crisis del gradualismo, del ajuste con buenos modales, que se ha venido sosteniendo en base al endeudamiento. El incremento de las tasas por parte de la Reserva Federal norteamericana pone en cuestión todo este sistema.
Lo que el FIT debiera señalar es que el fondo del asunto es la inviabilidad del capitalismo en la Argentina, que nos conduce a crisis recurrentes y que empuja a los trabajadores a una degradación cada vez mayor. De allí se desprende la conclusión lógica. Todos los que intentan salvarlo son los responsables de nuestras penurias. Eso incluye a Néstor, a Cristina, a Macri y a todos los que gobernaron.

La eterna espera

No falta tampoco la crítica a la burocracia sindical. Se denuncia su pasividad, la firma de acuerdos paritarios con aumentos del orden del 15% y la ausencia de medidas de lucha contundentes. Pero lo cierto es que esa misma crítica le cabe al FIT, que no ha tenido ninguna otra iniciativa más que la parlamentaria. Los tres partidos que componen el frente tienen posiciones ganadas dentro del movimiento obrero que no son para nada despreciables. Es cierto que no pueden por si solos convocar un paro general. Pero pueden comenzar a actuar para generar la presión necesaria que obligue a la burocracia a hacer algo. Y si incluso así no hubiera convocatoria a un paro general, hay que tomar la posta. Hay que tener vocación de poder. Si el FIT no toma ese camino no solo va a confirmar una vez más su postración, sino que va a ser cómplice de la burocracia y del ajuste.
Finalmente, ¿cuál es la alternativa que propone el FIT? Por un lado, consignas sindicales e inmediatas: reapertura de paritarias con cláusula gatillo, aumento de emergencia para jubilados, anulación de la Reforma Previsional y salario básico igual a la canasta familiar. Como siempre, un horizonte muy limitado y con consignas de miseria. De fondo, “medidas elementales de soberanía nacional”: nacionalización y estatización de todos los servicios, hidrocarburos y transporte bajo control obrero y de los usuarios, nacionalización de la banca y del comercio exterior, no pago de la deuda externa e impuestos progresivos a la banca y los “grandes grupos económicos” (a las Pymes no las tocamos…) que financien un plan de obras públicas “para combatir la pobreza y la desigualdad social”. Eso es todo lo que tiene para ofrecer el FIT. Un programa que apunta a construir un capitalismo nacional, donde el Estado controle los servicios fundamentales, genere trabajo para todos y evite la concentración, atacando a los capitales grandes o los monopolios. En definitiva, lo que reclamaba una parte del peronismo en los ’70 (Montoneros) y lo que cualquier burgués más o menos osado puede proponer. Nada de plantear la expropiación de los medios de producción, mucho menos hablar de Socialismo.
Como señalábamos antes, todo el sistema de servicios y, en particular, el energético está quebrado. Pero esto no es resultado simplemente de que tal o cual empresa privada lo administra mal. El problema es más profundo y hace al conjunto del sistema productivo. Hoy por hoy, las empresas de energía subsidian a casi toda la burguesía nacional, que es completamente ineficiente y dilapida recursos. Por eso mismo, no solo hay que expropiar y estatizar con control obrero los servicios, sino que hay que avanzar en la centralización de todas las ramas de la producción, para incrementar su eficiencia. Eso implica necesariamente poner en cuestión la propiedad privada y la ganancia, tareas que solo puede asumir un gobierno obrero que aspire a construir un nuevo tipo de sociedad, el Socialismo.

El tiro del final

El FIT está en bancarrota. Se la pasa anunciado llegadas de helicópteros, alimentando las fantasías del 18D y haciendo balances catastrofistas de todo tipo. Pero no actúa en consecuencia. No quiere ni puede ser dirección de eso. No quiere, porque carece de una elemental vocación de poder. Está esperando siempre que la iniciativa la tome otro para en algún momento, no se sabe cuándo, empezar a hacer algo. Si la burocracia convoca un paro general con movilización, el FIT seguramente irá con una columna independiente, de la que nadie se entera y que no tiene ningún valor organizativo para comenzar a construir algo superior. Tampoco puede ser dirección, porque no tiene un programa superador de las variantes burguesas. Es más, su accionar lo lleva no a construir su propia salida, sino a otra de recambio burgués: la de Cristina. Si sigue haciendo de rebaño en las movilizaciones kirchneristas; si sigue votando sus proyectos; si sigue, en definitiva, construyendo la opción del “burgués bueno” frente al “burgués malo”, en lugar de apuntalar un nuevo Argentinazo será su sepulturero. Lo que se vuelve aún más preocupante hoy, cuando comienzan las primeras turbulencias del gobierno de Macri.

Razón y Revolución

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