Kalamaro en su tinta. El debate generado por nuestra crítica a Andrés Calamaro

 

kalamaro_a58Juan Tabas
Río Rojo – Razón y Revolución

De Nicolino Roche a Micky Vainilla

En el mes de octubre, Prensa Obrera reivindicó El Salmón, un CD de Andrés Calamaro editado ya hace 10 años. Según Esteban Pérez Torres y Lucas Poy, los autores del encomio, el disco sería revolucionario en términos artísticos y expresaría el momento más radical del “combativo” Calamaro. Incluso sus coqueteos con el gobierno K entrarían en esa misma veta “indomable”. En noviembre pasado señalamos, en El Aromo(1) , que este disco no tiene nada de innovador ni en términos musicales ni poéticos, tanto en relación con la propia trayectoria de Calamaro como en el contexto del rock argentino. Remarcamos también los límites políticos del músico, quien hacía tiempo se hacía llamar Kalamaro, con K de Kirchner, invitó a Aníbal Fernández a un video-clip y escribió un poema póstumo a Néstor. Texto que le ganó la portada de la revista Veintitrés del 25 de noviembre. Titulada “El ciudadano K”, la nota elogia su “conmovedor” poema y su compromiso. En otro artículo de la misma edición de El Aromo(2) , Rosana López Rodríguez se ocupó de demostrar el carácter decadente y burgués de otras “cualidades” que marcarían la obra de Kalamaro: la supuesta falta de método compositivo, su desborde auto referencial y el uso de drogas como procedimiento artístico revolucionario por excelencia. Obviamente, todo partido de izquierda tiene derecho al uso “táctico” de la figura que le parezca; no hay necesidad, esa era nuestra conclusión, de transformar en revolucionario a cualquiera.

A pocas horas de publicada la crítica en Internet, “El Salmón” comenzó a insultarme por medio de la red social Twitter, por empezar, llamándome “viejo careta” por criticar su disco (cuando, con sus 50 pirulos, podría perfectamente ser mi padre), para terminar defenestrando a toda la izquierda. Creyendo que el autor era del PO, porque la nota se la posteó Lucas Poy, Kalamaro llegó a escribir: “A mí no me apura un viejo boludo con la chicana de Aníbal Fernández… igual aplaudo que se dejen matar en estaciones de tren”… A pesar de semejante barbaridad, Lucas Poy volvió a defenderlo, aunque otras voces hacían llegar sus críticas. Tal vez por eso, Kalamaro a los dos días se fue de Twitter, quizás para eliminar todo rastro de dichos tan poco felices (al cerrar una cuenta se borran todos los mensajes escritos por su autor). Luego, en la misma Veintitrés, dijo “mis cuentas de Twitter jamás fueron verificadas y mis frases las podría haber escrito cualquiera”…

El debate se desarrolló también en otros medios. Llegaron comentarios a El Aromo, hubo muchos posteos en Facebook e Indymediay, en su número 1155, Prensa Obrera publicó una pomposa y abstracta respuesta. Allí el PO se mostró más preocupado por catalogarme de “estalinista” que en denunciar los dichos del simpático fumanchú transformado en desenfrenado facho, simplemente porque lo criticaron… Finalmente, nadie refutó nuestro análisis del disco. Los únicos que todavía defienden “El Salmón” siguen siendo Kalamaro y Lucas Poy. Kalamaro insiste en que él es un revolucionario e, igual que Lucas Poy, defiende su método creativo: “Una denuncia desde el opio”.

El resto, en vez de discutir con una crítica musical a partir de argumentos artísticos, pretenden invalidarla acusándome de estalinista o “elitista” por estudiar en una escuela de música. A ninguno se le ocurrió que es propio de la cultura estalinista el desprecio por la verdad en nombre de su utilidad política: Calamaro nos sirve, es revolucionario. A este uso de los artistas como simples instrumentos pasajeros de una línea política le llaman “libertad artística”. A ninguno se le ocurrió que perdonar la incapacidad técnica, otra vez, en nombre de la utilidad política, es precisamente todo lo contrario de otorgarle “libertad” al arte. Dicho de otra manera, la lógica con la que actúa el PO con respecto a los artistas es la misma lógica propia de aquello que dice criticar. Esa lógica es la que llevó a los intervinientes “trotskistas” en el debate a la celebración populista de descompuestos como “Pity” y la cumbia villera. Se vendrá ahora la canonización de Damas Gratis, supongo.

Todo el escándalo frente a mi nota muestra también la inexistencia de una verdadera crítica musical, de izquierda o de derecha. Ni en cine, teatro o artes plásticas hay semejante vacío. Estamos acostumbrados a leer juicios acerca de la trama de las obras, la calidad de la interpretación de los actores, su grado de originalidad, la actualidad o no de su mensaje, etc. Nada de esto se acostumbra en la música, donde reina el show business en forma absoluta, porque MTV, la revista Rolling Stone, el suplemento Sí, etc., -pagados por las grandes compañías discográficas- decretan qué grupos o cantantes hay que escuchar. Esto refuerza la egolatría de los músicos y explica la reacción virulenta de Kalamaro ante una crítica tan elemental como la que yo escribí.

¿Estalinismo o doble vida?

La burguesía agita el fantasma del estalinismo para desprestigiar todo intento de construcción de una alternativa socialista. En la Argentina, la izquierda trotskista agita el mismo fantasma ante los intentos de desarrollar una cultura socialista y una crítica marxista del arte y la intelectualidad burguesa. No siendo el único, Partido Obrero es el que tiene la posición más subjetivista e irracionalista del arte. No hay ninguna evolución posible, ni tampoco límites objetivos. Es obvio que si todo es arte (como Duchamp con su mingitorio) nada es arte. Con lo cual, para el PO, el arte pierde sentido, no tiene valor ni importancia. De ahí, que su abstracto pedido de “libertad total para los artistas” no es más que la forma perversa con la que se vehiculiza la manipulación más extrema (más estalinista”) de los artistas y del arte, reducido a mera propaganda partidaria inmediata. Algo que se percibe fácilmente en las páginas de Prensa Obrera: en un alarde de esquizofrenia aguda, el PO rechaza “otorgar” la misma “libertad” que ofrece al arte, al humor. Bastó que Barcelona insinuara una crítica al partido para que toda la complacencia ridícula frente al Salmón se transformara en invectivas violentas salidas de la pluma de… sí, adivinó, Lucas Poy…

¿Por qué tiene esa posición el PO? O mejor dicho: ¿por qué tienen esa posición los intelectuales universitarios del PO? ¿Por qué les molesta tanto que hagamos crítica artística, crítica cultural? Porque la ideología burguesa de la “libertad artística” les permite vivir una doble vida: una militante y otra burguesa, a la vez. Quienes llevan esa vida burguesa, son, precisamente, nuestros críticos más acérrimos. Véase si no la respuesta en la página web de Prensa Obrera de Soledad “Mecha” Manrique, una fotógrafa de Barrio Norte que retrata los campos de su familia en la Patagonia para juntar premios de la academia. Mientras leíamos el notable conjunto de contradicciones que había logrado reunir en un mismo texto, recordábamos las incontables discusiones que tuvimos con ella mientras formó parte de RyR porque retaceaba tiempo de militancia, con la excusa de que debía ayudar a la familia a administrar sus propiedades. Peor es el otro ejemplo, el de Diego Rojas, periodista que defiende a los intelectuales K en todo lugar donde escribe, incluso en Prensa Obrera donde, bajo el seudónimo de “Judas”, nos llama a reivindicar a peronistas populistas de derecha (Leonardo Favio) y elogia films que banalizan la militancia de los ’70. Rojas-K/Judas-PO dedicó por completo el número de noviembre de Contraeditorial (revista del grupo Spolsky que él dirige) a una temática significativa: “Néstor in the Sky with Diamonds”… Mientras tanto, se abstuvo de toda mención al asesinato de Mariano Ferreyra. Es evidente que a esta gente una crítica política de su trabajo intelectual le resulta insoportable. Esa es la razón por la cual teorizan contra ella.

¿Para qué sirve todo esto al PO? Para juntar “caretones” (o “forros”, como se dice en la interna) que utilizan para ganar votos, animar fiestas y también, ¿por qué no? mostrar una “fachada cultural”. Las consecuencias de esta política a corto plazo tienen una efectividad dudosa, pero a mediano y largo plazo son graves: desde sucesos vergonzosos, como la reivindicación “revolucionaria” de un músico kirchnerista y facho, hasta el episodio de la SEA, el sindicato de escritores que armaron y regalaron al macrismo. Por otro lado, a los verdaderos artistas del Partido se los castra y posterga porque no tienen nombre suficiente para servir de “forros”. Finalmente, el Partido se pierde la posibilidad de utilizar el arte como herramienta de lucha, negándose a cosechar la vasta experiencia de la izquierda en ese sentido.

El arte es un trabajo

En parte del debate se dijo que un artista revolucionario no puede educarse en un conservatorio. Nadie diría que concurrir al colegio es elitista. Entonces, ¿por qué está mal que el artista estudie? Gente que durante años estudió fotografía en una escuelita privada pagada por la familia (con los fondos que sus campos devengan…) llama “elitista” a un trabajador docente que vive al día. Por el contrario, yo primero tuve que pasar por varios trabajos para poder comprarme un piano. Luego, para ingresar a una escuela de música pública tuve que acampar 5 días y 5 noches, junto con una veintena de compañeros.(3)  Una vez allí, con el Centro de Estudiantes dimos una larga lucha contra el sistema de cupos hasta lograr el ingreso irrestricto, para que gente con o sin recursos pudiera formarse en la música y en su enseñanza. Luego de los 4 años de Ciclo Básico, para el Ciclo Superior opté, como muchos compañeros, por seguir el “magisterio de música” por la necesidad de una salida laboral. Fueron 4 años más de esfuerzo, en particular físico, por tener que hacer los 10 o 12 Km. (de Once a Avellaneda) en bicicleta cuando me encontré varias veces desocupado. Y ahora, ya como profesor, sigo estudiando música mientras trabajo en escuelas de La Matanza y el Bajo Flores. Señalo esto no por destacar la caradurez de cierta gente, sino por la facilidad con la que Prensa Obrera da lugar al insulto bajo. Un partido revolucionario no puede permitir que su prensa se maneje de esa manera. Pero, además, lo señalo porque no hay ninguna razón por la cual reconocer valor a artistas mediocres que además son vagos y que ya tienen plata y tiempo suficiente como para estudiar en los mejores lugares y con los mejores profesores. Quienes asocian estudio de la música con elitismo no valoran el esfuerzo de muchos obreros por formarse y mejorar, hecho testimoniado, entre otras cosas por la misma EMPA de la que egresé, que sigue agrandando su matrícula año a año y se populariza con más alumnos proletarios gracias al ingreso irrestricto. Porque, al igual que en la universidad, la juventud quiere estudiar y lucha por ello.

Resulta curioso que se nos acuse de elitistas mientras se invita a la élite de la música comercial a ocupar las grandes tribunas. Nuestro grupo, Río Rojo, agotó los 2 mil ejemplares de su primer CD y va por el mismo camino con el segundo, que salió hace ocho meses, sin ninguna multinacional detrás, tocando y tocando en los subtes porteños, en acampes, en marchas… Desde 2001 hay muchos grupos y artistas que están buscando impulsar con su arte la transformación social. No somos los únicos ni los primeros en poner los conocimientos artísticos al servicio de la revolución, pero vamos a seguir insistiendo a todos los artistas en que tomen este camino.

Cronología del debate:

Debate en la página de Rio Rojo: http://riorojo.razonyrevolucion.org/?p=801

Otros artículos relacionados:

Notas:

(1) Tabas, Juan: “Más que Salmón, mojarrita. Sobre la apología del PO al CD quíntuple de Calamaro”, en El Aromo, n° 57, 2010.
(2) López Rodríguez, Rosana: “La descomposición del artista romántico”, en El Aromo, n° 57, 2010.
(3) Tabaschek, Juan: “Los métodos piqueteros”, en El Aromo, n° 13, agosto de 2004.

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