Junto al patrón. La izquierda y el Grito de Alcorta

a67gonzaGonzalo Sanz Cerbino
GHBA-CEICS

En junio, se cumplieron 100 años del Grito de Alcorta, una protesta de arrendatarios rurales. Es decir, de patrones. La izquierda, sin embargo, la recuerda como una verdadera épica que la clase obrera debería apoyar. Si quiere entender realmente qué sucedió en aquel 1912, quiénes son los “chacareros” y cuál es la prosapia de la Federación Agraria, lea esta nota.

En lo que ya parece ser una costumbre, el PO y el PTS han vuelto publicar efemérides  improvisadas en las que dejan traslucir su ignorancia sobre la historia del país en que intervienen1. Esta vez, la excusa fue el centenario del Grito de Alcorta. En sendos artículos sobre el tema, reproducen una visión idealizada de la Federación Agraria y las capas más débiles de la burguesía rural, y omiten señalar lo central: siempre fueron explotadores y parásitos, y más de una vez, se colocaron a la cabeza del reclamo de reprimir al proletariado rural.

Empezamos mal

Lo primero que uno espera de un marxista es que, a la hora de explicar un conflicto, haga una caracterización de clase de las fuerzas enfrentadas. Pero en ninguno de los artículos mencionados se realiza este ejercicio tan básico. Retomando la peor tradición de las ciencias sociales burguesas, los compañeros recurren a categorías que históricamente han sido utilizadas para ocultar la explotación. Así, el Grito de Alcorta habría sido protagonizado por “agricultores”, “productores” o “colonos”. Categorías que omiten (deliberadamente) toda referencia a las relaciones sociales en que se encuentran insertos. Un “agricultor” puede ser tanto un siervo del siglo XII como un burgués terrateniente pampeano con 5.000 hectáreas, ya que lo único que nos indica la categoría es que se dedica a la actividad agrícola. Ni hablar de “productor”: como todo buen marxista sabe, los únicos “productores” en la sociedad capitalista son los obreros. Pero en la Argentina, mediante una operación ideológica muy bien preparada, los patrones se apropiaron del término, borrando del mapa al proletariado rural.
La historiografía agropecuaria ha estado dominada por una falsa dicotomía, que idealizó a la capa más débil de los explotadores, nucleada en la Federación Agraria. Por un lado, se colocaba a la “oligarquía”, a la que se achacó un supuesto bajo desempeño económico del agro pampeano. Ya sea por una “mentalidad” especulativa, o por la presencia de la renta, que permitiría obtener una ganancia “fácil” sin mayor esfuerzo. Por lo tanto, los grandes terratenientes serían reacios a invertir en la producción, lo que explicaría el estancamiento del agro. Del otro lado, los pequeños “agricultores” arrendatarios, oprimidos por los grandes terratenientes, que, ya sea por los altos cánones de arriendo, por las cláusulas contractuales o por estar siempre al borde de la expulsión, no podrían invertir para aumentar su producción.
Desde todo punto de vista, esta construcción ideológica es falsa. En términos históricos, no se verifica: tanto los grandes burgueses como los pequeños han incorporado tecnología y han aumentado sus rendimientos. Los conflictos que los enfrentaron solo afloraron en épocas de crisis, como 1912 ó 1930, primando, durante la mayor parte del tiempo, una relación de alianza, que los enfrentó a su verdadero enemigo: el proletariado rural.
Sin embargo, esta historia negra de los pequeños patrones ha sido cuidadosamente omitida del discurso de la Federación Agraria, que siempre se ha presentado como representación de los “productores explotados”. Esta falacia ha sido replicada hasta el hartazgo por intelectuales ligados a FAA (como Plácido Grela), o por académicos complacientes con el pequeño capital (como Scobie). Y, lamentablemente, los compañeros del PO y el PTS, en lugar de desenmascarar estas posiciones, las reproducen acríticamente, embelleciendo una lucha en que el proletariado no tenía nada por ganar. El único límite que señalan al Grito de Alcorta es que no se planteó la Reforma Agraria, e incluso llegan a reivindicar una consigna histórica de FAA: “la tierra para el que la trabaja”. Esa consigna, en boca de estos pequeños patrones, nunca implicó más que el acceso a la propiedad para la burguesía chica. Un reclamo reaccionario, que nunca implicó la apropiación de los medios de producción por el proletariado, sino su reparto entre las capas de la clase dominante. Que a su vez, implicaba fragmentar el recurso en lugar de concentrarlo, generando polos de pequeña propiedad ineficiente que reducirían la producción. Por qué militantes revolucionarios reivindican una consigna que en nada beneficiaría al proletariado es algo que deberían responder.

Un poco de historia

Para echar un poco de luz sobre lo que los compañeros desconocen acerca de los protagonistas del Grito de Alcorta, es necesario hacer un poco de historia. Desde muy temprano, Federación Agraria asumió la representación corporativa de pequeños y medianos burgueses agropecuarios no propietarios, a los que se fue sumando, a medida que los chacareros fueron accediendo a la tierra, una capa de burguesía terrateniente chica. Aunque en ciertas coyunturas críticas el peso del arrendamiento acicateó el conflicto con la gran burguesía terrateniente, el enfrentamiento no fue permanente. Por el contrario, las relaciones con el movimiento obrero han sido mucho más conflictivas. Por ejemplo, FAA se opuso a las reivindicaciones de los obreros rurales durante las huelgas de 1918 y 1919. Frente a ellos, se demandó la intervención del Estado para contener los reclamos y se marcó la línea, de cara a los afiliados, de no conceder los pedidos “excesivos” de los peones. Incluso, llegaron a denunciar que no se trataría de un reclamo legítimo, ya que sería producto de la intervención de “elementos anarquistas”2. Frente al nuevo ciclo de movilización obrera y huelgas rurales, en 1928, FAA se opuso a la instauración de la jornada de ocho horas y al salario mínimo, amparada en supuestas particularidades de las faenas agrícolas. Ante el crecimiento de la agitación, llegaron a solicitar la intervención policial para reprimir el conflicto. Así lo hacía explicito una editorial de La Tierra, publicación emblemática de la FAA: “El fenómeno tiene, en su realidad, una importancia trascendental, pues evidencia un estado de subversión que es menester combatir si es que no se desea llegar al desorden grave y a la perturbación de carácter social-económico”3. A su vez, FAA intervino demandando la “libertad de trabajo”, o sea, que los obreros no impidieran la contratación de “carneros”. Se negaron a reconocer a los sindicatos que impulsaron las huelgas, a los delegados y, nuevamente, no aceptaron las demandas obreras por “exageradas”. Instaron a los colonos a no ceder en nada ante los reclamos y hasta llegaron a amenazar con utilizar la violencia por mano propia contra los huelguistas. Si no llegaron a tanto fue solo porque el gobierno cedió a las demandas de los chacareros y envió tropas a Córdoba y Santa Fe para reprimir a los huelguistas y permitir el “trabajo libre”4. O sea, cuando las papas quemaban, Federación Agraria no dudó en confluir con la “oligarquía” para pedir el disciplinamiento de los obreros en huelga.
Con la llegada del peronismo, FAA se opuso a los niveles de exacción de renta con que se financió el Plan Quinquenal, y confluyó con la Sociedad Rural en la crítica a la política laboral del gobierno. En particular, combatieron la sanción del Estatuto del Peón, que poco tenía de revolucionario5. El frente común con los grandes terratenientes se puso a la orden del día hacia la década del ‘60, cuando la crisis orgánica intensificó el peso de la renta apropiada por el Estado para sostener un entramado industrial ineficiente. En 1966, SRA, CARBAP y FAA saludaron el golpe de Onganía, al que le demandaron reprimir las huelgas rurales, “racionalizar” los gastos del Estado y despedir empleados públicos. Como la consumación del golpe no implicó una disminución sustantiva de la renta apropiada por el Estado, las corporaciones agropecuarias pasaron de conjunto a la oposición. Los reclamos contra las retenciones fueron uno de los ejes que permitieron la articulación de un frente común entre CRA, SRA, FAA y CONINAGRO en 1971. No casualmente, el frente asumió como denominación “Comisión de Enlace”, lo que muestra que las coincidencias con la Sociedad Rural tienen por lo menos 50 años de historia6. Pocos años después, Federación Agraria volvió a mostrar la hilacha: en 1975 impulsó, junto a CRA y SRA, cuatro de los cinco paros agropecuarios, cuyo objetivo no era otro que propiciar el advenimiento de una dictadura que pusiera fin, a sangre y fuego, al proceso revolucionario abierto en 1969.  ¿Qué tiene que hacer el proletariado con esta gente?, les preguntamos a  los compañeros del PO y del PTS. ¿De qué lado están?

Conclusión

Los artículos mencionados establecen una distinción entre un pasado idealizado de la Federación Agraria y su presente. Según Moreira, el problema es que “hoy” la FAA es socia menor de los grandes capitalistas agrarios y comparte con ellos la “Mesa de Enlace”. Como vimos, hace rato que FAA y SRA andan juntas. Según Rath, deberíamos defender el reclamo actual de FAA de plazos largos en los contratos de arrendamiento. A pesar de reconocer que hoy los que arriendan son los pools, y la FAA defiende los intereses de los (pequeños) terratenientes, el PO asume este reclamo que limitaría la movilidad de los grandes capitales. O sea, hoy como ayer, nos llaman a salir en defensa de una capa de la burguesía, a la que no le tembló la mano a la hora de repartir palos a los obreros. Nos invitan a luchar para que una porción de los patrones se apropie de una riqueza que no les pertenece. El proletariado, que es quien produce lo que la burguesía se disputa, debería intervenir para reclamar lo que es suyo, y no para facilitar que se lo lleven otros. Es preocupante tener que recordarle estas cosas a gente que se dice revolucionaria.

NOTAS

1 Véase Titin Moreira: “El Grito de Alcorta. A 100 años de la gesta de los agricultores contra los terratenientes”, La Verdad ObreraNº 480, http://www.pts.org.ar/spip.php?article20772; Christian Rath: “El grito (frustrado) de Alcorta”, Prensa Obrera Nº 1228, http://po.org.ar/po1228/2012/06/28/el-grito-frustrado-de-alcorta/
2 Bonaudo, Marta y Cristina Godoy: “Una corporación y su inserción en el proyecto agro-exportador: la Federación Agraria Argentina (1912-1933)”, Anuario, segunda época, nº 10, Escuela de Historia, Facultad de Humanidades y Artes, Universidad Nacional de Rosario, Rosario, 1984-1985.
La Tierra, 24/11/1928. Citado por Bonaudo y Godoy, op. cit., p. 188.
4 Sartelli, Eduardo: “Rehacer todo lo destruido. Los conflictos obrero-rurales en la década de 1927-1937”, en Ansaldi, Waldo (comp.): Conflictos obrero-rurales pampeanos (1900-1937), tomo 3, CEAL, Buenos Aires, 1993.
5 Mateo, Graciela: “El corporativismo rural frente a la política agraria peronista: SRA-FAA-ACA”, en Lázzaro, Silvia y Guido Galafassi (Comp.): Sujetos, política y representaciones del mundo rural. Argentina 1930-1975, Siglo XXI, Buenos Aires, 2005.
6 Hemos desarrollado estos puntos en nuestra tesis doctoral en Historia. En próximas entregas de El Aromo se publicará una serie de artículos sobre estos aspectos muy poco conocidos de la historia de Federación Agraria.
7 Véase Sanz Cerbino, Gonzalo:“El chacarero y su perro guardián. La participación de Federación Agraria en ofensiva golpista de la burguesía, 1975-1976”, en El Aromo Nº 52, enero-febrero de 2010.

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