Intervención de Rosana López Rodríguez sobre feminismo. En diario El Confidencial (04/06/2012)

canonmujeres“En cuanto te separas del canon, pareces peligrosa”

Cómo son las mujeres transgresoras hoy

Por Luis Boullosa
Diario El Confidencial, Madrid
¿Qué tienen en común la actriz Jennifer Love Hewitt, una congregación de monjas estadounidenses y una mujer de Soria que ha decidido no tener hijos? Aparentemente nada, pero en algún momento de su vida, todas ellas han sufrido la corrección y el castigo social por comportamientos que aún hoy, viniendo de una mujer, siguen considerándose como transgresiones de la norma. Transgresiones, pecados, alteraciones de un orden moral supuestamente preexistente y claramente patriarcal que rara vez se reconoce como vigente, pero que lo está, al menos en unos ciertos ámbitos sociales. El caso de Love Hewitt puede parecer lateral y frívolo: alguien “censuró” recientemente su escote y redujo el tamaño de sus pechos vía photoshop en el anuncio de su nueva serie en la revista Entertainment Weekly.

El caso de la Conferencia de Liderazgo de Mujeres religiosas (LCWR), que representa a un 80 por ciento de las religiosas católicas de EE.UU, es ya más serio y complejo. La congregación ha sido investigada por el Vaticano por “desviaciones doctrinales”. ¿Cuáles son esas desviaciones? Entre otras cosas, las hermanas divergen de la línea ortodoxa en temas como la ordenación de mujeres o el enfoque que se da a la homosexualidad desde la Iglesia, adoptando posturas que el Vaticano ha calificado de “feministas radicales e “incompatibles con la fe católica”.

Parece que si te separas del canon establecido debes hacerlo usando otro canonJunto a ellos, el caso de María, más pedestre en apariencia, ejemplifica la situación de las mujeres que, en un entorno social conservador, se han salido de un molde que ellas pensaban ya caduco. “Trabajo como abogada, viajo mucho, tengo dos másteres, una pareja que vive en otra ciudad y no tengo hijos”, comenta. “Desde un cierto punto de vista casi encajo a la perfección con el modelo de mujer moderna que se nos ha vendido”, ironiza, “pero en el círculo familiar, la cosa cambia. Aquí sigue todo igual. Soy el bicho raro que es mirado o con pena, envidia o recelo… o con una mezcla de todo ello. Si viviera en este entorno se me haría la vida imposible por el simple hecho de no haber sido madre por propia voluntad”.

Leonor, una física de Barcelona, vive algo similar pero a la inversa. Ella ha tenido un hijo, pero sin padre a la vista. “Todo el mundo te mira raro. El padre de mi cuñado ni siquiera se digna a saludarme en las reuniones y mis antiguas amigas me tratan como si fuera a levantarles el marido. No entienden que no tengo un hombre al lado porque no lo necesito. Parece que si te separas del canon establecido debes hacerlo usando otro canon. Por ejemplo, el estereotipo de solterona ‘monjil’ despierta piedad y pena, pero se integra. Yo en cambio parezco un peligro.

“Las mujeres vivimos emparedadas entre exigencias opuestas que provienen de focos distintos”, reflexiona. “A las que somos profesionales liberales se nos exige separarnos de comportamientos clásicos. Luego, sin embargo, se nos reprende a menudo por llevar esa vida. Parece que tengamos que cambiar de piel constantemente: ahora soy la trabajadora impecable, ahora soy la chica sexy, ahora soy la madre abnegada. La publicidad nos machaca todo el tiempo, planteando varios modelos de mujer que parecen estancos pero que luego se proyectan, todos ellos, sobre la mujer real. Y la mujer real está hecha un lío. Al final muchas no es que se crean uno u otro de los estereotipos, es que se los creen todos juntos, y eso es inviable”.

La trangresión no está permitida

Elisa, historiadora, define así la situación de María y de Leonor: “ser transgresor es ir contra las convenciones sociales, pero a veces ir contras las convenciones sociales es una convención social impuesta”. Su sensación es que “aparentemente la transgresión está más permitida pero eso es una gran mentira. Lo está superficialmente, en el fondo esta sigue siendo una sociedad machista y si realmente eres libre lo pagas. Los roles son los mismos aunque estén maquillados de todas formas”. El “pecado”, pues, sería ese intento de libertad, y se tolera sólo dentro de cauces establecidos, esos “Strong Plots” de los que hablan investigadoras como Barbara Czarniawska, “argumentos dominantes insertos en la cultura popular y difíciles de sustituir por otros alternativos”.

La argentina Rosana López Rodríguez, docente, miembro del CEICS (Centro de Estudios e Investigación en Ciencias Sociales) y militante de la organización cultural Razón y Revolución, ha escrito sobre la mujer y el feminismo en interesantes ensayos como “Un feminismo extraño” o “Del feminismo liberal al deconstructivismo de género”. Su visión aboga por la “desbiologización” del problema y por una visión más política, “Desde mi perspectiva”, dice López, “no hay que biologizar el problema de género, porque a nadie se le escapa que las mujeres no somos más buenas por haber nacido mujeres, pero tampoco somos más buenas porque nos hayan enseñado a serlo. En cuanto a la transgresión, opina, “se acepta la transgresión “módica” (de hecho, ser un transgresor no implica transformación alguna de la norma, sino una superación excepcional y esporádica. Es evidente que en términos históricos, la “normalidad” de hoy no es la del siglo pasado, pero el rol que se adjudica socialmente a la mujer sigue siendo fundamentalmente el de madre. Rol que puede compartir con otros, pero que no puede ser soslayado completamente.

Y ahí, en ese rol adjudicado, conectamos de nuevo con María, de Soria y con Leonor, de Barcelona, que pese a vivir en cierto modo en la idea de la diferencia “biológica”, ponen el acento en ese mismo punto: la maternidad. “Hay puntos medios”, dice María, “gente que no entra en familias de tipo nuclear, mujeres de 40 que van a bancos de inseminación, madres solteras, un amplio abanico de mujeres que quiere vivir esa experiencia por ellas mismas, lejos del rol de la familia feliz, pero sostener eso implica una confrontación que debiera estar superada”.

“Si te sales del patrón, malo”, dice Leonor. “La independencia personal es la que hace que te salgas del patrón. Ese es el ‘pecado’, el único, y aunque tenga muchas manifestaciones, por decirlo así, como la libertad sexual o la igualdad en el trabajo, cuando se manifiesta de manera más cruda es en torno a la maternidad. Creo que se ha empezado a aceptar que la mujer trabaje en lo que quiera, pero que decida sobre cómo, cuando y porqué es madre… o sobre si quiere o no serlo, eso aún levanta una oposición casi visceral, casi atávica”.

La estabilidad social parece exigir unos roles estancos

Apunta Rosana López que “según la experiencia de la época, cuando la estabilidad en una sociedad es muy alta y la lucha de clases se encuentra en reflujo o retroceso, los roles de género son más fijos y cualquier cuestionamiento a esos estereotipos deviene escándalo”. Es decir, una sociedad más estable castiga con mayor fiereza la desviación de la norma. Y no sólo desde el ámbito masculino, porque, como dice Leonor “la mujer sola e independiente se ve como un peligro a menudo por parte de las otra mujeres”. Una postura que tiene una clara explicación educativa, como resume López: “En una sociedad machista se nos ha enseñado a las mujeres a ser sexistas. No se nace feminista por ser mujer, sino que se aprenden lecciones de machismo desde el nacimiento. Y es el trabajo de toda una vida aprender y aprehender otra conciencia”. Al mismo tiempo afirma que “presionar a las mujeres para que sean transgresoras es una delectación más del patriarcado. La transgresión por la transgresión misma no tiene objeto, sino que pierde al sujeto”.

En cuanto a la escalada de la mujer en el ámbito del trabajo, bien puede carecer de significado liberador, visto desde el prisma de la lucha de clases, ya que, dice López, “no ha sido evaluada objetivamente esta situación de las mujeres en esa posición. Objetivamente quiere decir que, teniendo capacidad y poder de decisión, no resuelven en el sentido del beneficio de género, sino en el sentido del beneficio de clase, lo cual implica siempre una postura conservadora (o reaccionaria) y de colaboración con el patriarcado”.

Los modelos y patrones de conducta apropiada, son en todo caso distintos en el caso de mujeres y de hombres, como apunta Dolores Juliano, de la Universidad de Barcelona, en su artículo Delito y pecado, la transgresión en femenino: “Mientras que para los hombres existen modelos socialmente aceptados de transgresión, y ésta puede lucirse como un emblema de la masculinidad, para las mujeres toda transgresión se transmuta socialmente en estigma y rechazo”. López coincide en que “el juicio moral sobre la mujer sigue siendo más exigente. Y en efecto, somos distintos en el delito, precisamente por causa de consideraciones sociales y políticas”. El delito de la burguesía se diluye, se encubre, desaparece (y también el de sus mujeres), no así el de las obreras. Vienen a cuento unos versos del Martín Fierro: “La ley es tela de araña, / y en mi ignorancia lo explico, / no la tema el hombre rico, / no la tema aquel que mande, / pues la rompe el bicho grande y sólo enrieda a los chicos”.

Desde ese punto de vista, las monjitas lo tienen crudo, María y Leonor simplemente difícil y Jennifer Love Hewitt puede dormir tranquila, con Photoshop o sin él.

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