Indignado, pero resignado. Reseña de “Indignados”, de A. Verdaguer

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Reseña de Indignados (del 15-M al 20-N), de Antoni Verdaguer.

Rocío Fernández
TES-CEICS

En noviembre del año pasado se estrenó, en conjunto con el inicio de la campaña electoral en España, un documental que intenta retratar el movimiento 15-M. Vea cómo el director propone una lectura disociada del movimiento real e impotente en un momento clave de la crisis española.

La noche del 4 de noviembre de 2011 se dio inicio a la campaña electoral en España. A las 22:30 de ese día, y no por casualidad, se estrenó a nivel mundial el documental Indignados (del 15-M al 20-N)1. Dicha elección es toda una apuesta política interesante que, sin embargo, deja un sabor amargo a la hora de analizar el contenido del film. La obra de Antoni Verdaguer propone registrar las protestas del movimiento 15-M o “indignados”. Para ello incluye entrevistas, estadísticas e imágenes testimoniales que pretenden explicar la génesis de las primeras concentraciones en la Plaza del Sol. Según el productor, José Jover, el objetivo era mostrar, “sin una mirada ideológica”, lo que pensaba la “gente”. Dicha pretensión es, sin duda, imposible y ciertamente disparatada si se considera que su propio director afirmó que el film se hizo de apuro para estrenarlo en noviembre, antes de las elecciones2. Es decir, sí había un fin político manifiesto.
Fuera de foco

El documental ejerce un uso y abuso de las entrevistas, con más de 70 entrevistados. En líneas generales, se manifiesta la siguiente idea superficial: la necesidad de un cambio político. Esta consigna, si bien puede parecer correcta a simple vista, luego va adquirir un significado concreto, ya que es producto de un recorte bien establecido. Es interesante advertir que la base de los entrevistados provienen todos de la misma fracción de clase social, la pequeña burguesía. Así se suceden intelectuales, artistas, periodistas y profesionales. Éstos, según su discurso, se encuentran a la cabeza del movimiento. Verdaguer, al identificarse con dicha fracción de clase, se define como un indignado más, teniendo un enfoque argumentativo confuso y donde la objetividad reina por su ausencia.

El problema del documental es el mismo que caracteriza al movimiento indignado, cuyos protagonistas proceden de la pequeña burguesía que experimentan ahora un proceso de proletarización, pero sus protagonistas no logran ser conscientes de esto. En parte, esta falta de conciencia de su nueva situación de clase se debe a que muchos de ellos aterrizan sin escala en la fracción de la clase obrera que no resulta productiva para el capital, la sobrepoblación relativa. Por ello arrastran aún sus ilusiones pequeño-burguesas.
El mismo film presenta una estadística elaborada por profesores de la Universidad de Castilla-La Mancha, que indica que el 59% de los “indignados” trabajan y el 46% no lo hacen y consideran que no van a encontrar un empleo. De este modo, sin que el director lo haga explicito los “indignados” son obreros, pero sus reclamos están orientados a otros intereses de clase y a las pocas expectativas que ofrece el sistema. El film, no sólo no logra una adecuada caracterización social de los participantes del movimiento, sino que tampoco logra explicar adecuadamente las causas de los levantamientos y sus reclamos. Un ejemplo clave, en este sentido, es el tratamiento de la “La Ley Sinde”, la cual establece el control de las descargas irregulares digitales de Internet. Se acusa al gobierno de Zapatero de negociar con el lobby digital, atentando contra el derecho a la información. Así nació el movimiento anonymous como uno de los principales impulsores de las protestas contra la ley. Diversos entrevistados sostienen que las movilizaciones por el libre uso de Internet impulsó a otros movimientos como el de “Democracia Real Ya”. Este movimiento procura, según la voz en off, crear “un mundo más justo mediante la unión de la sociedad civil, oponiéndose a los políticos corruptos”. Si se interpreta literalmente cada escena, podemos observar que hay una lectura errónea sobre el proceso, puesto que la ley Sinde tuvo un lugar secundario en el transcurso de los acontecimientos. Sin embargo, el film muestra que los planes de ajuste, la precariedad laboral, los recortes presupuestarios en la educación como la burbuja inmobiliaria fueron factores importantes para que la gente saliera a la calle. Por consiguiente, lo que uno advierte como punto débil del documental es que hay un problema de jerarquización a la hora de explicar las causas del descontento social. Dicho de otra forma: fue la crisis económica la que impulsó la movilización y no la limitación del uso de Internet.
La obra tiene como mérito exhibir, mediante imágenes testimoniales, las diversas protestas y su criminalización. También relata detalladamente la formación del movimiento en forma de acampadas y su extensión desde Madrid a distintos lugares de España y del mundo. Allí se distinguen dos modelos organizativos, el de Madrid y el de Barcelona. En el primero, las asambleas se encuentran desplazadas geográficamente mientras que, en el segundo, las asambleas son el centro. Las acampadas no son un fin en sí mismo, como se advierte, sino que son un medio para dar visibilidad a la protesta. Sin embargo, el documental manifiesta que las acampadas se trasladaron a los barrios, llevando a cabo actividades que sostienen el movimiento, aunque de una manera menos evidente, como se afirma en la narración. Lo sugestivo es cómo el autor evita mostrar la causa del abandono de las plazas. En este sentido, parece haber un conformismo tácito por parte del director, ya que las acampadas fueron brutalmente desalojadas por la policía, dispersando de esa manera el poder de las asambleas, núcleo central organizativo. Tampoco hace una autocrítica sobre lo que terminó siendo la acampada en Puerta del Sol, donde se evitaba decidir sobre cualquier cuestión política o reivindicaciones materiales, donde no existía la posibilidad de vota y todo se sometía a un “consenso” que eternizaba las discusiones. El pasaje a los barrios, si bien desarticuló coyunturalmente el espacio central (dominado por el autonomismo), obligó a las asambleas a entrar en contacto con las necesidades obreras, como la desocupación o los desahucios (desalojos) y permitió el desarrollo de otras expresiones políticas y las acciones concretas contra el gobierno. La asamblea central se fue recomponiendo, pero ya sobre bases más operativas. Esa relación con la clase obrera es lo que no se muestra en el documental.

“Pidamos lo posible”

El movimiento 15-M tiene por el momento una dirección pequeñoburguesa y de corte autonomista3 y esto, sin duda, se ve reflejado a través de la pantalla. Una muestra de ello el Movimiento Democracia Real Ya, al que se le da amplia prensa en el documental, que reclama una simple mejora en la política y con métodos de lucha enmarcados en la protesta pacifica. Esto se ilustra con la imagen (¿trillada?) de un policía apuntando a un joven con un arma, el cual se arrodilla mostrándole una flor. Al mismo tiempo, la voz en off narra los episodios represivos para levantar una acampada en que los manifestantes responden pacíficamente. A continuación, diversos comentaristas aprueban y describen estos métodos no violentos. En efecto, queda a las claras, que existe una apología de la pasividad. Aunque como ya vimos, el aunque se niega a mostrar las consecuencias de la misma. Se ignora, de alguna forma, que la represión, junto con un sistema injusto, es el que genera “violencia” y que ella será necesaria para su superación. El planteo del documental es que hay que responder con pacifismo, puesto que no hay comentarista o entrevistado que diga lo contrario. La ponderación de este método, niega otras formas de acción directa para imponer los reclamos. En definitiva, el poder coercitivo del Estado tiene la última palabra.

Aquí el problema consiste en que el director se abstrajo de tal inexistencia programática y no ejerce crítica alguna, lo cual es un inconveniente porque con su trabajo documental procuraba influir en los votantes, pero sin ninguna propuesta transformadora más que un simple pacifismo frente a la violencia. La voz en off lo deja en claro: “Por primera vez en 30 años se ha resquebrajado el consenso entre los grandes partidos y se empieza hablar de un modelo similar al alemán que combina las listas abiertas con un reparto de cargos más proporcional”. Como resultado, la película termina cayendo en una postura reformista, donde la “salida” se daría a través de cambios en el régimen político, sin ponerlo en cuestión.
En el final del documental hay dos testimonios, uno de un economista y otro de un sociólogo, quienes coinciden en que la fuerza del movimiento proviene del mismo movimiento y no de un partido. De este modo, la “autoorganización” constituye, según los “profesionales”, su éxito. Luego, la voz en off pregunta: “¿Cómo hay que abordar las elecciones generales del 20 de noviembre?” El interrogante pretende ser respondido con una proyección de varios testimonios que hablan al mismo tiempo, sin entender lo que dice cada opinante. La imagen es contundente ya que transmite audiovisualmente confusión en el espectador. Resultado: se llama al voto en blanco o a no votar (lo que indicaba la dirección del movimiento en Madrid), actitud que en los hechos favoreció a Rajoy.
En definitiva, Indignados (15-M a 20-N) al no evidenciar que la crisis es producto del sistema capitalista propone la resignación autonomista. Sin embargo, esa resignación ya está siendo cuestionada por los mismos trabajadores hoy día. Rajoy impuso una reforma laboral, dentro de su plan de ajuste, la cual asigna la resolución extrajudicial de los conflictos laborales (las empresas en crisis podrán modificar las condiciones laborales de sus trabajadores), la reducción del pago indemnizaciones y supresión de las prejubilaciones. Estas medidas tuvieron un fuerte impacto en la población, generando numerosas protestas por toda España. En Barcelona la cantidad de manifestantes llegó a 450 mil. La Unión General de Trabajadores (UGT) y las Comisiones Obreras (CC.OO.) atacaron la afirmación de Rajoy en cuanto a que la reforma no creará empleo en el corto plazo ni frenará el aumento del índice de desocupación, situado en el 22,85%4. Frente a este escenario se encuentra la necesidad de revisar el programa y los métodos que Verdaguer defiende, cuya eficiencia la realidad española cuestiona duramente y cuyo programa ya tuvimos la desgracia de sufrir aquí.
Notas
1 El documental puede verse en www.docuindignados.com.
2 Véase El País, 27/10/2011.
3 Véase Harari, Fabián: “El verde mayo. Los indignados en España”, en El Aromo, nº 61, 2011.
4 Véase www.diariocritico.com/economia/mariano-rajoy/paro/reforma-laboral/407189.

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