Inalcanzable

Hace muchos años ya que el sueño de la casa propia es justamente eso, un sueño. Para poder cumplirlo se requiere mínimamente cierta capacidad de ahorro. Y nosotros, los trabajadores, sabemos bien que eso es algo muy difícil. No precisamente porque nos guste tirar manteca al techo y no nos preocupemos por tener un techo propio, sino sencillamente porque nuestros salarios apenas nos alcanzan para pelearla.

Por ello mismo, la vivienda es un problema muy acuciante para todos nosotros. Tan acuciante que la propia burguesía tiene que ensayar algún tipo de “solución”. Entre comillas claro, porque usted ya sabe que soluciones de fondo nunca nos ofrecen los que nos gobiernan. Como siempre, se trata de un pequeño parche para un bote lleno de pinchaduras. En este caso, la “solución” se llama “créditos hipotecarios”.

Para la mayoría de la clase obrera, el acceso al crédito es prácticamente imposible. Por empezar, ni los desocupados ni los asalariados “en negro” pueden pedir préstamos. Los primeros porque no tienen siquiera salario y los segundos porque sus patrones no los declaran. Estos representan más de un tercio del total de los hogares asalariados, tercio que se queda fuera de la “solución”.

Los otros dos tercios corresponden a familias cuya cabeza es un obrero registrado. Este último, entonces, es el único sector en condiciones potenciales de acceder a un crédito. Parece importante, porque es más de la mitad. Pero, claro, con un salario en blanco solo, no alcanza. Hay que cumplir con otras condiciones, por lo que ese porcentaje termina siendo muy inferior realmente. Veamos con un ejemplo concreto del macrismo (el kirchnerismo no ha ofrecido nada muy distinto, pero eso se lo explicamos en otra ocasión).

En abril de este año, Mauricio lanzó una línea de créditos a través de los bancos Nación, Provincia y Ciudad para financiar la compra de una vivienda a 30 años. El programa, al menos en principio, otorgará unos 120 mil préstamos. Vale aclarar que a una semana de su lanzamiento ya se habían realizado unas 534.000 consultas, lo que da cuenta de la gravedad del problema y de lo insuficiente de la “solución”…

El programa en cuestión otorga préstamos de hasta 200 mil dólares, un equivalente al 80% del valor del inmueble, a tasas de entre 2,5 y 6%. Las cuotas si bien parecen bajas y similares a un alquiler (entre 5.000 y 6.000 pesos), se actualizarán en función de la inflación. Y usted ya sabe que en nuestro país la inflación es un problema constante y que nuestros salarios siempre se “inflan” menos que los precios… Además, el ingreso mensual individual o familiar debe ser superior a los 30 mil pesos. No parece la realidad de la mayoría de los hogares, precisamente. Pero superemos el impresionismo y vayamos a los datos concretos.

Para obtener un préstamo de unos 116 mil dólares, con el cual puede obtenerse un departamento más bien chico, solo cuentan con posibilidades el 25% del total de hogares asalariados que se componen de por lo menos un trabajador registrado. Mientras que, el acceso a un crédito de unos 135 mil dólares, por el cual podría comprarse un departamento de tamaño medio, solo es posible según los ingresos familiares para el 22%. ¿Se entiende ahora por qué hablamos de “solución”?

Más allá de las (pocas) posibilidades de acceso al crédito hipotecario, no hay que olvidar que con la propiedad de una casa no se resuelven todos nuestros problemas. Sin dudas, tener un techo propio reduce el gasto de pagar un alquiler, aunque también resulta una ventaja para el patrón, pues no debe incorporar en el salario obrero ese monto. Pero, ser propietario y no tener trabajo es tan problemático como carecer de un techo. Ser propietario y tener un empleo precario, en el que no se sabe cuándo nos van a despedir, tampoco resuelve la inestabilidad.

Es que la raíz de toda la inestabilidad en nuestras vidas se explica por nuestra carencia de medios de producción y de vida. Por ello mismo, el problema de la vivienda dejará de ser efectivamente un problema solo bajo el Socialismo. Porque allí, al haber expropiado a los dueños de todo y productores de nada, la vivienda deja de ser un bien privado para convertirse en un bien de uso público, colectivo.

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