Il precario. El movimiento de “indignados” en Italia

a63_tes_italia¿Usted creía que la educación podía garantizarle un mejor pasar? Si la realidad argentina todavía no lo convenció de lo contrario, el caso italiano puede ayudarle a terminar de desengañarse.

Ianina Harari
TES-CEICS

En abril, los indignados ganaron las calles de unas 50 ciudades italianas. En protesta contra las precarias condiciones laborales que les toca vivir, se movilizaron bajo el lema: “Nuestro tiempo es ahora. La vida no espera”. Entre ellos, se repiten historias similares de jóvenes que no han conocido un empleo estable y son estudiantes, trabajadores de call center, pasantes o investigadores. En toda Italia habría un total de 4 millones de jóvenes en esta situación. A ello se le suman 2 millones de jóvenes que no estudian ni trabajan. La desocupación entre la juventud italiana asciende al 30%.1

Quienes protagonizan la rebelión de los indignados en Italia no salieron simplemente a imitar a sus congéneres españoles. Los precarios italianos tienen, como antecedente de organización, la lucha de los trabajadores de call center. Al igual que en la Argentina, las empresas del rubro suelen emplear estudiantes o graduados de carreras universitarias que no consiguen un trabajo relacionado con su profesión.

En 2006, en el call center Atesia, el más grande de Italia y el octavo del mundo, los obreros figuraban como “colaboradores autónomos” y cobraban por las llamadas atendidas. Los teleoperadores emprendieron una lucha por reivindicaciones laborales y salariales. Sin embargo, el movimiento fue derrotado y la empresa realizó despidos masivos. Para permanecer había que aceptar nuevas y peores condiciones: un contrato por 550 euros fijos, sin posibilidad de incremento, por 4 horas, sin licencias ni vacaciones. Es decir, perdían los pocos derechos que les quedaban. Aquellos que no aceptaban estas condiciones tampoco tenían muchas opciones. Por ejemplo, Christian, de 36 años, se licenció en Sociología, habla tres idiomas y trabajó seis años como operador en Atesia. Pero luego de la revuelta decidió no aceptar las nuevas imposiciones y quedó desempleado.2

Ese mismo año, en noviembre, se produjo una gran marcha de precarizados, en su mayoría jóvenes mileuristas, que pagaban alquileres por la mitad de su sueldo. Sus contratos laborales podían ser de tres meses en empleos de lo más diversos, como relataba en ese momento Silvio, un joven de 26 años, Licenciado en Filosofía.3

En el mes de junio pasado, el Ministro para la Función Pública, Renato Brunetta, cobró fama mundial por su desprecio al movimiento de los indignados. Al ser increpado por una de sus militantes, el funcionario le respondió “ustedes son lo peor Italia”. Lo que el hombre desconocía era que la mujer contaba con dos títulos universitarios y, aún así, hacía 15 años que no conseguía un trabajo a tiempo completo.4 Desde aquel episodio, los participantes del movimiento pasaron a auto denominarse indignados precarios.

El campamento de los indignados italianos se encuentra organizado de manera similar al español.5  Se realizan plenarios diarios y se organizan comisiones de distintas temáticas. Piden por casa, trabajo y futuro y por una democracia “real”.6  A diferencia de los españoles, la asamblea de los italianos tiene menos comisiones y, por el momento, se dan una menor cantidad de tareas.

Las protestas de los indignados italianos se concentran, en mayor medida aunque no exclusivamente, en las principales ciudades del norte del país: Milán, Nápoles, Florencia y Bolonia. Es decir, en la zona con mayor desarrollo industrial. Allí se concentra la mayor porción de obreros ocupados en mejores condiciones. Y también una capa que solía pertenecer a pequeña burguesía, pero que ha perdido su lugar en esa clase para pasar a engrosar las filas proletarias. En el sur de Italia, la situación es similar aunque los precarios vagan por otro tipo de trabajos. Por ejemplo, en Palermo, un docente con dos hijos y una mujer, que es Licenciada en Educación Especial, relata que debe emplearse los fines de semana en la cosecha del melón. Este trabajo lo realiza en negro y logra recaudar alrededor de 150 euros por dos días y medio de labor.  No es casual que las medidas de ajuste sobre la clase obrera los golpeen profundamente. Se trata de una de las fracciones más desprotegidas.

“No más dispuestos a todo”

En septiembre, tras el anuncio de un nuevo ajuste por parte del gobierno de Silvio Berlusconi, la central sindical CGIL, convocó a una huelga que tuvo una adhesión masiva. La medida se llevó adelante el día 6, cuando el plan de ajuste debía ser aprobado por el congreso italiano. Durante la jornada se produjeron manifestaciones en más de 100 ciudades italianas, entre ellas las más importantes del país como Roma, Milán, Nápoles y Turín.  Entre los manifestantes, se podían leer carteles con la inscripción “Jóvenes no más dispuestos a todo”. En la capital italiana, los indignados montaron un campamento y realizaron varias marchas contra el ajuste, después de la huelga general del 6 de septiembre.9

Las medidas implementadas apuntan en forma directa contra la clase obrera: aumento del IVA en un punto porcentual y un recorte de derechos laborales. Entre las disposiciones más perjudiciales, se encuentra la modificación de la normativa sobre los despidos. El gobierno de Berlusconi logró reformar el artículo 18 del estatuto del trabajador que garantizaba la tutela de los sindicatos sobre los despidos. Además, la empresa podrá firmar con cada trabajador un contrato que contradiga el convenio colectivo.10  Aunque este tipo de contrato deberá ser ratificado por el sindicato, esta medida elimina de hecho la vigencia de los convenios.

Además, se busca reformar el sistema previsional y aumentar la edad jubilatoria. Para las mujeres, ya se aprobó el incremento de 60 a 65 años y Berlusconi habría barajado subirla a 67 años para todos. El gobierno italiano también planteó un recorte del empleo público. Mediante la eliminación de organismos locales de 36 municipios (aquellos que tienen menos de 300 mil habitantes) y de 1.500 ayuntamientos (los de menos de mil habitantes), se pretende suprimir 50 mil cargos públicos.11  Pero además, la central sindical denuncia que para 2013, el gobierno planea el despido de 300 mil trabajadores más. Esto se suma a las medidas ya aprobadas en julio, que también afectan a los trabajadores. En ese momento, se implementó un sistema de copago para los servicios de salud. Cada consulta médica pasó a costar 10 euros y, cada atención por urgencia, 25.12

En octubre, la movilización continuó bajo el impulso de estudiantes y docentes. Los días 7 y 8 se realizaron manifestaciones en contra del ajuste en educación. El gobierno anuló la renovación de los contratos precarios y suspendió la contratación de nuevos profesores. Además, se recortó el presupuesto para la investigación y las becas de estudio en alrededor de un 90%. Las mismas preocupaciones de los indignados aparecieron en las proclamas estudiantiles. Las organizaciones denunciaban que el 47% de los jóvenes italianos tiene un trabajo precario.13

El 15 del mismo mes, los indignados volvieron a ser protagonistas durante la protesta que se organizó a nivel mundial. Ya desde el 12, habían acampado en el centro de Roma aunque fueron desalojados varias veces por la policía. La marcha convocó a 200 mil personas y fue una de las más numerosas en todo el mundo. Entre las pancartas se podía leer: “Nosotros la crisis no la pagamos” -una consigna que ya había aparecido en la marcha estudiantil- y “Sin presente, sin trabajo, pero con nuestro futuro”. La manifestación contó con la participación de sindicatos y partidos políticos y culminó con una fuerte represión policial que dejó más de 100 heridos y 12 detenidos en los días posteriores. El alcalde romano prohibió las marchas en la ciudad por un mes. Se autorizaron manifestaciones “controladas”, pero que sin ningún recorrido por la ciudad. La central obrera rechazó la medida, pero la acató, en tanto no realizó ninguna acción de protesta en la calle, lo que es una evidencia de los límites reformistas de su accionar.14

Sin ser tan masivo como el español, el movimiento italiano se inscribe en un cambio de signo de la lucha de clases a nivel mundial. En Italia, el ataque del gobierno de Berlusconi contra la clase obrera aunó la lucha de sus distintas fracciones. Acercó a ocupados, semi-ocupados y desocupados. Sin embargo, esta confluencia oscila entre dos direcciones alternativas: el reformismo de los sindicatos o el autonomismo que prima entre los líderes del movimiento de indignados. El movimiento todavía está en sus comienzos. La asunción de estos últimos de una identidad como obreros precarizados y/o desocupados puede ser un elemento favorable para el desarrollo de una dirección de izquierda. Pero su triunfo requiere de una fuerte lucha ideológica en el seno del movimiento. Ésta es claramente una de las principales batallas de la hora.

Notas

1 La Nación, 9/4/2011.
2 El País, 3/4/2008.
3 La Repubblica, 4/1/2006.
4 Clarín, 19/06/2011.
5 Véase Harari, Fabián: “El verde mayo”, en El aromo, nº 61, 2011.
6 La Repubblica, 5/7/2011.
7 Corriere de la Serna, 5/9/2011.
8 El País, 6/9/2011.
9 El Cronista, 6/9/2011.
10 Eleconomista.es, 5/9/2011.
11 El mundo, 23/8/2011.
12 El mundo, 14/7/2011.
13 Página 12, 8/10/2011.
14 Europress, 18/10/2011.

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