Historia del socialismo. Octubre del ‘17

Como observamos en el número anterior, el resultado de la revolución de febrero de 1917 fue el doble poder en pugna: el Gobierno Provisional burgués presidido por el ministro Kerensky y el soviet obrero de Petrogrado. Sin embargo, la mayoría en los soviets era inicialmente detentada por mencheviques y social-revolucionarios. Para ellos, en Rusia debía acontecer primero una revolución burguesa conducida por la burguesía, donde los soviets representaran las posiciones de la clase obrera. Ello en realidad habilitaba un terreno de colaboración con la burguesía. Por lo pronto, la mayor parte del bolchevismo -sin Lenin, que se hallaba en el exilio- se adaptaba a esta política.

Fue Lenin quien corrigió la línea en el seno del Partido. Primero en una serie de cartas (Cartas de Lejos), luego en las Tesis de Abril, redactadas y publicadas en el periódico bolchevique Pravda, una vez retornado del exilio. Su caracterización: era el momento de que el poder residiera en los soviets de obreros, campesinos y soldados. Eran ellos los que debían controlar la producción y distribución, tomando la banca y la tierra. Paralelamente, Trotsky -también recién llegado del exilio en mayo- tomó la misma posición ante el soviet de Petrogrado y se integró al bolchevismo. De este modo, la fracción bolchevique comenzaba a atraer a un número importante de revolucionarios.

Corría octubre. Para ese entonces, los soviets ya habían desbaratado el golpe derechista a cargo de Kornilov. Ya desde agosto, el soviet de Petrogrado votaba la resolución “todo el poder a los soviets”. Los bolcheviques conquistaban varios soviets importantes (Petrogrado, Moscú, Reval). Las masas manifestaban su inclinación a la insurrección. La vida bajo este sistema social solo le garantizaba miserias. También estaban armadas: desde la caída del zarismo, en Petrogrado comenzaron a formarse las guardias rojas, que llegaron a comprender más de cien mil hombres, entre soldados y oficiales. Serían la base de un futuro Comité Militar Revolucionario. Luego de duros debates, Lenin impone su concepción en el Partido Bolchevique: ha llegado la hora de la insurrección.

Los preparativos comenzaron bajo la dirección del comité con sede en Smolny. Para el 25 de octubre (del viejo calendario), se esperaba la reunión del Congreso de los Soviets. Esa era la fecha elegida. El día 6, los bolcheviques abandonaban la Conferencia Democrática, una suerte de Pre-parlamento, impulsado por mencheviques y social-revolucionarios, a la espera de una Asamblea Constituyente que nunca llegaría. Para el día 13, los navíos de la armada ponían sus radios a disposición de la propaganda bolchevique. Los delegados del Congreso concurrieron por adelantado a Petrogrado. El día 22, el crucero Aurora -con tripulación bolchevique- ignoró la orden de levar anclas. Los delegados concurrían a todas las unidades militares el día 23. El 24 las armas eran entregadas a los destacamentos obreros. Los marineros de Kronstadt acudían a Petrogrado para proteger el Congreso. Así, en poco tiempo, desplegaron sus fuerzas y tomaron todos los puntos estratégicos de la capital. El Palacio de Invierno (sede del ministro Kerensky) cae sin más. En todas las asambleas de obreros, campesinos y soldados la insurrección era aprobada.

¿Qué rol jugó el Partido Bolchevique? Básicamente, el Partido fue el sistema nervioso de las masas. Expresaba los intereses inmediatos e históricos de la clase obrera. Numerosos testimonios nos muestran a sus agitadores explicando a obreros y campesinos, el camino a tomar, un camino que estos hacían y sentían propio.

Suele argumentarse que las masas -atadas de manos ante el peligro de morir- se movilizaban por “paz, pan y tierra”. Es posible que ella haya sido la realidad de varios. Pero fue el partido, con cuadros altamente preparados y calificados, el que ofreció una orientación correcta para sus vidas: tomar el poder para construir una nueva sociedad. Así, cuando el Partido declamó “todo el poder a los soviets”, no hizo más que sintetizar el reclamo de la revolución. Era ya imposible distinguir entre el partido y las masas. Eran una sola marca. Y tomaron el cielo por asalto.

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