Historia argentina. El 9 de Julio: cuando los patrones plantaron bandera

Todos los gobiernos aprovechan las fiestas patrias: luego de presentarse como los “continuadores” de los revolucionarios, llaman a la defensa del orden y la nación. Así, a muy grandes rasgos, parece que la Independencia fue el acta de nacimiento de una nación al servicio de “todos”. Nos cuentan además que todo se habría resuelto por consenso en la sala de un congreso, y entre diputados electos por el pueblo. Un ejemplo que habría que tomar: nada de violencia, nada de tumultos, nada de desorden. Todos sentaditos debatiendo.

Estas ideas esconden varios problemas. Primero, el carácter de clase de la Independencia, es decir, quién, por qué y para qué declaró la Independencia. En definitiva, el Congreso de Tucumán se enmarca dentro de la revolución burguesa, un proceso político llamado a imponer los intereses de la burguesía del Río de la Plata. Comprobémoslo con los hechos: los mismos personajes que formaron parte del Congreso (Belgrano, Pueyrredón, Anchorena y siguen las firmas) eran parte de esa clase social. Todos eran propietarios, cuando no comerciantes capitalistas o eclesiásticos asociados. De hecho, el Congreso no admitía otra clase social. Todos eran elegidos por una minoría burguesa. Por ejemplo, en Buenos Aires, una ciudad con 40 mil “almas”, como se decía por entonces, el elector más votado logró 176 votos. Esos electores luego votaban a los diputados en una reunión donde no era secreto lo que se votaba.

¿Y por qué hicieron esta declaración? Hasta entonces, la Revolución se hacía en nombre de Fernando VII, que se encontraba cautivo. De otro modo, Inglaterra –aliada a España contra Napoleón– podía entrar en conflicto con las colonias. Era una “mentira” diplomática necesaria. Pero tuvo sus límites: derrotado Napoleón y habiendo regresado el Rey, hubo que “sincerar” que aquí estaba aconteciendo una Revolución. Hubo que admitir que las guerras, las expropiaciones de tierras al Rey y a la Iglesia y el aniquilamiento de líderes leales a la Corona, perseguían un fin revolucionario. De ese modo, el Congreso comenzaría a tomar las medidas necesarias para continuar con la Revolución en su peor momento: rodeado de enemigos y con la amenaza de Fernando latente, el Congreso tenía que administrar recursos para reorganizar ejércitos y dar lugar a las campañas libertadoras de San Martín.

Ahora bien, ¿la Independencia creó una Nación? Más bien, fue una declaración de voluntad de hacerlo, ante la Corona y las burguesías extranjeras. Argentina no existía como la entendemos hoy y nadie se identificaba como “argentino”. De hecho, el Litoral y la Banda Oriental (que todavía no era Uruguay) tenían un sistema aparte llamado Liga de los Pueblos Libres. Otros territorios estaban fuera del control criollo (el sur, Chaco, Formosa, La Pampa). Además, al Congreso concurrieron diputados del Alto Perú, hoy Bolivia: Charcas (hoy Sucre), Mizque y Cochabamba. Por otro lado, los reconocimientos de las principales potencias llegaron unos años después, asunto fundamental si queremos hablar de “Independencia” en el sentido burgués. En definitiva, lo que se firmaba en el papel tenía que ser refrendado luego en los hechos, con más guerra y gestiones diplomáticas.

Pero incluso con sus límites, la Independencia fue un paso necesario para la creación de una nación burguesa, una nación al servicio de sus intereses. Para comienzos del siglo XIX, eso era progresivo, pero hoy hace falta dar vuelta la página: la clase social que nos dirige hace doscientos años ya no tiene más para dar salvo miseria. Es hora de quitarle ese lugar.

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