Historia Argentina. 17 de octubre: de fascista a Bonaparte

El peronismo considera al 17 de octubre como su fecha de nacimiento. Para entenderlo mejor, sin embargo, debemos remitirnos al período previo a 1945. Por ese entonces, Perón pertenecía al Grupo de Oficiales Unidos, uno de los promotores del golpe de 1943. Contra lo que se cree, el gobierno en cuestión efectivamente asumía tendencias fascistas y totalitarias. Al respecto, esa era la misma suposición de la izquierda y no había en ella error alguno. Fue la fuerte reacción ante los encarcelamientos, las torturas y asesinatos de dirigentes o frente a los despidos de docentes opositores, ateos o  judíos, lo que impidió que el asunto haya sido más grave. Fue esta misma resistencia la que llevó al desarrollo de formas represivas más sutiles y a una ampliación de una muy moderada política social.

Sin embargo, cuando la reacción burguesa amenazó por llevarse puesto al gobierno, éste sacrificó a Perón -trasladándolo a la isla Martín García-. ¿Cuál era el problema con el Coronel? Suele creerse que la burguesía se oponía a las virtudes de su gestión en la Secretaria de Trabajo y Previsión (STyP). Sin embargo, dicha gestión era aún tibia. El problema residía más bien en el rechazo a su proyección política.

La candidatura de Perón suponía una experiencia fascista, que la burguesía aún no consentía. En efecto, no había en Argentina condiciones tan extremas de descomposición social que para ella justificara un viraje fascista en el poder. El fascismo, de hecho, implicaba dar cierta autonomía al Estado y ello podía poner en riesgo a varios burgueses individuales.

Desplazado por este motivo, Perón es rescatado a la vida política por importantes sectores del movimiento obrero que pretendían transformarlo en la cabeza de un gobierno laborista. Ello fue el 17 de octubre: desde el día 9, varias direcciones sindicales buscaban lanzar una huelga general. Ya el 15, gremios del interior se declaraban en huelga por cuenta propia, incluso antes que lo hiciera ese mismo día la CGT.

La huelga estaba programada para el 18, pero las direcciones sindicales pro-peronistas se adelantaron y las masas salieron a la calle el 17. La multitud ocupó la Plaza de Mayo ante la mirada neutral (complaciente dirán otros) de la policía. Desde temprano, gruesas columnas arribaron desde Avellaneda y todo el sur del conurbano. La multitud acampó en el centro de la ciudad. La consigna única fue el retorno de Perón y todo culminó, también pacíficamente, cuando al final del día, el Coronel apareció en los balcones de la Casa Rosada, reinstalado en el poder.

Pero lo resultados fueron muy diferentes a los proyectados por los dirigentes sindicales y por el mismo Perón. En lugar de dicho laborismo, allí se fundó un régimen bonapartista (un término referido a Luis Bonaparte, sobrino de Napoléon y emperador de Francia de la segunda parte del siglo XIX). Se trata de un régimen político en la que el titular del poder del Estado crea la apariencia de “mediación” entre la burguesía y la clase obrera. Sin embargo, en los hechos, tiene como función la contención política de esta última: intenta quitarle sus potencialidades revolucionarias. De este modo, el bonapartismo siempre resuelve la situación a favor de la burguesía.

Por otro lado, su dirección, que es altamente personalista, surge por fuera de los movimientos políticos de base obrera (Perón, de hecho, proviene del Ejército) y concilia con ellos, buscando desarmarlos. Todas las acciones -tanto aquellas que apuntan a crear consenso, como las más violentas- conducen a ese fin. En números anteriores, hemos visto numerosos casos de hechos represivos, que no pueden desligarse de sus concesiones. El primer peronismo fue un gobierno extremadamente policial, que potenció la estructura represiva del Estado, incluido los servicios de inteligencia.

En definitiva, el 17 de octubre es el puntapié inicial de una experiencia cuyas consecuencias aún hoy debemos combatir.

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