Hay humo (burgués) en tu mirada. Continuación del debate con el PTS sobre la renta agraria en Argentina.

guilleGuillermo Cadenazzi
OME

Desde hace tiempo se inició un debate(1) acerca de la renta de la tierra y la acumulación de capital en la Argentina. El avance de la discusión ha dejado a la vista las posiciones de fondo que guían cada intervención, y que resultan claves para clarificar cómo entiende cada uno el capitalismo a nivel mundial y sus particularidades en la Argentina. No hace falta destacar la importancia de este debate para la acción revolucionaria, dada la imposibilidad de trasformar una realidad que no se conoce.

PTS ¿desconocimiento u oportunismo?

El PTS parte de una caracterización errónea del capitalismo y del estado argentino, al afirmar que hay “condiciones estructurales del capitalismo argentino que lo convierten en una semicolonia”(2) y por lo tanto hay tareas nacionales pendientes. Por otra parte nunca aclara cuáles serían esas tareas “nacionales”. Es importante destacar que la idea de que la Argentina es un país semicolonial oprimido por los monopolios imperialistas no es más que el planteo que la burguesía nacional enarbola para encolumnar detrás suyo a la clase obrera. Es a su vez, la caracterización de los partidos de izquierda que proponen una alianza con este sector (PC, PCR). Lo cual es lógico: si efectivamente la Argentina es una semicolonia, y tiene tareas nacionales pendientes, se deduce que el capitalismo argentino aun no alcanzó su pleno desarrollo y tiene más para dar, aunque el PTS niegue o desconozca esa deducción.

Sin embargo, los compañeros del PTS repiten una y otra vez que el capitalismo argentino no tiene nada más para dar, y que está plenamente desarrollado. Cuando uno relee su trabajo encuentra que “se trata de condiciones de atraso que preexisten a la integración de la economía argentina en la división mundial del trabajo impuesta por Inglaterra […] Es decir, no es un atraso causado por la renta”.(3)  ¿En qué quedamos? ¿Hay atraso o no hay atraso? ¿El capitalismo se encuentra plenamente desarrollado en la Argentina o el país es una semicolonia oprimida por el imperialismo que impide su desarrollo? Además, ¿qué quiere decir que preexiste “a la integración de la economía en…”? ¿Se trata de rémoras coloniales, como sostiene el PCR?

Las contradicciones se intentan salvar de una manera fantástica, cuando los compañeros del PTS afirman que “su caracterización [al igual que la que hizo Trotsky de la formación rusa luego de 1905, aclaran] muestra una visión mucho más compleja donde las contradicciones y el desarrollo particular del capitalismo argentino, con sus rasgos más avanzados y más rezagados, plantean la actualidad de un programa obrero y socialista de expropiación de la burguesía y destrucción de su Estado”.(4)  Según ellos, no es que su planteo esté plagado de contradicciones, es que el resto de los mortales no lo entendemos porque es más complejo e incluye las contradicciones, lo cual podrá sonar muy dialéctico, pero no dice nada.

Por suerte, y por eso confiamos en la importancia de esta discusión y marchamos codo a codo cada vez que la situación lo requiere, los compañeros concluyen que el programa revolucionario debe ser llevado adelante por la clase obrera.(5)  El problema es que esto no se deduce de sus planteos, sino de la empiria. Como no se puede confiar en la burguesía, porque tarde o temprano va a traicionar, las tareas nacionales tienen que ser llevadas adelante por la clase obrera. Sin embargo, la cuestión es cómo llevamos ese programa adelante. ¿Vendiéndole a la clase obrera el discurso del pequeño capital, o construyendo conocimiento al servicio de sus intereses?

El PTS afirma que “las ilusiones de sectores de las masas con los programas burgueses nacionales se apoyan en las condiciones estructurales del capitalismo argentino que lo convierten en una semicolonia, y que no surgen de la nada, como parece creer RyR”.(6)  Como dijimos, esta es la mirada del pequeño capital, de la burguesía nacional, pero que el PTS se encarga de elevarla al nivel de verdad científica. Nadie va a desconocer que las presiones “imperialistas” que describen los compañeros existen (IV Flota, bases yanquis, presiones de la embajada, etc.) pero es importante remarcar que estas no han representado ninguna traba al “desarrollo” capitalista del país. El ataque del imperialismo siempre estuvo dirigido contra la clase obrera, no contra el desarrollo de los capitalistas nacionales, como pareciera idealizar el PTS.

Los compañeros muestran el mayor grado de confusión cuando afirman que “no se puede mostrar la impotencia de los programas burgueses nacionales y ganar para un programa socialista si no se comprende el carácter semicolonial del Estado burgués argentino y se obra en consecuencia”.(7) O bien el PTS se compró el discurso del pequeño capital nacional, o bien tiene claro que esto no es así pero lo repiten para insertarse en la lucha política de la clase obrera vendiéndole pescado podrido. Si hay “sectores de las masas ilusionadas con los programas burgueses nacionales”, que los hay por supuesto, hay que salir a discutir esos programas, a explicar que la Argentina no es una semicolonia, que no hay tareas nacionales por realizar y que la tarea es la construcción de la fuerza revolucionaria que destruya al capitalismo y a la burguesía.

Desconocimiento

Este punto de partida errado, sumado al desconocimiento del funcionamiento del agro argentino y la ausencia de investigación empírica, es lo que lleva a los compañeros a plantear que la renta diferencial de la tierra “agrava las limitaciones para la acumulación del capital industrial”(8) y que el agro argentino es un sector atrasado. En un intento de conciliar el ingreso de riqueza que supone la apropiación de renta de la tierra internacional con el saqueo imperialista, la renta aparece como agravando las limitaciones para la acumulación.(9)

Lo que los compañeros no comprenden es que la industria no es competitiva, no por la renta, sino por problemas de competitividad, de escala, de no alcanzar la productividad media a nivel mundial; por condiciones estructurales que no fueron impuestos de manera externa. Y esto se debe a que la Argentina se inserta en el mercado mundial de manera tardía, con un mercado interno chico. El único sector competitivo es el agro, que puede apropiarse de plusvalía de otros países. Lo que están afirmando los compañeros (aunque no lo digan explícitamente, pero se deduce de su razonamiento lógico) es que como los burgueses se apropian de renta no necesitan invertir, por eso no mejora la productividad y por eso la industria no se desarrolla. Este es, en definitiva, el mismo planteo histórico de la centroizquierda que afirma que el problema del país es la falta de inversión y brega por el desarrollo de un capitalismo “industrial” y “productivo”. No ven que, por el contrario, la industria radicada en el país, tanto nacional como extranjera, sobrevive gracias a la renta, y que sin ella muchos de esos capitales se fundirían. Aunque lo nieguen, del planteo del PTS se deduce que sin la renta esos capitales invertirían y serían más desarrollados.

Para criticar nuestra afirmación de que el agro pampeano es el sector más competitivo de la economía argentina, el único que triunfa en la competencia internacional y el sostén del resto de la economía nacional, los compañeros vuelven a exponer los mismos argumentos que ya discutimos en un artículo anterior. Nos acusan de que nuestro método es un mero rejunte de datos sin procesar y de no mostrar datos, demostrando que no leyeron Patrones en la ruta. Pero ellos se limitan a exponer la evolución de los rendimientos y citas de Javier Rodríguez, del agrupamiento desarrollista CENDA. Vayamos al análisis y cada uno podrá sacar sus propias conclusiones.

Por ejemplo, se repite por enésima vez la cuestión de los rendimientos del trigo en Francia y Argentina. Ya les explicamos, compañeros, que los rendimientos mayores en Francia se obtienen a un mayor costo (en agroquímicos, fertilizantes, etc.) que en Argentina. La producción francesa es menos competitiva que la Argentina, se produce a un costo mayor (a pesar de que se obtenga más producto por hectárea) y el gobierno francés debe subsidiar al sector agrícola de dicho país para que los productores no se fundan. Mientras que en Argentina la riqueza del agro sostiene al resto de la economía, en Francia el resto de la economía sostiene al agro.

El problema está justamente en plantear como un obstáculo algo que es una ventaja del sector agrario pampeano. Los compañeros afirman que “la apropiación de porciones de la renta agraria, y no la renta en sí, es un factor que contribuye a explicar el carácter extensivo de la producción agraria”.(10) En términos estrictos, son las condiciones favorables de la producción agraria pampeana (fertilidad del suelo, ubicación geográfica y clima) las que explican tanto la apropiación de renta de la tierra internacional como el carácter “extensivo” de la producción. Este carácter extensivo de la producción no significa otra cosa que el hecho de que la tierra pampeana es apta para la producción de cereales, que tiene esa característica en todas partes del mundo: en EE.UU., en Canadá, en Australia, etc. Los conceptos de “extensiva” e “intensiva”, sencillamente no quieren decir nada. Las virtudes de la “intensidad” (si no se entiende por ello lo que realmente sucede en la pampa, la utilización de la misma tierra para varios usos simultáneos), es un mito propio de los agrónomos desarrollistas de la década del ’50, que creían que una extensión del tamaño de la pampa podía ocuparse con pequeñas granjas “pluriactivas”. Lejos de ser un problema, es una ventaja de la producción agraria nacional. Lo mismo para el caso de los tractores y la maquinaria. Que en Argentina se utilicen menos tractores que en otros países, porque la escala de las propiedades es mayor y de esta manera se utilizan y amortizan mejor, no es evidencia de atraso.

Una cosa lleva a la otra

Decir que el agro pampeano no está “en el primer lugar de jerarquía mundial” por el “carácter extensivo” y la menor inversión de capital comparada internacionalmente, es una muestra de total desconocimiento de cómo funciona la competencia capitalista en la rama agraria. Que el planteo de un partido de izquierda como el PTS sobre el agro argentino sea que hay pocos tractores y rendimientos menores que en Francia es realmente llamativo y preocupante. Que digan que nosotros no investigamos es hasta gracioso, cuando todas nuestras afirmaciones son fruto de la investigación empírica mientras que los compañeros se limitan a opinar sobre el tema, con total desconocimiento, citando cualquier cosa que encuentren por ahí que avale lo que dicen y a repetir en forma dogmática a Trotsky, lo cual pareciera que le da un carácter de verdad indiscutible a todo lo que escriben.

Pero esto no sucede porque los compañeros sean incapaces, sino simplemente por no considerar la investigación científica como una herramienta necesaria para la lucha política. En lugar de analizar qué pasa en el sector agrario, qué pasa en el capitalismo argentino, los compañeros opinan y construyen una teoría sobre el agro, a partir de otra teoría más general que tampoco se sustenta más que en impresiones de la realidad, que no están basadas en un verdadero conocimiento. La realidad no es tal cual se nos aparece, de ahí la importancia de la investigación científica. Porque si de algo sirve la ciencia, es para que el programa que guía nuestra acción se desprenda de un análisis preciso y certero de la realidad que pretendemos transformar. Un análisis que surja de la crítica y no de la repetición teórica. Toda acción política que no se apoye sobre dicho conocimiento está condenada a cometer errores y vacilaciones que, en la lucha de clases, se pagan muy caros. La absoluta impotencia del PTS en el conflicto del campo o su subdesarrollo durante el Argentinazo, es prueba de ello. Para que una próxima ronda del debate no se pierda otra vez en vaguedades, los compañeros debieran comenzar por mostrar aquello mismo que pretenden defender: ¿cuáles son las tareas nacionales inconclusas de la Argentina? Sería bueno que dejaran de hacerse los distraídos con una pregunta crucial como ésta.

Notas:

(1) Anino, P.; Mercatante, E.: “Renta agraria y desarrollo capitalista en Argentina”, en Lucha de Clases, nº 9, 2009. Cadenazzi, G.: “Breve ensayo sobre la ceguera. El PTS y su ´estudio´ del agro argentino y la renta de la tierra”, en El Aromo, nº 50, 2009.
(2) Anino, P.; Mercatante, E.: “Sutilezas metafísicas y reticencias teológicas”, disponible en www.ips.org.ar/article.php3?id_article=502 Pág. 18.
(3) Ídem, pág. 15.
(4) Ídem, pág. 18.
(5) Aunque no sin vacilaciones producto de su confusión teórica, como se demostró en su apoyo inicial  a los pequeños terratenientes y capitalistas agrarios en el conflicto del campo de 2008 al pedir retenciones diferenciadas. Posición que tuvieron que rectificar, aunque sin sacar las conclusiones adecuadas sobre su forma de producir conocimiento, igual que cuando afirmaron la existencia de 3.000.000 de campesinos en la Argentina…
(6) Ídem, pág. 18.
(7) Ibídem.
(8) Ídem, pág. 14.
(9) Ídem, pág. 15.
(10) Ídem, pág. 15.

 

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