Hambre para mañana. Los límites del empleo público

Viviana Rodríguez Cybulski
CEICS-OME

Seguramente, muchos agradecen al kirchnerismo la recuperación del empleo. Un “logro” conseguido a partir de la devaluación y del empleo público precario. Ahora, con la crisis fiscal, todo esto comienza a resquebrajarse. Si cree que el desempleo masivo es cosa de los ’90, lea y prepárese para lo que viene…

A partir de 2002, a través del brutal abaratamiento de la fuerza de trabajo mediado por la devaluación, la tasa de empleo comenzó a crecer. Desde el 2007, se observa un estancamiento de esta tendencia. Frente a esto, el sector público empezó a ser uno de los ámbitos más dinámicos en la creación de puestos de trabajo, absorbiendo capas de población sobrante que el privado no puede incorporar. Sin embargo, el creciente déficit fiscal muestra la imposibilidad del Estado de mantener este rol en forma permanente.

Todo está guardado en la memoria

Luego de la salida de la convertibilidad, la economía argentina empezó a experimentar una mejora sustancial de sus indicadores macroeconómicos. Entre ellos, la tasa de empleo pasó del 38,8% en 2003 al 42,2% en 2007, así como la de desocupación descendió del 14,4% al 8,3% en el mismo período. En efecto, la devaluación implicó un cambio de los precios relativos, provocando una reducción del salario en términos internacionales cercana al 60%1. Eso fue lo que le permitió a las empresas nacionales volverse competitivas y, por ende, comenzar a crecer, incentivando la generación de empleo.
Pero este efecto se fue perdiendo. El sector privado, a pesar de los subsidios recibidos, se mostró incapaz de generar competitividad, dadas las limitaciones en su escala productiva. Ello, unido a una creciente inflación, derivó en que se estancara la generación de empleo en el sector privado, por la imposibilidad de afrontar mayores costos. Así es como, mientras en el período 2003-2007 la tasa anual acumulativa de variación de empleo estaba en el 5,4%, en el período 2007-2010 pasó al orden del 1,5%. Ante esta caída el Estado intervino para amortiguar el estallido del desempleo y mantener controlada a una de las patas de su régimen bonapartista.

¿Cuántos “empleos públicos” hay?

El empleo público adquiere en nuestro país varias “modalidades”. En primer lugar, en lo que hace al trabajo asalariado registrado, estudios privados sostienen que los ocupados en el sector público constituyen un tercio del total2 y, si consideramos que entre 2003 y 2007 uno de los elementos que incidió en el amesetamiento de la tasa de empleo fue la desaceleración del empleo asalariado3, podemos apreciar la importancia de estos nuevos puestos. Si observamos la generación de este tipo de empleo por jurisdicción, los municipales fueron los más dinámicos, creciendo casi el 35% entre 2007 y 2011. Le siguen los provinciales, con el 33,1%, los nacionales con el 20,5% y finalmente, los de la Ciudad de Buenos Aires con el 9,1%4.
Junto a ellos encontramos a los contratados. De acuerdo a estimaciones no oficiales, la planta permanente del Poder Ejecutivo Nacional (PEN), incluidos los que están a prueba, aumentó el 17,1% entre 2003 y 2010, al tiempo que el plantel de contratados creció el 155%. Así, el 40,56% de los puestos creados en el período presentan esta modalidad. Solamente en referencia a los contratados del PEN, al 2010 en el Ministerio de Desarrollo Social los contratados superaban en 4 a 1 a los de planta. En el resto de los Ministerios, por cada persona de planta, había al menos un contratado, incluso, en la administración central del Ministerio de Trabajo los contratados superan casi tres veces al personal de planta.
Pero eso no es todo: el Ministerio de Trabajo, para 2010, calculaba la tasa de empleo en el orden del 42,4%. Este porcentaje considera como ocupadas a todas las personas que en la semana de referencia han trabajado como mínimo una hora en una actividad económica, por lo que es necesario incluir los Programas de Empleo que generan puestos sostenidos por el Estado, con contraprestaciones de 4 a 6 horas diarias. El sector público ha absorbido el 75% de las contraprestaciones, con una concentración del 34% en la rama de servicios sociales y salud. Esto ha representado el 13,6% del empleo público total para el año 2005. El Plan Jefes y Jefas5 y el Programa de Empleo Comunitario6 son los que más impactaron. Los perceptores han ido descendiendo paulatinamente, de acuerdo al Ministerio de Trabajo, a excepción del 2009, que tuvo un repunte del 3% en relación al año anterior.
Queda por considerar el Plan Argentina Trabaja, que fomenta la creación de cooperativas encargadas de ejecutar obras públicas locales. Dado que es el Estado quien contrata de manera exclusiva estos servicios, consideramos estas cooperativas dentro de abanico de empleos estatales. La cantidad de cooperativas creció drásticamente en la postconvertibilidad, incrementándose en más del 420% entre 2001 y 2006, en relación a 1999-2000. Según declaraciones gubernamentales, desde que se puso en marcha este programa en el 2009, se crearon 2.200 cooperativas, con 152.595 cooperativistas7.  Ahora va siendo más claro qué hay detrás del 42,4% de ocupación: el intento del Estado por dar respuesta a la población sobrante8.

Más por menos…

Con el sector privado en retroceso, en el sector público la cantidad no va de la mano de la calidad, ya que para sostener el nivel de empleo a partir de 2007, los puestos creados son a base de precarización y bajos ingresos.
En relación a los salarios, los puestos que más crecieron son los peores pagos. Por ejemplo, si consideramos los asalariados registrados, al tiempo que el ámbito nacional incrementó sus remuneraciones en casi el 33%, el provincial lo hizo en el 14,90%, el municipal en el 7,8% y la Ciudad de Buenos Aires en casi el 4%9, siendo que municipales y provinciales fueron los que más puestos crearon en el período 2007-2011, como se mencionó. En relación a los contratados, muchos llegan a cobrar la mitad y hasta un tercio de lo que ganan otros empleados permanentes que hacen igual tarea10. Los cooperativistas, por su parte, cuentan con un ingreso mensual de $1.250, a pesos corrientes de 2012, cuando, aún si tomásemos como válidas las estimaciones del Indec, la canasta básica sería de $1.586,35 a precios corrientes. Poco hay para agregar, por encima de lo dicho, acerca del sueldo de los programas de generación de empleo. En un marco de creciente inflación, el nivel de remuneraciones no es secundario.
Además, es necesario agregar que muchos de los puestos creados entran en la categoría de precarios, especialmente el caso de los contratados y becarios, que carecen de estabilidad laboral, pudiendo permanecer durante años en el mismo puesto y bajo la misma condición, sin derechos plenos, sin jubilación, obra social, régimen de licencias, etc. A lo que se suma que muchos aparecen como monotributistas y les facturan a terceros. Tercerizados, contratados, personal temporario, a tiempo parcial, “facturados”, “cooperativistas”. Éstas son las formas de precariedad laboral incluidas en el empleo público en pos de sostener el índice de ocupación.

De bruces contra la realidad

El Estado no pudo mantener el nivel de empleo sin deteriorar sus condiciones y, a pesar de ello, este mecanismo ya comienza a presentar sus límites. El costo laboral para los puestos asalariados se incrementó desde el 2006 para los empleos de la jurisdicción nacional en más del 39%, para los municipales en casi el 30%, para los provinciales en el 21% y para los de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires en más del 10%11. Con un déficit fiscal en ascenso, la ineficiencia de esta política se torna palpable.
Los decretos que prometen la reducción de los sueldos de los empleados del Estado, van en este sentido. En el marco del enfriamiento de la economía, el ajuste y la sintonía fina, los despidos de los últimos meses, los traslados y los recortes de salarios muestran los límites del “modelo”, en este caso, referidos a la incorporación de la población sobrante, propia de las economías capitalistas. En este sentido, el intento de sostener la tasa de empleo y, por ende, el nivel de demanda, mediante el aumento del empleo público se vuelve una quimera.

Notas:

1 Graña, Kennedy y Valdez: “El ‘modelo’ de la post Convertibilidad: contenido, límites y perspectivas”, Buenos Aires, 2008. Disponible en http://www.econ.uba.ar/www/institutos/economia/Ceped/publicaciones/2008/Grana_Kennedy_Valdez_EconomiaPolitica.pdf.
2 Ver Informe Consultora SEL: Newsletter, marzo de 2012.
3 Esto se debe a que los empleos no asalariados se incrementaron a una tasa mayor entre 2007 y 2010 que entre 2003 y 2007, al tiempo que las ocupaciones de los asalariados registrados no continuaron creciendo en los mismos niveles: su tasa de expansión pasó de ser del 9,2% anual entre 2003 y 2007 al 4,1% entre dicho año y 2010.
4  Estimación propia en base a Dirección Nacional de Cuentas Nacionales, INDEC, sobre la base de datos del Sistema Integrado de Jubilaciones y Pensiones. Cabe aclarar que la estimación no incluye las provincias no integradas al SIJP, entre las que figuran algunas de las grandes como Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe.
5 El Plan Jefes y Jefas fue implementado a partir de 2002. El beneficiario recibe una suma mensual de $150 a cambio de una contraprestación con una dedicación horaria entre 4 y 6 hs.
6 En el PEC, el beneficiario percibe una suma mensual de $150 por realizar contraprestaciones con una dedicación horaria diaria entre 4 y 6hs. Realizan actividades que tiendan a mejorar la calidad de vida de la población de la comunidad a la que pertenecen.
7 A pesos corrientes de 2012.
8 Vésase Cominiello, Sebastián: “Los planes del régimen. Presupuesto estatal y elecciones en el interior”, en El Aromo n° 62, septiembre-octubre de 2011.
9 Estimaciones propias en base a Indec: Cuentas Nacionales. Valores a precios 2005 según IPC 7-P.
10 Ver http://www.clarin.com/zona/plantel-contratados-ministerios-crecio-ciento_0_506349567.html
11  Estimación propia en base a DNCN, Indec, a pesos de 2005 de acuerdo a IPC 7P.

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