Haciendo de la miseria…progresismo. Acerca del proyecto de ley kirchnerista para el trabajo doméstico

a60_tes_miseria_progreIanina Harari (1)
TES-CEICS

Las empleadas domésticas pertenecen al sector del proletariado argentino que, estando ocupado, se encuentra excluido de la Ley de Contrato de Trabajo (LCT). Como sucede con los trabajadores rurales o estatales, se les niega aquellas conquistas que la clase obrera en activo ha conseguido en conjunto. En cambio, se encuadran bajo un régimen estatutario, dictado por decreto, que data de 1956. El mes pasado, la Cámara de Diputados dio media sanción a una nueva ley para el sector. Al igual que con el proyecto de nuevo estatuto del peón rural, el kirchnerismo pretende anotarse unos puntos por izquierda con esta iniciativa. Sin embargo, el único beneficio verdadero que esta ley traería, la licencia por maternidad, se obtiene por medio de la desfinanciación del ANSES. Es decir, la pagarán los jubilados y no la patronal que sigue realizando aportes irrisorios. El resto de las medidas que podrían ser beneficiosas (aumento del tiempo de vacaciones, licencias por enfermedad), se ven anuladas por otras de signo contrario (reducción del descanso diario y aumento de la polifuncionalidad).

Un paso adelante…

El régimen actual para el trabajo doméstico excluye a aquellos trabajadores que presten servicios por menos de 1 mes y a aquellos que trabajen menos de 4 horas por día y de 4 días a la semana. En cambio, en el proyecto se reconoce a quienes realicen tareas, cualquiera sea la extensión de la jornada y la semana de trabajo. También se incluyen a aquellos trabajadores contratados para el cuidado de enfermos, siempre que esta tarea no requiera de una habilitación profesional específica.

Otro de los cambios que se propone es la reducción del período de prueba. En el régimen actual, hasta los 90 días de iniciado, el contrato de trabajo puede ser disuelto por cualquiera de las partes sin previo aviso. En cambio, el proyecto establece el período de prueba en 30 días para el personal con retiro y en 15 días para el personal sin retiro, aclarando que durante este tiempo cualquiera de las partes podrá extinguir la relación contractual sin causa y sin derecho a indemnización.

En cuanto a la jornada laboral, se especifica su duración, cuestión omitida en el marco actual. De esta forma, se establece que no se podrá exceder las 8 horas diarias o las 48 horas semanales, que podrían distribuirse desigualmente sin superar las 9 horas diarias. Con respecto al descanso semanal, que actualmente es de 24 horas, se ampliaría a 35 horas corridas a partir del sábado a las 13 o a las 16 horas, como máximo.

El régimen de licencias es otro punto en el que se avanzaría con el proyecto. Los períodos vacacionales se extenderían respecto del régimen actual al nivel del la LCT. Mientras anteriormente gozaban de 30 días anuales por enfermedad, la nueva ley equipara este plazo al de la LCT en 3 meses para una antigüedad de hasta 5 años y en 6 meses para una antigüedad mayor. En cuanto a las licencias especiales, que no están contempladas actualmente, se incluirían todas aquellas que rigen en la LCT. Entre ellas, la más importante sería la licencia por maternidad, derecho del que hasta ahora no gozan las trabajadoras domésticas. A su vez, se establece el cobro de una asignación por maternidad, aunque no se establece ninguna otra asignación familiar. Es decir, que continuarán sin recibir asignaciones por hijo, la prenatal, la ayuda escolar anual, por matrimonio y por nacimiento o adopción. El proyecto también incorpora la obligación para el empleador de proveer elementos de trabajo, incluida la ropa, y de contratar una ART. El hecho de que no se prevea el aumento de las cargas patronales, implicaría que el cobro de la asignación por maternidad no saldrá de los bolsillos patronales (pues no se elevan los aportes) sino de la caja de la ANSES, es decir de los aportes que realiza el conjunto de la clase obrera. De esta forma se desfinancia ese organismo y el resultado son jubilaciones de miseria.

…y dos pasos atrás

Junto a estos cambios, se producen otros que no pueden disfrazarse de progresistas. Por ejemplo, el personal sin retiro, es decir aquel que duerme en la casa del patrón, perdería el derecho a 1 hora semanal para asistir a servicios de culto. Asimismo se le reduciría en 1 hora el reposo diario nocturno, que pasa de 9 a 8 horas, y el descanso diario, que pasa de 3 a 2 horas. Es decir, lo que ganaría en descanso vacacional lo devolvería con creces en la reducción del descanso cotidiano. Cabe remarcar que el personal sin retiro es el más explotado dentro de los trabajadores domésticos. Además es el más propenso a ser contratado por la burguesía, ya que los obreros suelen contratar por horas.

Otro beneficio que perderían es el de la escala de categorías. Mientras hoy en día se especifican salarios y oficios por categoría, en el proyecto éstas desaparecen y sólo se hace referencia a que podrían ser fijadas por convenio. Esta eliminación de las categorías laborales, juega, como en todos los gremios que se ven afectados por ella, a favor de la polivalencia, es decir una mayor flexibilidad laboral y una intensificación del trabajo por la vía de incrementar el número de tareas a cargo de un mismo trabajador. Por ejemplo, una acompañante está en una categoría superior que una mucama. En cambio, de aprobarse el proyecto, se equipararían ambas y podría exigirse a alguien contratado para cuidar de una persona mayor que realice, además, los quehaceres de la casa por el mismo salario.

Por otro lado, al permanecer excluidos de la LCT estos trabajadores continuarán sin acceder a un conjunto de conquistas. Cualquier obrero ocupado, en blanco, que no sea trabajador rural, estatal o doméstico no puede tener menores beneficios que los que dicta la LCT. En más, los sindicatos pueden negociar mejoras por sobre ella, pero nunca pactar condiciones inferiores. De esta forma, la ley actúa como un piso difícil de modificar, porque para eso la burguesía debe enfrentarse con el conjunto de la clase obrera. Los empleados domésticos, en cambio, se tienen que conformar con condiciones inferiores.

Una consecuencia de encontrarse por fuera de la LCT es que no rige el salario mínimo, vital y móvil. Mientras el mismo es hoy de 1.840 pesos, para los empleados domésticos el mínimo es, por 8 horas, 1.657,50 pesos. Esto se ve agravado por el hecho de que las empleadas domésticas no perciben asignaciones familiares ni escalas por antigüedad para el sector.

Hoy en día, el empleador sólo tiene la obligación de registrar como empleadas a su cargo a quienes trabajen más de 6 horas diarias. Quienes no suman esa cantidad con un mismo patrón deben registrarse como monotributistas. A su vez, las cargas patronales en el sector son ridículamente bajas: para tener obra social y la jubilación, en ciertos casos, el obrero paga más que su empleador. A las domésticas que trabajan más de 16 horas semanales se les descuenta de su salario 60 pesos mensuales mientras su patrón sólo aporta 35. A cambio de esta mísera contribución patronal, el empleador puede deducir como gasto en el Impuesto a las Ganancias lo abonado al trabajador doméstico como retribución por su trabajo y las contribuciones de la seguridad social en hasta 9 mil pesos por año (unos 750 pesos por mes).

Con estos aportes, el personal doméstico sólo puede acceder al Programa Médico Obligatorio, pero sin incluir a ningún familiar. En caso de querer incorporar a su familia, el empleado debe abonar otros 60 pesos por cada uno, cuando cualquier otro trabajador tiene incluido en la obra social a los familiares a su cargo o a lo sumo tiene que pagar un adicional bajo.(2)  Hoy, una empleada doméstica en blanco con una familia tipo, además de la deducción de su salario ya mencionada, debe pagar mensualmente 240 pesos para que sus hijos y su marido gocen de la obra social. De todas formas, tener los aportes en regla no les asegura acceder al acceso, ya que muchas obras sociales rechazan la inscripción de estas trabajadoras.(3)  Esto sucede porque los aportes que realizan son muy bajos y las obras sociales, al igual que con los monotributistas que aportan el mínimo, rechazan sus afiliaciones.(4)  Como relatan algunas empleadas domésticas:

“Estuve tratando de afiliarme a Construir Salud y a la obra social de los camioneros. En ambas obras sociales me dijeron que no estaban aceptando afiliadas del servicio doméstico”
“Soy empleada doméstica hace ya más de un año que me hacen los aportes y todavía no he podido conseguir que alguna obra social me acepte”.(5)

Aún si se aprobara el proyecto, la situación de las empleadas domésticas no variaría sustancialmente. No hay una campaña seria por controlar el trabajo en negro. Se calcula que existen más de un millón de empleadas domésticas, de las cuales sólo un cuarto estarían registradas.(6)  Sólo esta fracción minoritaria se vería beneficiada.

Por ahora, más que ofrecer la reducción del impuesto a las ganancias a aquellos que registren a sus empleadas, no se ha hecho demasiado por controlar el empleo en negro, ni por incrementar los aportes patronales que haría posible otorgarles todas las asignaciones familiares y un mejor acceso a una obra social. Además, continuarán excluidas de la LCT, por lo cual seguirán marginadas de esas conquistas y de acceder al salario mínimo vital y móvil. Como ya hemos señalado en otros artículos, uno de los principales problemas de la clase obrera hoy es su fragmentación. Que se presenten como progresistas proyectos que mantienen a sectores de la misma, obreros rurales o empleadas domésticas, como una subfracción excluida de los derechos laborales supuestamente universales, muestra las patas cortas de un progresismo decidido a administrar la miseria.

Notas: 

(1) Con la colaboración de Natalia González
(2) Véase www.afip.gov.ar/blanco.
(3) Véase:www.diarioelargentino.com.ar/noticias/76577/las-empleadas-domesticas-reclaman-su-derecho-a-disponer-de-una-obra-social; http://portaldeldomestico.blogspot.com/2009/08/obra-social-para-empleados-domesticos.html.
(4) Ídem.
(5) Véase http://portaldeldomestico.blogspot.com/2009/08/obra-social-para-empleados-domesticos.html.
(6) Clarín, 16/03/11

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