“Hacer bien la sopa” – Entrevista a Hernán Invernizzi

“Hacer bien la sopa”. Entrevista a Hernán Invernizzi

Por Gonzalo Sanz Cerbino

Grupo de Investigación de la lucha de clases en los ‘70 – CEICS

 

Hernán Invernizzi, militante del PRT-ERP en los ’70, es hoy un reconocido investigador de las políticas culturales del Proceso Militar. En una larga entrevista para El Aromo, en la que habló sobre su nuevo libro también reflexionó sobre las causas de la derrota, tal como aparece en los párrafos que siguen. La primera parte, cuyo contenido está en relación directa con su nuevo trabajo, será reproducida en estas páginas en el momento en que el libro llegue a la calle.
¿Qué balance hacés respecto a la militancia en la década del ’60 y ’70 desde la fuerza social que enfrentó al sistema y, por lo menos desde nuestra interpretación, fue derrotada?

Si, yo no usaría la palabra derrota con temor… No me parece que haya que usar la palabra con pudor, no veo por qué… Si te cagan a trompadas te cagan a trompadas. Me parece que hay que terminar con esta cosa de la intelectualidad progre desmarxistizada y castrada de su
lenguaje social, sociológico natural, de usar con tanto pudor conceptos claros. ¿Balance? El primer balance que te diría es que si hay una cosa que tiene que tener clara un tipo como yo, es que no tiene que perder la conciencia de que él no es quien para hacer un balance. Yo creo que ése es el primer gran balance: individualmente, cada uno de nosotros no es quien, el balance lo hace el pueblo, más allá de que a alguno de nosotros nos haya tocado protagonizar más o menos aquel período. Creo que olvidarse de eso es parte de la repetición de los errores. Es decir, si cada uno de los que estuvimos en eso, nos paramos arriba de la silla, subidos a algún caballo en el cual nos creemos en situación privilegiada de opinión. No obstante uno puede opinar, y para mí opinar quiere decir, proponer un tema a debate. Creo que ésta es una época de debate, creo que esta es una época en que tenemos que conversar, discutir, pelearnos, tirarnos sillas por la cabeza, darnos un abrazo, tomar un café y volver a discutir. Y bueno, la lucha política es eso… luchar por las cabezas, por las conciencias.
Entonces puedo aportar algunas ideas a eso. Preferiría hacerlo en el marco de lo que más
estoy trabajando. Porque tengo más la cabeza ahí, no es que quiera eludir temas. Entonces yo le daría cierto privilegio al tema cultural, dado que estoy trabajando con eso. Me parece que el tema de nuestro desprecio, o más bien desinterés, por el tema de las políticas culturales lo pagamos muy caro. Haberle dado muy poco espacio en nuestra experiencia política y social a la herramienta cultura, a la herramienta de la crítica, a la herramienta de la investigación. Yo creo que ahí metimos la pata duro. Creo que además, nosotros no nos preocupábamos mucho por entender a fondo a nuestro enemigo. Hicimos intentos sorprendentemente lúcidos en algunos casos para entender al enemigo, y a la vez sorprendentemente pobres en algunos aspectos. Muy incompletos: con cosas muy lúcidas y con carencias sorprendentes. Nosotros, por ejemplo, no estudiábamos el pensamiento del enemigo. Esto es un déficit grave, todavía hoy sigue siendo un déficit grave. No quiero decir que si hubiéramos hecho eso hubiéramos ganado, sería una tontería. Pero me parece que eso fue grave. Porque muestra también el tema del desprecio por el adversario, por el enemigo. Grave error ese…
También, un error serio desde el punto de vista político fue que decíamos que leíamos y
estudiábamos mucho a nuestros propios teóricos, pero la verdad es que ni los leíamos ni
los estudiábamos tanto como creíamos que lo hacíamos. De hecho, la propia fuerza a la que yo pertenecí, si uno quisiera definir en qué corriente de la historia del marxismo se inserta
la experiencia del PRT-ERP, tenemos que hacer un congreso… Que había recibido influencias del trotskismo, del maoísmo, del guevarismo, del nacionalismo, del indigenismo, de los vietnamitas. Yo no creo que eso sea malo, lo que pasa es que no nos dábamos cuenta.
Porque ser influido no es malo, ser heterodoxo yo no creo que sea malo, lo malo es no tener
conciencia de eso, porque eso es lo que te dificulta la síntesis. Ahora, si sos conciente podés elaborar estrategias que son el resultado de hacer bien la sopa y no de tirar de todo adentro de una olla. Ahí yo creo que nos faltó realmente lucidez, trabajo…
Y en la práctica concreta esta deficiencia teórica, ¿en que se traducía?

En políticas equivocadas. Digamos, se traducía en caracterizaciones de la situación equivocadas y por lo tanto, en políticas equivocadas. Nosotros intentábamos ser racionales,
entonces decíamos “caractericemos la situación, y definamos una política para la situación”. Si tus herramientas teóricas son insuficientes, caracterizás mal la situación y, en consecuencia, con las mismas herramientas definís políticas equivocadas, ya sea para la coyuntura o para la etapa. Y esto nos pasaba. No obstante, vos leés los documentos y decís
“puta, en algunas cosas tenían razón”. Sí, pasa que teníamos razón solamente en algunas. Y
nadie gana teniendo razón solamente en algunas… ese es el problema. Ese es uno de los problemas a analizar, ni siquiera se si es el más importante, te repito, les doy importancia
porque yo estoy pensando en estas cosas.
Hablaste al principio, de un déficit en la batalla cultural…

Nosotros como política, por ejemplo… sacábamos a los cuadros culturales de sus ambientes naturales… Eso es un disparate. Para qué quiero un escritor clandestino con un
grupo de compañeros que están cuidando un pozo con un secuestrado. Yo diría hoy que eso fue insensato. Pero esa insensatez fue producto de nuestra inexperiencia, de nuestra incapacidad teórica, de nuestras dificultades políticas. Eso de sacar a los cuadros culturales de sus ambientes socialmente lógicos de lucha política…
Donde mejor podían dar la batalla…

Donde mejor iban a dar la batalla, donde era el lugar que tenían que darla. Eso fue un error. Y lo hicimos con muchos compañeros. Con muchos. Y no lo hicimos nosotros solamente,
los perros1. No fuimos los únicos. Mi primo era Paco Urondo… ¿Qué puta hacía Paco Urondo tratando de dirigir la regional Mendoza de los Montoneros? ¿Cómo vas a poner a Paco Urondo a hacer eso? Paco era un intelectual del carajo, un tipo bárbaro, una persona extraordinaria, un tipo jugadísimo, valiente, dispuesto a dar la vida por lo que creía. Maravilloso, muy bien. Uno quiere gente así. ¿Pero vos vas a llevar a uno de nuestros mejores intelectuales, a uno de los mejores intelectuales de nuestra generación, a dirigir una regional clandestina? ¿Qué hacía Paco Urondo ahí? Bueno, Paco pedía estar ahí, pero nos faltaba autoridad, solidez conceptual y lucidez política para decirle “ese no es tu lugar, el pueblo te necesita en otro lado”. Entonces ante esa falta de autoridad teórica, política y estratégica, lógicamente, los compañeros que querían dar todo lo que tenían por la causa en la que creían terminaban haciendo política donde no debían. Te nombré a Paco porque es un tipo conocido, pero no tiene por qué ser conocido… Eso también se hizo con antropólogos, con abogados, con médicos, escritores, periodistas, filósofos, sacerdotes… El correlato de esto fue la proletarización de los pequeño-burgueses. Ese también fue un error. No es un error acercar el militante al pueblo, el error fue la artificialización del vínculo con el pueblo, que era la forma en que nos proletarizábamos. Ese es el otro lado de llevar a un intelectual destacado a la clandestinidad con una 45 en la cintura. Son las dos caras de la misma moneda. Está bien que el intelectual luche por su pueblo, pero hay que discutir cómo. Del mismo modo que está bien que un chico, un estudiante universitario, de una familia burguesa, sienta un compromiso emocional y racional por la clase obrera y participe en las luchas del pueblo. Lo que hay que discutir es cómo y dónde. A los dos lados, el problema es el mismo. Ahí cometimos errores, y esos errores te llevan a cometer otros.

 

En contrapunto, se ve la lucidez de la clase dominante que a sus cuadros intelectuales los ponía a cumplir su función como cuadros intelectuales…

Claro, por supuesto. Pero lógico, si vos tenés un tipo que tiene un currículum para llevarlo en carretilla, no lo vas a poner a dirigir un campo de concentración clandestino. Para eso pones un hombre de tropa, a un hombre de acción. Y a un tipo que tiene esa capacidad intelectual lo pones de ministro, ¿o no? En eso nos faltaba lucidez para darnos cuenta. Si cometíamos esos errores imaginate los errores que podíamos cometer en términos de caracterizar una coyuntura o de decisiones tomadas sobre la lucha armada. Se empieza a armar como una bola de nieve, en donde de golpe, con tres principios correctos, terminas después cometiendo una cantidad de errores enormes, que al final no sabés de donde vienen. Terminás enganchado en una cadena lógica que te impide ver la falta de lógica de fondo. Así terminás abandonando el espacio cultural, o por lo menos, tratándolo insuficientemente. Lo subvalorás y llevás una política en correlación con esa subvaloración. Naturalmente, por supuesto, en el terreno cultural nos pegaron una paliza fenomenal, que fue equivalente a la paliza que nos dieron en el terreno militar. A fines del ’75 ya estábamos destrozados. En diciembre del ’75 el PRT-ERP se acabó. Y en el terreno cultural fue equivalente. Por eso es difícil discutir estas cosas aislándolas de la totalidad. Hay que tratar de tener mirada sistémica, y no miradas reduccionistas. Siempre que se discuten estas cosas se dice, bueno, hablemos del mesianismo… Es un elemento, en un sistema. Hablemos de la lucha armada en el ’73… Es un elemento en un sistema total. Hablemos de por qué hicieron tal acción militar… ¿Tiene interés discutir eso? ¿Y si la acción hubiera salido bien, que dirían? Hubiera estado bien porque salió bien. Lo de Sanidad2 nos salió mal, caímos todos en cana. Y encima hubo un muerto, cosa que es una lástima… porque una persona muerta es una lástima. ¿Si Sanidad hubiera salido bien, hubiera sido una buena política? No, no hubiera sido una buena política. Suponete que nos íbamos con los camiones llenos de armas, ¿eso hubiera sido una buena política? No, hubiera demostrado que éramos ingeniosos para hacer acciones militares en la ciudad de Buenos Aires. Ahora, ¿el pueblo gana algo con un grupo de tipos ingeniosos? No, ese no es el tema, porque aparte, si el pueblo necesita esos cuadros los va a generar en su lucha. Entonces, creo que hay que intentar tener una mirada sistémica. Se pone muy complicado, porque son muchos los
factores, hay que tratarlos de a uno, pero no perdamos de vista que hay un conjunto en el
cual insertar todo.

 

Notas
1“Perro” era el apelativo popular del militante del PRT.
2Copamiento del Comando de Sanidad del Ejército por el ERP, en septiembre de 1973.

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