Fierita y Doña Rosa en la UBA. Reseña del film El estudiante, de Santiago Mitre

a64_elestudianteHace unos meses, se estrenó, en pocas salas, la película que ganó el Festival de Cine Independiente. Un film que se mete de lleno en el problema de la política universitaria. Sin ayuda del Estado y sin la propaganda de las grandes cadenas, El estudiante, sin embargo, levantó críticas por todos lados. Aquí, le ofrecemos una reseña.

 Federico Genera
Colaborador

Si una característica podemos otorgarle al cine argentino es su vasta producción en películas de carácter político. Más aún, el flamante cine kirchnerista se ocupa expresamente de incursionar en esta clase de problemas. Sin embargo, es poco común encontrar, dentro de este repertorio, películas sobre la vida universitaria argentina. El film de Santiago Mitre, joven director y guionista de películas como Carancho o Leonera, es una excepción a esta tendencia. Estrenada en el BAFICI 20111  y ganadora del premio especial del jurado, intenta reflejar en la pantalla grande ese costado que el cine argentino se rehusó a mirar. Este dato no es menor, teniendo en cuenta la intensa actividad política que trascurre al interior de las universidades argentinas y de los efectos que esta tiene en el plano político nacional. Para ver algún film que trate esta temática, hay que retrotraerse a Mirta, de Liniers a Estambul (1987).

El estudiante relata la vida de Roque Spinoza (Esteban Lamothe) quien llega de un pueblo del interior de la Provincia de Buenos Aires a Capital Federal para cursar sus estudios universitarios. Dando sus primeros pasos dentro de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, Roque se topa con un mundo distinto, que le parece ajeno a él: la política universitaria. Poco a poco, se irá entrando en ese universo por sus relaciones personales y no por un interés o una crisis de conciencia. Así, nuestro personaje terminará seduciendo a una profesora, la cual milita en una agrupación ficticia llamada “La Brecha”. Esta relación será la puerta para que nuestro personaje ingrese a la política.  Acevedo (Ricardo Felix), cuadro de dirección de la agrupación, entablará una relación muy cercana con Roque, quien terminará siendo su mano derecha. Finalmente, Acevedo pacta con su competidor y traiciona a la agrupación en pos de su objetivo personal: ser rector de la universidad. En ese movimiento, deja a Roque expuesto como quien quiso negociar con el ministerio, cuando fue el mismo Acevedo quien le ordenó que lo hiciera. Roque, al enterarse de dicha traición, lleva a las agrupaciones de izquierda información sobre los arreglos de Acevedo. Estas se indignan y llaman a tomar el rectorado. Ante la toma Acevedo, convoca a Roque en su auxilio. Roque le comenta que está alejado de la vida política, que está estudiando y que su mujer (la docente) está en CONICET. Acevedo le promete una secretaria a cambio de que ponga fin a la toma, a lo que Roque se niega, sin ninguna justificación. Allí culmina el relato.

Escondidos

Si bien sabemos que Santiago Mitre realizó trabajos de investigación, antes de rodar la película, se observan serios errores a la hora de describir la vida universitaria. En primer lugar, un docente nunca puede ser candidato a un centro de estudiantes, como propone el film. Sabemos que los estudiantes podrían dictar alguna clase como ayudantes, pero no en condición de titular de un práctico, como también aparece en el relato. Por último, no hay nada que impida que se desarrolle una relación amorosa entre una docente y un alumno, pero es un fenómeno no carente de conflictos lógicos. En cambio, aquí aparece naturalizado, como si ocurriera asiduamente. Los personajes nunca entran en crisis y sus cambios de conducta aparecen naturalmente. Roque no hace crisis con su pasado, ni con su carrera, ni con la agrupación.

La película tampoco muestra las motivaciones de cada personaje. En particular, las de Roque. No sabemos por qué vino desde su pueblo natal, qué carrera cursa ni por qué decide entrar en política. Roque mismo tampoco reflexiona sobre lo que le pasó. Hacia el final, Roque mira la toma por televisión, cómodamente desde su cama, cuando se le ocurre extorsionar a Acevedo. Es decir, aparece ajeno al conflicto y, sin embargo, digitando todo. No sabemos nada sobre lo que piensa su agrupación (La Brecha), sus ideas ni sus pronunciamientos nacionales. Tampoco se nos explica quiénes son sus oponentes. La política aparece como una cáscara vacía.

Sexo, drogas y política

La vida de Roque parece ser una vida completamente carece de sentido. No estudia ni se muestra interesado en lo que la facultad pueda ofrecerle intelectualmente. Preocupado por tener un techo y un lugar donde comer, hace una vida de parásito. Ahora bien, si nunca quiso ser un intelectual, ¿para qué eligió una carrera en Sociales?¿Para qué vino a Buenos Aires? Nunca lo sabremos…

El mundo estudiantil es asimilado al universo lumpen. Los estudiantes parecen vivir de noche: beben, escuchan música, fuman marihuana y tienen sexo. Esa sería toda su vida. La facultad es, según esta mirada, un boliche: un centro de relaciones comerciales y antesala de encuentros sexuales. Esta mirada se contrapone a una realidad que indica que la mayoría de los estudiantes trabaja y estudia simultáneamente. Que existen adolescentes que vegetan en la facultad, es cierto. Que el director elige retratar ese aspecto como si fuera todo, también.

Otro aspecto a remarcar es que la política universitaria aparece como algo pactado entre dirigentes, sin participación de los estudiantes, algo bastante llamativo de creer cuando durante el rodaje de la película la facultad se encontraba tomada y a travesando dos sucesos políticos de cierta magnitud: el asesinato de Mariano Ferreira y el fallecimiento de Néstor Kirchner.

Si bien la izquierda predomina en el arco político universitario, aquí aparece como minoritaria. Está encarnada por un personaje (que no sabemos quién es): un estudiante impulsivo, agresivo e ignorante que discute sin tener la menor idea del tema de la clase y que, en otro momento, termina a los golpes con el profesor por una supuesta “traición” que nunca entendemos, porque se supone que nunca compartieron agrupación. Hacia el final, otra (¿o la misma?) organización de izquierda recibe una información sobre el pacto Acevedo-ministerio y van a tomar el rectorado. Es decir, se trata de gente que no sabe muy bien qué hacer y que, ante cualquier rumor organiza una toma, como si fuera algo tan fácil. Las distintas posiciones políticas nunca quedan claras, y lo único que podemos interpretar, como espectadores, es que se trata de acuerdos poco claros, que encubren deshonestidades.

En definitiva, la película de Mitre expresa, antes que la vida universitaria, una serie de prejuicios simplones sobre la misma, propios de Radio 10: los estudiantes son vagos que van a la facultad a levantarse mujeres, a drogarse y a hacer política para no trabajar. Los docentes se acuestan con los alumnos y en las aulas predominan los gritos y los golpes. Cualquier padre en la sala, sin vínculo con el mundo universitario, saldría convencido de vedarles a sus hijos el ingreso a la UBA. Por último, la política, según el film, aparece como algo sucio, de lo que habría que escapar.

El estudiante no logra superar a su antecedente Mirta, de Liniers a Estambul, dirigida por Jorge Coscia y Guillermo Saura. En este film, se relata una joven estudiante de antropología en la Universidad de Buenos Aires. Durante el curso de sus estudios se enamora de un joven militante de la Juventud Peronista, con quien deberá exiliarse del país tras el golpe de estado del 24 de marzo de 1976. La película, si bien reproduce el clima de derrota, desarrolla muy bien cuales son las visiones del mundo de cada personaje, sus ambiciones, sus sueños, y por qué el exilio impactará de manera tan diferente en cada personaje. Recordemos: el joven militante nunca podrá superar el dolor de dejar atrás sus sueños de militancia, como a sus seres queridos, mientras que Mirta logra reconstruir su vida burguesa en Estocolmo y, luego, en Estambul. Esta construcción de los personajes, como del medio en el cual se desarrollan, permiten al espectador tener una mirada panorámica a cerca de cómo estos conciben la vida. En cambio, la obra que estamos reseñando tiene una trama mucho más confusa y sus personajes son menos creíbles y complejos. Pareciera que el director debería haberle dado al guión y al trabajo con los actores algo más de tiempo y dedicación.

Mostrar el miserable papel que juega el Ministerio de Educación no alcanza para calificar un film como una obra de arte. Lamentablemente, en esta ocasión, Santiago Mitre nos ofrece una obra más bien pobre y reaccionaria. Vale preguntarse, no obstante, por qué el cine argentino, que ha tomado los más variados temas, ha venido postergando tanto la producción de películas sobre el ambiente universitario. Una respuesta puede encontrarse, tal vez, en el hecho de que la izquierda tiene allí un peso más que importante y el kirchnerismo todavía no pudo hacer pie a pesar de ocho años de gobierno. Este fenómeno está a la espera de una obra digna de lo conseguido.

Nota

1 http://www.bafici.gob.ar/home11/web/es/events/show/v/id/716.html

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