Ese delicado vegetal. Las bases agrarias de la “recuperación”

Por Fernando Dachevsky – Si bien a corto plazo las perspectivas de la economía argentina pueden ser favorables, lo que hay que responder es si ésta se está liberando de las trabas históricas a su desarrollo. Es decir, si va en el camino de superar su limitada base agraria. Los economistas kirchneristas afirman que finalmente contamos con un gobierno decidido en este sentido. Advierten que falta mucho camino por recorrer, pero estaríamos en la buena senda. Sin embargo, la economía K no está creando una base nueva. El grueso de sus exportaciones (entre el 40% y el 50%) constituyen mercancías agrarias. Sumando las mineras y petroleras, el monto llega al 70%.

A pesar del impulso que dio la devaluación, no emergió una industria realmente competitiva a nivel internacional. Salvo contados casos de capitales que tienen una trayectoria de competitividad, que se cuenta por décadas (como el caso de Arcor y Techint), las exportaciones de origen industrial tienen peso marginal en las ramas en que compiten: contienen poco valor agregado y poseen un carácter bastante coyuntural. Tal es el caso de las automotrices que analizamos en este número de El Aromo.1 Por otro lado, el aumento en el precio internacional del petróleo pareció ser indicador de que la economía argentina tenía otra pata sobre la cual apoyarse. Sin embargo, su exportación física viene en fuerte retroceso2 e incluso, como puede observarse también en este dossier, la posibilidad de autoabastecimiento se encuentra comprometida.

La economía argentina no tiene donde apoyarse sino en el agro. Este sector no sólo es el mayor exportador, además, contiene a capitales cuya supervivencia no se encuentra tan atada a una coyuntura particular. Su alto rendimiento permitió el ingreso de una masa de recursos, bajo la forma de renta. Apropiada a través de las retenciones a las exportaciones, permitió el superávit fiscal de los últimos años.3 Sin embargo, la economía agraria, como veremos, es incapaz de revertir la continua pérdida de posiciones en el mercado internacional.

La soja no es eterna

Dentro de las mercancías agrarias exportables, se destaca el peso de las derivadas de la soja. La Argentina es, actualmente, el tercer productor mundial y el primer exportador. En conjunto, los derivados del complejo sojero representan cerca de la mitad de las exportaciones agrarias y un 20% de las totales. Su alto rendimiento permitió la apropiación de una masa de renta mayor a la generada por otros productos.4 Las perspectivas económicas dependen en gran medida del futuro de este vegetal.

Para el año que viene, se espera un aumento de su exportación. Por un lado, el incremento se explicaría por una mayor siembra y por las buenas perspectivas climáticas que se pronostican para la región pampeana entre noviembre 2006 y febrero 2007. Se estima que el área implantada con soja en crecería en un 1,8% en relación al año anterior y la producción aumentaría en un 5,7%, alcanzando un record histórico. Además, las escasas precipitaciones registradas sobre diversas áreas de la principal zona maicera (este de Córdoba y centro y sur de Santa Fe) retrasan más de los normal la siembra del maíz, lo cual podría provocar el abandono de algunas tierras, que serían destinadas directamente a la producción de soja.5

Con respecto a la demanda de productos derivados, se observa una tendencia en los países importadores a un aumento en la demanda de soja procesada. Esto generó que la exportación del poroto de soja durante el período 2005-2007 se ubicara en los niveles más bajos de los últimos seis años. Esta reducción fue de la mano de un incremento en la exportación de soja procesada. Principalmente, aceite.

En años anteriores, muchos países importaban el poroto para procesarlo localmente. Sin embargo, la suba de su precio implicó que gran parte de los países importadores (europeos principalmente) comenzaran a importar la soja procesada y a remplazar el consumo de aceite de soja por otros más baratos, como el de palma. Así las cosas, puede decirse que en un futuro inmediato disminuirá la demanda del poroto de soja y menos países demandarán su aceite. Dicha merma en la cantidad de compradores no se traducirá en una menor demanda global de aceite, sino en una concentración de la misma. Europa y el Sudeste Asiático disminuyen sus compras, pero China las incrementó. Por lo que, en términos globales, las exportaciones crecieron. Del 2001 al 2006, la demanda mundial de productos de la soja subió en un 28%, junto con la participación china. La cual pasó de ser un 19,1% en 2001 a un 46,1% en 2006.6

La mayor demanda de aceite de soja tiene como contracara un crecimiento en la demanda interna del poroto de soja para su posterior procesamiento. Como consecuencia, una mayor cantidad de tierras estén siendo destinadas para su plantación, en reemplazo de otros cultivos (como el maíz o el trigo). Esto se vería profundizado el año que viene debido a inversiones recientemente anunciadas, que aumentarían la capacidad de procesamiento de soja. En definitiva, se estima que el próximo año será positivo para el principal producto exportable argentino.

Una luz amarilla

La buena performance del agro no es para sorprenderse, pero tampoco para ilusionarse. No es la primera vez que el aumento en el precio de las mercancías agrarias saca las papas del fuego a un gobierno argentino. Nuevamente, la pregunta es si se va en el camino de ganar competitividad en otros sectores, de forma tal de no depender del precio de un grupo muy reducido de mercancías agrarias. La diversificación de la producción con capacidad de competir en el mercado mundial sólo alcanzó a los aceites de origen vegetal. Sin embargo, el valor agregado por el procesamiento es muy bajo (cercano al 15%).

Lo único que la Argentina puede ofrecer para dar pelea en el mercado mundial es un grupo reducido de mercancías agrarias. La consecuencia de este fenómeno es que la coyuntura económica se halla atada al mantenimiento del precio de la soja. El peligro de su disminución en el mediano plazo no es ilusorio. Este cultivo no es insustituible, como lo es el petróleo. Asimismo, su precio se sostiene, en una proporción creciente, por la demanda de un solo país. Bastará con que China siga los pasos de Europa y cambie su consumo hacia aceites vegetales más baratos, para que se produzca una disminución del precio. La consecuencia más visible será el achicamiento en la masa de renta que el Estado apropia para poder mantener su superávit fiscal.

Las flaquezas de la economía actual hacen que la tendencia a la menor participación argentina en el mercado mundial siga sin revertirse. Mientras que en el 2001, luego de décadas de caída, la participación era de un insignificante 0,41% hoy es aún más: 0,39%.7 Así, el boom económico K termina siendo solo un paso más en la larga agonía de la economía nacional.


Notas

1Véase Harari, Ianina: “Sin caja de quinta”, en este número.
2Según información elaborada por el Instituto Argentino del Petróleo y el Gas en www.iapg.org.ar
3Véase AFIP: Informe de Recaudación, tercer trimestre, 2006
4Véase “La presión fi scal en el agro pampeano” en www.bolcereales.com
5Véase www.agromeat.com
6Oilseeds: World markets and Trade, USDA, September, 2006.
7El Economista, 27/10/06

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