Escuela 2030. La necesidad de la lucha cultural

Romina De Luca

GES – CEICS

El gobierno tiene su reforma. Nosotros tenemos que salir del inmovilismo. Y en ese proceso trazar alianzas con quienes son necesarios y dejar atrás a los oportunistas que ayer defendieron lo que hoy dicen que van a rechazar.


El año pasado, en el número 98, nos ocupamos de la reforma de la Nueva Escuela Secundaria también llamada “escuela del futuro”. En esa oportunidad, señalamos que la Ciudad de Buenos Aires era el laboratorio donde se ensayaría una reforma que no tardaría en nacionalizarse. Efectivamente, en diciembre de 2017, el Consejo Federal de Educación aprobó el Marco de Organización de los Aprendizajes para la Educación Obligatoria (MOA) y los “Criterios para la Elaboración de los Planes Estratégicos Jurisdiccionales del Nivel Secundario”. Ambos forman parte de las metas para la Escuela 2030 que expande los criterios perfilados en CABA para el resto del país. Así, rápidamente se proyectó la reforma a 1.200 escuelas primarias y 1.800 secundarias. Los establecimientos privados forman parte de la iniciativa. Lógico: la LEN, al igual que la Ley Federal antes, dispone que todo el sistema es público, pero incluye dos tipos de gestión, estatal y privada (artículo 14º y 15º).

Ya varias provincias se alistan para llevar adelante la reforma porque el proyecto de la Escuela 2030 data de mediados del año pasado. Por eso, en la provincia de Buenos Aires, ya se seleccionaron, por lo menos, dos escuelas por Distrito, que se conocen a cuentagotas. El Director General de Escuelas de Mendoza, Jaime Correas, declaró que iban a “analizar los cambios que sean necesarios en nuestro sistema educativo”[1]. En diciembre se designaron 6 escuelas medias como “escuelas piloto”. Río Negro, que ya había picado en punta en 2017 con su reforma, aprovechó el proyecto nacional para provincializar su experiencia.[2] Chaco ya se alineó y las firmas siguen. Durante 2018, cada provincia deberá presentar un plan estratégico para el nivel. En la Apertura de Sesiones Ordinarias del Congreso, Mauricio Macri sostuvo que siguen preocupados por la calidad educativa. Le pidió al Congreso que, para ayudar a mejorar, los resultados de las pruebas sean públicos. En paralelo, proyecta una reforma que solo va a agravar el cuadro de degradación ya existente.

 

Una cáscara

 

La Resolución Nº 330/17 del Consejo Federal empezó a darle forma a la transformación educativa. Obviamente, buena parte de lo que eran incertidumbres en el proyecto de CABA se saldan. La Escuela 2030 forma parte de la agenda que traza Argentina 2030, es decir, las metas de la transformación de Mauricio. En su esquema, se debe “educar para el trabajo del futuro”. Invirtiendo completamente los términos del problema, el sistema educativo sería el encargado de asegurar una buena inserción laboral. En particular se deberían atender a tres grandes cambios en el sistema productivo: el desplazamiento de circuitos productivos, la automatización y el cuentapropismo. Rememorando el concepto de incertidumbre, los documentos de Argentina 2030 establecen que “es imposible predecir los empleos del futuro pero sí podemos dotar a las personas del manejo de herramientas, capacidades y destrezas para que se adapten”. Educar para el trabajo desde una perspectiva federal. Precisamente, los lineamientos de la escuela 2030 se orientan al “desarrollo de capacidades” y de “proyectos de vida”. Competencias digitales, pensamiento crítico, resolución de problemas, saberes interdisciplinarios, capacidades conformarían una rueda de trabajo y de retroalimentación.

Todo puede sonar muy lindo pero en la práctica implica menores contenidos. Valga de ejemplo los anticipos trazados para CABA. Según las primeras informaciones el currículum se reagrupaba en “áreas” con una caja curricular incierta. Más tarde, el gobierno señaló que “no hay ningún cambio” solo integración. Pero los lineamientos de la Resolución del Consejo Federal no dejan lugar a dudas: se plantea abiertamente la necesidad de superar lo “disciplinar” y se propone armar propuestas de integración de dos o más disciplinas. El contenido en definitiva no importa porque la clave de la nueva etapa sería “aprender a aprender”. Se siguen defendiendo los Núcleos de Aprendizaje Prioritario pero se incluyen en paralelo un conjunto de “saberes emergentes” tomados de la cotidianeidad, del interés del alumno y del espacio local. Cuánto espacio ganarán los “emergentes” es algo incierto. Entonces, NAP’s y emergentes se combinarán de algún modo para que el alumno “aprenda a aprender”. Ya la fórmula habla de una licuación del rol del docente. Traducido a la política concreta, la reforma promueve el trabajo autónomo del alumno con “facilitadores” que acompañen su proceso. La escuela digital sería una de las claves y, por eso, durante el verano, la Ciudad de Buenos Aires capacitó virtualmente a más de mil “facilitadores” para trabajar distintas plataformas relacionadas con inglés, lengua y matemáticas en el nivel medio.

 

Paraestatal, federal y desregulada

 

La escuela 2030 propone encarar una renovación “institucional” completa. Obviamente, el espíritu es que el proyecto escolar gire en torno a la institución tal como dispuso ya la Ley Nacional de Educación (artículo 123º). En esta profundización de la LEN, se explicita que la renovación institucional implica la reconfiguración del tiempo, uso y espacio de la escuela. Si bien la Reforma propone mayor tiempo de cursada, eso no se va a hacer en la escuela ni necesariamente con docentes. La escuela 2030 habla del uso de entornos “dentro y fuera de la escuela”. Por eso, se propone ir a clubes, comedores, ONGS, instituciones artísticas, culturales y sociales, organismos públicos para realizar “prácticas” educativas, pasantías, etc. Una vez más, no estamos ante una novedad: el artículo 33º de la LEN y el 123º ya lo anticiparon.

Esta tendencia a la para-estatalización del espacio escolar, que fue inaugurada por el FINES, hoy avanza hasta abrazar al resto del sistema. El resultado es claro: un espacio escolar degradado. El Plan Maestro anticipó esta tendencia cuando bregó por la “reconceptualización de la organización y gestión” del nivel inicial, apoyándose en la gestión comunitaria. Para el nivel secundario, abrió la oferta “convocando a todos los organismos públicos, empresas, sindicatos y organizaciones sociales para el desarrollo de proyectos específicos que permitan terminar la escuela secundaria a través de ofertas alternativas de calidad”. Como vemos, la lógica Fines para el cumplimiento de la mayor obligatoriedad escolar de inicial y garantizar la cursada del secundario. La izquierda puede preocuparse, como lo hace en CABA, por el cierre de sedes del Plan Fines 2 pero lo que es claro es que el espíritu del programa está más vivo que nunca.

La “renovación institucional” profundiza aún más la descentralización del sistema y, con ella, la fragmentación. Con la excusa de la planificación institucional se alienta la adaptación de la organización pedagógica e institucional a criterio de cada escuela. El resultado: un plan de estudio por proyectos o problemas, por grupos de interés, trayectorias flexibles, horarios flexibles, evaluaciones flexibles o por créditos acordado en cada escuela. Vamos hacia una atomización completa. En la provincia de Buenos Aires, las jornadas de perfeccionamiento docente ya mostraron el paquete que se viene: eliminación de la repetición en primer año del secundario (promoción acompañada y colegiada) y docente tutor para el Acompañamiento a la Trayectoria, un esquema que, hace años funciona ya en ciudad. Esa lógica no tardará mucho en expandirse ya que la propuesta es desterrar la evaluación numérica y trabajar por “proyectos”. A la implementación federal de la reforma (cada provincia hace su propia propuesta) se le agrega esta re-adaptación que deben hacer las escuelas. Para que no queden dudas, el proyecto promueve las “respuestas situadas” para garantizar trayectorias continuas. Desde el 2009, el Consejo Federal insiste con esto. Ahora pasará a ser moneda corriente. Resultado: a cada quién lo que pueda.

El gobierno nacional abrió la puerta también para una desregulación completa del sistema. Durante 2018 cada provincia deberá elevar un plan de adecuación. Obviamente, el gobierno nacional fijó una agenda para avanzar en la modificación de la normativa. Con la reforma laboral en marcha, no extraña que los Estatutos Docentes ingresen en el paquete, porque al modificar la caja curricular por otra interdisciplinar y promoviendo concentración horaria, tarde o temprano, se revisarán las incumbencias y se pondrá sobre el tapete los desplazamientos de suplentes o provisionales. Una apuesta inteligente que busca dividir a la docencia: mientras algunos recibirán concentración horaria eliminando la figura del docente taxi, otros se verán desplazados. Algunos estarán mejor y otros peor.

 

Un paso al frente

 

El gobierno está dispuesto a profundizar la herencia educativa. La escuela 2030 es la generalización de ciertos elementos de degradación, precariedad y para-estatalización que se encontraban presentes en forma incipiente en circuitos acotados (como la modalidad de adultos o la gestión comunitaria). Obviamente, la acumulación de todos esos cambios producirá un salto cualitativo. Hace décadas se ensayan reformas similares y los resultados son los mismos: mayor degradación. La escuela 2030 no va a ser la excepción. Es hora de tomar el toro por las astas. El gobierno tiene su reforma. Nosotros tenemos que salir del inmovilismo. Y en ese proceso trazar alianzas con quienes son necesarios y dejar atrás a los oportunistas que ayer defendieron lo que hoy dicen van a rechazar. Debemos entender que no alcanza con decir “rechazamos la reforma”. Si no somos capaces de oponer nuestro propio proyecto dejaremos siempre que Macri, Cristina o quien sea dirijan el proceso. Es hora de salir de la práctica fácil de la política defensiva y el rechazo vacío. Lo venimos diciendo hace mucho tiempo, hay que pasar a la ofensiva. Urge la convocatoria a un Congreso Educativo de todos los trabajadores de la educación, de alumnos y de las familias para salir de este atolladero. Es hora de mostrar que somos capaces de plantear una alternativa. Es nuestra tarea construir una escuela pública, científica y de calidad, que sirva para la transformación social.

NOTAS

[1]Dirección General de Escuelas, Mendoza, 19/6/2017. Disponible en: https://goo.gl/55ZnTe

[2]Periodismo Sur, 18/11/2017. Disponible en: https://goo.gl/6stzro

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