Escenas del futuro. La vivienda en el Socialismo

El problema de la vivienda es una realidad de la clase obrera. Alcanza con recorrer las calles de cualquier ciudad para ver lo obvio: personas durmiendo a la intemperie, cuyo único techo es una autopista; villas miserias en condiciones pobrísimas y peligrosas; ranchos de adobe en pleno siglo XXI. Las consecuencias las conocemos todos: muertos por hipotermia en las calles, por quemaduras en conventillos que se incendian o por enfermedades causadas por alimañas que no tendrían por qué existir en los hogares.

En el polo opuesto, grandes mansiones de decenas de hectáreas, que cuentan con piscinas olímpicas, cine, sauna, pista de aterrizaje (el dueño tiene avioncito propio, ¿vio?) y decenas de dormitorios completamente desperdiciados porque solo habitan allí un astro del futbol europeo y su “botinera” de turno. Los menos “afortunados” tienen sus caserones en countrys, esos barrios cerrados donde no hay que estar mirando para todos lados antes de entrar, manoteando las llaves en el fondo de la mochila media cuadra antes para entrar a las corridas, no sea cosa que se acerque una moto…

El responsable de todo esto es el capitalismo. Un tipo de sociedad que nos condena a estas aberraciones, porque bajo el capitalismo solo accede a una vivienda aquel que tiene la plata suficiente para comprarla o alquilarla. Porque la burguesía construye casas y departamentos para hacer negocios. No para satisfacer una demanda social, sino para garantizar satisfacciones individuales. Y sus “soluciones” son siempre limitadas e insuficientes: créditos hipotecarios inaccesibles para el grueso de los trabajadores, paradores en condiciones que hacen preferible quedarse en la calle o programas de vivienda que exigen estar al servicio de tal o cual puntero.

Solo bajo el Socialismo se resuelve el problema de la vivienda. Porque solo bajo este tipo de sociedad las necesidades sociales son las que ordenan la vida. Mientras que el capitalismo prioriza las ganancias, las necesidades individuales y de clase, bajo el Socialismo, el problema de la vivienda se trata como lo que efectivamente es, una cuestión social. El acceso a ella es la satisfacción de una necesidad de la población.

En el Socialismo, la vivienda no es una mercancía en el sentido capitalista del término. Es decir, no contiene un valor intercambiable por dinero, sino que se convierte en un bien de uso. De uso social, de uso colectivo. Todo el mundo trabaja, en una jornada reducida, y todo el mundo accede a una vivienda porque requiere de ella.

Veamos algunos datos de nuestra realidad cotidiana, para mostrar que todo esto no es una simple utopía. Con algunas medidas iniciales, podemos dar una solución inmediata al grueso del problema.

Las cifras con las que contamos, el lector ya sabe, son siempre parciales y aproximadas, pero nos permiten realizar los trazos gruesos de la situación. Según un relevamiento oficial realizado entre 2016 y 2017 hay cerca de 1,4 millones de personas viviendo en villas en nuestro país. Según la ONG Proyecto 7, a nivel nacional habría unas 300.000 personas que no viven bajo un techo. Según el censo de 2010, 2,9 millones de personas se encuentran en situación de hacinamiento (3 personas por habitación). Es decir, de esos casi 3 millones, 2 deberían contar con habitación propia. Si sumamos todas las cifras, nos da casi 4 millones de personas afectadas.

Vayamos al dato más interesante. El mismo censo de 2010 arroja que existen 2,5 millones de viviendas deshabitadas. Con solo expropiar esas casas o departamentos vacíos ya podríamos darle techo en condiciones no hacinadas a ese universo de 4 millones de personas que hoy por hoy viven en las peores condiciones. Y sería solo la primera y más urgente de las medidas.

Lo que este dato desnuda finalmente, son las contradicciones a las que nos somete una sociedad basada en la ganancia: sobran casas que se encuentran deshabitadas y hay personas que duermen en la calle. Pero como contracara muestra también las potencialidades para la vida humana que puede ofrecer una forma enteramente nueva de sociedad: el Socialismo.

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