Escenas del futuro. Aborto, maternidad y Socialismo

En el último tiempo, la cuestión del aborto se instaló con fuerza en la agenda pública. No es para menos. En un país donde los abortos clandestinos son la principal causa de mortalidad materna, es un tema urgente. Más cuando la ley que busca su despenalización ha sido cajoneada año tras año. Es un asunto complejo que nos introduce en una cuestión más general: la familia y la reproducción de la vida. Como todo problema, nos enseña, una vez más, cómo el asunto de fondo, el mal de todos los males, es el capitalismo. Y su solución definitiva es el Socialismo. Vamos a explicarnos.

En general suele creerse que el capitalismo es solo una forma de gestión económica: grandes fábricas, relaciones salariales, etc. Sin embargo, como lo señalamos numerosas veces, el capitalismo es una forma de sociedad, es decir, una forma de gestionar la vida misma. El asunto de la familia y la maternidad, es una ventana para entender cómo funciona esto.

La sociedad capitalista se lava las manos frente al problema de la reproducción de la vida. Parte de considerar lo social como una sumatoria de individuos. De ese modo, la familia aparece como el espacio de lo privado. El hijo, ese nuevo ser social, es propiedad de sus padres. En particular, de su madre. Es ella quien debe asumir la responsabilidad de traer esa nueva persona al mundo, primero, y de garantizar su cuidado. De una cuestión biológica (es la mujer la que tiene que gestar y parir), se desprende una cuestión social (es ella quien tiene que cuidar y hacerse cargo del niño).

La maternidad implica responsabilidades sociales que obligan a las mujeres a dejar de   lado sus posibilidades de desarrollo personal y profesional. Una persona que está creciendo y desarrollándose necesita que le dediquen mucho tiempo de supervisión, esfuerzo, contención y cuidados de todo tipo. Hay un claro elemento de opresión de género, una opresión que nace del hecho de ser mujer. Pero también hay un problema de clase. Aquella mujer que tiene la posibilidad económica de contratar niñeras, guarderías y todo lo necesario para la crianza de los hijos, no tendrá mayores problemas para continuar con su desarrollo personal y profesional; mientras que las mujeres obreras dejan todo lo suyo de lado para que los hijos pasen a ser el centro de sus vidas.

Por esto, porque el capitalismo convierte la reproducción social de la vida en una responsabilidad individual y se la encaja a la mujer, es que son las mujeres quienes tiene que poder decidir si se hacen cargo de esa tarea o no. De ellas debe depender si quieren o no interrumpir su embarazo. Y no deben ser condenadas a la muerte por ello. Por eso mismo el movimiento de mujeres ha elaborado una consigna clara: educación sexual para decidir, pastillas anticonceptivas para no abortar, aborto legal, libre, seguro y gratuito para no morir. Todas las muertes por abortos clandestinos son un crimen social, un crimen producto del Estado capitalista.

El aborto, entonces, es un derecho indispensable de toda mujer en una sociedad que la condena a ser la responsable de la reproducción. Pero como el problema de fondo es el tipo de sociedad, la solución de fondo está en la construcción de una nueva sociedad. Usted ya sabe, acá defendemos el Socialismo. Expliquemos como resuelve este problema.

En el Socialismo, la responsabilidad de la reproducción de la vida no es individual, sino colectiva, de todos. La familia como núcleo básico desaparece, y la paternidad y la maternidad se diluyen en todo la sociedad: todo adulto es responsable por los hijos de todos, todo ser humano es hermano de los demás y responsable por ellos. La humanidad pasa a existir en un sentido real: ya no hay hombres y mujeres enfrentados a otros hombres y mujeres, sino que hay una hermandad general. De este modo se acaba la opresión sobre las mujeres y la sexualidad deja de estar atada a la reproducción. Las diferencias biológicas entre hombre y mujer dejan de tener un sentido social, ya no existen entonces el género. Nadie recibe tareas específicas por ser mujer, por caso.

Seguramente le suena utópico, pero es posible. Puede existir una igualdad plena entre hombre y mujer, puede haber una comunidad entre todos. El Socialismo nos ofrece eso. Porque es el reino de la libertad de verdad, no de esa libertad mentirosa que nos permite elegir entre trabajar y morir de hambre, entre ser madre o morir por un aborto clandestino. Es la humanidad en un sentido pleno, basado en la igualdad de todos, sin que existan clases o diferencias de género que coloquen a uno sobre otros. Es la posibilidad de una vida real.

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