Éramos tan socialistas. Acerca de Érase que se era, el nuevo disco de Silvio Rodríguez

Por Gabriel Falzetti

Grupo de Investigación del Arte en la Argentina e integrante de Río Rojo – CEICS

No es fácil reseñar el disco de un músico como Silvio Rodríguez. No sólo por el valor de toda su obra y su aporte a la constitución de un cancionero revolucionario, sino por el alto nivel musical de sus producciones. Intentaremos, aquí, rescatar estos dos aspectos. Érase que se era es el título de este nuevo disco doble del músico cubano. Es una producción de cámara, en la línea de Cita con ángeles, pero con mayor riqueza instrumental, más ambicioso y necesario desde un punto de vista político. Su presentación es sumamente cuidada. Con una estética llamativamente color sepia, el trovador nos introduce en un relato único en el que la inocencia latente y perdida, las dudas, la crítica revolucionaria a la revolución y el amor, son los protagonistas. La selección de un repertorio pretérito (temas de fines de los sesenta y principios de los setenta) puede dar lugar a una lectura poco feliz en la que “todo tiempo pasado fue mejor”. Sin embargo, los arreglos son frescos y el cancionero logra aggiornarse. En esta especie de relato, nos muestra tres momentos del joven Silvio. El primero de ellos, previo a embarcarse en el pesquero Playa Girón. El segundo, durante su estadía allí y su regreso a bordo del buque frigorífico Océano Pacífico. El tercero, ya de nuevo en La Habana. Hay, entonces, tres Silvios, que son el mismo: el inocente, el que experimenta y, finalmente, el adulto. Desde esos tres momentos es en que Silvio mira a la Revolución.

La edad de la inocencia

La infancia es un tema crucial en el disco, cuyo motor es la canción Terezín, que había quedado afuera de Cita con ángeles. El título alude a un campo de transición desde el que los nazis trasladaban prisioneros a las cámaras de gas. El tema se centra en la niñez vivida por un grupo de niños en dicho campo de transición. Unos libros de dibujos y poemas infantiles hallados por el ejército soviético tras la derrota del nazismo en la Segunda Guerra Mundial, proporcionaron la información de la experiencia. Cruda en música y verso, no es, de todos modos, la única alusión a la niñez. El corte que inicia el segundo disco, El papalote, es la historia de Narciso “el mocho”, artesano en el oficio de construir barriletes. Este personaje de la infancia del músico se ganó una de las canciones más logradas. Una muestra de lo que musicalmente puede darnos el compositor. Otra obra que se enmarca en el ámbito infantil es Discurso fúnebre, que trata la singular despedida a un perro muerto. Humilde réquiem dividido en cuatro partes, va desde la primera angustia, plasmada en una melodía litúrgica y una armonía en modo menor, hasta la conclusión necesaria, el recuerdo vivo, en tonalidad mayor. El tema que da nombre al disco, Érase que se era, es un hermoso homenaje a los momentos en que un grupo de jóvenes empezaban a formar lo que luego se llamaría “La nueva trova”. De esas canciones inolvidables que relatan épocas inolvidables. Hacia el final de la canción Silvio se cuestiona “yo no sé si mañana pensaré lo que hoy vivo”. Este disco constituye una contundente respuesta. El amor es abordado en una serie de canciones dedicadas a la misma mujer: Judith, El día en que voy a partir y Una mujer. Retratan la despedida, poco antes de partir. El primer paso hacia la experiencia que marcaría fuertemente el compromiso del joven Silvio con la causa revolucionaria: su partida en el buque pesquero Playa Girón.

 Matar para vivir

Así como encontramos canciones con carácter inocente, también nos tropezamos con algunas en las que abundan las dudas y las crisis vitales. Un ejemplo de ello es “Hoy es la víspera de siempre”. El miedo a la rutina y a la inutilidad de la vida se vuelve combate, se vuelve un impulsor a la aventura. La aventura se llama Playa Girón. Muchas de las canciones de este disco fueron escritas en ese viaje. Este hecho destacable infl uye netamente en la formación musical (política) del músico. Allí compone una gran cantidad de canciones. Algunas de ellas son Más de una vez, irreverente en su texto y exótica en su música, y Después que canta el hombre, homenaje a la música española muy bien logrado. Como despedida a su aventura compone una de las mejores, musical y poéticamente: Martianos. Es una canción con estilo académico, apenas sostenida por un clarinete y una fl auta traversa en contrapunto. El amplio registro del clarinete le ofrece una profundidad a la altura del planteo. Contradictoriamente, se entrelazan las dudas de un hombre que ha decidido dar su vida a la causa del socialismo. Una estrofa: “Qué duras son esas noches en que queremos ser buenos y hay que matar sollozando y hay que morir sonriendo”. La muerte como paso a la vida es una constante en el disco. Se trata de una de las cualidades que distinguen a Silvio Rodríguez de la media de los artistas: su delimitación del humanismo. Nuestro cantautor sabe explicar que hay que matar para vivir, y en esa contradicción reside en movimiento. Así, entiende que no tiene nada que hacer en un buque pesquero. Asume su tarea revolucionaria: cantarle a la revolución. Estamos ante una canción que habla del pasaje a la madurez.

Hacia el porvenir

La madurez sobreviene y surgen otras canciones. Oda a mi generación, es una de ellas. Y es además la que abre el disco, hecho no carente de importancia. Contiene en su texto algunas de las frases más profundas. Su mensaje nos invita a experimentar el disco con buena predisposición. “Vivirle a la vida su talla tiene que doler”, conciencia de que dar el salto hacia la vida es necesariamente doloroso. “Sé que hay que seguir navegando”, como metáfora de lucha, ya que es una canción que compuso después de su aventura naval. Y remata “sigan exigiéndome cada vez más, hasta poder seguir o reventar”. En definitiva, un hombre al servicio de las tareas que la revolución requiere. En el tema que le sigue, Todo el mundo tiene su Moncada alude al asalto al cuartel emblemático de la revolución cubana. Allí, repite incesantemente “menos mal que existen”. Se refiere a todos los que día a día dan su vida a la construcción del socialismo. Silvio nos cuenta que esta canción surge tras haber conocido a Aída Santamaría, militante revolucionaria que, contra los prejuicios del músico, era una persona “normal”. Frente al idealismo romántico aparecen los militantes cuyas vidas son iguales a las del resto salvo por un detalle: “viven disparando contra cicatrices”. Un tema típicamente cubano, en forma e instrumentación, que constituye un homenaje a la militancia. Nunca he creído que alguien me odia, es otra canción interesante. Con su aire celta, habla de un hecho particularmente llamativo. Al final de una de sus presentaciones, Silvio se enfrenta a un hombre que amenazaba con matarlo por contrarrevolucionario. Frente a esto, su tarea como músico es explicar la situación y su lugar. Y, en este sentido, afirma allá en 1972 (año en que compuso este tema) y hoy su posición. Simplemente finaliza citando a Fidel Castro: “ya se dijo que es más grande que el más grande de nosotros” (la revolución, claro). Una joya del disco es Fusil contra fusil, canción dedicada al Che Guevara. Aquí también el clarinete otorga profundidad y se enaltece el heroísmo del hombre militante. Un coro femenino, que ya había aparecido en Oda a mi generación, le da fuerza y hace que naturalmente incremente su valor, la consigna que lo titula. El final glorioso repite constantemente “fusil contra fusil” arriba, en altura e intensidad, como una (re)afirmación de la necesidad de luchar. Más conmovedora aún es la canción siguiente, El matador. Acá, igual que en Nunca he creí- do…, habla de la muerte. Ahora, con una cierta carga de culpa, nos dice “a veces se me borra que mato por vivir”. En otra canción, Cuantas veces al día, Silvio denuncia la inacción como forma de acción. Tiene preguntas contundentes que van en esta perspectiva. “¿Qué silencio es culpable de la muerte de un hombre? ¿Qué silencio en nosotros ha colgado inocentes?”. A ellas les responde: “No busquen más alrededor. Ustedes son.” Más allá de la generalización, es un llamado a la reflexión y a la toma de posición. Es esto lo que la hace valiosa.

 

¿Amor con el porvenir o con el pasado?

 

Escuchar este material nos conduce al mundo más íntimo del compositor y de la sociedad cubana. A un pasado que representa, paradójicamente, el porvenir. Silvio logra recrear aquellas obras con su actual calidad artística. Con simpleza pura, sin ostentación, pero con una calidad notable, el disco constituye el resultado de años de experiencia viva, de vida en movimiento. Es una pena que ese avance estético conviva con un ostensible retroceso político, expresado en su apoyo a la democracia burguesa, presente ya en el alfonsinismo y actualizado con el gobierno bonapartista del señor K. Es aquí donde el pasado (político) le gana al presente (estético). Es tarea de nuevos revolucionarios reconciliar ambos.

 

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