Entrevista al economista estadounidense Andrew Kliman – Juan Kornblihtt

andrew-kliman “Muchos que se autotitulan marxistas no tienen perspectivas  revolucionarias”

 Entrevista al economista estadounidense Andrew Kliman1

 Autor del libro Reclaiming Marx’s Capital, el economista estadounidense  Andrew Kliman, sostiene que gran parte del marxismo no puede entender  la crisis porque no ve la centralidad de la caída de la tasa de ganancia  como su causa. En esta entrevista, anticipa un artículo suyo en la próxima  Razón y Revolución nº19 y las conferencias que brindará en el II Congreso Internacional de Investigación y Debate Político que se realizarán en Buenos Aires los días 10, 11 y 12 de diciembre de este año.

¿Frente a qué tipo de crisis estamos?

Es una crisis financiera severa que desencadenó la depresión más seria en la economía mundial desde la Gran Depresión. Estadísticas recientes para la economía mundial de dos economistas del mainstream, indican que la actual depresión es tan mala o peor en los primeros 14 meses que lo fue la Gran Depresión en sus primeros 14 meses.
La crisis financiera tiene sus raíces en una caída en la tasa de ganancia en los EE.UU. desde fines de la década de 1950 hasta el comienzo de la década de 1980 y la imposibilidad de la tasa de ganancia de recuperarse desde ese entonces. Esto ha llevado a una ralentización del crecimiento económico. Pero los políticos han tratado repetidamente de manejar los problemas de ganancias y crecimiento alentando más y más el crédito. Desde entonces, los problemas económicos subyacentes persisten, la acumulación de deuda es insostenible. Por lo cual tenemos una serie de burbujas de activos que estallan, llevando a repetidas crisis de deuda desde el inicio de la década de 1980, de las cuales la presente es la más severa hasta hoy.

¿Cuáles son las perspectivas de una recuperación? ¿Van a funcionar los planes de rescate financiero?

El propósito del rescate financiero no fue prevenir ni salir de la recesión, sino frenar el pánico en los mercados financieros y restaurar la confianza de los inversores. Esta estrategia ha tenido mucho éxito, al menos por ahora, pero las condiciones subyacentes aun son tan malas que no sería poco probable que algún evento negativo vuelva a disparar el pánico financiero.
Después está el “estímulo”, gasto gubernamental y reducción de impuestos, para promover la recuperación económica. Esto está estimulando la economía de los EE.UU. temporalmente. El PBI y el empleo están cayendo mucho menos que antes y quizás incluso crezcan. Pero el gobierno está tomando prestado enormes sumas para pagar esto. La deuda federal ha crecido en 2 billones de dólares, más del 20%, en menos de un año. Esto no puede continuar para siempre. ¿Qué va a pasar una vez que se acabe? Mi visión es que el estímulo no incita realmente la economía en el sentido de causar que se reanude fuertemente por sí misma. Cuando el crédito se frene, también lo va a hacer el empuje a la economía. Esta visión es compartida por Martin Feldstein, un economista conservador, antigua cabeza de la Oficina Nacional de Investigación Económica (National Bureau of Economic Research), y miembro de su comité, que determina cuándo comienza y termina la recesión en EE.UU. Él entiende los datos económicos tan bien o mejor que cualquier otro. Porque piensa que el estímulo no tiene efectos que perduren, está prediciendo una nueva depresión una vez que el estímulo se termine.

¿Es la expansión estatal una solución real, o podemos hablar de una nueva expansión del capital ficticio?

Puede que logren salir de esta crisis, y evitar que la depresión sea verdaderamente devastadora, empapelando las malas deudas con más deuda aún, como están tratando de hacer. Es como sacar una nueva deuda en una tarjeta de crédito para cancelar otra deuda anterior. Esto ha tenido éxito muchas veces anteriormente, por ejemplo durante la crisis que comenzó en Asia y se extendió a Rusia y Latinoamérica una década atrás. Quizás tenga éxito nuevamente, pero no apostaría por eso -ni en contra, actualmente-. Los problemas subyacentes, la caída de los precios de las viviendas y los instrumentos financieros enormemente sobrevaluados no han desaparecido, y probablemente empeoren salvo que la economía salga de la depresión de manera rápida y brusca. Y existe todavía una falta real de confianza en los mercados financieros, con lo cual un evento negativo puede disparar un pánico como el que vimos el último septiembre, o algo peor, ya que esta vez no va a haber esperanzas de que el gobierno salve a la economía.
Incluso si previenen tal crisis, y salen de la depresión, la expansión de la deuda estatal no es una solución en el sentido de una cura que va a disparar un nuevo boom, como el que siguió a la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial. Cada vez que la deuda es empapelada con más deuda, el problema se “resuelve”, pero sólo hasta la próxima crisis. Y como la deuda crece, cada crisis financiera parece ser peor que la anterior.
La única solución real dentro de los confines del capitalismo es lo que Marx y otros llamaron la “destrucción de capital”, un componente principal de lo que es destrucción masiva de capital ficticio. En otras palabras, va a tener que haber una fuerte caída en el precio de los activos financieros, y el “reconocimiento” de que una gran parte de la deuda no se va a pagar, causando bancarrotas masivas y quiebra de bancos. Si eso sucede, va a ser tan barato invertir en un negocio, comparado a la ganancia que se va a obtener, que la tasa de ganancia esperada se va a disparar. Esa es la base para un nuevo boom. Por la experiencia de la Gran Depresión, los políticos no quieren que esto pase, es demasiado riesgoso.

¿Si se necesita una destrucción masiva de capital para la recuperación, una gran guerra es un escenario posible?

Sí. Esto es lo que sucedió en la Depresión, con lo cual es posible nuevamente. Como escribió Jack London en La llamada de la selva (The call of the wild), mientras menos carne hay para que los perros coman, más ferozmente van a luchar entre sí por ella. La cumbre del G-8 no fue buena para los EE.UU. y Gran Bretaña. La Unión Europea no va a sacrificar mucho por su bien. Pero aun estamos bien lejos de un escenario de guerra mundial. Y agrego, si bien pienso que se necesita una gran destrucción de capital para pasar a un nuevo boom, que eso en principio no requiere una guerra, ya que la clave es la destrucción de valor y valor ficticio, no la destrucción física.

¿Cuáles son las perspectivas de la clase obrera?

Si la depresión es larga y profunda, va a sufrir mucho salvo que se organice y luche por proteger sus ingresos y hogares. Eso no va a ser fácil. No pueden mirar al gobierno por ayuda; la regulación y la propiedad estatal no siempre son medidas progresivas. En el New Deal algunas políticas progresivas sí acompañaron la intervención estatal, pero eso fue sólo por la militancia y radicalización de la clase obrera. Estas políticas eran básicamente concesiones para prevenir el desarrollo de una situación revolucionaria. Ahora es bastante obvio para todos que los actuales rescates financieros, y la regulación y propiedad estatal, no están dirigidas a ayudar a los trabajadores, sino a salvar al sistema capitalista.
Los trabajadores tienen que entender que sus luchas por protegerse a sí mismos no van a solucionar la crisis ni van a llevar a un boom. Si ganan sueldos más altos, eso los va a ayudar a ellos, no a “la economía”. La economía es capitalista, funciona con la ganancia, pero sueldos más altos significan menos ganancias. Por lo tanto tienen que estar preparados para la posibilidad de que sus luchas van a empeorar la crisis; de otro modo no van a estar preparados para la resistencia que van a enfrentar y la posibilidad de una reacción virulenta.
No hay solución para este dilema en los confines del capitalismo, donde sus intereses y los de “la economía” son contradictorios. La única solución es un nueva sociedad humana, el socialismo, en donde la economía esté para satisfacer las necesidades de la gente, no al revés.

En sus escritos usted argumenta que muchos marxistas abandonaron la idea de que la tasa de ganancia estaba detrás de la crisis. ¿Por qué cree que pasó eso?

Bueno, eso es en parte una cuestión de datos y teoría, y voy a hablar de eso en un momento, pero primero quiero hacer notar que la ley de Marx de la caída tendencial de la tasa de ganancia nunca ha sido particularmente popular. Con lo cual digo que la ley continúa siendo rechazada, y no que fue abandonada.
Una razón principal de por qué es rechazada es que la ley de Marx tiene implicancias revolucionarias, mientras que muchas personas que se llaman a sí mismos marxistas, tienen perspectivas no-revolucionarias.
La otra es que la ley es anti-intuitiva para mucha gente. Marx sostenía que aumentando la productividad tendía a bajar la ganancia, lo cual mucha gente encuentra inverosímil. Después de todo, a medida que la productividad aumenta, cada obrero produce más y más bienes, con lo cual ¿no debería aumentar la ganancia? Robert Brenner, por ejemplo, escribió que la ley de Marx “desafía al sentido común” y que su falsedad es intuitivamente obvia. Además, la ley está basada en una teoría del valor que es ampliamente rechazada como “metafísica”, ya que los capitalistas piensan en términos de precios y ganancias, no de valor y plusvalor.
Pero casi toda la física moderna también desafía el sentido común, y Marx sabía bien como pensaban los capitalistas. Argumentó, sin embargo, que en la economía, como una totalidad, el precio total de la producción era igual al valor total y la ganancia total era igual a la plusvalía total. Entonces estas objeciones son realmente débiles, pero la gente se aferra ferozmente a su intuición.
Hay también presuntas pruebas de que la ley de Marx y su teoría del valor son internamente inconsistentes y por lo tanto falsas. En mi libro del 2007, Reclaiming Marx’s Capital: a refutation of the myth of inconsistency, muestro que las “pruebas” han sido refutadas. Pero aquellos que afirman que Marx es inconsistente no se han retractado, con lo cual pienso que las “pruebas” no eran la verdadera razón de porqué las teorías de Marx eran rechazadas. Las verdaderas razones tienen que ver con la política y la intuición.

Marxistas que han hecho mediciones de la tasa de ganancia afirman que hay una recuperación total de la tasa de ganancia, por ejemplo Duménil y Husson, ¿son correctas estas mediciones?

No. Un problema es que Duménil y Lévy, así como Fred Moseley, seleccionan cuidadosamente (cherry pick) sus datos comparando un pozo (punto más bajo) con un pico posterior. Cuando preguntamos “¿se ha recuperado la tasa de ganancia?”, la pregunta no se refiere a esas fluctuaciones de corto plazo, sino a las tendencias de largo plazo. Para calcular la tendencia, tenés que comparar tasas de ganancia en puntos similares dentro del ciclo, por ejemplo de pozo a pozo. Si hubieran hecho eso, habrían reportado menos que la recuperación que actualmente reportan. Por ejemplo, la medición de la tasa de ganancia de Moseley sólo se recuperó la mitad entre el pozo de 1980 al pozo de 2001, y no del todo entre 1987 y 2001.
El otro problema con sus mediciones es que lo que llaman “tasa de ganancia” no lo es realmente. Lo que los capitalistas y los inversores, y Marx, entienden por tasa de ganancia es la ganancia como un porcentaje de la suma de dinero realmente adelantado, invertido, en el pasado. Pero las “tasas de ganancia” que se han recuperado casi totalmente, son ganancias como un porcentaje de lo que los bienes de capital (maquinaria, edificios, etc.) habrían costado si se hubieran comprado al mismo tiempo que la ganancia se acumulaba.
Cuando la tasa de inflación cae, esta revaluación retroactiva de los bienes de capital deprecia artificialmente el capital adelantado, causando que la “tasa de ganancia” crezca artificialmente. Y esta es la otra razón por la que dicen que la tasa de ganancia se ha recuperado casi totalmente. Mis cómputos, para todas las corporaciones norteamericanas, indica que hubo de hecho una pequeña caída en las ganancias previo pago de impuestos, como un porcentaje del capital actual avanzado (el costo histórico del stock neto de capital fijo) entre el pozo de 1982 y el del 2001. Pero cuando los bienes de capital se revalúan retroactivamente, la “tasa de ganancia” parece haber crecido sólo un 37%.

¿Puede también estar sobreestimada la tasa de ganancia porque en la contabilidad aparecen ganancias que no tienen plusvalía como substancia real?

Sí, aunque en las mediciones de las ganancias de los EE.UU. que casi todos, (incluyéndome) utilizamos, se toman las ganancias clasificadas por el Bureau of Economic Analysis (BEA) antes que las ganancias reportadas en los balances empresarios. Estas casi eliminan el efecto directo del capital ficticio porque la BEA sólo cuenta “las ganancia desde la producción”, las ganancias de capital (por venta y compra de acciones) estoy casi seguro están excluidas. Pero hay a veces efectos indirectos. Estoy convencido que la enorme suba de la tasa de ganancia (para las corporaciones de los EE.UU.) entre 2001 y el 2006 estuvo de alguna manera conectada a la creciente sobrevaluación de los activos hogareños y financieros, pero no estoy seguro de cómo exactamente. Probablemente fue que la baja tasa de interés llevó a la sobrevaluación de los activos, la suba en su “valor” fue tomada como si fueran aumentos reales en la riqueza y esto generó un alza de inversiones y consumo, a su vez generando que las ganancias vayan para arriba. También, si se excluye el pago de intereses cuando se habla de “ganancias”, la caída de las tasas de interés lleva a una suba de las ganancias.

¿Podríamos estar viviendo una situación similar a lo que pasó en la década de 1920 previo a la crisis del ‘30? Después de la caída de la tasa de ganancia a principios de los ‘20, también hubo una fuerte suba de la tasa de ganancia empujada por un alza de la Bolsa, pero el Crack del ‘29 reveló la situación real.

Creo que la analogía entre principios y fines de la década del ‘20 y principio y fines del 2000-2010 es excelente. Estamos efectivamente viendo la expansión de una burbuja y el crecimiento guiado por ella llegando a su fin. Pero los datos de ganancias del BEA no van a reflejar esto, porque se abstrae de las pérdidas en los valores de las acciones, así como las ganancias.
Fred Moseley basa su conclusión de que la tasa de ganancia se recuperó casi completamente, en gran parte en la suba de la tasa de ganancia empujada por la burbuja desde mediados de esta década hasta el 2007, incluso cuando está claro que esta expansión fue una burbuja insostenible.

¿Cuál es su respuesta a los planteos que centran el problema en las finanzas o en el neoliberalismo?

Los problemas del sector financiero son, de hecho, la principal causa inmediata de la crisis. Pero la gente a la cual te refieres para discutir sostiene que la crisis es distinta y separable de cualquier problema subyacente dentro de la producción capitalista. Creo, de todos modos, que la crisis financiera es resultado de un estancamiento de largo plazo de la rentabilidad. La conclusión de estas personas es derivada de su medición simultaneísta de la tasa de ganancia (la cual, otra vez, no mide lo que la gente normalmente entiende por tasa de ganancia). Dado que su “tasa de ganancia” se ha recuperado casi por completo, ellos naturalmente concluyen que el progreso tecnológico no es una causa subyacente de la crisis, y que el sector productivo de la economía está funcionando relativamente bien. Entonces, los problemas financieros que condujeron a la crisis parecieran ser distintos y separables.
Por mi parte, he observado qué sucede con la tasa de ganancia de las corporaciones de los Estados Unidos si no revaluamos retroactivamente el capital adelantado. De acuerdo con mis cálculos, la tasa de ganancia antes del pago de impuestos falló en recuperarse en el período que va desde 1982 a 2001, o, si contamos todo el valor agregado además de los salarios y los beneficios como ganancia, la tasa de ganancia continúa en caída, del 27% al 22%.
A su vez, los cálculos simultaneístas producen el resultado paradójico de que la tasa de ganancia ha subido, mientras la tasa de acumulación ha caído. Esto sugiere que una aún más grande porción de la ganancia está siendo invertida en instrumentos financieros antes que en operaciones de negocios, lo cual tiende a reforzar la visión de que hay una desconexión entre las economías financieras y productivas. Pero mis figuras indican que esto es una ilusión producida por valuaciones simultáneas: ganancias antes de impuestos como porcentaje del capital adelantado cae desde el pico del 24% en 1978 a un 12% en 2001, y la tasa de acumulación cae desde un pico del 13% en 1979 a un 3% en 2002.
Entonces, considero que lo que ha estado sucediendo durante las últimas décadas es el estancamiento de la rentabilidad y un crecimiento económico más lento, e intentos de los armadores de políticas económicas por lidiar con el problema y prevenir una crisis aun más grande alentando la expansión de la deuda en orden de estimular la economía de manera artificial. Dado que no hay una cantidad suficiente de valor nuevo creado para sostener la expansión de la deuda, esto ha probado ser una y otra vez excesivo.
A su vez, hay una cuestión más general. Algunos economistas entienden que un ambiente de libre mercado y la “financiarización” asociada son responsables por la crisis, como si un capitalismo regulado no hubiese conducido a la misma. Sin embargo, la crisis de mediados de los años 1970 fue una crisis del capitalismo regulado en el cual las políticas keynesianas eran dominantes. Y la inflación del período combinada con tasas de interés reguladas—tocando el máximo de las tasas que los ahorros y los préstamos estaban autorizados a pagar a los depositantes y a colectar desde los prestamistas de hipotecas— condujo a una gran crisis. Los depositantes movieron su dinero hacia otros lados para alcanzar la inflación, mientras que era cada vez más imposible mantener los pagos de hipotecas. El gobierno de los Estados Unidos terminó prestando cientos de miles de millones de dólares para rescatar a los depositantes.

En su libro, Reclaiming Marx’s Capital, afirma que el “simultaneísmo” es la principal causa de la falta de defensa de Marx por parte de muchos marxistas y el abandono de las principales conclusiones de Marx como la tendencia a la caída de la tasa de ganancia, ¿puede explicar brevemente porqué?

Simultaneísmo es lo mismo que la revaluación retroactiva que acabamos de discutir. Por ejemplo, imagine que una computadora es comprada antes de la producción y usada para producir una nueva computadora del mismo tipo. Simultaneísmo significa valuar ambas simultáneamente, y por lo tanto hacer que ambas (teoréticamente) tengan el mismo precio o valor. Casi toda la economía marxista académica está construida sobre este método, parcialmente porque el concepto de valor de Marx es considerado como simultaneísta.
Realmente, el simultaneísmo es totalmente incompatible con este concepto de valor. Si los inputs que ingresan a la producción deben tener los mismos precios o valores por unidad que los productos que emergen luego, allí no hay sentido en sostener, como lo hacía Marx, que la masa de trabajo necesaria para producir los productos determinan su valor. Si una fanega de maíz plantada como semilla en el comienzo del año debe tener el mismo valor que una fanega de maíz cosechado al fin, da igual si los peones trabajaron 1.000 horas de producirlo o sólo 1 hora.
Una vez que esta incompatibilidad teórica básica es entendida, deja de ser sorprendente que el simultaneísmo conduce, caso tras caso, a la conclusión de que las teorías de Marx son inconsistentes. Por ejemplo, como hemos discutido anteriormente, la revaluación retroactiva del capital adelantado artificialmente lo reduce, con lo cual causa que la tasa de ganancia suba de manera artificial, cuando los precios o el nivel de inflación caen. Y la teoría de Marx predice que el ahorro de trabajo generado por el cambio técnico conduce a una tendencia sistemática de los precios o la tasa de inflación a declinar, lo cual, tiende a una menor rentabilidad. Más aún, el método simultaneísta prevé que el progreso tecnológico cause una caída de los precios post-producción por debajo de los precios pre-producción, por lo que elimina la tendencia decreciente de la tasa de ganancia eliminando su fuente.
Verdaderamente, esto es la “artimaña” detrás del teorema de Okishio. El teorema, que casi todos economistas marxistas académicos aceptaron, demuestra, según cabe suponer, que la tasa de equilibrio de ganancia no puede declinar por las razones que Marx presenta. Pero el resultado de Okishio depende crucialmente de la valoración simultánea. Si permitimos al progreso tecnológico reducir los precios, o aún el nivel de inflación, se muestra que el teorema es falso; la tasa de equilibrio de ganancia puede caerse verdaderamente por las razones Marx presenta.

¿Cuáles son las consecuencias políticas de las asunciones simultaneistas?

Considero que la más importante es que el simultaneísmo necesariamente conduce a la conclusión de que la ley de Marx de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia es inválida lógicamente y por lo tanto falsa. Entonces la teoría de la crisis basada en dicha ley es necesariamente incorrecta. En particular, el simultaneísmo implica que Marx estuvo equivocado cuando sostuvo que “la verdadera barrera para la producción capitalista es el capital mismo” porque este contiene una contradicción interna. La contradicción interna es que la producción capitalista se esfuerza por la máxima expansión del valor, pero el progreso tecnológico, que es la clave para expandir el valor, también tiende a reducir el valor y precio de las mercancías y esto tiende a causar la caída de la tasa de ganancia, la destrucción de valor-capital y la erupción de la crisis económica. Pero el simultaneísmo implica que esto no tiene sentido, porque el progreso tecnológico no causa una reducción en valores que lleven a una menor rentabilidad.
Dado que esta teoría sostiene que el capitalismo se enfrenta a una contradicción interna que no puede ser resuelta, sólo pospuesta de manera temporal a lo sumo, es inherentemente revolucionaria. Esto implica que la única solución real es una nueva sociedad humana en la cual la producción sea conducida, no con el propósito de expandir la producción, sino con el propósito del desarrollo humano y de la satisfacción de necesidades humanas. Esta es la única teoría que es revolucionaria en este sentido. Las teorías que encuentran la crisis en la especulación financiera, bajos salarios, baja productividad, caída de la demanda y demás, sugieren que las tendencias a la crisis del capitalismo pueden ser disminuidas o eliminadas. Esta es, claro está, la motivación detrás de las recientes propuestas de izquierda de regular los mercados financieros, nacionalizar el sistema financiero y solucionar la crisis por la vía de mayores salarios.
Existen, a su vez, consecuencias políticas que fluyen desde la tasa de ganancia simultaneísta y la visión de que la crisis fue causada, casi exclusivamente, por problemas en el sector financiero. Esta visión va de la mano con la noción de que hay un buen capital, el capital productivo, y un mal capital, el capital financiero. Y si la causa de la crisis es el capitalismo financiero antes que el capitalismo, tiene sentido tratar de arreglar el desorden actual peleando por el primero antes que por el segundo, y pelando junto con los capitalistas productivos y sus seguidores. Así, un prominente economista marxista indio, Pratnab Patnaik, llama a la lucha contra el capital financiero y por alianzas entre clases.

1Traducción de Fernando Dachevsky y Guillermo Cadenazzi

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