Entrevista a Eduardo Sartelli sobre la situación del campo. En Tiempo Argentino (6/9/2010).

“Hoy el campo está mejor que en la época de Martínez de Hoz o Menem”

–Si uno sacara una radiografía del campo hoy, ¿cómo está conformada la estructura del sector agrícola argentino?

–Se ha acusado al campo de constituir una oligarquía, de ser un reducido grupo de personas que poseen la inmensa mayoría de la producción y de la tierra. En términos de la estructura propia del campo, tiene cierta lógica, pero en comparación con el conjunto de la economía no es así. La inmensa mayoría de los sectores de la economía argentina están mucho más concentrados en pocas manos que el campo. Hay varios miles de empresas agrícolas de gran tamaño, que son los que concentran el grueso de la producción, después hay decenas de miles de productores de menor tamaño que concentran un porcentaje menor. La Federación Agraria ha hecho rodar una cifra cuyo valor es discutible pero puede ser aproximativa: de los 90 mil productores de soja, el 20 % de ese grupo produce el 80% de la producción total de soja. Hay que pensar que ese 20% equivalen a 18 mil unidades productivas. ¿Cuántos producen autos? Cinco o seis firmas ¿Cuántos producen acero? Una sola empresa.

–¿Pero no existe un proceso de concentración en el campo?

–En relación a su propia historia y a su propia naturaleza, en los últimos años está muy concentrado, y se observa una tendencia hacia una concentración cada vez mayor. El grueso de la producción, y, por lo tanto, de la riqueza que se produce en el agro pampeano recae cada vez más en un conjunto menor de empresas. Por eso, la figura típica que la gente tiene en la cabeza cuando piensa en el agro pampeano, el chacarero, es hoy un protagonista muy menor del asunto. La vida cotidiana del campo pampeano siempre ha estado dominada por productores grandes que se esconden detrás del mito del chacarero chico y muerto de hambre, pero son productores grandes. Esta tendencia de privilegiar a los grandes, hoy día, ha sido llevado a un punto muy elevado. Actualmente, hay gente que explota 150 mil hectáreas.

–¿Cómo se explica la convergencia que hubo en 2008 entre pequeños y grandes productores?

–En parte por esto que explicaba antes. Los llamados productores menores que quedan hoy en la foto actual del campo pampeano, en realidad no son tan menores. Un productor puede poseer o arrendar bajo diferentes formas una cantidad muy superior a la que puede aparecer en cualquier cuenta. Con esto quiero decir, la idea de que un Grobocopatel no pueda unirse con un De Angeli es falsa, porque los dos son productores capitalistas, a muy diferente escala uno del otro, pero básicamente el negocio es el mismo y, por lo tanto, tienen intereses comunes. Se dividen ahora porque las diferencias existen y si el gobierno les segmenta las retenciones, a unos les resuelve un problema, y a otros no tanto.

–En el discurso del campo la queja es una constante, pero los márgenes de rentabilidad son cada vez mayores. ¿Cómo se explica este comportamiento frente al actual gobierno?

–Desde 2008 todo el debate político giró en torno a las retenciones. Pero focalizar todo en ese tema hace perder de vista que la vida económica es mucho más compleja que un impuesto, y que hay muchísimos caminos por los cuales uno puede sacarle o darle plata a alguien. Por ejemplo, si subo o bajo el dólar. O si le permito a un sector tener empleo en negro, lo estoy subsidiando. Cuando uno quiere calcular todo el sector agrario, cuanto cede o no al resto de la economía, es decir, la medida en que un gobierno “ataca” al campo reduciéndole los ingresos, tiene que observar todos estos mecanismos. Entonces, la situación del campo bajo Martínez de Hoz era infinitamente peor que bajo la administración Kirchner. Con Videla, el Estado se apropiaba del 40% del ingreso agrícola. Es una bestialidad, pero comparado con el 30 o 35% de Kirchner, es casi para festejar. (Carlos) Menem se apropió de un porcentaje mayor, por eso, para el campo, no es este gobierno el peor de todos. Y esto, evidentemente, le quita argumentos.

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