ENTRE RÍOS – Las mentiras del laicismo

Por Ivana López – La discusión del proyecto de Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo impactó de lleno en las escuelas entrerrianas. En la ciudad de Colón desde el mes mayo, las escuelas se encontraron con un fenómeno que no se esperaban: los y las adolescentes, actores inesperados de este debate, comenzaron a llegar a la institución portando orgullosos sus pañuelos verdes, abriendo el debate en los recreos y hasta en las aulas, argumentando su postura con pares y docentes, que sorprendidos no sabían cómo encarar esta temática. La marea verde invadía todo. Pero los celestes comenzaron a organizarse y en muchas escuelas alentadas por sus propios docentes y por algunos estudiantes comenzaron a prohibir el ingreso de todos los que tuvieran el pañuelo verde. Concretamente:

  • Si llegaban con el pañuelo en el cuello, les pedían a los chicos que se lo saquen y podían atarlo a la mochila; en caso que no lo quisieran hacer no podían ingresar al establecimiento. El argumento para esta decisión son los famosos códigos de convivencia que en un apartado manifiesta que: “No se permite el uso de (entre otras cosas) collares, cadenas u otros ornamentos similares; prendedores insignias, emblemas o similares diferentes a los utilizados habitualmente como símbolos patrios o escolares.”
  • En los recreos, no se podía hablar del tema, y si el preceptor los encontraba hablando, eran “llevados” a preceptoría con posibilidades de firmar acta y ser citados sus padres.

Entre estudiantes comenzaron a surgir disputas a favor y en contra de la despenalización del aborto. Quienes estaban en contra comenzaron a llevar pañuelos celestes y de esta manera el tema se filtró al aula. Aunque, pocos fueron los docentes de la Ciudad que tuvieron la apertura para escuchar y generaron espacios de reflexión como talleres sobre ESI, difusión del proyecto para la IVE o intervenciones artísticas recuperando la problemática. La amplia mayoría se encargó de reprimir el debate y la manifestación del estudiantado; es decir, barrer todo debajo de la alfombra y simular que “aquí no ha pasado nada”.

Ellos, entre las sombras

Estos hechos son anecdóticos, pero no inocentes. Todos ellos muestran la influencia de las religiones dentro de nuestro sistema educativo en teoría laico, es decir, supuestamente independiente de cualquier confesión u organización religiosa. Más bien demuestran que en las escuelas los grupos religiosos/morales poseen una injerencia muy importante en la estructura curricular: tienen capacidad para tergiversar y prohibir el debate. Es necesario aquí poner la mirada en cómo lograron que está injerencia pase desapercibida, disfrazada de “otra cosa” lo que es, una imposición política-ideológica: es símbolo usar un pañuelo verde, pero no una cruz. Es política debatir un tema social, pero no es política prohibirlo.

No es la primera vez, que la moral religiosa hace su ingreso triunfal en la currícula escolar. La implementación de la ESI en las escuelas aún se encuentra limitada, los estudiantes demandan de manera constante su implementación, pero las respuestas llegan sesgadas y cargadas de miradas personales morales de los profesores en las aulas. Así, la educación sexual pasa solo por lo biológico-genital, es heteronormativa, y pone el eje en el “deber ser mujer” y el “deber ser varón”, cargado de estereotipos de género, apuntalan una sociedad patriarcal. Desconocen que muchos alumnos defienden la diversidad sexual y de género y buscan romper estereotipos. Por el contrario, la ESI refuerza el patriarcado. También sucede con la Ley IVE que demandan (directa o indirectamente) información real y científica.

Dar un paso al frente

Como vemos, mientras la currícula oficial define a la escuela como “laica”, los intereses de la religión se filtran por múltiples bisagras. Develar esa injerencia es uno de los desafíos más grandes para todos los docentes que pretendemos una educación laica y científica. La construcción curricular es un campo de lucha y los docentes debemos ingresar al combate. Mientras nosotros no damos la batalla, otros sí lo hacen y para peor usan el manto de una supuesta “neutralidad”. Es necesario pensar en un currículum social e históricamente situado y culturalmente determinado como un acto inevitablemente político: o somos agentes de la reacción y la represión ideológica o nos preparamos para disputar y ayudar a la emancipación de la clase trabajadora.

Por eso, los docentes que integramos la Corriente Nacional Docente Conti-Santoro nos movilizamos en Colón el 4 de julio pasado, cuando un grupo de concejales decidió presentar un proyecto de ordenanza para declarar pro-vida a la ciudad. Reconocimos que no podíamos estar por fuera de esta lucha. Los docentes como agentes de lucha ideológica debemos apuntalar posicionarnos del lado correcto de la batalla, del lado científico. Fuimos, nos movilizamos, nos hicimos oír y nuestra presión logró evitar que nuestra Ciudad fuera declarada pro-vida. Ahora, estamos frente a otra batalla: la proliferación de cursos de capacitación dictados por la Iglesia sobre ESI. Una vez más, debemos organizarnos para pasar a la ofensiva. Mientras el bando de la reacción se alista, debemos hacer lo propio. Por eso, invitamos a todos a participar de nuestras secretarías en la Minoría de Colón.

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