“En la escuela se libra el más proficuo de los combates: preparar a los soldados del trabajo”

pizurno La ideología que postula como realidad primordial el hecho nacional intenta desdibujar las  contradicciones existentes en una sociedad dividida en clases sociales, estableciendo la  igualdad ilusoria de sus miembros, los “ciudadanos”. Veamos ahora cómo el Estado  desarrolló aquella tarea a principios del siglo XX, de la mano de uno de sus intelectuales  orgánicos en el campo educativo: Pablo Pizzurno. Como bien intuía nuestro pedagogo, el  campo de batalla se trasladaba aceleradamente a la esfera del trabajo. De ahí su insistencia en  formar a los trabajadores como “soldados de los tiempos de paz”.

 Consejos a los Maestros *

 Pablo A. Pizzurno

Estamos en días de Julio, conmemoramos con este acto el aniversario de nuestra Independencia. Hablemos entonces de la patria. Preguntémonos qué clase de patriotas necesita y qué debe hacer la escuela para dárselos. (…) hablemos de la patria como educadores obligados a servirla no con frases enfáticas y explosiones patrioteras, a fecha fija, en Mayo y en Julio, sino con la acción serena, meditada, perseverante y también entusiasta, de todo el año y de todos los momentos; la acción serena y consciente del maestro a quien no se oculta que no se vive sólo con el recuerdo de las glorias pasadas; que la obra iniciada por los patricios valientes de la Revolución, de la Independencia y de la Organización nacional, debemos continuarla todos, no ya en los campos de batalla, pero sí en el campo del trabajo que fecunda la tierra, hace andar las máquinas de la industria, activa el comercio que enriquece, civiliza las masas con la educación, busca y encuentra formas de organización social que aseguran bienestar general e impulsa en todas las formas el progreso y la felicidad humanas; en el campo del trabajo que también tiene sus héroes, brillantes, destacándose, unos; humildes, desconocidos, pero no menos eficaces, otros.
Tratemos de formar esos soldados de los tiempos de paz, más necesarios hoy que los soldados de los tiempos de guerra. Y si las cicatrices, recuerdo del campo de batalla, se muestran con legítima satisfacción, que con no menos orgullo se exhiban las manos encallecidas, las heridas que produjo el trabajo, los ojos que ya sólo ven, y poco, con ayuda de lentes, del agricultor, del obrero, del industrial, del experimentador, del hombre de bufete, del publicista, que con el trabajo de sus brazos, o el de su cerebro, estimulados por el afán sincero de servirse a sí mismos y a los demás, producen también benéficas revoluciones en las artes, en las industrias, en el comercio, en las ciencias, en la organización pública y aseguran con ellas también independencias en el orden económico, social y político y la felicidad de cada uno y de la colectividad, con armas que no son el Mauser ni el cañón; que son el arado, los instrumentos todos del trabajo, el microscopio, el bisturí, el libro; y en campos de batalla, repito, donde no corre sangre ni se oye gritos de odio, pero donde corre el agua fertilizante del suelo que da mieses; en valles y llanuras en que pastan los ganados; en el taller modesto, la fábrica ensordecedora, el laboratorio silencioso, la biblioteca tranquila y también la sala luminosa y amplia de la escuela, donde se libra, acaso, el más proficuo de los combates preparando a todos esos soldados del trabajo físico, de la inteligencia y del corazón.
Y ved cómo, sin quererlo, he llegado a vosotras, señoritas, a vosotras que formáis parte ya de ese noble ejército de los maestros argentinos, encargado de la gran tarea de formar los ciudadanos útiles y patriotas que el país necesita.
[…] Y bien, señoritas; es esa la obra grande que os está encomendada. Es así como habéis de servir vosotras a la patria, dándole hombres honestos, activos, laboriosos, veraces, tolerantes y con ideales nobles en el alma. Y no temáis; hombres así preparados, amantes sinceros de su tierra por lo mismo que con su labor contribuyen a engrandecerla, no serán nunca sordos al toque del clarín cuando, por desgracia, la patria tenga que llamarlos para defenderse contra un agresor extranjero! […]

* Discurso dirigido a las maestras egresadas de la Escuela Normal número 3 el 7 de julio de 1906.

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