En Estados Unidos también – Marina Kabat

En Estados Unidos también. Raíces y perspectivas de la movilización de inmigrantes

Marina Kabat

Grupo de Investigación de Procesos de Trabajo – CEICS

Como ha ocurrido en Francia y en Argentina en los últimos meses, también en Estados Unidos el sector más explotado de la clase obrera ha salido a la calle. Según Clarín (1/5), trabajan allí 7,2 millones de inmigrantes ilegales, lo que equivale al 5% de la fuerza laboral del país. Estos trabajadores fueron a la huelga el 1º de mayo, día que en Norteamérica no es feriado (el día del trabajo se celebra allí en septiembre). A través de la huelga, los trabajadores inmigrantes hicieron sentir su peso en restaurantes, construcción, viveros, trabajos rurales y servicios: hubo retrasos en la recolección de basura y en cadenas de fast food. La mayor procesadora de alimentos, Tysson Foods, debió cerrar sus 15 plantas. En Los Angeles, medio millón se manifestaron. En Chicago, 300.000 (a pesar de los 1.300 arrestos a indocumentados que resultaron de las redadas de la semana anterior), al grito de “sí se puede” y “hoy marcho, mañana voto” (El mundo 2/5, cifras de la policía). Los organizadores, en cambio, hablan de un millón de manifestantes en Los Angeles, y medio millón en Nueva York y Chicago. Esta gigantesca movilización fue apoyada por grupos con intereses divergentes. Gran parte de la pequeña burguesía californiana depende de mano de obra barata, por eso se vería perjudicada por el cierre absoluto de la frontera y la expulsión masiva de indocumentados. Lo mismo ocurre con algunas grandes firmas. Los límites de estos sectores se ven en las propuestas que avalan.1El movimiento organizado por distintas coaliciones contó también con la simpatía de los medios, pero el elemento central fue la clase obrera, que buscó mostrar su importancia económica para el país. Algunos artículos hablan del “despertar de un gigante dormido” con razón, porque como veremos a continuación, este coloso tuvo una formidable actividad en los sesenta pero siguiendo los ciclos de la lucha de clases a nivel mundial, había perdido empuje a mediados de los setenta. Este movimiento no es, entonces, de “nuevo tipo” como se apresurará más de uno a postular. Hunde sus raíces en la historia de la clase obrera norteamericana.

 

El “chicano power”

 

Junto con el alza general de la clase obrera, en los sesenta, comienza la organización de los inmigrantes norteamericanos. El movimiento por los derechos civiles de los inmigrantes se articuló en torno a la reivindicación de derechos laborales. Uno de los sindicatos de vital importancia en este movimiento fue la United Farm Workers. La UFW surge a partir de la unión de dos organizaciones previas, una formada por trabajadores filipinos y la otra por trabajadores mexicanos. Por años, los rancheros habían explotado las diferencias entre estos dos grupos, hasta que en 1966, durante una huelga de los cosechadores de uvas, ambos se unieron. Ese año, organizaron una marcha de 320 millas desde Delano hasta Sacramento. Setenta personas comenzaron la travesía, pero el último día ya eran 10.000.2“Sí se puede” y “Viva la causa” fueron las consignas de este movimiento. Uno de sus líderes, César Chávez, fue dirigente de la UFW hasta su muerte en 1993. Hoy, el día en que se recuerda a César Chávez es muy importante para la comunidad mexicana. En las movilizaciones recientes, hubo manifestantes que llevaban pancartas con su foto El movimiento, conocido como “chicano power” cobró fuerza en los sesenta y se eclipsó a mediados de los ‘70, siguiendo el curso general de la lucha de clases.3

Sin embargo, la derrota no llegó a ser completa, hubo una continuidad de las organizaciones sindicales que hoy, revigorizadas, vuelven a impulsar el movimiento por los derechos de los trabajadores inmigrantes. Los años 1993/1994 resultan importantes para seguir la evolución de este proceso: por un lado, encontramos fuertes evidencias de la desintegración y el reflujo, pero al mismo tiempo aparecen los primeros indicios de recomposición. Tras el funeral de Chávez, se convoca a una marcha en Delano. Participan cuarenta mil personas que, en su mayoría, concurren vestidas de blanco, respondiendo al pedido de los organizadores.4

Al año siguiente, el movimiento comienza a desperezarse, a partir de la lucha contra la proposición 187 y el proyecto SOS “Save Our State” (Salvemos nuestro Estado) que buscaba recortar asistencia médica y educativa a los inmigrantes ilegales. Grandes manifestaciones tienen lugar. Reverdece el activismo y muchos se suman a la campaña. Sin embargo, la proposición 187 pasa el ballotage por un 59% de los sufragios. El 60% de los blancos había votado a favor de la medida, pero también lo hicieron un 40% de los afroamericanos5y un 25% de latinos (en los ‘90 un porcentaje alto de latinos brindó apoyo electoral a los republicanos). Un balance de la campaña contra la proposición 187 muestra también la debilidad ideológica de quienes la llevaron a cabo: concedían que la inmigración era un problema, sólo objetaban que la proposición no era el modo de resolverla. Discutían si los inmigrantes pesaban o beneficiaban al fisco, en vez de hacer un planteo político más general. Los estudiantes, el grupo más radicalizado del movimiento, fueron acusados de espantar a la gente con sus propuestas.6

A pesar de que algunos sectores de los inmigrantes se oponían a este tipo de acciones, el 16 de octubre de 1994, 100.000 personas se manifiestan en Los Angeles, lo que constituye uno de los antecedentes más importantes de las movilizaciones del 2006. Ese mismo año, la UFW decidió reproducir la histórica marcha de Delano a Sacramento. El 25 de abril de 1994 (a un año de la muerte de Chávez), 15.000 personas llegaron al capitolio del Estado con banderas de la UFW pidiendo básicamente lo mismo que reclamaban 30 años antes. Parecía que los trabajadores rurales estaban “preparados para luchar una vez más”.

 

Recuperando las tradiciones de clase

 

Hoy, la UFW lucha por el reconocimiento del salario mínimo para los trabajadores rurales. El movimiento estudiantil se ha visto sumamente fortalecido, tanto en las universidades como en los colegios, ha participado de las marchas generales (25/3, 1/5, etc) y organizado otras propias. Todo esto, a despecho de las autoridades educativas que los conminaban a permanecer en los establecimientos, amenazándolos con distintas sanciones.7

A diferencia de la tímida campaña contra la proposición 187, los inmigrantes han recuperado su orgullo de clase: “Un día sin inmigrantes” buscaba demostrar que la sociedad norteamericana no puede funcionar sin ellos “¿Quién construirá tu casa? ¿Quién recogerá tus tomates?” Rezaba un cartel de manifestantes en la localidad rural de Homestead. En Nueva York, inmigrantes de distintas nacionalidades sostenían carteles que decían “Nosotros somos América”.

Es significativo que los principales apoyos institucionales para las acciones del 1º de mayo hayan provenido de sindicatos: de la UFW y de trabajadores de servicios (SEIU) y UNITE –HERE, que representa a trabajadores de restaurantes y hoteles. Mientras que la UFW ha estado históricamente asociada a los reclamos de los inmigrantes, tanto la SEIU como el UNITE-HERE han trabajado fuertemente en los últimos 15 años por sindicalizar a los inmigrantes.8

El sector más oprimido de la clase obrera norteamericana se ha puesto en movimiento. Desde la elección del primero de mayo, hasta el uso de símbolos y cánticos que los representaron durante sus primeras luchas en los sesenta, han recuperado las tradiciones obreras en la lucha de clase y el método de lucha, la acción directa. Al mismo tiempo hay ciertos sectores que se han radicalizado y han levantado otras demandas. Participaron, por ejemplo, familiares de soldados inmigrantes. Si bien el reclutamiento de inmigrantes fue siempre un recurso del ejército norteamericano, en la guerra de Irak se ha empleado una nueva y más perversa variante. Muchos indocumentados son enrolados tras su captura y enviados a Irak rápidamente. Quienes mueren o son heridos, tras ser reclutados de esta manera, ni siquiera figuran en las listas oficiales de bajas del ejército.9

El movimiento actual no hubiera sido posible sin las primeras, y a veces titubeantes, medidas que en los ‘90 buscaban resistir la ofensiva de la derecha. Hoy el contraste es absoluto. Mientras la década pasada un sector de la clase obrera (incluso de los latinos) apoyaba propuestas abiertamente reaccionarias, hoy, en medio de la crisis, hasta algunos sectores de la burguesía recurren a la acción directa, a los métodos piqueteros. Pero éste es para ella un juego peligroso. Es posible que la misma masividad de la medida -que excedió las expectativas de los organizadores-, así como la radicalización de ciertos sectores, ya la hayan asustado. Llama la atención que medios que simpatizaban con el movimiento no hayan dicho mucho contra la militarización de la frontera que Bush emprende. Huelgas en el 1º de mayo, consignas sesentistas, una juventud radicalizada, millones en las calles… Podría decirse, ciertamente, que su miedo no es sonso.

 

Notas

1Muchos avalan la idea de trabajadores huéspedes o que se permita el trabajo en áreas rurales, pero están en contra de una amnistía generalizada para los indocumentados.

2“Qué pasó cuando los mexicanos y los filipinos se unieron”, en UFW website.

3La UFW pasó de 70.000 afiliados en los ’70 a 15.000 en los ‘90. Correlativamente, los salarios bajaron de 10 a 5 dólares la hora. En idem.

4Santos, Gonzalo: “Qué viva la causa campesina! In memory of Cesar Chavez”, en Against the Current (en adelante ATC), nº 45, julio/agosto de 1993.

5Esto ocurre a pesar de que sindicatos con una importante base afroamericana se habían sumado a la coalición que enfrentó la proposición 187. Ver entrevista a Gilbert Sedillo del SEIU, en Figueroa, Meleiza: “The sleeping giant awake” en: ATC, mayo/junio 2006.

6El balance del resultado del ballotage de la proposición 187 fue tomado de Marshall, Tim y Rachell Quin: “Jugando según las reglas en California”, en: ATC, nº 54. En el mismo número, un dirigente estudiantil responde las acusaciones recibidas y reivindica su estrategia de defender a los inmigrantes con orgullo y no con “tácticas miedosas”. Asimismo, niega que la radicalización haya sido producto de agitadores externos, afirmando que se trata de conclusiones obtenidas a partir de un proceso de prueba y error.

7Esta oposición tuvo nefastas consecuencias: el joven Antonio Soleteo, de 14 años, se suicidó tras haber sido expulsado del colegio y amenazado con su detención por organizar la marcha del 28 de marzo. Esto generó todavía mayor activismo entre los jóvenes estudiantes. En todas las zonas donde predomina la población inmigrante, el ausentismo a clase durante el primero de mayo fue casi absoluto. “Gran marcha and beyond”, en ATC, mayo/junio 2006.

8Ya en 1994, Gilbert Cedillo, líder de la SEIU, explicaba los esfuerzos realizados desde su sindicato, cuyas bases originalmente eran afroamericanas, por integrar a los inmigrantes y romper los prejuicios acerca de que ellos competirían con los sectores más pobres como los negros. Cedillo señalaba que los inmigrantes eran partidarios de la organización. Sus experiencias políticas previas hacían que fueran familiar para ellos cotizar al sindicato e ir a la huelga. “Building unity to stop SOS”, en ATC, nº 52, septiembre/octubre de 1994.

9Figueroa, Meleiza: op. cit.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *