En el país de Alicia. El Plan Empalme y los problemas del empleo en la Argentina de Macri – Pablo Estere

En el país de Alicia. El Plan Empalme y los problemas del empleo en la Argentina de Macri

 

El macrismo lanzó el Plan Empalme, según el cual podrá contratar obreros desocupados con subsidios o programas de empleo. Se trata de una iniciativa que en el corto plazo parece inviable, pero en el largo plazo podría constituirse como una bolsa de trabajo flexible.

 

Pablo Estere

OES-CEICS


El Plan Empalme modifica al Programa de Inserción Laboral (PIL) creado por el Ministerio de Trabajo en 2006. Ambos programas consisten en que el dinero que el Estado paga a beneficiarios de planes sociales y de empleo, sea convertido en parte del salario que reciban éstos al incorporarse como trabajadores de un establecimiento. En el PIL el establecimiento podía ser público, privado o asociativo. En el Plan Empalme sólo se trata de empresas privadas y empleos en relación de dependencia, excluyendo expresamente a las cooperativas. Los empleadores deben abonar al trabajador, como mínimo, la diferencia del salario que la normativa laboral establece para el puesto de trabajo correspondiente según convenio, y cumplir con todas las obligaciones de la normativa laboral y la seguridad social, o sea, las cargas sociales.

Cabe destacar que el programa apela a la buena voluntad de las empresas las cuales pueden adherirse o no al Plan para contratar obreros. A su vez, el decreto fija que el Estado pagará ese subsidio por el plazo de hasta 2 años. Una vez cumplido este plazo, o bien la empresa se hace cargo del 100% del costo, o despide al trabajador y este último retoma su subsidio anterior.

El éxito o fracaso del Empalme no puede aún dictaminarse, ya que no fue instrumentado todavía, pero tiene antecesores que quedaron en el olvido por su intrascendencia. En el corto plazo, en un contexto de caída del empleo y estancamiento del mercado de trabajo, el Plan parece algo inviable; pero en el mediano y largo plazo podría convertirse en un intento por atacar a los obreros de mayor antigüedad, flexibilizando las condiciones de trabajo.

 

Inviable en el corto plazo

 

Todo parecería indicar que el Plan es muy auspicioso. Sobre todo porque va destinado a una población desocupada que probablemente no haya conocido el empleo formal en su historia laboral. Sin embargo, en la Argentina de hoy, el Empalme parece algo inviable.

Este tipo de planes ya tiene una historia previa, el PIL, y no parece haber tenido demasiado impacto. Las principales novedades en la versión macrista son la ampliación de beneficiarios a otros planes: el Programa Jóvenes con Más y Mejor Trabajo; del seguro de capacitación y empleo; del plan Progresar; del programa de prestaciones por desempleo; del Promover; del Programa Ellas Hacen; del Argentina Trabaja; del Programa Construir Empleo; los adherentes del Programa Intercosecha, y los egresados de cursos de Formación Profesional apoyados por Trabajo. Prácticamente abarca la totalidad de los planes de empleo. Sólo contando los beneficiarios del Argentina Trabaja y de Ellas Hacen estamos hablando de 400.000 trabajadores, mientras que si se estima el total de beneficiarios, la cifra supera el millón de personas.

El Plan no solo tiene antecedentes cercanos en el kirchnerismo sino que comparte características con otros proyectos macristas que no logran impactar, como el proyecto de Primer Empleo[1], que fue enviado por el Ejecutivo al Congreso en abril de 2016 y todavía no fue tratado. Incluso, en la Expo Empleo Joven que se realizó a fines del mes de mayo de este año en La Rural, la situación del empleo quedó en evidencia: mientras que más de 200 mil jóvenes se presentaron para conseguir un trabajo o uno menos precario, la exposición sólo tenía para ofrecer consejos para armar un CV, folletos de empresas consultoras y alguna que otra entrevista rápida que estas empresas usaron como publicidad, junto con la promesa de cubrir apenas 11 mil puestos en el mercado laboral.

El Plan no encaja en la situación actual del mercado de trabajo y hasta la Unión Industrial Argentina lo ha planteado en estos términos. Sucede que la actividad económica está estancada. Ninguna rama demanda mano de obra o lo hace a un ritmo muy lento. Si tomamos el total del empleo registrado privado, durante el mes de marzo de 2017 apenas aumentó en 22 mil empleos respecto de febrero del mismo año (0,35%). Comparado con el mes de marzo de 2016, el crecimiento fue de 2.200 trabajadores (0,3%). Comparando marzo respecto de febrero de 2017, las ramas que aumentaron la participación de trabajadores fueron agricultura y ganadería (1,04%) y construcción (2,3%). La única rama que parece haberse reactivado durante el último año es el empleo en la construcción, con un crecimiento del 4,7% entre marzo de 2017 y marzo de 2016. Mientras que, en el mismo período, la industria manufacturera redujo plantel en un 3,1% (39 mil empleos). Cabe destacar que, la capacidad instalada de la industria no superó en abril de este año (último dato disponible) el 65%, es decir, se mantiene el nivel promedio de 2016 y es otro indicador de la caída de la actividad en los últimos tiempos.

Por su parte, el macrismo pretende congelar la incorporación de trabajadores en el Estado. Además, las cifras de desempleo aumentan: durante el primer trimestre de 2017, la desocupación medida oficialmente trepó al 9,2% (se trata de más de 1,7 millones de personas). De este modo, el estado actual del mercado de trabajo no parece ser muy alentador para la implementación del Plan, cuyo propósito puede constituirse como una mejora para los obreros desocupados o “en negro” pero que, dadas las condiciones generales del capitalismo argentino, se presenta como una utopía.

 

¿Un guiño a la PyME?

 

En la Argentina actual, las PyME son las que mayor cantidad de asalariados emplean. De allí que muchas veces se las exalte como las más “dinámicas” y creadoras de empleo. A la vez, son las más ineficientes en el mercado, puesto que no resisten la competencia. Además, son las empresas con mayor empleo en negro y las más reacias a pagar las cargas sociales. El Plan Empalme, aunque no se mencione de manera expresa, probablemente esté pensado en el mediano plazo fundamentalmente para estas empresas, sobre todo por su sistemático reclamo a la elevada presión impositiva.

El Plan establece que los empresarios que se quieran adherir al Empalme no podrán contar con una dotación menor a la declarada al 31 de diciembre de 2016 y que en caso de despedir trabajadores cuentan con dos meses para incorporar otros, de lo contrario pierden el subsidio al salario. Este criterio parece nutrirse de esa vieja frase que sentencia “hecha la ley, hecha la trampa”. En efecto, la mayor cantidad de obreros en negro se emplea en las PyME, por lo tanto, es imposible que estas últimas tengan declarados al conjunto de sus obreros explotados. Esta situación podría dar lugar a que antes de tomar empleados bajo la modalidad del Empalme, las PyME expulsen obreros.

Cabe destacar que el empleo en las PyME está en plena crisis. En efecto, la mayor tasa de desempleo de los asalariados que tuvieron un empleo (es decir, sin contabilizar a quienes están buscando trabajo por primera vez) se explica por la desocupación en los establecimientos de uno a diez obreros (62%), para el cuarto trimestre de 2016.[2] Además, del total de obreros desocupados con empleo previo en negro, el 66% fue despedido o se quedó sin trabajo dentro de los seis meses anteriores respecto del período de referencia. Es decir que, en buena medida, las empresas más chicas son las que mayormente están despidiendo obreros en los últimos meses.

Probablemente por ello, el Plan habilita al despido sin mayores consecuencias para la empresa. Aunque el decreto no lo menciona, el sitio web del Ministerio de Trabajo señala que si el trabajador subsidiado es despedido por la empresa contratante, puede retomar el plan o programa del cual era beneficiario previamente. En ningún momento se habla de indemnización ni nada por el estilo. Por lo tanto, se estaría cubriendo a las empresas privadas de las consecuencias de “caer” en la industria del juicio.

 

Una bolsa de trabajo flexible y un espaldarazo a Francisco

 

Una política de empleo universal en blanco no puede sino ser una instancia progresiva dentro de los marcos de la explotación capitalista, pues resolvería el problema del desempleo y el empleo en negro. Sin embargo, no parece ser el espíritu del Plan Empalme impulsado por el macrismo. Aunque en el corto plazo la implementación del Plan pareciera no tener demasiado vuelo, sobre todo en un momento de estancamiento y caída del empleo, en el mediano y largo plazo podría constituirse como una plataforma de bolsa de trabajo exprés para las pequeñas empresas. Al parecer, no habría ninguna barrera para contratar obreros cuando sea necesario y despedirlos cuando la economía no acompañe. De allí que la posibilidad de contratar desocupados subsidiados sea meramente voluntaria, o sea, queda librada a las posibilidades de las empresas, mientras que el Estado se hace cargo del pago de un porcentaje del salario. Por lo tanto, el Plan es un subsidio a las empresas para que contraten obreros y para frenar la oleada de despidos, garantizando la flexibilidad contractual.

El Plan, aún sin implementarse, ha dado lugar a un debate en el seno del cooperativismo y de las organizaciones de desocupados. En efecto, la mayor cantidad de programas y planes de empleo cuyos beneficiarios pueden acceder al Empalme se conforman en cooperativas. De prosperar el Plan, aunque más no sea de manera limitada, se crearán las condiciones para desestructurar las entidades asociativas.

Esa es la razón por la cual organizaciones como la CTEP y Barrios de Pie esgrimieron sus críticas. Los piqueteros del Papa expresaron su deseo de que el Plan funcione, pero se mostraron pesimistas por la situación económica. Su propuesta es que se amplíe el Salario Social Complementario, es decir, que continúen los subsidios al trabajo en negro y la existencia de cooperativas que regentean la miseria bajo la supuesta existencia de una realidad con leyes propias: la “economía popular”. En el caso de Barrios de Pie (alineado ahora con Massa), afirmaron que están “conceptualmente de acuerdo” con que los planes se transformen en empleo pero suponen que se trata de un anuncio para las elecciones legislativas y no una propuesta que vaya a concretarse. Ambas organizaciones de desocupados comparten con el Gobierno la idea de que el trabajo dignifica, por eso no presentan diferencias mayores. Es decir, comparten la idea de que trabajar para un patrón (privado o estatal) es el horizonte último para los obreros.

El Polo Obrero también denunció la inviabilidad del Empalme pero planteó una consigna más radical: el pase a planta permanente de todos los beneficiarios, lo que representa un enfrentamiento directo con el Estado que se quiere quitar el problema de encima apelando a la buena voluntad de los privados.

En un contexto como el actual, la consigna por el pase a planta de todos los beneficiarios parece la más adecuada. Pero no hay que olvidar que, en un momento de retracción del mercado de trabajo y caída del empleo, la consigna para los desocupados debiera perfilarse hacia la creación de un Subsidio Único al Desempleo cuyo monto se establezca por encima de la canasta de pobreza, sin contraprestación laboral, hasta tanto el Estado no garantice un trabajo estable y regido por convenio.

 Notas

[1]Ver, Estere, Pablo: “Puro spot publicitario”, en El Aromo, nº 91. Disponible en: https://goo.gl/8bJDsi.

[2]Elaboración del CEICS en base a EPH-INDEC.

 

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