En búsqueda de un programa. La izquierda y el movimiento piquetero – Julia Egan

Des manifestant s'amusent avec un vieux telephone trouve au bord de l'autoroute Buenos Aires- La Plata durant un blocage de route. .

En búsqueda de un programa. La izquierda y el movimiento piquetero

Es necesario que la izquierda desarrolle un frente de masas que encare la tarea de organizar y preparar políticamente a los obreros hoy desocupados. Esto implica poner en pie un Sindicato de Trabajadores Desocupados, que dispute la dirección al reformismo y permita unir las demandas inmediatas con la necesidad de la lucha por el Socialismo.

Julia Egan

Taller de Estudios Sociales – CEICS


Hace poco más de un año, planteábamos que la base sentada por la cooperativización y estatización de los desocupados era débil y que la crisis iba a hacer difícil el sostenimiento del armado asistencial del kirchnerismo. A su vez, que el desarrollo de la crisis terminaría engrosando las filas de desocupados. Por eso, señalábamos que la izquierda debía darse la tarea de organizar al movimiento piquetero, continuando con el trabajo abierto a fines de los noventa.1 Si bien en el último año de gobierno de Cristina, la movilización creció, la profundización de la crisis económica bajo el de Macri no fue acompañada por una intensificación de la lucha piquetera. Probablemente, esto se explique por el abandono de la izquierda y el flaco programa con el que organiza a esa fracción. En este sentido, urge volver a aquel inicio.

 

Sobreviviendo

 

Las organizaciones piqueteras concentran su intervención en dos formas. En primer lugar, el asistencialismo estatal: consiguen acceso a programas sociales, alimentos para los comedores y merenderos que organizan, bolsones de comida para las familias, canastas y productos navideños, juguetes, etc. En segundo, mediante la conformación de cooperativas de trabajo. En menor medida, también se registran acciones por reclamos de mejoras de las condiciones de vida: obras de agua y gas para los barrios precarios, plan de viviendas, denuncias por contaminación e insalubridad, entre otras. El grueso de las organizaciones realiza todas estas actividades, con excepción del Polo Obrero, que rechaza la conformación de cooperativas. La progresiva degradación del asistencialismo estatal, así como de las condiciones salariales y laborales de estas, llevó a una creciente intervención directa de las organizaciones piqueteras desde el 2014, que reclaman por un mejoramiento.

Desde la asunción de Macri, las diferentes organizaciones piqueteras fueron separando aguas y dejando en claro qué programa defiende cada una y la relación que pretenden establecer con el Gobierno. Hasta mediados del año pasado, se había conformado un frente de hecho entre las organizaciones del ala izquierda del movimiento (Polo Obrero, AGTCAP/FOL, FOB, Agrupación Clasista Lucha y Trabajo, inclusive el FPDS y ocasionalmente la TPR). Esta alianza incluyó también a Barrios de pie y la CCC, que si bien se plegaba a las acciones unitarias, ya venía tejiendo lazos con el Papa Francisco.2 Así, confluyeron en seis piquetazos nacionales durante 2016, que comenzaron reuniendo 15 mil personas y llegaron a las 4.500 hacia el final del periodo. Las acciones estaban claramente dirigidas a dependencias que correspondían al Gobierno nacional: Ministerio de Desarrollo Social y Ministerio de Trabajo de la Nación, y sus delegaciones provinciales, y en varias ocasiones incluyeron la ocupación de las dependencias. Las reivindicaciones levantadas eran contra los despidos y suspensiones, por la anulación de los tarifazos, trabajo genuino, acceso universal a los programas sociales y aumento del 40%, asistencia alimentaria. El Polo Obrero y la FOL agregaban la exigencia de un paro nacional contra el ajuste. Los resultados de esas acciones no han ido más allá de compromisos por parte del Gobierno. Solo se consiguió un bono de fin de año.

Si bien hay diferencias importantes entre las organizaciones, como el rechazo o promoción de la cooperativización, la lucha tuvo un fuerte carácter netamente defensivo. Por eso, se concentró en reclamar al Estado que continúe haciéndose cargo de la reproducción de los desocupados en sus aspectos más elementales, como la alimentación y los ingresos ligados a planes sociales. Es decir, nada distinto que lo que ofreció el kirchnerismo.

 

Aclarando el panorama

 

Hacia agosto del año pasado, Barrios de Pie y la CCC rompieron con el frente de las organizaciones de izquierda para formar uno nuevo con la CTEP, que se consagró con la presentación del proyecto de Emergencia Social. Su sanción permitió que las diferencias comiencen a mostrarse con más fuerza. Primero, el FPDS saludó la iniciativa y lejos de denunciar sus aristas más peligrosas (la paz social y la profundización de la estatización y precarización iniciadas por el kirchnerismo), la caracterizó como un paso adelante frente al ajuste y destacó que las medidas implican un “reconocimiento de uno de los sectores más precarizados de la clase trabajadora”.3 De hecho, desde su sanción, todas sus acciones se concentran el pedido de implementación de la ley. Si bien esta organización insiste y realiza acciones en reclamo de “trabajo digno” (consigna vacía de cualquier contenido concreto), no denuncia la modalidad de los planes sociales con contraprestación laboral ni la explotación a la que son sometidos los cooperativistas. De hecho, como mencionamos antes, estas organizaciones conforman sus propias cooperativas de trabajo. A partir de allí, el FPDS tejió lazos con Barrios de Pie y rompió el frente con la izquierda, cuya convocatoria fue mermando.

Hacia fines del año pasado fue el turno de la FOL, que inauguró el “Frente de Lucha”, integrado por AGTCAP/FOL, Votamos Luchar, FOB, Corriente Clasista René Salamanca y Movimiento Resistencia Popular. Las dos acciones realizadas este año pedían por una convocatoria “amplia” al Consejo de Emergencia Social y la implementación urgente de la ley, más el aumento y la ampliación de todos los Programas de Empleo.

Por su parte, el Polo Obrero denunció la Emergencia Social como un intento de fractura de la clase obrera. Remarcó que no exige el pase a planta permanente ni trabajo bajo convenio, seguro al desocupado equivalente al 80% del salario en actividad, prohibición de los despidos y del trabajo en negro, reparto de horas de trabajo sin afectar el salario. Otras consignas que se levantan son la ocupación de los lugares de trabajo que despidan o suspendan, trabajo bajo convenio para los tercerizados e ingreso irrestricto y universal a todos los programas sociales, sin intermediarios ni punteros. Para el Polo Obrero, estas medidas constituirían una “salida de fondo”.4

La ley de Emergencia Social permitió partir aguas de forma definitiva entre las organizaciones piqueteras. El frente reformista que hoy se sienta a negociar con Macri aglutina a la mayoría de las organizaciones, que se han terminado de plegar al reparto de la miseria. Esta claridad respecto de los objetivos que persiguen, da lugar al desarrollo de un programa clasista para el movimiento piquetero con mayor facilidad.

 

No somos sobrantes

 

En estos días, el Gobierno todavía no logra cerrar el armado bonapartista que el kirchnerismo levantó para enfrentar la fuerza social dirigida por el movimiento piquetero. Si bien esto se presenta como una oportunidad para la izquierda, también constituye un serio peligro. Si se consiguen dólares frescos, lo que todavía está en duda, la burguesía podría consolidarse en el lugar que la izquierda revolucionaria debería ocupar: la dirección del movimiento de desocupados.

El Polo Obrero ha quedado prácticamente solo en su enfrentamiento a las políticas de la burguesía para el movimiento piquetero. En este sentido, hay que remarcar que el PTS e Izquierda Socialista jamás se molestaron en organizar a ninguna de las variantes de la sobrepoblación relativa, al igual que el resto de las organizaciones de la izquierda revolucionaria actual.

Pero en lo concreto, hoy el Polo Obrero no tiene para ofrecer más que la CTEP y esto es producto de los límites de su accionar. Tras el reflujo que se abrió con el inicio del bonapartismo kirchnerista, el Partido Obrero concentró su acción en la fracción ocupada de la clase obrera. Se retiró parcialmente del movimiento piquetero sin prever que la recuperación económica no podía durar para siempre y que al asentarse sobre el trabajo en negro y precario, en algún momento ese armado tenía que estallar. Tampoco se organizaron a otras variantes de la sobrepoblación relativa que no son desocupados abiertos, como cartoneros, feriantes, vendedores ambulantes, trabajadores a domicilio, etc.

La mayoría de las consignas que intentan superar el marco de la asistencia estatal son correctas, aunque no se entiende por qué el subsidio al desocupado debería ser de un 80% del salario de convenio (¿de qué convenio si muchos no tienen trabajos previos en blanco?), en lugar de igual a la canasta familiar total (muchos salarios “de convenio” están por debajo de la canasta básica). Sin embargo, es falso que esas reivindicaciones constituyan una salida de fondo. Si bien son relativamente correctas desde un ángulo sindical, carecen de contenido político si no van acompañadas de la explicación de que bajo el capitalismo, la clase obrera no tiene un horizonte de vida más allá de la mera subsistencia cotidiana. Que tras un período de aparente recuperación, donde parece que el trabajo vuelve para quedarse, sobreviene una nueva crisis que nos lanza otra vez a la miseria. Aquí no aparece con fuerza el reclamo por el reparto de las horas de trabajo. La lucha sindical puede revertir solo parcial y momentáneamente los aspectos de este problema. Por eso, hay que explicar también la necesidad de superar este sistema social y organizarnos bajo nuevas relaciones sociales.

Hasta el momento, la intervención de la izquierda –por acción u omisión– ha reforzado la ruptura entre la conciencia de los desocupados y su condición obrera. Se interviene en los barrios para garantizar su reproducción diaria, una tarea valiosa y fundamental, pero que no alcanza. Es necesario que la izquierda desarrolle un frente de masas que encare la tarea de organizar y preparar políticamente a los obreros hoy desocupados. Esto implica poner en pie un Sindicato de Trabajadores Desocupados, que dispute la dirección al reformismo y permita unir las demandas inmediatas con la necesidad de la lucha por el Socialismo. Este espacio permitirá aglutinar a todas las organizaciones que se organicen con independencia del Estado y las diferentes fracciones de la burguesía y debe confluir con el resto de los trabajadores en una Asamblea Nacional de Trabajadores Ocupados y Desocupados.

Notas

1Véase https://goo.gl/AtJ2Ey

2Véase https://goo.gl/7W2MND

3https://goo.gl/PzNjXD

4https://goo.gl/caUJtL

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