En busca del Amo – Por Ezequiel Flores

arbolesEn los últimos 30 años, la rama forestal en Misiones expulsó trabajadores rurales. Imposibilitados de vender su fuerza de trabajo en la provincia, los trabajadores se desplazan temporariamente a las forestaciones de Entre Ríos. Sobre esta determinación, se erigen las precarias condiciones de contratación y trabajo que sufren en la vecina provincia.

Por Ezequiel Flores (TES – CEICS)

En números anteriores de El Aromo[1] vimos que la rama forestal en la provincia de Misiones se caracteriza por su elevado nivel de concentración y composición orgánica. Como consecuencia de ello, se produjo la descalificación en las labores de la fase primaria y la reducción de la cantidad de trabajadores ocupados en dichas tareas, incrementando la masa de población obrera que se constituye en población sobrante para el capital. Expulsados de la rama y sin otras alternativas para vender su fuerza de trabajo en su provincia, estos obreros resultan mano de obra barata para contratistas y empresas forestales, tanto locales como de otras provincias. En calidad de migrantes temporarios, los trabajadores se desplazan principalmente a las plantaciones de pino y eucalipto en Corrientes y Entre Ríos, donde el avance técnico de la actividad es menor. Simultáneamente, una parte de estos desocupados también es contratada para tareas de poda y mantenimiento en postes de media y alta tensión en el Delta de Buenos Aires. En esta nota, examinaremos las condiciones de trabajo y vida de los migrantes temporarios que se desplazan a la provincia de Entre Ríos.

Paraíso de eucaliptos

La forestación en Entre Ríos avanzó estimulada por una política de desgravaciones impositivas. Así, hacia la década de 1970 se sembraron 60 mil ha de eucaliptos en Concordia, una zona fundamentalmente citrícola y ganadera. Actualmente, la provincia cuenta con 154 mil ha de bosque implantado, concentradas en los departamentos de Concordia, Federación y Colón. El 69% de dicha superficie está cubierta por eucaliptos.  En informes técnicos, se identifican distintos tipos de forestadores según el perfil tecnológico con el que se realiza la producción[2]. Las explotaciones de menor capacidad tecnológica representan el 20% de la superficie total del área y emplean al 15% del total de mano de obra. Realizan tareas mínimas de mantenimiento y el destino de la madera es el procesamiento para la obtención de celulosa o la producción de tableros. Las explotaciones de uso medio de tecnología representan el 65% de la superficie total y emplean al 24% del total de mano de obra. La madera obtenida se destina mayoritariamente a aserrío y minoritariamente al triturado para celulosa. Luego de cada turno de cosecha realizan tareas post cosecha y podas bajas. También preparan el suelo, plantan, y finalmente controlan malezas y plagas. No realizan raleos. La tala se realiza con motosierra, la extracción con tractor con linga y la carga con cargadora frontal. Por último, las plantaciones de mayor nivel tecnológico ocupan el 15% de la superficie forestal y emplea al 61% del total de trabajadores. Este estrato busca obtener rollizos de calidad para aserrío y, por tanto, incorporan plenamente tareas de poda y raleo en los tres turnos de cosecha.

A diferencia de lo que ocurre en la provincia de Misiones, la pervivencia de pequeñas y medianas forestaciones[3] y la necesidad del ojo humano para clasificar el rebrote de eucalipto,[4] retrasan la mecanización en Entre Ríos, lo que implica relativamente altos requerimientos de fuerza de trabajo, que es cubierta en un 80% por obreros rurales provenientes de Misiones. Además, estos trabajadores realizan la elaboración de distintos tipos de postes y se insertan, aunque en menor medida, en los aserraderos. Se suele señalar que la mano de obra local no se insertaría mayoritariamente en la fase primaria de la rama, debido a su inexperiencia y a las míseras condiciones laborales de una actividad considerada como riesgosa.[5] No obstante, hay un tercer elemento de importancia que queda relegado: la preferencia de los contratistas por trabajadores misioneros, a quienes les atribuyen menor conflictividad que sus pares entrerrianos, mejor conocimiento del oficio y mayor adaptación a las condiciones del monte.[6] Más allá de lo que digan los empleadores, lo que sucede es que la condición de trabajador migrante les permite prolongar la jornada laboral aumentando la tasa de explotación. Esto queda claro al momento de verificar la forma de remuneración. Los obreros forestales que viven y trabajan en Entre Ríos perciben una paga por jornal, mientras que los migrantes temporarios son remunerados a destajo.

Podría plantearse que la radicación en Entre Ríos de los migrantes y su familia, es una mejor opción. No obstante, la realidad muestra que, en los casos que esto ha ocurrido, las condiciones de vida no mejoran sustancialmente. De hecho, tienen que empezar por conseguir un alquiler y, debido a los bajos salarios, las mujeres suelen emplearse en labores de otros cultivos, como el arándano.

Por otro lado, la mano de obra local es ocupada mayoritariamente en la industria de aserrío y en el armado de cajones para la rama avícola y citrícola. Aquí podemos observar similitudes en las condiciones de contratación entre los obreros locales y los migrantes temporarios: en conjunto, el sector primario y secundario de la rama, presenta niveles muy altos de trabajo en negro y trabajo infantil. Durante el 2015, las fuentes oficiales relevaron 2.582 casos de trabajadores en negro, de estos el 94% se detectó en Concordia. Además, en Colón se constataron casos de trabajo infantil.[7]

Infierno laboral

Volviendo al sector primario, la intensidad del trabajo hace que el grueso de los trabajadores sean varones jóvenes (entre 18 y 35 años). A su vez, el inicio en la actividad suele suceder a muy temprana edad (12 o 15 años de edad), lo que repercute en un bajo nivel de escolarización. Sirven de ejemplo las denuncias de niños trabajando en tareas como el pelado de rollizos durante el raleo.[8]

Como norma general, los migrantes temporarios se encuentran sin registrar y alternan 45 días de permanencia en Entre Ríos con un máximo de 10 días de estadía en su lugar de origen. Así, por cada 3 meses de trabajo, tienen tan sólo 20 días no laborables. En un año, pueden concretar 6 ciclos migratorios. Los pocos obreros contratados en blanco, deben viajar todos los meses. En cambio, los que se emplean sin registrar disponen de un mayor plazo entre viaje y viaje. Para estos últimos, la frecuencia de viajes depende de si consiguen alguna forma complementaria de ingresos en Misiones. Un claro ejemplo lo constituyen quienes poseen pequeñas parcelas y alternan la venta de su fuerza de trabajo con el cultivo de alimentos para consumo propio y para la venta. Así, la venta de lo producido en la chacra puede permitirles coyunturalmente reducir la cantidad de migraciones laborales durante el año. No obstante, dicha producción se limita solo a complementar los ingresos asalariados, siendo estos insuficientes para invertir en capital, extender los terrenos o innovar tecnológicamente.

En los bosques de eucalipto, la jornada laboral se extiende de 10 a 12 horas, de lunes a sábado, descansando el domingo si es que no tienen que recuperar días de trabajo perdidos por lluvia u otras contingencias. En los campamentos, los obreros permanecen en precarias e improvisadas carpas de lona negra, casillas rodantes o de madera, éstas últimas armadas por ellos mismos a partir de retazos. En cualquiera de estas situaciones, los trabajadores viven hacinados y no cuentan con servicios básicos como luz eléctrica y agua potable. Al estar alejados de los centros urbanos, los alimentos son vendidos con sobreprecios por los propios contratistas quienes, a su vez, son propietarios de las máquinas y herramientas de trabajo (salvo en los casos de obreros propietarios de motosierras y ganchos para descortezar).

Las tareas de cosecha (volteo, pelado, apilado y carga en camiones) son remuneradas a destajo. Lo mismo sucede con la poda y fumigaciones. Respecto a la cosecha, en sus inicios, la organización del trabajo en el monte establecía la división de tareas entre el motosierrista y sus ayudantes (peladores, apiladores y cargadores). Si bien la misma se mantiene, en ocasiones un mismo motosierrista realiza las tareas de volteo o corte y pelado o descortezado. La polivalencia laboral aumenta el riesgo de accidentes en una actividad ya de por sí riesgosa. Lo más común es que producto de las intensivas jornadas, los obreros acumulen lesiones que en un futuro les impedirán continuar empleándose en la actividad. Como están en negro, no gozan de obra social o de licencias por accidente.

La necesidad apremia

Como vimos, en Misiones, producto del avance de la mecanización, los obreros forestales fueron expulsados de la rama quedando desempleados. Este proceso reveló su condición objetiva de sobrantes para el capital. Sobre esta determinación, se erigen las precarias condiciones de contratación y trabajo que sufren en Entre Ríos. La primera batalla que dar, en términos sindicales, es el blanqueo de todos estos compañeros de forma inmediata y combatir la intermediación laboral a cargo de los contratistas. Esto pone sobre la mesa la necesidad de un sindicato nacional que defienda, con un programa clasista, a todo el proletariado rural, permanente y migrante.

Notas

[1]Véase Flores, Ezequiel: “Los que quedaron en el camino. Cambio técnico y condiciones de trabajo en la producción forestal en Misiones”, en El Aromo, nº 82, enero-febrero 2015; Flores, Ezequiel: “Triturables. Condiciones de trabajo y lucha sindical en la industria celulosa del Alto Paraná misionero”, en El Aromo, nº 87, noviembre-diciembre, 2015; Flores, Ezequiel: “Caídos de la rama. Desocupación y organizaciones campesinistas en el Alto Paraná misionero”, en El Aromo, nº 88, enero-febrero 2016.

[2]Díaz, Diana y Bardomás, Silvia (2010). “La demanda de mano de obra en forestación (eucalipto), provincia de Entre Ríos.” En Neiman, Guillermo (dir.): Estudio sobre demanda de trabajo en el agro argentino, Ediciones Ciccus, Buenos Aires, pp. 105-118.

[3]Véase http://goo.gl/cGuX2o.

[5]Díaz y Bardomás, op. Cit.

[6]Alberti, Alfonsina, Bardomás Silvia y Schiavoni, Gabriela: “La ruta a Concordia: Migración y ciclos laborales de trabajadores forestales misioneros”, Ponencia presentada en V Reunión del Grupo de Estudios Rurales y Desarrollo, septiembre, 12 y 13, Posadas, Argentina. Disponible en http://goo.gl/OwQTBg.

[7]Véase http://goo.gl/FPLzfe.

[8]Véase http://goo.gl/7vz1AS.

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