En busca de capitanes. La izquierda y la clase obrera – Ianina Harari

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El problema de la izquierda trasciende el planteo táctico y se plantea como un giro democratizante, parlamentarista, reformista, socialdemócrata, laborista (elija el lector el nombre que más le plazca). Así, se levanta el “posibilismo” en los conflictos al mejor estilo de la burocracia.

Ianina Harari

Taller de Estudios Sociales-CEICS


Para la burguesía, la resolución de la crisis se juega en la capacidad que tenga el gobierno de imponer una derrota a la clase obrera y avanzar con el ajuste. Durante el primer año primó el gradualismo. Este año, en cambio, la apuesta es pisar el acelerador y llevarse por delante a quien se cruce en el camino. La clase obrera, entonces, tiene que prepararse para una gran batalla y la izquierda para dirigirla. La pregunta es si estamos a la altura de ello. Lo primero que habría que ver es cuál es la estrategia que se traza la izquierda frente al avance del gobierno.

 

Adiós a las consignas socialistas

 

Lo primero que salta a la vista es el abandono de consignas históricas de la izquierda. Por ejemplo, ya nadie pide que la crisis la paguen los capitalistas. Se denuncia a los vaciadores, a los grandes capitales o a “los ricos” (como hace ahora el PTS). Pero se abandona la idea de lucha contra el conjunto de la burguesía. Para la izquierda, cada vez que una empresa entra en crisis, es debido a alguna particularidad: que es antiobrera (como si no lo fueran todos los burgueses), que pretende vaciarla (por tanto sus dueños no actúan como verdaderos burgueses), que es un monopolio y no está en crisis (como si algún capital fuera inmune). Estas concepciones abandonan la denuncia del capitalismo como causa de la crisis, los despidos, etc. Es decir, en lugar de explicarle a los compañeros que la propia dinámica capitalista nos lleva de crisis en crisis y que la única forma que la burguesía tiene de resolverla es aumentando nuestra miseria, prefiere explicar cada caso con una causa particular, excepcional.

Otra consigna que se perdió (y que recién ahora el PTS parece recordar) es el reparto de las horas de trabajo. Macri ha comenzado una campaña por la extensión de la jornada, desde su sugerencia de trabajar los fines de semana, hasta las clausulas que pretende imponer en los convenios. La consigna por el reparto de las horas debe tener una función pedagógica: explicar que el capitalismo tiende a incrementar la sobrepoblación relativa y que la única forma de desterrar la desocupación es el reparto del trabajo. Nada de esto parece útil ya para la izquierda.

En cambio, otras consignas han ganado más fuerza. La principal es la del salario igual a la canasta familiar. Algunos agregan salario mínimo, básico o inicial, como para aclarar que hablan de un piso. El problema con esta consigna no es solo que no se diferencia en lo más mínimo de lo que pide la CTA o incluso dirigentes de la CGT, como el propio Caló. Lo más grave es el horizonte de miseria que plantea.1 La canasta básica total es la medición que realiza el Indec para establecer la línea de pobreza. Esa cifra (que varía por aglomerados urbanos), apenas alcanza para cubrir los costos de reproducción fisiológica de una familia tipo (cuatro personas). No incluye, por ejemplo, un costo de alquiler verosímil. Por supuesto que no tiene en cuenta las necesidades de trabajadores de diferentes ramas: por ejemplo del docente que necesita comprar libros, o de un obrero que realiza un enorme esfuerzo físico y tiene necesidades calóricas superiores. Se trata de un reclamo de miseria que no puede ser el piso al que aspire un trabajador. Tampoco sirve para elevar la conciencia de los compañeros, a los que se los acostumbra a pensar que vivir en el umbral de pobreza es deseable. Los socialistas tenemos que insistir en que los obreros debemos aspirar a una vida plena, no a la simple supervivencia.

 

La estrategia de Penélope

 

La principal consigna que ha venido levantando la izquierda en su conjunto es el reclamo de medidas de lucha a la burocracia sindical. Primero, que se convoque a un paro, y ahora que ya lo hicieron, que se llame a otro de 36 horas. Durante 2016 la exigencia de paro y plan de lucha a las centrales sindicales se plasmó incluso en la bandera que encabezaba las columnas de la izquierda en las marchas. Cuando la CGT finalmente convocó a un acto, la izquierda decidió congregarse en otro punto. Los cánticos y el copamiento del escenario para exigir el paro no la tuvieron como protagonista. El paro no se arrancó con consignas sino con una acción directa en la que la izquierda no participó. El paro llegó y la izquierda protagonizó los piquetes donde logró cortar. Luego se hizo un escueto acto en el Obelisco, y eso fue todo. Sin marcha a Plaza de Mayo y sin el cacerolazo, que se anunció pero luego no se concretó.

El inmovilismo de la burocracia sindical frente a la crisis es más que evidente. La CGT solo hizo una excepción con el acto, el llamado al paro y el anuncio de un acto para el 1º de mayo, no solo por presión de las bases sino porque está reclamando por el atraso de los pagos a las obras sociales. Pero los gordos ya están arreglando con el gobierno los convenios flexibilizadores y las paritarias a la baja (petróleo, automotriz, comercio, estatales). La CTA por su parte, realizó movilizaciones de forma aislada, sin un plan de lucha.

En lugar de esperar a que nuestra “presión” surta efecto, la izquierda tendría que estar pensando en reeditar la Asamblea Nacional de Trabajadores Ocupados y Desocupados. Una instancia de debate y resolución de toda la izquierda y el clasismo que vote un plan de lucha, para reagrupar a la vanguardia y recuperar la iniciativa. Una instancia de organización seria y no una fantochada, como el acto del Luna Park para lanzar candidaturas electorales como propone el PO. La iniciativa de IS de convocar a reuniones en la seccional Haedo del Sarmiento parece tener buenas intenciones, pero solo tendrá sentido si se avanza hacia un congreso.

 

Por dos puntos se traza una línea

 

El desalojo de AGR generó una fuerte polémica, entre las organizaciones que apoyaron el conflicto, con la que lo dirigía, el PO, al punto que el PTS fue expulsado del acampe. No fue el único partido con un balance crítico. A muchos compañeros pudo sorprenderles la forma en que se decidió cesar la ocupación para adoptar otras medidas de lucha. Sin embargo, el problema no fue cómo se dio el desalojo sino cómo se llegó a esa instancia, o sea qué se hizo y qué no en las semanas previas. Esto no desentona con la intervención del PO en los principales conflictos, sino que más bien confirma la tendencia que ha decidido adoptar. Veamos cómo actúo en dos de los conflictos importantes en los que participó.

Hemos ya escrito bastante sobre la política derrotista y capituladora del PO en Conicet.2 En la lucha de diciembre, el PO pretendía aceptar la primera propuesta de la patronal y levantar la toma. Durante toda la semana se cansaron de repetir que la toma no podía sostenerse el fin de semana de Navidad y, por tanto, que “había que ser responsables” y buscar un acuerdo antes. Con la segunda propuesta, también quisieron aceptar de entrada. Sus posiciones no lograron imponerse y finalmente la toma se levantó arrancándole un triunfo parcial al Gobierno. No tardaron en tildar ese resultado limitado como “triunfazo” y en asegurar que se había “reincorporado a todos los despedidos”. Una mentira absoluta no solo porque Conicet aun no le dio ingreso a ninguno de los despedidos, sino que además, el acuerdo fue solo por menos de la mitad de los compañeros dejados sin trabajo (aquellos que tenían doble recomendación). Mostraron así su acuerdo con el criterio patronal defendido por el kirchnerismo, de que solo es legítimo el reclamo por los que tienen recomendación doble, lo cual avala las formas arbitrarias de evaluación que existen en el organismo.3

Pero la lucha no terminaba ahí. Durante el verano, el Gobierno impuso un recorte de becas, frente a lo cual el PO proponía no hacer nada, dado que estábamos “en vacaciones”. Cuando Conicet anunció un nuevo recorte de ingresos para la convocatoria que se abrió este año, tampoco quisieron hacer algo. El Gobierno ya aclaró que no está dispuesto a cumplir con el acuerdo. El endurecimiento de la patronal generó mucha indignación y ameritaba una radicalización de nuestra parte. Sin embargo, el PO no se cansa de decir que existen muchas otras medidas además de la toma. En su perspectiva, no está planteada esta posibilidad, incluso cuando hay muchos compañeros reclamando que, de no mediar una oferta aceptable, volvamos a ocupar el Mincyt y los CCTs. Es decir, se ubica a la retaguardia del movimiento que pretende dirigir, acusando a cualquiera que postule una posición más combativa, de irresponsable, ultrísta, o hasta provocador. Incluso llegaron a decirle en el Congreso a Ceccatto, el presidente de Conicet, que no querían el pase a planta permanente de los becarios y que probablemente no todos debieran entrar en Conicet. Toda una declaración de su orientación.

La ocupación de AGR frente a los despidos y el intento de cerrar la planta fue un acierto. Se trata de una lucha difícil en condiciones adversas. Se enfrenta a un enemigo muy fuerte que puede imponer la censura mediática del conflicto y es aliado del Gobierno. Éste se negó a dar algún tipo de respuesta y los trabajadores solo fueron recibidos por funcionarios de segunda línea del Ministerio de Trabajo. Posibles aliados en la pelea, como el kirchnerismo (que privilegió sus intereses de clase sobre sus disputas faccionales), el sindicato gráfico o la CGT, dieron la espalda a los trabajadores, pretendiendo camuflar su actitud con algún acto aislado. Así, el apoyo que recibieron los trabajadores provino de los partidos de izquierda y de otros sectores combativos. A cada información sobre la posibilidad de desalojo se convocó a todas las organizaciones, quienes mostraron su voluntad de respaldo. Acertadamente, se convocó a plenarios para discutir con todos ellos las medidas a tomar. Sin embargo, cualquier propuesta por fuera de las que planteaba el PO era atacada por sus militantes con el argumento de que “nosotros no le vamos a decir a los trabajadores de AGR lo que tienen que hacer”, o apelando, de nuevo, a la “responsabilidad”.

En los hechos, si bien todos podíamos intervenir, los plenarios tenían un carácter más informativo que deliberativo. No hubiera habido ningún problema que los trabajadores simplemente informen las medidas que preferían poner en marcha, porque todos las hubiéramos acompañado, como hicimos, pero un plenario debiera tener otro contenido. Tras el éxito del bloqueo a la planta de Zepita y el corte en autopista, muchos partidos propusieron reiterar estas medidas, e incluso realizar piquetes por la mañana de modo de lograr cobertura mediática. Esto se rechazó. Se realizaron marchas, concentraciones en el Obelisco, una campaña de boicot a la compra del diario, festivales. La toma se sostuvo por más de 80 días, lo cual constituye todo un logro. Pero el PO no parecía dispuesto a proponer medidas de acción directa. Más bien, el reclamo dominante fue la exigencia de un paro a la CGT. Finalmente, el viernes llegó la orden de desalojo junto con un gran despliegue represivo. El horario elegido, un día laboral al mediodía, dificultó congregar una mayor cantidad de compañeros. La asamblea de AGR decidió retirarse pacíficamente de la planta para continuar con un acampe y otras medidas de lucha.

Hace años el PO dirige la Comisión Interna de AGR habiendo obtenido varios triunfos importantes para los trabajadores de la planta. Fueron quienes dirigieron el conflicto y por tanto les cabe la responsabilidad de su desarrollo y del desenlace temporario. Hasta el momento el conflicto viene retrocediendo y Clarín imponiendo la derrota: retomó el control de la fábrica y no se comprometió a ningún arreglo con los trabajadores. El desalojo se produjo sin oponer ninguna resistencia. No pretendemos minimizar los motivos de esta decisión, que podrían ser discutibles. La evaluación de una decisión tal es difícil. Pero ese no es el punto en discusión. Lo que planteamos es que la política que se impuso en el conflicto de AGR luego de las primeras semanas está en línea con la que viene llevando adelante el PO, de evitar confrontaciones.

 

¿Hacia un partido laborista?

 

En general, todos los partidos que han sacado balances críticos de la política del PO plantean una explicación: el electoralismo. Es decir, el PO está preocupado por no restar votos para octubre y aparecer, como dijo Jorge Asís, como una izquierda “razonable”. Sin embargo, creemos que el problema es mayor: que esta orientación trasciende el planteo táctico y se plantea como un giro democratizante, parlamentarista, reformista, socialdemócrata, laborista (elija el lector el nombre que más le plazca). Así, se levanta el “posibilismo” en los conflictos al mejor estilo de la burocracia: “esto es lo posible, no vivimos en un mundo ideal”, es una frase que se puede escuchar hoy de compañeros del PO. La idea de un partido de corte laborista no es ajena al PO, si recordamos que fueron partícipes de la creación del PT. En ese sentido, tanto por los argumentos que utiliza, las consignas, las tácticas y sus intervenciones en el Congreso,4 va pareciéndose cada vez al viejo Partido Socialista de Juan B. Justo. Y eso impacta en la intervención en los conflictos que dirige. Seríamos injustos si no colocáramos al PTS en esa misma línea, pero la realidad es que aun no han dirigido ningún conflicto de importancia bajo el macrismo como para analizar su línea. Aunque sus spots de campaña contra los “ricos” ya nos dicen bastante.

Así las cosas, los partidos más importantes de la clase obrera, aquellos que conforman el FIT, parecen más preocupados por conseguir algún diputado más, que por ser un elemento de organización de la clase, de avance de su lucha y de su conciencia.

Notas

1Para ingresar a carrera, el becario debe pasar por dos evaluaciones. Cada una de ellas puede o no “recomendar” el ingreso. La práctica, en Conicet, incluía el ingreso de los que tuvieran recomendación de las dos evaluaciones, de una sola o, incluso, de ninguna.

2Ya hemos explicado esto en: “El contenido real de una consigna”, en El Correo Docente, nº 8, abril de 2017. http://razonyrevolucion.org/el-contenido-real-de-una-consigna/

3Ver: Harari, Ianina: “Un largo camino por recorrer”, en El Aromo, nº 95, marzo/abril de 2017. http://razonyrevolucion.org/un-largo-camino-por-recorrer-ianina-harari/

4Ver: Lissandrello, Guido: “Tras las huellas de Juan B. Justo”, en El Aromo, nº 95, marzo/abril de 2017. http://razonyrevolucion.org/tras-las-huellas-de-juan-b-justo-guido-lissandrello/

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