Empate perpetuo. Las perspectivas de la guerra en Siria – Nadia Bustos

en El Aromo n° 96

_95502182_afp_95157672_mediaitem95157671Empate perpetuo. Las perspectivas de la guerra en Siria

La guerra en Siria reúne diversos intereses y alianzas de muy difícil unificación. A esto se suma las propias contradicciones internas de cada una de las potencias. En especial, las de EE.UU., que parece paralizado. Así, la multilateralidad impide una solución sólida.

 

Nadia Bustos

Grupo de Análisis Internacional-CEICS


Siria se encuentra otra vez en el ojo de la tormenta. El ataque con armas químicas en el territorio motivó una nueva intervención norteamericana, esta vez, dirigida hacia la base aérea del régimen de Assad. Algunos analistas retrataron esto como un viraje dentro de la política de Trump. Sin embargo, es claro que se trató de un acto para descomprimir la oposición interna. El elemento central es que la intervención de distintos bandos en el conflicto, con suficiente fuerza, estanca la posibilidad de una solución real.

 

Los campos en pugna

 

En ediciones anteriores del Aromo mostrábamos cómo, desde los comienzos de la presidencia, Trump encontró una fuerte oposición dentro del propio partido.1 En el último tiempo, esto se expresó en el desplazamiento de su principal asesor, Streve Bannon, para darle lugar a su yerno, Jared Kushner. Bannon fue el impulsor de las leyes de inmigración, el proteccionismo económico, el rechazo a la OTAN y el alejamiento de la alianza con la Unión Europea. Kushner en cambio, representa una política que impulsa el libre comercio y una política militar más agresiva. Kushner mantuvo varios enfrentamientos con Bannon, a través de Gary Cohn, Asesor Nacional de Economía. Además, se opuso a las reformas impulsadas en salud, inmigración, impuestos y terrorismo. Así, el ala más dura del partido fue ganando terreno en diversas áreas.

La primera fue el Consejo de Seguridad, espina dorsal de las decisiones que se toman en la Casa Blanca. Trump desplazó a Bannon el 5 de abril, luego del ataque con armas químicas en Siria. Esto permitió la hegemonía del Herbert McMaster y el retorno a las reuniones del Consejo de Dan Coats, y el jefe del Estado Mayor Conjunto, Joseph Dunford, También el director de la CIA, Mike Pompeo, el secretario de Energía, Rick Perry, y la embajadora estadounidense ante la ONU, Nikki Haley. Es decir, el núcleo duro del partido.

Si miramos esta disposición, este personal parece marcar un viraje hacia una política más intervencionista. Sin embargo, Trump reconoce la derrota de la estrategia de Obama en Siria, y por lo tanto, no puede volver a incurrir en los mismos errores. Recordemos que la administración anterior apostó al financiamiento de grupos de oposición y a bombardear el territorio con una coalición de países aliados. Frente a la avanzada de régimen pertrechado por Rusia e Irán, junto con la consolidación del dominio de Assad en ciertas regiones, Estados Unidos no tiene más opción que ir hacia la defensiva. Es decir, realizar bombardeos aislados y una operación mediática que sobredimensione la intervención y el poder de fuego. Reconocer la derrota implicó un retiro parcial y progresivo, como también la resistencia dentro del propio partido. Trump se enfrenta a una contradicción de seguir adelante con su política de retiro parcial y calmar la oposición interna que reclama una mayor intervención.

Rusia participa en el conflicto Sirio desde el año 2015, para pertrechar a Assad frente a los bombardeos estadounidenses. La intervención permitió consolidar el control del régimen en diversas regiones y comenzar la avanzada sobre los territorios rebeldes. Logró que el régimen participe en las negociaciones por la paz llevadas adelante en Ginebra. En su momento, la llegada de Trump implicó un retiro de los norteamericanos de las negociaciones, lo que le permitió a Putin y Turquía hegemonizar parte del proceso.

Rusia, por su parte, presentó un proyecto de constitución para Siria que implica un estado laico, y por lo tanto, el fin de la ley islámica como fuente principal de legislación. Además, propuso un Estado descentralizado, donde cada región mantiene una autonomía dentro de una estructura federal controlada por Assad. Allí establece períodos de gobierno de cuatro años sin reelección.

Otra de las potencias interviniendo en la guerra es China. A pesar de no pronunciarse públicamente por alguno de los bandos en pugna, el país asiático ignora sanciones occidentales y suministra materiales para las pequeñas industrias sirias que siguen operando en Hama. China es el principal socio del régimen y representa el 80% del total de intercambios del país.2 En este contexto, su intervención por las negociaciones de paz es fundamental. En un intento por encabezar este proceso, China llevó adelante diversas conversaciones con los grupos de oposición y el régimen, por fuera del proceso de Ginebra. El gobierno de Xi Jinping maneja esta operación con mucha cautela y bajo perfil, ya que cualquier identificación con el gobierno de Assad podría romper los lazos con Arabia Saudita o Qatar.

¿Por qué estos dos jugadores son importantes? Los saudíes son uno de los principales proveedores de petróleo al país asiático y comparten diversos acuerdos de inversión. Qatar hace lo propio con las exportaciones gasíferas. Para los saudíes, la salida del chiita Assad permitiría contrarrestar el poder de Irán en la región (recordemos que el gobierno de Arabia Saudita es suní). Además, la intervención directa en el conflicto sirio asegura un espacio en la reconstrucción de una siria post-Assad. Hoy, esta disputa llegó a las arenas de Yemen, y recientemente, a Bahréin.

Al igual que los saudíes, Qatar busca disminuir el poder de Irán en la región. Fundamentalmente, para el establecimiento de tuberías que permitan el envío de gas hacia regiones más alejadas, como Europa. Recordemos que, en 2009, el gobierno de Assad otorgó a Irán la construcción de un gasoducto a través de sus territorios, dejando de lado una propuesta similar de los qataríes. Así, los chinos se encuentran en el dilema de mantener las buenas relaciones con Arabia Saudita y Qatar, mientras tienen que garantizar sus relaciones con Assad e Irán.

 

Las propuestas

 

A lo largo de los seis años de conflicto, la correlación de fuerzas en el territorio obligó a un paulatino cambio de las propuestas para la resolución del conflicto. Todos los bandos intervinientes coinciden en la necesidad de un alto al fuego, pero con distintas propuestas de gobierno.

Las primeras negociaciones de paz del conflicto se llevaron adelante en Ginebra en el año 2012. Allí participaron China, Francia, Rusia, Reino Unido, Estados Unidos, Turquía y la Liga Árabe. El objetivo era lograr la unidad nacional de Siria y para ello era necesario un gobierno de transición, que podía incluir o no a Assad.

En la última reunión de Ginebra realizada en el mes de marzo, el objetivo fue discutir la forma de gobierno, la constitución y las elecciones. Sin embargo, la oposición se negó a intervenir mantener la existencia de un cuerpo de transición, es decir respectar lo acordado en Ginebra I.

Al interior de la oposición siria el asunto es aún más complejo. Existen tres grandes grupos, que se enfrentan dentro del Comité de Negociaciones para tener una mayor representación. Los más importantes son los grupos ligados a Arabia Saudita, que no quieren negociar sin antes acordar la salida de Assad. Existen dos grupos más disputando lugares en el grupo, la fracción «El Cairo» y la fracción «Moscú» más tolerantes a negociar un acuerdo para Siria que no incluya la dimisión de Assad.

Así, podemos resumir la primera propuesta para la resolución del conflicto en la reconstrucción del Estado sirio, con un dominio completo del territorio. Esta solución es la menos viable, ya que implicaría una estructura y legitimidad que ni las fuerzas rebeldes o las del régimen poseen.

La segunda propuesta implica una federación de regiones controladas por cada Estado interviniente. Es el proyecto presentado por Rusia en la constitución para Siria en el encuentro de Ginebra IV. Implica un estado laico, y por lo tanto, el fin de la ley islámica como fuente principal de legislación. Además, propuso un Estado descentralizado, donde cada región mantiene una autonomía dentro de una estructura federal controlada por Assad. Allí establece períodos de gobierno de 4 años sin reelección.

Dentro del gobierno estadounidense, están pensando en soluciones similares. En la discusión sobre la situación en Siria del Comité de asuntos exteriores del Congreso3, las propuestas de los principales intelectuales se focalizaron en dividir el territorio en regiones controladas por el régimen, los rebeldes y el ISIS para establecer gobiernos locales. Esto es dejar a Rusia e Irán pertrechar a Assad, mientras que se crean “zonas seguras” (militarizadas) en las otras regiones para balancear el poder. Se trata de una solución similar a la que ya utilizaron en Irak y Afganistán, que ya quedó demostrado no permite una salida viable. La imposibilidad de unificar intereses conlleva a una balcanización del territorio y un enfrentamiento constante entre los distintos bandos intervinientes.

 

Conflictos multiplicados

 

La guerra en Siria reúne diversos intereses y alianzas de muy difícil unificación. A esto se suma las propias contradicciones internas de cada una de las potencias. En especial, las de EE.UU., que parece paralizado. Así, la multilateralidad impide una solución sólida.

El otro elemento a tener en cuenta es la aparición de una estrategia defensiva de Estados Unidos que corporiza el propio Trump, dispuesto a la solución rusa en Siria, a ceder en Ucrania y a conciliar con Alemania.

Entonces, la primera consecuencia es el estancamiento del conflicto. La segunda es la aparición de una solución federativa. Es decir, la jibarización del país y la disolución de la experiencia nacional. Es el plan que se impuso en Irak, en Afganistán y en África y es la tendencia de resolución a nivel mundial: la balcanización. De realizarse, estos arreglos solo postergan el problema, ya que son el caldo de cultivo de los protoestados al estilo ISIS, de guerras civiles y de la aceleración del proceso de descomposición social. Es lo que tienen el capitalismo para ofrecer hoy: una vuelta a la barbarie.

Notas

1https://goo.gl/Ic4auC y https://goo.gl/WA36Qe

2https://goo.gl/sNTnG7

3https://goo.gl/ZnlO1F

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