El segundo adiós. Rodolfo Walsh, su giro a la derecha y el debate con Montoneros

a68julietaJulieta Pacheco
Grupo de Investigación de la Lucha de Clases en los ’70-CEICS
 
¿Qué tipo de discusión tuvo Rodolfo Walsh con la dirección de Montoneros? ¿Representaba el escritor una posición “autonomista”? ¿Se oponía a la lucha armada? Nada de eso. Luego de analizar sus escritos, la conclusión es bastante evidente: Walsh proponía integrarse al PJ y dialogar con el régimen. Es decir, propició un giro a la derecha. La derrota había calado profundamente en este notable intelectual. En este artículo, le mostramos sus últimas posiciones. 
 
El 25 de marzo de 1977, un grupo de tareas asesinó al escritor y militante montonero Rodolfo Walsh. El acontecimiento que desencadenó su muerte fue la famosa carta que dirigió a la Junta Militar denunciando el accionar de la dictadura. Desde entonces, el autor de Operación Masacre y ¿Quién Mato a Rosendo? paso a ser reconocido, no solo por su valentía como militante frente a los militares, sino también por su cuestionamiento al accionar de la Conducción Nacional (CN) montonera, ubicándose como el referente del peronismo de izquierda de la oposición a las tendencias burocráticas de dicha dirección. Esta visión de su  figura es compartida por la mayoría del espectro militante de izquierda y centroizquierda. Sin embargo, un análisis de sus últimos escritos muestra que la realidad es muy diferente. 
 
Construyendo una figura 
 
La vida, escritos y militancia de Rodolfo Walsh ocupan cientos de páginas. Todas reproducen en mayor o menor medida la idea general sostenida más arriba. Pero aquí nos interesa detenernos en tres posiciones que sintetizan el abanico de estas interpretaciones. 
En primer lugar, una posición vinculada al autonomismo, representada por la revista Sudestada. Esta cuestiona la existencia de partidos políticos de izquierda y revaloriza el “accionar autónomo” de los bases. En realidad, esta publicación pasó de la “neutralidad” en el 2001, al apoyo a Duhalde y al kirchnerismo. Luego del 2008, comenzó su crítica al gobierno (sin realizar balance alguno de su trayectoria anterior). En este caso, Sudestada dedicó un número, en el 2007, al análisis de los “Papeles de Walsh”, con el objetivo de reivindicar su “coherencia militante”1 (con ese criterio, habría que reivindicar también a Videla). Se señala que Walsh “decía lo que pensaba” (¿qué otra cosa iba a decir?) y planteaba sus disidencias a la CN, incitando un debate en un momento en donde éste estaría completamente vedado. Rescatando su práctica política y abstrayéndose del programa, Sudestada afirma que las críticas de Walsh a la CN no tenían un carácter rupturista, pero sí fuertemente crítico de su “aparatismo”, “militarismo” y particularmente su “internismo”. 
Desde sus páginas, se remarca que cuestionaba el “personalismo” expresado en la consigna “Firmenich conduce la Resistencia”, con el que se planteaba la dirección de la etapa. Asimismo, resaltan su crítica al diálogo entre Montoneros y la izquierda y sus planteos en torno a la retirada de la organización, retornando a las bases del movimiento peronista. En este sentido, no habría estado de acuerdo con la construcción del Partido Montonero como sustitución de la estructura peronista. Como dijimos, la perspectiva política de Sudestada es la defensa de la “iniciativa práctica” de Walsh, al propiciar el debate y criticar a la CN, disintiendo con la mirada de aquellos que intentan ver un Walsh rupturista o demócrata.
En segundo lugar, una posición que asume como propios los planteos de Walsh y reivindica el peronismo de la resistencia del ‘55, cuestionando también las estructuras partidarias y subrayando el accionar de las bases, representada por Ernesto Salas en sus diferentes publicaciones y, particularmente, en sus artículos en la revista Lucha Armada en la Argentina. Salas parte de una posición similar a la de Sudestada pero más dura. En su artículo reitera los puntos donde Walsh cuestionaba a la CN y se señala que “Rodolfo Walsh fue una voz solitaria que cuestionó la línea impuesta”2. De esta manera,  condena las posiciones de la conducción montonera, particularmente la forma en qué se estructuró la organización en la etapa, así como también la caracterización y elaboración de los medios para la resistencia. Finalmente, discute que la CN haya asumido el rol de vanguardia abandonando el movimiento peronista y construyendo el Partido Montonero como elemento superador de aquél3.  
La última de las interpretaciones está vinculada a una posición socialdemócrata personificada en Eduardo Jozami4. El intelectual de Carta Abierta sostiene que las posturas que aparecen el “Los Papeles de Walsh” representan un cambio en las posiciones revolucionarias del escritor para asumir el parlamentarismo, adelantando lo que fue la apertura democrática y la instauración del gobierno alfonsinista. 
Como vimos hasta aquí, todas las posiciones asumen que Walsh discrepaba profundamente con la CN y veía en ella características “militaristas”, “aparatistas” e “internistas”, ya sea por su postura democrática o por su propuesta de retornar a la lucha de la resistencia peronista. Todas estas posiciones revalorizan a Walsh por su valentía y coraje como escritor y militante, pero no asumen la tarea de analizar el elemento del central del problema. Lo que se debe debatir es si, en primer lugar, Walsh tenía diferencias programáticas y estratégicas con la CN y si, en segundo, esa discrepancias permiten ubicarlo como el referente de la resistencia a la burocratización y militarización de la organización y lo convierten en la figura más representativa del peronismo “de izquierda”. Para responder estos interrogantes no hay otra alternativa que analizar los puntos más significativos de sus escritos. 
 
Hacia la otra trinchera
 
El 7 de septiembre de 1976, la CN llevó adelante la reunión del Consejo Nacional de Montoneros. Allí se analizaron los resultados planteados en una reunión del mes de abril y se marcaron los puntos a seguir por los militantes en sus frentes de trabajo. También, se dio lugar a una respuesta hacia los planteos disidentes que manifestaron columnas dentro de la organización y se resolvió aplazar la realización del congreso donde debían debatirse estas desavenencias. Como respuesta al balance desarrollado en esa reunión, Rodolfo Walsh escribió un conjunto de cartas dirigidas a la CN, haciéndole llegar unas propuestas estratégicas alternativas. Walsh no obtuvo respuesta oficial por parte de la CN hasta un mes después de su asesinato, donde se desestimaron sus planteos. 
Por un lado, Walsh criticaba el “optimismo” de Montoneros, que parecía sostener que se hallaría en una especie de guerra nacional contra un ejército de ocupación, donde la lucha sería entre el pueblo y las Fuerzas Armadas. Las observaciones del escritor, encargado de tareas de inteligencia dentro del aparato montonero, señalaban los éxitos políticos y sociales del régimen militar, su capacidad de realizar propaganda ideológica, sus contactos con los partidos del régimen, con las centrales sindicales y con la Iglesia y su aceptación en el plano internacional. 
Por lo tanto, concluía, Montoneros había sido derrotado y debía planificar la retirada. En ese sentido, la crítica al militarismo se refería a la necesidad de comprender que la lucha en el terreno militar contra la dictadura era inconducente y que hacía falta una perspectiva política, porque los errores habían sido políticos. Hasta aquí, la crítica parece correcta y denota un lúcido análisis de las relaciones de fuerza en el país. No obstante, se trata de discrepancias tácticas, es decir, que hacen alusión a tareas inmediatas. 
Por otro lado, hay otra serie de cuestionamientos, más estratégicos, que no han merecido hasta ahora la suficiente atención. Walsh se oponía a la concepción leninista de la vanguardia. Explicaba que ésta no podía dirigir al pueblo, sino que la línea política debía salir de él mismo, contrariamente a lo que afirma el marxismo. Sobre esta base, señalaba que la crisis de comienzos de los ‘70 no auguraba el final del capitalismo y, por lo tanto, no correspondía proponer la superación del peronismo. Mucho menos, el socialismo: 
 
“Otra línea de análisis que concurrió para decretar el agotamiento del peronismo es la que, también a priori, ha resuelto que en la Argentina asistimos a la ‘crisis definitiva del capitalismo’. Afirmaciones desmesuradas de este tipo proceden, a mi juicio, de una falta de formación histórica. […] Naturalmente, si nosotros pensamos que la crisis del capitalismo es definitiva, no nos queda otra propuesta que no sea el socialismo más o menos inmediato, acolchado en un período de transición, y esa propuesta contribuye a relegar el peronismo al museo. Todos desearíamos que fuera así, pero en la práctica sucede que nuestra teoría ha galopado kilómetros delante de la realidad.”5 
 
De acuerdo a este párrafo, un error de Montoneros, en 1975, habría sido creer que el peronismo había agotado todas sus potencias y proponer la superación mediante la constitución del Partido Montonero. Walsh, por el contrario, creía en la plena vigencia política del peronismo:
 
“Mi opinión, compartida por el ámbito subordinado, es que se ha hecho un pronunciamiento prematuro sobre el agotamiento del peronismo y que de ese pronunciamiento derivaron decisiones de importancia capital que hoy están sometidas a prueba”6
 
En consecuencia, Walsh criticaba la línea política que había llevado a la conducción a buscar acercarse a los partidos de izquierda, antes que a los del régimen:
 
“Después del 24-3-76, cuando las condiciones eran inmejorables para esa lucha, desistimos de ella y en vez de hacer política, de hablar con todo el mundo, en todos los niveles en nombre del peronismo, decidimos que las armas principales del enfrentamiento eran militares y dedicamos nuestra atención a profundizar acuerdos ideológicos con la ultraizquierda”7 
 
Reafirmaba esta idea cuando indica que los militares “hablan con todos los que nosotros dejamos de lado para irnos a discutir con el ERP y el PC”8. Es decir, Walsh se oponía al alejamiento de las estructuras peronistas y al acercamiento a partidos que, como el PRT, se plantearon como alternativa política de izquierda a dicha estructura. Además, podemos observar la profunda confusión política de Walsh que no diferenciaba al PC del PRT, no solo por el carácter estratégico de ambas (pacifismo contra vía armada), ni de su programa político (reforma con revolución), sino porque el PC mantuvo posiciones siniestras frente a la política de la dictadura militar9. En realidad, esa “confusión” era una forma despectiva de hacer alusión a todo lo que se acercara al marxismo. 
Rodolfo Walsh criticaba el “aparatismo” de la dirección. Ahora bien, ¿a qué se refería con ese término? ¿A una burocratización del movimiento? ¿A un distanciamiento de la dirección con respecto a las bases? Veamos, en qué contexto utilizaba el término: 
 
“Nuestras formas organizativas deben ser la organización o el Partido Montoneros –que incluye a todo lo que genéricamente llamamos fuerza propia- y el Movimiento Peronista. Eso es lo que existe y a partir de ahí debemos construir. De otro modo, invertimos enormes esfuerzos poniendo todo el Partido a la tarea de inventar el Movimiento Montonero, que no tendrá existencia real. En esa idea de que podemos inventar una forma organizativa y una identidad política y luego aplicarlos sobre la realidad, en vez de trabajar a partir de los elementos de la realidad para transformarlo reside a nuestro juicio el aparatismo.”10  
 
Y reiteraba: 
 
“no estamos de acuerdo en volcar esfuerzos para crear el inexistente Movimiento Montonero, en vez de invitar a esa resistencia al existente Partido Peronista, que en el transcurso de esa lucha irá cambiando y encontrando nuevas formas organizativas.”11  
 
En este mismo sentido, Walsh en su carta fechada el 2 de enero de 1977, proponía “el pasaje a la resistencia […] precedido de un ofrecimiento de paz”12 que girara en un “reconocimiento por ambas partes [Montoneros y los militares] de la Declaración Universal de los Derechos Humanos [y de] que el futuro del país debe resolverse por vías democráticas”13. Claramente, no reniega de las estructuras partidarias, sino que defiende una en particular: el PJ. El partido que había sido el responsable de la contrarrevolución. Más aún, explica que el conflicto no se resuelve por la lucha de clases, sino por la democracia (a secas). 
 
Una defensa del enemigo
 
En contra de los presupuestos de Sudestada y de Salas, no observamos aquí ninguna crítica “horizontalista” ni ninguna impugnación a los mecanismos partidarios. “Aparatismo” sería, para Walsh, la creación de una estructura innecesaria (Partido Montoneros) y la pretensión de no comulgar con la conciencia de las masas. Walsh no se oponía a la existencia de una dirección, ni de organismos burocráticos. Más aún, sugería incorporarse a los existentes en el PJ, que no habían dado muestras de apertura ni garantía de disenso alguno. La principal divergencia era estratégica: el movimiento no debió haber roto con el PJ, que sería el instrumento de la transformación; el movimiento debía adaptarse a la conciencia de las masas. Estas críticas podrían tener cierto componente programático, en la medida que implicasen una incorporación a estructuras ligadas a la contrarrevolución y en la medida en que pedía la adaptación a los partidos del régimen y el abandono del ambicioso reformismo que implicaba el programa de liberación nacional.
La posición frente al “militarismo” era solamente un cuestionamiento táctico. Es decir, frente a la caracterización de la etapa, para Walsh correspondía pasar a la resistencia peronista repitiendo la experiencia del ‘55. En este sentido,  no rechazaba la construcción de la estructura militar, sino que consideraba que la etapa iniciada con el golpe de estado no era la adecuada para desarrollar este tipo de tarea.  
Jozami, por su parte, acierta en el punto que observa un desplazamiento desde el campo del enfrentamiento con el régimen hacia un acercamiento a él. Claro que lo que para un revolucionario es una claudicación, para el intelectual kirchnerista es un acierto, una maduración. De todas maneras, se trata de una apreciación superficial: Montoneros formó parte de la fuerza revolucionaria, pero nunca fue un partido revolucionario. Tuvo, más bien, una buena vocación democrática y ese fue, justamente, uno de sus errores. 
Es llamativo que ninguno de los artífices del mito “Walsh póstumo” haya tenido en cuenta que la posición estratégica de Montoneros hasta 1976 fue priorizar la salida electoral. En tal sentido, promovió la construcción del Partido Auténtico y, si bien Montoneros caracterizó que la forma de enfrentar la etapa iniciada con el golpe era la vía exclusivamente militar, en el exilio sus cuadros continuaron militando por la implementación de la salida democrática. 
Quienes se empecinan en ver en Walsh una alternativa por izquierda de la CN no hacen sino construir una fantasía para salvar al notable escritor y militante de los efectos que produjo la derrota en su conciencia. Walsh, hacia el final de su vida, sostuvo posiciones más conservadoras que Montoneros, más parecidas a las de cualquier operador del PJ.  Esas claudicaciones también fueron propiciadas por un programa reformista, el de la liberación nacional. Al igual que muchos otros, la profunda derrota material y moral del movimiento obrero, de las masas y de sus respectivas organizaciones políticas y gremiales, Walsh termina convencido de que la única salida era la democracia burguesa. Del campo de la revolución a la defensa del PJ, Walsh había dicho adiós antes de haber muerto. ¿Qué hubiera hecho en caso de no haber desaparecido? ¿Habría sido parte del Nunca Más? ¿Habría seguido los pasos de la mayoría de los montoneros en democracia? No podemos saberlo, ni vale la pena especular. No se trata de desprestigiar a un importante cuadro y a uno de los mejores escritores que dio el país. Se trata de comprender el efecto de la derrota sobre los militantes y los serios problemas que puede acarrear el reformismo en momentos claves, incluso sobre intelectuales tan preparados. 
 
NOTAS
1 Montero, Hugo y Portela, Ignacio: “‘Ya no me callo más’. Walsh y Montoneros”, en Sudestada n° 65, diciembre de 2007, p. 4-13. 
2 Salas, Ernesto: “El debate entre Walsh y la conducción montonera”, en Lucha Armada en la Argentina n° 5, febrero-marzo-abril de 2006, p. 4.
3 Estas posiciones de Salas puede verse también en: Salas, Ernesto: “Del foco a la infección”, en III Jornada Académica “Partidos Armados en la Argentina de los Setenta”, 24 de abril de 2009. Centro de Estudios de Historia Política, Escuela de Política y Gobierno, Universidad Nacional de San Martín y Salas, Ernesto: “El errático rumbo de la vanguardia montonera”, en Lucha Armada en la Argentina nº 7, Buenos Aires, 2007.
4 Jozami, Eduardo: La palabra y la acción, Editorial Norma, Buenos Aires, 2007. 
5 “Aporte a la discusión del informe del Consejo”, 23 de noviembre de 1976, en Los papeles…, op. cit., p. 13.
6 Ídem, p. 12.
7 “Observaciones sobre el documento del Consejo”, en Los papeles…, op. cit, p. 4.
8 Ídem, p. 8. 
9 Nadra, Fernando: Reflexiones sobre el terrorismo, Aporte Ediciones, Buenos Aires, 1976. 
10 Ídem, p. 6.
11 Ídem, p. 10.
12 “Aporte a una hipótesis de resistencia”, en Los papeles…, op. cit., p. 16. 
13 Ídem.

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