El reino de los Pitufos. El pequeño capital en el imaginario Nac & Pop – Emiliano Mussi

pitufos-especialweb-exclusivaonline-1682573 Los economistas progresistas, de manera permanente, buscan pasar gato  por liebre, confundiendo los intereses de la clase obrera con los del  pequeño capital. La idea de que hay una capa de la burguesía pequeña  que es oprimida por una más grande, es utilizada como excusa para  presentar a los primeros como si fueran aliados naturales de los  trabajadores. Incluso buena parte de la izquierda ha caído en esa  confusión, aún aquella que denuncia los posicionamientos políticos del  pequeño capital. No hay forma de plantear bien el problema de las alianzas si no respondemos primero a las siguientes preguntas: ¿qué es un pequeño capital?; ¿a qué está sujeta su supervivencia?

En la mesa con traidores

La defensa del pequeño capital es común en intelectuales del nacionalismo popular y tiende a ser tomada como algo de sentido común: ¿cómo no hacer una distinción entre el chico y el grande? De esta forma, se presupone que el pequeño capital necesariamente marchará con la clase obrera para enfrentar a los monopolios o “pulpos capitalistas”. Así se afirma en las propuestas programáticas de Proyecto Sur, movimiento que lidera Fernando “Pino” Solanas. En cuanto a las medidas a adoptar en política económica se propone: “asistencia a las pequeñas y medianas empresas y promoción de un área de empresas sociales de calidad”. En otro punto sobre cómo recuperar el trabajo se lee: “Promoción de un área de empresas sociales de calidad -autogestionadas, cooperativas y otras- en el sector rural, industrial, de comercialización y de servicios con apoyo a las pymes y emprendimientos sociales similares.”1 Como vemos, se hace alusión a que la defensa de las pequeñas empresas tiene un carácter progresivo, en tanto brindarían el trabajo que la clase obrera necesita.
La visión que presenta al pequeño capital como un vector de desarrollo llamado a romper con el dominio de la “cúpula”, aparece más elaborada en los trabajos de Eduardo Basualdo. Su tesis plantea que a partir del golpe de 1976, una fracción empresaria habría impulsado la valorización financiera, desplazando a la producción industrial. La oligarquía diversificada, compuesta también por las empresas que más facturan en el país, habría derrotado a la alianza de la clase trabajadora y la burguesía nacional imponiendo un sistema en el que la lógica de la especulación reinaría. De esta manera, la salida sería volver a rearmar la alianza, para que la burguesía nacional productiva, formada por empresas de tamaño chico o mediano, impulse un desarrollo nacional2.
Basualdo parte de una visión idealizada de lo qué es un pequeño capital. Según él, las plantas industriales más pequeñas son aquellas que cuentan con 10 o menos obreros. En cambio, los grandes establecimientos se componen con más 200 empleados.3 Por su parte, el diputado y economista Claudio Lozano no logra superar el mismo tipo de definición, aunque señalando cantidades distintas de trabajadores.

¿Qué es un pequeño capital?

Las definiciones más generalizadas de qué es un pequeño capital que se encuentran contenidas en los planteos del nacionalismo popular, remiten a manifestaciones cuantitativas absolutas como la cantidad de empleados, el monto de las ventas/exportaciones o una combinación de ambas. De nuestra parte consideramos a estas definiciones como insuficientes.
En primer lugar, nos parece fundamental rechazar el término PyME (pequeña y mediana empresa). La noción empresa remite a la idea de una aventura individual en donde la totalidad en la cual se desenvuelve no es más que la sumatoria de los emprendimientos individuales. Desde este punto de vista, se pierde el carácter social de la producción y se hace foco en el productor aislado que se adapta a una situación dada. Por el contrario, el concepto de pequeño capital nos es más útil para analizar la dinámica general en la que se desenvuelve el objeto en cuestión, en tanto nos remite a la idea de una capa (los pequeños) que opera dentro de la dinámica general del capital. Por lo tanto, la supervivencia de los capitales no depende de las decisiones individuales, sino de la capacidad de apropiarse del plusvalor producido por el conjunto del capital mundial.
En este punto es clave el problema de la capacidad de ampliar la escala de acumulación y, en definitiva, la tasa de ganancia. Para el capital, su tasa de ganancia se presenta como una cuestión individual que surge de la relación entre sus costos y sus ingresos. Sin embargo, la tasa de ganancia de los capitales debe tomar como referencia la de sus contrapartes. Siendo el problema la posibilidad de sobrevivir a la competencia capitalista, la tasa de ganancia que necesitarán los capitales individuales será la tasa de ganancia del capital que opera con la productividad media del trabajo, en torno a la cual se fijan los precios. Es decir, aquellos capitales reguladores que utilizan el mejor método generalmente disponible. De esta forma, el precio de mercado de una industria está regulado por el precio de producción del capital medio. Aquel capital cuyo precio individual sea mayor al precio de producción, obtendrá una tasa de ganancia menor4 y será un pequeño capital. En definitiva, lograr la tasa de ganancia media es la clave de los capitales y la posibilidad de alcanzarla se encuentra ligada a la capacidad productiva de cada capital. Como explica el economista Anwar Shaikh, el quid de la cuestión de cada capital se encuentra en la productividad necesaria para que las transferencias de valor intrarrama e interindustria, que dependen de las diferencias en las composiciones orgánicas de los productores individuales, arrojen un resultado neto positivo.5
El piso de sobrevivencia de los pequeños capitales será la tasa interés, que en general es menor a la de ganancia. Pero el límite definitivo del pequeño capital puede durar aún más. Liquidar un capital puede traer más costos que beneficios, por lo que puede ser que el pequeño capitalista permanezca percibiendo el equivalente a un salario. El límite, entonces, estará dado cuando no pueda reponer el capital fijo y se vea forzado a convertirse en obrero.6

Derrotados

El pequeño capital, en definitiva, debe entenderse a partir del problema de la competitividad. Por el contrario, el progresismo actúa en base a una imagen idealista del pequeño capital. Al hacer abstracción de la competencia en la que se desarrollan los capitales particulares, definen el pequeño capital según valores absolutos que no varían con el tiempo. Así, tomando un ejemplo, Basualdo define al pequeño capital haciendo alusión a los pequeños talleres de la industria metalmecánica y de la industria alimentaria y textil, entre otras, que operaron durante el peronismo.7 Definir al pequeño capital por la magnitud del capital, la cantidad de obreros, o la cantidad de ventas, es dejar de tener en cuenta que el proceso general de concentración y centralización de capital provoca que lo que era grande en un momento, hoy puede dejar de serlo, ya que lo que define su tamaño depende del ámbito en el que se desarrolla.
De esta manera, partir de las apariencias no sólo presenta problemas para definir a los pequeños capitales, sino también a los supuestos grandes. La idea de oligarquía diversificada o cúpula no puede más que traernos confusión. Al igual que los anteriores, los grandes capitales son también definidos a partir de valores absolutos, y no por la competitividad que alcanzan a nivel mundial. Así, dentro de las “grandes” empresas que suelen mencionar autores como Basualdo, sólo de Siderca (Techint), Cargill y Aceitera Gral. Deheza se puede decir que son capitales que desarrollan, en argentina, la productividad media de la rama. En definitiva, no existen grandes capitales, sino capitales medios, que son los que ponen en funcionamiento la capacidad productiva del trabajo media que corresponde a determinado momento histórico.8 En cambio, difícil es creer que capitales como Loma Negra, Acindar, Perez Companc, ESSO o Repsol YPF logren, o hayan logrado en la Argentina una escala de acumulación propia de los capitales reguladores de su rama.9 En rigor, estos últimos no son más que “pequeños capitales”, lo cual se vuelve evidente cuando uno entiende al capitalismo como una realidad mundial y no una simple suma de países.
El partir de la posibilidad de alcanzar la tasa media de ganancia, nos da incluso una perspectiva distinta de los límites de la acumulación de capital en la Argentina. El problema de la economía argentina no es que haya empresas “grandes”, ni monopolios, sino que los suyos sean todos capitales chicos, condenados, tarde o temprano, a convertirse en capitales prestados a interés.
Ser un pequeño capital no es ningún mérito, y mucho menos es progresivo. Es una fracción del capital que no tiene viabilidad histórica. Su supervivencia tiene como condición tener que resignar ganancias. Por esta razón, el pequeño capital se encuentra particularmente interesado en buscar de manera constante bajar los costos laborales. De aquí que los pequeños capitales tiendan a subsistir en ramas de ramas de baja composición orgánica de capital, en donde la magnitud del costo salarial es mayor y donde pagar salarios de miseria pueda actuar como una compensación. Un claro ejemplo de este fenómeno son los talleres textiles o de confección.10 De esta forma, el pequeño capital no puede más que brindarle a la clase obrera las peores condiciones de existencia.
Algunos nos hay acusado de defender al “gran capital”, pero en realidad, somos sus críticos más feroces: éste es el mundo que ellos crearon, que no tiene remedio bajo su dominio. Lo que nos diferencia de otros críticos es que no tenemos ninguna ilusión con los hermanos menores de los grandes explotadores.

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1Ver www.proyecto-sur.com.ar/partidopsur/psur.htm
2Basualdo, Eduardo: Estudios de Historia Económica Argentina desde mediados del siglo XX hasta la actualidad, Siglo XXI, Buenos Aires, 2006. Retomamos la postura de Baudino, Verónica: “Un disfraz para el enemigo”, en Razón y Revolución, nº 16, Buenos Aires, 2º semestre de 2006.
3Basualdo, Eduardo, op. cit., p. 27.
4Shaikh, Anwar: Valor, Acumulación y Crisis, Ediciones RyR, Buenos Aires, 2006, pp.106-107
5Ídem, p. 243.
6Iñigo Carrera, Juan: El capital: razón histórica, sujeto revolucionario y conciencia, Imago Mundi, Buenos Aires, 2008, pp. 137-140.
7Basualdo, Eduardo: “Los primeros gobiernos peronistas y la consolidación del país industrial: éxitos y fracasos”, CDC, dic. 2005, vol.22, nº 60, pag.115-153.
8La calificación de gran capital aplicada al capital medio no hace sino reflejar el punto de vista de los ideólogos del pequeño capital. Véase: Iñigo Carrera, Juan, op. cit., p. 141.
9Lozano, Claudio, op. cit., p. 46.
10Ver Sartelli, Eduardo: “Los espartaquistas del Bajo Flores”, en El Aromo, nº 28, mayo de 2006, y  Pascucci, Silvina: “Almorzando en la mesa del patrón”, en El Aromo, nº 46, enero-febrero de 2009.

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