El puente, otra vez.

Por Eduardo Sartelli, Historiador

Como va quedando cada vez más claro, los asesinatos de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán no pueden ser explicados como el “exceso” de un comisario momentáneamente enloquecido. Si alguien se tragó en algún momento una explicación tan simplista, las últimas novedades en la causa (la existencia de comunicaciones telefónicas inmediatas al hecho entre los asesinos y la SIDE), impiden seguir mirando para otro lado. Asesinatos políticos, fueron la expresión de una relación de fuerzas entre burguesía y proletariado. Es fácil deducir qué pregunta estuvo en la cabeza de los planificadores del hecho: ¿la muerte de un par de piqueteros seleccionados provocará un retroceso del movimiento o, por el contrario, una recarga de energías? La respuesta significó el fin de la experiencia Duhalde, obligado a anticipar las elecciones que llevarían al poder a Kirchner.
A dos años del hecho, la evolución política del movimiento piquetero choca, nuevamente, con otra muerte, no lejos del mismo puente que presenció las primeras. El asesinato del “Oso” Cisneros, importante militante de la FTV, tiene el mismo olor a crimen político. Que viene a caer como un balde de agua fría al gobierno, que vio como su hombre fuerte en el movimiento, Luis D’Elía, participaba en la toma de una comisaría y luego no podía esquivar un acercamiento circunstancial al ala dura de la política piquetera.
Tampoco cayó bien el exhabrupto de la oficialista Hebe de Bonafini, llamando a quemar más comisarías, rodeada por gente normalmente más razonable, como Claudio Lozano.
Si estos son los “blandos”, qué podemos esperar de los “duros”, dijo Macri en el programa de Grondona. Frente a la muerte del militante piquetero, los medios de comunicación y la derecha han conseguido hacer girar el debate en torno a la toma de la comisaría, en lugar de poner en primer plano la magnitud política del crimen en cuestión. Si no fue preparado así, es evidente que actúan con una sintonía notable. Aunque el gobierno se niega a cambiar de política hacia los piqueteros, esperando que la “sociedad” se canse y queden “aislados”, la sensación pública es que tarde o temprano terminará, en este como en otros temas, haciendo lo contrario de lo que dice.
El elemento más destacable del gobierno Kirchner es la profunda continuidad con los anteriores. Se abre paso la evidencia de que “no se fue nadie”, que se trata de más de lo mismo. Esa conciencia se mostró en el Puente Pueyrredón el mismo día en que mataban a Cisneros: la CCC parece retornar (vencida) al lugar del que nunca.

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