El poder de la Iglesia en nuestras cabezas

Por Agustín Aizaga – El debate sobre la interrupción voluntaria del embarazo puso sobre la mesa la necesidad de implementar la Ley de Educación Sexual Integral en las escuelas. De hecho, este reclamo es sostenido hasta por los defensores de los abortos clandestinos. A decir verdad, la Iglesia siempre se alistó primera: antes de que la Ley se aprobara tenía su propio manual para la educación sexual: “educando en el amor”. Nuestro sindicato recogió el guante y ofreció cursos de capacitación docente gratuitos sobre la problemática. Obviamente, la conducción del sindicato usa los cursos para realizar propaganda de la “década ganada” kirchnerista y no para brindar una formación sólida al conjunto de la docencia. ¿Por qué decimos esto? Bien, el curso se divide en seis ejes, aunque el que requirió mayor desarrollo fue el de “marco legal de la educación sexual integral” y se lo presenta como una clara conquista. La Integración en toda su exposición de la Ley se encargó de esconder sus límites. Por ejemplo, deberían haber mencionado el artículo 5º que, al establecer que “cada comunidad educativa incluirá en el proceso de elaboración de su proyecto institucional, la adaptación de las propuestas a su realidad sociocultural, en el marco del respeto a su ideario institucional y a las convicciones de sus miembros”, habilita a que en las escuelas privadas (en su mayoría confesionales) o en las públicas se limite y retace la formación científica que reciben nuestros alumnos: desde enseñar que el cigoto no es una persona, a incorporar a las teorías del doctor Albino sobre los peligros del profiláctico. Aunque parezcan disparates, si seguimos pie juntillas el articulado de la Ley tenemos que respetarlas como válidas dado que responden a las convicciones de sus miembros. Por otro lado, Integración, tampoco señaló que los mismos partidos patronales que promovieron la ley fueron los que se encargaron de limitar su implementación ya no a través del currículum sino restringiendo el tiempo real de dictado: una transversalidad curricular que nunca se prepara y, a cambio, apenas se brinda una jornada ESI al año.

Es hora de que tomemos el problema en nuestras manos: necesitamos una educación sexual integral con perspectiva de género. Abortos, femicidios, violencia hacia la mujer, las redes del patriarcado, trata y prostitución son contenidos que aún aguardan un lugar en el currículum. Necesitamos una educación sexual integral y científica que aborde el conjunto de problemáticas que afectan a nuestros alumnos. Tenemos que discutir los contenidos que hoy se enseñan en las escuelas y construir esos que necesitamos. Como un primer paso invitamos a todos los docentes a participar del Encuentro Nacional Docente Contra la Trata y la Prostitución a realizarse en el mes de noviembre. Invitamos a consultar nuestro Facebook por más información: https://www.facebook.com/ContiSantoro/

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