El Plan Llach, la receta económica del establishment para después de octubre. Lo que viene: peores salarios, inflación, paritarias acotadas, más deuda externa e indexación

Osvaldo Regina
Colaborador OME

“Si no se siguen caminos análogos a los aquí sugeridos, la Argentina corre el riesgo de crecer por debajo del potencial y no lograr un desarrollo integral, pero también el de recaer en ciclos violentos asociados a la insolvencia fiscal y distorsiones de los precios relativos”. Tal la amenazante y sombría visión del futuro económico -y, consecuentemente, del futuro político del Estado argentino- con que finaliza la propuesta de un nuevo Plan económico formulado por el economista y ex funcionario cavallista Juan José Llach. Este Plan está centrado en cómo aprovechar mejor los altos precios internacionales de los bienes primarios y está destinado a quien sea que gane la presidencia de la nación en octubre próximo.1
La importancia de este Plan está dada porque muchos de sus aspectos son compartidos por otros economistas de distintos partidos2 por su clara orientación a la baja del salario real y a engrosar las ganancias del complejo agroexportador preservando una parte de la industria manufacturera, indexar el crédito, devaluar y aumentar la deuda externa. También es valioso por el abanico de políticas que aborda y por ser su autor uno de los más sólidos exponentes del pensamiento de la tecnocracia desarrollista de funcionarios del Estado argentino, “ministeriable” con cualquiera de los partidos con chances de ganar las próximas elecciones.3 La finalidad de este Plan es la de siempre del establishment local: preservar a su pequeño Estado burgués corrupto y anacrónico junto con los privilegios de la burocracia política y el mundillo de empresarios e influyentes para que la población trabajadora siga siendo una fuente de ganancias en exclusividad. A continuación se ofrece una reseña de las principales herramientas y objetivos intermedios del Plan Llach cuyo interés para los trabajadores y economistas socialistas apunta a prepararse para enfrentar las políticas que se están cocinando para después de octubre.

-Un dólar bien alto: El Plan apunta a implementar “una política macroeconómica conducente a un tipo de cambio real tan alto (moneda nacional depreciada) como sea posible con baja inflación, evitando o al menos moderando la volatilidad y la apreciación de la moneda”

-Eliminación de las retenciones a la exportación: “Eliminación gradual de todos los impuestos distorsivos, definidos como aquéllos que reducen los precios o elevan los costos de producción”. El Plan de Llach apunta a “un contexto de gradual eliminación de las retenciones y restricciones a las exportaciones”, para lo cual “la mejor alternativa para su eliminación gradual es tomarlos como pago a cuenta del impuesto a las ganancias”. Por otra parte, “Los reintegros a las exportaciones deberían mantenerse al máximo nivel compatible con la OMC”. En síntesis, aumento en los precios de los alimentos y de los combustibles para aumentar las ganancias del sector primario exportador.

-Reducción de subsidios a las tarifas: “Eliminación gradual de los subsidios a los consumos energéticos, con genuino diseño de una tarifa social”. Es decir, suba de tarifas en todos los servicios públicos hoy subsidiados con descuentos para familias carenciados.

-Inflación sí, pero a tasas más bajas e indexación del crédito: Si se pretende dólar alto, quitar subsidios a los servicios públicos y eliminar las retenciones a la exportación de alimentos está claro que no está en vista reducir a cero la inflación, como hicieron desde el ministerio de economía el mismo Llach con Cavallo en los años noventa. El Plan aspira apenas a “Un escenario de inflación decreciente [que] ayudaría a lograr acuerdos de precios y salarios alineados en tal sentido”. En la perspectiva de seguir usando la inflación para manipular el poder adquisitivo de los salarios, Llach propone indexar el crédito mediante “instrumentos de ahorro y crédito de mediano y largo en pesos, tanto nominales como ajustados

-Intensificación del trabajo y contención salarial: Con la baratura extrema de los salarios en China y la India, Llach descuenta que “No será posible para nuestro país desarrollarse de modo sostenible o insertarse exitosamente en el mundo haciendo eje en industrias intensivas en mano de obra barata. En este marco, las propuestas presentadas tienden a una industria manufacturera capaz de pagar salarios medios, análogos a los que hoy permiten un buen crecimiento industrial a países como los de Europa Oriental. Para ello es necesario aumentar la productividad y la competitividad propendiendo al aumento cualitativo y cuantitativo de los principales factores productivos que necesita la industria, a saber, los recursos humanos, el capital y la tecnología”. Pero aumentar la competitividad significa aumentar el grado de explotación de la fuerza de trabajo.4 Por eso sería que “deben crearse marcos institucionales de negociación que permitan hacerla compatible con la competitividad de la industria manufacturera y los demás sectores productivos”. De manera que, si no alcanza la inversión productiva, se tendrán que deteriorar más los salarios reales y las demás condiciones laborarles y/o compensar aumentando la intensidad del trabajo.

-Acotar los sueldos docentes: “El aumento de los salarios –cerca de un 30% en términos reales desde 2005– es imprescindible para jerarquizar la carrera docente y mejorar la calidad educativa, pero ellos no han tenido hasta ahora las contrapartidas necesarias de una nueva carrera docente y han absorbido un porcentaje demasiado elevado (cerca del 75%) del aumento de los recursos, dificultando el cumplimiento de los otros objetivos”. El argumento acá expuesto por Llach prefiere ignorar que el efecto de una recuperación salarial sectorial sobre una mayor competencia profesional entre los docentes no podría plasmarse más que en el largo plazo, con efecto pleno quizás al cabo de toda una generación y operando el lento camino inverso al que sostuvo en Argentina la buena calidad docente por mucho tiempo luego de que sus salarios se envilecieran hasta convertir a la docencia en una opción laboral residual. Eso sin considerar que las remuneraciones incrementadas resultan insuficientes para ese fin: los sueldos y condiciones actuales son incomparables con la posición social que se reconocía a los docentes cuando la educación Argentina se destacaba en el mundo.

-Aparentar la intención de una mejor distribución del ingreso: “Será difícil la mejora de la calidad de la gobernanza [dicho en criollo, ‘sería difícil el control de la población’…] si no está acompañada de la percepción social de que la distribución del ingreso está mejorando. Ello ocurriría con políticas sostenidas de desarrollo de la economía y reducción del desempleo unidas al combate a la informalidad; a la mejora cuantitativa y cualitativa de la educación, la salud y la nutrición; al acceso a una vivienda digna; a un aumento significativo de la recaudación del impuesto a las ganancias, sobre todo de las personas; a una reducción de los impuestos al consumo, en particular el IVA sobre los alimentos y, en fin, a un desarrollo significativo del sistema financiero y del mercado de capitales tendientes a democratizar el acceso al crédito”. Con este listado a la vista es obvio que Llach prevé que el reparto del ingreso nacional no favorecerá a los trabajadores si se impone su Plan y por eso propone apenas medidas atenuadoras de la marginalidad y racionalizadoras del sistema fiscal. Se buscará con ello dar al menos la apariencia de que “estamos mal pero vamos bien”, como decía Menem, el antiguo jefe de Llach y Cavallo durante la primera mitad de los noventa. En otro orden de cosas, sorprende que el Plan no dice nada de cómo se pretende reducir el desempleo a la par de que se atacaría a la informalidad laboral, hoy cercana al 40%: ¡es mediante la evasión fiscal que sobrevive gran parte del espectro de la pequeña empresa y sus empleados superexprimidos y en negro o en gris! ¡Y es gracias al elevado desempleo para la franja con menor educación formal que esos empleados se ven obligados a aceptar empleos inestables, sin cobertura social y con pésimas condiciones salariales y de trabajo!

-Subsidios al capital: “Dado que la Argentina necesita un aumento rápido de la productividad para recuperar competitividad, sería conveniente permitir la devolución automática del IVA sobre la inversión y/o la amortización acelerada de los bienes de capital, al menos por un tiempo”. Además, “Un capítulo aparte es el de los llamados sectores sensibles, es decir aquéllos que por utilizar mano de obra poco calificada tienen una fuerte competencia de Asia u otras regiones emergentes. Caben aquí ramas como las de calzados, algunos textiles, confecciones, muebles, juguetes y parte de la metalmecánica. La política adecuada para ellos es financiar programas de reconversión con cronogramas adecuados”.

-Más deuda externa y captación de capitales golondrina: “Recuperar la credibilidad interna y externa del país –normalizando también la relación con el Club de París– para maximizar el acceso al financiamiento de proveedores y a inversores de capital de riesgo”. En la misma línea, “Se induciría una fuerte entrada de capitales –cuyo manejo podría llegar a ser el principal problema inmediato del entonces ministro de Economía- y una presión hacia la apreciación del peso”

-Nuevas privatizaciones: “La Argentina es uno de los pocos países de tamaño medio o grande, desarrollados o no, que carece de un buen sistema de financiamiento público o público-privado del comercio exterior y de la inversión, incluyendo la proyección externa de las empresas argentinas. Junto al desarrollo del sistema financiero podría ayudar al respecto la transformación del Banco Nación y del BICE en entidades mixtas de capital abierto y con cotización bursátil”. Si se privatizara el Banco Nación se perdería una herramienta clave para la regulación del “spread”, la diferencia que se quedan los bancos entre la tasa que cobran por préstamos y la que pagan por depósitos, encareciendo el crédito y explotando a los ahorristas locales.

Notas

1 J.J. Llach, ‘¡Ya está listo el Plan Económico del próximo gobierno! Peronistas y radicales planean más inflación, suba de tarifas y menos consumo con el respaldo de la patota sindical’Boletín Informativo Techint, n° 333, Setiembre-Diciembre de 2010, www.boletintechint.com.
2 Ver ¡Ya está listo el Plan Económico del próximo gobierno! Peronistas y radicales planean más inflación, suba de tarifas y menos consumo con el respaldo de la patota sindical, en El Aromo nº 57, 2010.
3 Economista y sociólogo vinculado con la jerarquía católica, Juan José Llach accedió a la función pública bajo la presidencia de Menem y junto con el entonces ministro de economía Domingo Cavallo (1991-1996) como jefe de asesores, secretario de programación económica y viceministro. Luego presidió el IERAL de la Fundación Mediterránea (1997-99) hasta ser designado ministro de educación de De la Rúa (1999-2000). Actualmente es profesor de la Universidad Austral e integra el Consejo de la Academia Pontificia de Ciencias Sociales, el consejo de redacción de la revista Criterio y el CARI.
4 Conviene precisar los conceptos de este párrafo. La productividad física del trabajo es q/N pero la competitividad puede definirse como la inversa del costo laboral (el peso de los salarios en el valor del producto). Así, (w*N/q*Px*TC) -1 = q*Px*TC/w*N, es decir, la competitividad sería la relación entre el valor del producto y los salarios, donde w es el nivel salarial nominal, N es la cantidad de ocupados, q es el producto en términos físicos, Px el precio de exportación en moneda extranjera y TC la paridad cambiaria. Siguiendo esa fórmula se entienden mejor los afanes de este Plan por agrandar el numerador o bajar el denominador de aquella relación: un dólar alto (subir TC), mayor productividad del trabajo (subir q/N) y si no un menor salario real (bajar w/[Px*TC]). La tan deseada competitividad resulta ser una manera elegante y discreta de aludir a un indicador del grado de explotación de la mano de obra local (que el Plan Llach pretende aumentar) de la forma 1+(p/v), donde p sería una aproximación a las ganancias (p=q*Px*TC-w*N) y donde v se aproxima al consumo de los asalariados (v=w*N).

Te podría interesar...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *