El peón del Banco Mundial – Marcelo Ghigliazza

banco-mundial-630x378La política educativa del kirchnersimo se presenta como antagónica a las reformas desarrolladas en los ’90 bajo la dirección del Banco Mundial. El análisis de los documentos de este organismo muestra que, en realidad, el gobierno “nac & pop” es su mejor alumno.

Por Marcelo Ghigliazza (GES-CEICS)

Entre 2007 y 2010, el Banco Mundial abordó problemáticas específicas de la educación argentina y trazó diversas líneas de acción. En esta nota revisaremos sus lineamientos fundamentales: la circulación acelerada para la primaria, la desestructuración y primarización del secundario y la semi-presencialidad en adultos. Veremos que la coincidencia entre estos mandatos y las medidas que poco después impuso el kirchnerismo, es contundente. Ambos promueven la degradación de la educación con un discurso progresista que llama a desmantelar la escuela “tradicional” en favor de una escuela “inclusiva”.

Hacia la circulación acelerada

En un documento de 2008, el Banco Mundial plantea cuál es el problema central de la educación primaria argentina, a saber: la repitencia y la sobreedad.1 Para el organismo, que exista una porción de alumnos cuya edad cronológica no coincida con la “edad teórica” del grado que cursa, es un signo de ineficiencia del sistema educativo argentino. El documento agrega que esta repitencia se da con fuerza en los primeros años de la escolaridad, entre primer y cuarto grado, formando lo que denomina como una “zona de retención”. En otro material de 2010,2 especifica que la repetición del primer grado es la que determina el fenómeno, el corazón del problema, ya que se convierte en:

“el cuello de botella que más afecta el flujo de los alumnos, separando desde el comienzo del nivel primario un grupo importante de ellos con un fracaso que suele marcarlos para el resto de su vida estudiantil.” (p. 40)

El organismo brinda además una explicación del fenómeno. En el mismo documento, sostiene que la repitencia es consecuencia de la práctica deficiente de la escuela. En ese sentido, señala que “es una respuesta institucional a los procesos fallidos de enseñanza y se asienta en concepciones del aprendizaje incongruentes con los enfoques curriculares vigentes”. El problema sería causado por docentes que encarnan “prácticas de aula e institucionales tradicionales que no responden a las orientaciones políticas sino a inercias del sistema”. Maestros que no entienden que “el aprendizaje no tiene etapas tan discretas a medir anualmente”. Eliminando estas prácticas, se podría establecer una circulación acelerada de los alumnos. Para ello, la escuela debe garantizar un “itinerario formativo exitoso” a cada estudiante, con medidas “preventivas” para evitar la repetición y una “atención pedagógica específica” para cada estudiante con sobreedad.3

La “promo” de Sileoni

En línea con estos mandatos del BM, en 2012, el Ministro de Educación Alberto Sileoni avanzó decididamente hacia la circulación acelerada en la escuela primaria, imponiendo la promoción automática de primer grado en todo el país. Con la complicidad de los ministros provinciales, la resolución del Consejo Federal de Educación N°174/12 sancionó que los dos primeros años de la primaria son una “unidad pedagógica”. Por lo tanto, sea cual sea la situación de un niño de primer grado, al llegar el último día de clases, pasa automáticamente a segundo. No importa si no asistió regularmente a clases o si todavía no sabe escribir su nombre (la resolución obliga, a su vez, a inscribir en primer grado al niño que no cursó nivel inicial). No importa que sus docentes consideren que la permanencia en primero fortalecería su aprendizaje; la burocracia del palacio Pizzurno ya decidió que pasa a segundo.
El Consejo Federal asimismo avanza en la circulación acelerada ordenando la implementación de un régimen de “promoción acompañada” a partir de segundo grado. Este mecanismo consiste en promocionar a un estudiante de un grado/año al subsiguiente, “siempre y cuando en el transcurso del mismo pueda garantizársele el logro de los aprendizajes no acreditados en el año anterior”. Es decir, las escuelas y los maestros tendrán que “garantizar” el aprendizaje de alumnos que no hicieron el preescolar, que pasaron primer grado tal vez sin deletrear el abecedario y que acumularon serios déficits al promover forzadamente en pos de la mentada “inclusión”.
Un ejemplo de aplicación integral de esta circulación acelerada es el Régimen Académico que este año entró en vigencia en la provincia de Buenos Aires. La normativa4 instaura la promoción automática de primer grado en su jurisdicción y oficializa la “promoción acompañada”, según la cual, desde segundo hasta quinto grado es obligatorio promocionar al alumno que no apruebe un área curricular, debiendo la escuela elaborar para su seguimiento un “espacio formativo específico” donde consten los contenidos a trabajar, estrategias de acompañamiento, cronograma de trabajo, indicadores de avance y responsables de su desarrollo. He aquí la “atención específica” que exige el Banco Mundial para evitar la sobreedad.
A coro con el organismo de crédito, el Consejo Federal justifica esta política afirmando que intenta desarticular prácticas “tradicionales” que “esperan lo mismo, de la misma manera y al mismo tiempo, de todas y todos los estudiantes” (Res. CFE 174/12). Desde su óptica, “parte de las dificultades en la trayectoria escolar se vinculan con la existencia de formas rígidas de organización que responden a un modelo escolar homogeneizador”. En aquella oportunidad, el ministro Sileoni afirmaba:

“Está demostrado que repetir no mejora los aprendizajes y, además, genera una suerte de estigma y de ruptura afectiva en una etapa en que la socialización es muy ardua.”5

La experiencia del docente refuta la “demostración” que el ministro nunca expone, mostrando que repetir un grado puede ser lo que un niño necesita para salir adelante, para nivelar su conocimiento con un grupo de compañeros y evitar la frustración que implica estar “incluido” en un grado en el que no puede participar de la dinámica de la clase. Esperar que los alumnos alcancen ciertos conocimientos para poder pasar de grado -homogeneización- lejos de entorpecer la trayectoria escolar es la condición para que ésta no se convierta en una farsa, en una inclusión perversa que, para mejorar estadísticas, impide que los niños accedan a un verdadero proceso de conocimiento.

De la primaria a la secundaria “inclusiva”

En 2007, el BM publica un documento específico para orientar la reforma de la secundaria en los países “en desarrollo”.6 Allí destaca que en 1995 cambió el objetivo estratégico “de educación primaria a educación básica, concepto que incorpora los grados más bajos de la educación secundaria”. Este viraje ha implicado, para el BM, un cambio en el papel de la educación secundaria, “la cual ahora se ve más como una extensión necesaria y un mejoramiento de la educación primaria básica que como la preparación de una élite para la educación superior”. He aquí su orientación general: la educación secundaria debe ser extensión de la primaria. Como ésta última ha alcanzado la universalización, la secundaria debe acompañar este proceso mejorando sus niveles de “acceso”, “permanencia” y “egreso”. Pero el secundario habitual, para el BM, impide alcanzar este objetivo porque está dominado por un modelo “fabril”, obsoleto y elitista, centrado en disciplinas inconexas, con una propuesta “irrelevante” que genera deserción en los jóvenes. Debe ser reformado, entonces, creando “áreas curriculares más amplias, enfoques centrados en competencias y fuentes no académicas de conocimientos relevantes, con el fin de construir un currículo de educación secundaria más relevante e inclusivo”.7 Más allá del discurso, lo cierto es que una primaria degradada por mecanismos de circulación acelerada, inevitablemente entrega títulos que no garantizan conocimiento, ni condiciones necesarias para que los alumnos afronten la educación secundaria. La “solución” será barrer el problema bajo la alfombra: “primarizar” la secundaria, hacerla también “inclusiva”. Cínicamente, el BM denomina este proceso de deterioro con el lema: “Del elitismo a la inclusión”.8
Convertido en portavoz del Banco Mundial, Alberto Sileoni asumió en 2009 la cartera educativa declarando que llegaba para “terminar con la rigidez del secundario”.9 Señalaba la necesidad de un sistema más flexible, porque “muchos chicos, especialmente los de poblaciones más desfavorecidas, no se pueden adaptar al modelo tradicional”. Este modelo sería responsable de la deserción que afecta al nivel, ya que además de condiciones socio-económicas, “hay también responsabilidades de la escuela, factores internos que conducen a la exclusión”. Con similar fundamentación lanzaba en 2010 el Plan Fines 2,10 siguiendo una vez más una indicación expresa del Banco Mundial, que ese mismo año, solicitaba ampliar y avanzar en:

“propuestas semi-presenciales más adaptadas a las necesidades y posibilidades de los jóvenes y adultos, que registren sus saberes previos, con propuestas basadas en el desarrollo de capacidades y competencias y con mecanismos de ingreso, evaluación y promoción flexibles”.11

Degradación para todos y todas

En nombre de la “inclusión”, la “heterogeneidad”, la “no-estigmatización” y la “flexibilidad”, el BM y el gobierno nacional imponen mecanismos de circulación acelerada en la primaria, intentan extenderlos a la secundaria y avanzan con programas semi-presenciales para la educación de adultos. Es decir, con un discurso progresista impulsan un proceso de degradación de la educación de las masas. La estrategia de la burguesía internacional y local no es su expulsión de la escuela, sino la “inclusión” en un sistema donde pueden transitar hasta el secundario sin dominar algoritmos ni comprender un párrafo. La estrategia es la de “incluir” a la clase trabajadora en la escuela, no para desarrollar conocimiento sino para disciplinar. Pero la suerte no está echada: denunciando qué es lo que se oculta detrás de las políticas educativas del gobierno y el Banco Mundial, lograremos que la crítica se convierta en una fuerza material. Construiremos así una nueva escuela donde el conocimiento esté en el centro, donde la clase obrera argentina pueda forjar las herramientas morales e intelectuales que le permitan constituirse en el sujeto político capaz de transformar de la sociedad.

Notas

1Banco Mundial : Argentina. Los jóvenes de hoy: un recurso latente para el desarrollo, 2008, disponible en: http://goo.gl/W0sBCe
2Banco Mundial: Argentina. Memorándum Económico para la Provincia de Buenos Aires: Temas clave de política pública, 2010, p. 40, disponible en: http://goo.gl/zrm4t5
3Ídem pp. 35-41.
4Véase el Régimen Académico (Resolución 1057/14- DGCyE), disponible en: http://goo.gl/dqbLS6
5Página 12, 26/6/2012.
6Banco Mundial: Ampliar oportunidades y construir competencias para los jóvenes. Una agenda para la escuela secundaria, 2007, disponible en: http://goo.gl/opxsa1
7Ídem, p.100.
8Ídem, p. 43.
9La Nación, 25/7/2009.
10Para indagar sobre la destrucción de la educación de adultos que impulsa el Plan Fines 2, véanse los artículos de este mismo suplemento en los nº 70, 76, 78 y 80 de El Aromo.
11Banco Mundial: Argentina. Memorándum Económico para la Provincia de Buenos Aires: Temas clave de política pública, 2010, p. 43, disponible en: http://goo.gl/zrm4t5.

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