El Partido Obrero y el peronismo: crítica de una delimitación a medias

Por Marina Kabat – El Partido Obrero, al igual que el PTS y otros partidos trotskistas, ha pretendido delimitarse del peronismo. Sin embargo, esta delimitación asume la forma de una crítica del peronismo actual y una reivindicación, al menos parcial, de la experiencia original. De esta manera, el primer peronismo es criticado a medias o, incluso, parcialmente reivindicado. Para tomar un ejemplo analizamos el libro ‘El Partido Obrero y el peronismo’, publicado por el Equipo de Prensa Obrera, en 1983. El año pasado el libro fue subido on line en pdf.1 Se trata de un ejemplo significativo pues es uno de los pocos textos donde el Partido Obrero fija sus posiciones y con el cual ha pretendido formar a sus cuadros por lo menos en las últimas tres décadas.


¿Un libro de formación?

Llama la atención el nivel de desconocimiento que presenta la obra que, en ciertos pasajes, prácticamente reproduce el relato peronista sobre su historia. En algunos casos se puede aceptar el desconocimiento de hechos históricos, sobre todo si se tienen en cuenta la fecha de publicación de la obra. Pero, en otros casos, realmente enfrentamos el ocultamiento de la represión peronista. Pasamos a analizar los pasajes más problemáticos:

Comienza el relato en las elecciones de febrero de 1946 donde “el recién surgido movimiento peronista” vence a la Unión Democrática. Luego se retrotrae a la crisis de octubre de 1945, señalando que Perón ocupaba triple cargo de vicepresidente, Ministro de guerra y Secretario de Trabajo y Previsión. Se dice que su destitución fue “un virtual golpe de estado” (p. 12). Pero se omite que Perón había llegado a esos puestos a través de un golpe de estado (o varios si se consideran los movimientos internos que forzaron el desplazamiento de los dos generales que ocuparon la presidencia antes que Farrell). Este recorte borra el origen militar del acceso de Perón a los cargos que detentaba en 1945 y elude toda caracterización de ese gobierno militar a través del cual Perón construye su poder. Recién en acápites posteriores se habla del peronismo como un nacionalismo conservador en función de que no surge como un movimiento de oposición, sino en la alfombra del oficialismo, orquestado desde el estado y producto de un golpe militar. De tal forma, este balance no expresa lo planteado en el acápite destinado a dar cuenta de los aspectos históricos y, hasta cierto punto, lo contradice.

Creemos que esta ambigüedad lindante con la contradicción obedece a la búsqueda de un “equilibrio” en la crítica al peronismo. En esta búsqueda de balance se destacan lo que serían los elementos “positivos” del peronismo: por ejemplo, respecto al vínculo de Perón con la iglesia se afirma que: “Subió, en 1945, en alianza con un sector del clero (e impuso la enseñanza religiosa) y pasó a atacar a la Iglesia y a propugnar legislación antirreligiosa, en 1954-1955. Por este ataque a la iglesia, se basureó a Perón como a nadie y se suprimió su nombre de los diarios. Ni el más furibundo de los liberales laicos se había atrevido a ir tan lejos contra la iglesia (cosa que los ‘izquierdistas’ nunca recuerdan)” (p. 82. ).

Pareciera que el hombre que por más de 10 años mantuvo la enseñanza religiosa en las escuelas es un adalid del ateísmo, cuya hazaña no debiera ser olvidada por la izquierda. Cabe señalar que Perón fue uno de los promotores de la educación religiosa durante el gobierno de facto de 1943.2 El enfrentamiento con la iglesia fue solo coyuntural. La prueba es que los mismos referentes religiosos que dirigieron la educación en el primer gobierno peronista volvieron a sus cargos en los ’70. El ejemplo más claro es el del Ministro de Educación Oscar Ivanissevich.

El libro presenta una serie de errores fácticos3 a través de los cuales se termina ensalzando la figura de Perón frente a la de los dirigentes sindicales que contribuyeron a su ascenso. De esta manera, por fragmentos, el relato del Partido Obrero confluye con el relato oficial del peronismo en negarle protagonismo al laborismo. Este no era nada, Perón lo era todo.

Por un lado, el libro del PO parece restarle importancia al rol de la vieja guardia sindical en el 17 de octubre. En el mismo sentido el libro plantea que el Partido Laborista no pretendió tener autonomía (p. 14). Esto es falso: el Partido Laborista intenta mantener una autonomía de Perón, pero no lo logra. Los laboristas toman en serio la construcción de su partido y dedican esfuerzos a la construcción de sus estatutos porque, ven en él una construcción de largo plazo. Declaran a Perón primer afiliado del laborismo, pero no su presidente. Tienen disputas con él por el armado de las listas y sobre todo, en el interior cuestionan que vayan como candidatos a gobernadores encumbrados representantes de la burguesía local. Es cierto, sin embargo que –como plantea el PO- en ocasiones negocian sus bancas con sectores provenientes del conservadurismo. Es probable que esto se deba a un intento de tejer alianzas que le permitieran un mayor margen de maniobra. Si esta fue la estrategia no funcionó.

Los legisladores laboristas mantienen una conducta hasta cierto punto independiente en el congreso. Por ejemplo, Cipriano Reyes presenta en 1946 un proyecto para la equiparación de los derechos de hijos legítimos e ilegítimos, que el peronismo no avala para evitar un enfrentamiento con la iglesia.4 Incluso los centros femeninos impulsados por el laborismo se opondrán a ser subsumidos en el Partido Peronista Femenino, más verticalista aún que la rama masculina del partido.5

También en el terreno sindical, los laboristas intentaron defender su autonomía. Presentan en la CGT a sus candidatos que enfrentan a la lista oficialista defendida por Perón y le ganan. Pese a los designios de Perón, Luis Gay gana la dirección de la CGT venciendo al caballo del comisario. Enseguida Perón dice que le va mandar gente para asesorarlo, “ayuda” que Gay rechaza.6 De ahí en más el conflicto no para de crecer hasta que Gay finalmente renuncia. En 1946 el laborismo también da disputa en el terreno simbólico: organiza un acto del 17 de octubre separado del de la pompa oficial….7 Si el laborismo no hizo más fue porque Perón proscribió el partido laborista, les prohibió realizar actos públicos,8 encarceló, torturo e incomunicó a Cipriano Reyes9 y, asesinó a sus dirigentes.10 En este contexto, algunos laboristas abandonaron la actividad política, otros claudicaron siendo cooptados por el peronismo. No se puede negar el intento de autonomía política del laborismo que fue quebrado por una feroz represión que el libro del Partido Obrero ignora u oculta.

No solo el libro del Partido Obrero desconoce la represión utilizada por Perón para deshacerse de los laboristas, sino que cree –y reproduce- el discurso oficial según el cual Perón habría sido la única figura popular del movimiento. El libro del PO dice: “En los actos las masas abucheaban a los laboristas que precedían en los actos a las palabras de Perón”(p. 14). Esto es falso. Por ejemplo, en la asunción de Mercante como gobernador (donde está presente Perón) las masas no aclaman al General, sino a Cipriano Reyes. El discurso de Mercante es constantemente interrumpido por el grito de “laboristas, laboristas” y “Reyes, Reyes”). Cipriano Reyes es llevado en andas hasta el palco y tanto Mercante como Perón salen del mismo muy molestos por la situación.11 Hubo otros casos en los que los dirigentes laboristas fueron abucheados, pero esto no fue producto de la actitud de las masas, sino que militantes de la Alianza Libertadora Nacionalista se ocupaban de esta tarea.12

Según el libro del PO, la dirección del Partido Laborista era una burocracia sindical que no era aceptada por su base (p. 15). Falso: no hay ninguna prueba en ese sentido. Por el contrario, las masas obreras en 1946 defienden a la dirigencia laborista frente a los candidatos oficialistas señalados por Perón. De esa manera el laborista Gay, como ya señalamos, es elegido al mando de la CGT, pese a la intención de Perón. También se sostiene que la burocracia sindical que se encontraba al frente del Partido Laborista representaba a los sectores menos combativos de la clase obrera y que, en cambio, Perón en forma directa habría acaudillado a los sectores más combativos (p. 15). Esta afirmación no tiene sustento de ningún tipo y es vaga al extremo, ¿cuáles serían los sectores más combativos que apoyarían a Perón? No sabemos. El libro no lo dice y no resulta fácil encontrar un ejemplo plausible de poder dar sustento a esa apreciación.

El laborismo acaudillaba a sectores que venían de luchas importantes como frigoríficos, telefónicos, etc.. Que esta dirigencia conformaba una burocracia en el sentido de una estructura sindical es cierto, lo que no quita su combatividad. Por ejemplo, Gay en el sindicato telefónico venía de ganar, en la década del ’30, huelgas en condiciones desfavorables dado el contexto de desempleo. Por ello, no dudó en pedir ayuda a los anarquistas para apelar al sabotaje, llegando a dejar incomunicada la casa de gobierno.13 Tan poco combativos eran los telefónicos acaudillados en un primer momento por Gay que, en 1949, orientados por los comunistas sostienen una huelga que el gobierno declara ilegal y donde compañeras militantes telefónicas fueron torturadas. El PO debiera preguntarse: ¿por qué, si era tan poco combativo este sector, Perón debió reprimirlo de tal manera?14 Lo mismo puede decirse de los frigoríficos que es otro sector muy movilizado. Perón usa a Reyes para desplazar al comunismo, pero luego debe enfrentar a Reyes. También la huelga de los frigoríficos sería reprimida y el sindicato intervenido. Si no fuera un sector combativo no le hubiera dado a Perón los dolores de cabeza que le dio.

Con todo esto no estamos haciendo una defensa del laborismo. Solo mostramos cómo el Partido Obrero tergiversa la historia devaluando al laborismo y agigantando la figura de Perón: de los laboristas se dice que eran repudiados por sus bases o que sus bases no eran combativas, mientras que Perón tendría bases propias y más combativas. Esto oculta también que el 17 de octubre se hace con las bases del laborismo y con el apoyo de personal militar policial que respondía a Perón.

El libro del Partido Obrero no solo oculta la represión al laborismo, sino que termina encubriendo el conjunto del despliegue represivo de los primeros gobiernos peronistas. Solo menciona la movilización de los ferroviarios en huelga y la “violenta represión” a la FOTIA en “1948” (p. 17). Creemos que se refieren en realidad a la huelga reprimida en 1949. El error del año es un dato menor (en realidad la represión sobre la FOTIA es continua). Lo preocupante es lo que se oculta (y que no es un descubrimiento reciente): en medio de esa huelga el peronismo secuestra al obrero Carlos Aguirre del sindicato de mozos que hacía de enlace entre la FOTIA y los gremios de la ciudad de Tucumán. A Aguirre se lo tortura en dependencias oficiales, se lo mata y se hace desaparecer su cuerpo, que es encontrado luego de manifestaciones obreras que reclaman por su aparición. En este contexto hablar de “fuerte represión” es un eufemismo para no decir secuestro, tortura, asesinato y desaparición. Estimo que cualquier militante del PO hoy se indignaría si alguien hablara de la lucha de los tercerizados ferroviarios e indicara que hubo una “violenta represión”, sin mencionar el asesinato de Mariano Ferreyra. Esto es lo que ellos hacen en relación a los obreros comunistas asesinados por el peronismo. Aguirre no es el único obrero asesinado por las fuerzas represivas del peronismo. Sin embargo, pareciera que los asesinatos de obreros no fueran un tema importante para construir una delimitación de este partido ni para mencionar en el libro.

Si todo esto se deja pasar, ¿qué es entonces lo que el PO critica al peronismo? La crítica pasa siempre por tres ejes: uno, el peronismo no cumplió con sus propias promesas nacionalistas (por eso se alude a la “retórica nacionalista”); dos, el peronismo regimentó los sindicatos y los integró al Estado y tres, el peronismo está en una crisis de la que no puede salir. La consecuencia lógica de este planteo es interpelar a los obreros peronistas para que se acerquen al Partido Obrero, que desarrollará las promesas nacionalistas incumplidas por el peronismo. En cuarto término, se reconoce en Perón a un candidato patronal militar y a su gobierno características totalitarias. Pero no se explica ni una ni otra caracterización, que parecen reñirse con otros pasajes como cuando se describe el 17 de octubre. El libro señala que, después del 17 de octubre nunca más hubo un acto “semiespontáneo” de la clase obrera. Más allá de que podría discutirse el carácter semiespontáneo de la movilización (ya señalamos el rol de la CGT y de la vieja guardia sindical en el mismo), no es cierto que no haya habido después grandes movilizaciones obreras. Podemos señalar dos, las dos en Rosario: la primera en 1950, contra el envío de tropas a Corea, que fue reprimida por el gobierno peronistas y dos, el levantamiento de los obreros de Rosario ante el golpe de septiembre de 1955.15 Por otra parte, también se critica en forma adecuada la doctrina de “la humanización del capital” y de la “comunidad organizada.” Sin embargo, estas críticas que podríamos denominar clasistas, ocupan un segundo plano en relación a la línea de crítica principal, a saber: la falta de un proyecto verdaderamente nacional del peronismo.

El trotskismo como expresión del verdadero nacionalismo

Las críticas al fallido antiimperialismo peronista son recurrentes en el texto: por ejemplo hallamos frases como “El camelo del proyecto nacional” (p. 31) o “si existió algún intento de ajustarse a una suerte de ‘proyecto nacional’ es evidente que concluyó en un fracaso”, o alusiones a la lejanía de un planteo antiimperialista del FREJULI (p. 38).

El Partido planteaba, en relación a la situación en 1983, que la Juventud Peronista (JP) tenía razón acerca de la necesidad de construir un frente antiimperialista y anti oligárquico, pero que el frente que la JP proponía era la negación de tal frente antiimperialista. Es decir, estaban de acuerdo, en principio, con el programa de la izquierda peronista, pero no creían que el peronismo pudiera encarnarlo.

En este sentido, las objeciones que planteaban eran que en el peronismo el proletariado no está presente con fisonomía propia sino subordinado al capital y que los dirigentes como Cafiero -que la JP proponía como referentes de su frente- descartaban una nacionalización de la banca y una reforma agraria (p. 57). En ese sentido, en el libro se critica a Cafiero por no tener intención de tocar la “estructura oligárquica parasitaria del campo” (p. 58), como no la tuvo Perón en el ’45 ni en el ’73. Acto seguido se critica la propuesta de Cafiero de querer aplicar retenciones al agro. Crítica que se retoma más tarde al plantear que “Las soluciones impositivas expropian al pequeño propietario, al que ya se descalifica como ‘minifundista” (p. 67). Aquí pueden verse las bases de las dubitaciones del PO en el conflicto del campo del 2008, ya que en 1983 creía que las retenciones al agro eran negativas por su impacto sobre los “pequeños productores.”16

Si estas eran las preocupaciones del Partido Obrero no extraña el siguiente párrafo donde se equipara la lucha contra la oligarquía y el imperialismo con una revolución social: “La emancipación de la opresión oligárquica e imperialista es también una revolución social, aunque no sea una revolución socialista. Los es porque significa un cambio radical en las relaciones de propiedad y la eliminación de las clases sociales retrógradas. Por eso se dice que la lucha consecuente por la emancipación nacional debe hacerse con los métodos de la revolución social. Pero ‘la doctrina social justicialista’ es hostil a la revolución social. De lo que se concluye que, por sus propios planteamientos, el peronismo se descubre como un antiimperialismo inconsecuente y hasta inexistente.” (p. 35).

Si quitamos la referencia a la incapacidad del peronismo de encabezar un movimiento antiimperialista, este párrafo podría perfectamente ser suscripto por Montoneros. Con otro léxico se plantea el horizonte de la liberación nacional (entendida este como un proceso revolucionario) como paso previo al socialismo. De nuevo, el Partido Obrero formula una propuesta muy similar a la levantada por la izquierda peronista, pero se plantea a sí mismo como el partido capaz de llevarla a cabo. Esta idea es reforzada ante la constatación de la crisis del peronismo: “La crisis del peronismo plantea la independencia de los trabajadores y su transformación en dirección revolucionaria de la nación oprimida. Para eso es necesario un partido obrero de masas” (p. 83).

En síntesis, más allá de ciertos aciertos en algunas caracterizaciones el libro presenta una multitud de errores fácticos que terminan mostrando al peronismo como algo mejor de lo que fue.17 Por otra parte, si bien se esbozan críticas clasistas, predomina el cuestionamiento de naturaleza nacionalista que cuestiona al peronismo por no haber sido consecuente con su retórica antiimperialista.

La represión negada

Las concepciones presentes en este libro permean las intervenciones públicas del Partido Obrero. En estos casos es aún más visible como la concepción del PO lleva a una reivindicación al menos parcial del primer peronismo. Sirva de ejemplo la intervención de Jorge Altamira en la legislatura de la ciudad de Buenos Aires. Jorge Altamira pronunció palabras emotivas en un homenaje al aniversario del fallecimiento de Eva Perón, aludiendo a su propio origen peronista. Parado en su pasado, les recriminó a los presentes no ser dignos herederos del peronismo:

“Desde esa historia puedo también señalar que lo que realmente importa como balance político es lo siguiente: el peronismo hizo transformaciones extraordinarias en su primer período de gobierno. En lugar de bajar el 13% a los jubilados, les dio el aguinaldo a los empleados estatales. Reconoció a las comisiones internas de las fábricas, en lugar de matar piqueteros en la estación Avellaneda…”18

Sin quererlo alimentó el mito del cual se nutriría la fuerza política que, poco después, combatiría a la izquierda y cooptaría al movimiento piquetero. Por su puesto, Altamira también criticó algunos aspectos negativos. Pero, a fin de cuentas, reivindicó al primer peronismo por su defensa de los obreros, su antiimperialismo y lo eximió de la responsabilidad de muertes obreras, cuando la lista de los obreros asesinados bajo los primeros gobiernos peronistas es amplia: Ángel Zelly, obrero metalúrgico y el caso de Carlos Aguirre obrero mozo de Tucumán, son solo dos ejemplos que deberían hacer replantear intervenciones de este tipo. A veces es difícil distinguir si intervenciones de este tipo se deben a oportunismo político o simple ignorancia. Una conjugación de ambas parece ser la respuesta. De lo que no cabe duda es que no se trata de intervenciones aisladas o exabruptos, sino que responden a una línea partidaria fijada hace tiempo. 

¿Por qué el trotskismo minimiza la represión del primer peronismo?

Hemos tomado como ejemplo al Partido Obrero, pero lo mismo podría decirse del PTS. Cabe preguntarse, entonces, por qué el trotskismo tiende a minimizar estos hechos represivos. Hay distintas explicaciones. La primera es el simple desconocimiento. En la medida en que, durante los primeros gobiernos peronistas reinaba la censura, dirigentes históricos del partido pese a ser contemporáneos a estos sucesos pudieron no conocerlos en el momento, aunque hay casos que trascendieron que nadie con conocimiento histórico del período podría olvidar (como el caso Aguirre ya citado). A posteriori estos hechos salieron a la luz, pero el peronismo desestimó las denuncias acusando de gorilas a quienes las formulaban. Quizás eso influenció a los trotskistas que no querían quedar pegados al comunismo ni ser acusados de gorilas por las masas que querían atraer. Sea por considerarlos “gorilas” o por un repudio radical de todo lo vinculado con el estalinismo, el trotskismo no dio entidad a las denuncias comunistas.

Otro factor a considerar es el hecho de que, durante los dos primeros gobiernos peronistas, el trotskismo no sufrió la represión peronista en carne propia, al menos no en la misma medida que el laborismo y el comunismo. El trotskismo no fue durante estos años el blanco privilegiado de la represión peronista. Esto puede explicarse por su tamaño en esa época, pero también porque en forma deliberada el gobierno los dejaba en paz, mientras atacaba a sus enemigos principales: el laborismo y el comunismo. Al respecto es significativo un reporte policial. En un expediente reservado del Ministerio del Interior se informa de un procedimiento realizado en la casa del escritor Luis Franco. Se reporta que el personal policial decide dejarlo tranquilo porque Franco manifiesta ser trotskista y luchar contra la III internacional. Se deja constancia que, por ser los trotskistas escasos, no se los considera peligrosos, sino un “elemento de colaboración”. En consecuencia, Luis Franco es dejado tranquilo y no se proyectan nuevos procedimientos en su vivienda.19

Es más sencillo ignorar una represión que no se sufre, pero hacerlo constituye un error político grave. Al no explicar estas cuestiones a sus militantes, estos se encuentran menos pertrechados para disputar con el peronismo y menos preparados también para preservarse de la represión que un gobierno de este cuño político puede desplegar. Si la historia del primer peronismo hubiera sido bien contada en los años ’60, la formación de la triple A no hubiera tomado por sorpresa a tantos militantes de diversos partidos.

Guardar estas denuncias por miedo a ser tildados de gorilas es sucumbir al macartismo peronista que no acepta ningún cuestionamiento. No se debe temer la confrontación con el peronismo ni ilusionarse con su supuesta crisis. Sino construimos una propuesta superadora, un partido revolucionario -y no una versión honesta y consecuente del mismo peronismo-, el peronismo permanecerá, bajo una u otra forma, como un obstáculo a la revolución. Solo se vence aquello a lo que se combate. El peronismo tiene mucho por ocultar, por eso una forma de combatirlo es develar su verdadera historia, en vez de edulcorarla.


Notas

1http://www.po.org.ar/publicaciones/libros/ver/el-partido-obrero-y-el-peronismo.

2Durante el gobierno militar Perón pertenecía al grupo que no solo promovía la educación religiosa obligatoria, sino la cristianización integral de la educación, con la consecuente purga de docentes tanto en universidades como en otros niveles educativos. Ver: Zanatta, Loris: Perón y el mito de la nación católica, Buenos Aires, Eduntref, 2013 y Kabat, Marina: PerónLeaks. Una re-lectura del peronismo a partir de sus documentos secretos, Buenos Aires, Ediciones ryr, 2017, cap. 4.

3Otro error fáctico importante lo encontramos en la página 11, donde se afirma que la Unión Democrática era apoyada por el 99% de los partidos políticos, desde el Partido Conservador hasta el Partido Comunista. En realidad el Partido Conservador no integró la Unión Democrática, motivo por el cual muchos conservadores se pasaron al peronismo.

4Cabe señalar que ni siquiera en el momento del enfrentamiento con la iglesia en 1954-1955 se da esa equiparación. En 1954 una reunión a último momento con la iglesia logra que se modifique el proyecto presentado. Tampoco se da la equiparación en el tercer gobierno peronista. Sobre este punto ver: Cosse, Isabella: Estigmas de nacimiento: peronismo y orden familiar, 1946-1955. Universidad San Andrés, 2006.

5Barry, Carolina: Evita Capitana. El partido Peronista Femenino 1949-1959, Buenos Aires, Eduntref, 2009.

6Archivo Oral del Instituto Torcuato Di Tella, testimonio de Luis Gay, 5/12/1970. Cit. en Kabat, Marina: PerónLeaks…, op. cit., cap. 4.

7Plotkin, Mariano: Mañana es San Perón. Propaganda, rituales políticos y educación en el régimen peronista (1946-1955), Buenos Aires, Eduntref, 2007.

8Esto se hacía  a veces en forma velada. Por ejemplo, contamos con informes de la Sección especial de la Policía dirigidos al interventor en Córdoba. Donde se habla de prohibir los actos laboristas “pretextando” que la reorganización de la Policía (se estaba organizando la Policía como cuerpo Federal) impedía contar con efectivos para brindar seguridad a los actos.

9Entre los documentos secretos de Ministerio del Interior hemos encontrado una carta manuscrita de Cipriano Reyes pidiendo que se habiliten alguna visita en la cárcel y esta le fue negada. Archivo General de la Nación. Archivo intermedio. Fondo Ministerio del Interior Expedientes Secretos, confidenciales y reservados, caja 77, carpeta 1406, 28 noviembre de 1948, carta de Cipriano reyes pidiendo visita en la cárcel de un diputado. Ya le había negada dos visitas de otros diputados. Uno de ellos denunció que esta negativa violaba el reglamento penitenciario y que Reyes se encontraba prácticamente secuestrado.

10Es el caso de Manuel Mustaffa de Berisso, asesinado por la espalda o de Ignacio Fontan (taxista) asesinado en el frustrado atentado contra Cipriano Reyes.

11Se ha conservado un fragmento de audio de este acto. La Plata, 16/5/1946, Radio del Estado, Audio disponible en archivo Prisma, goo.gl/1dvz5M.

12Furman, describe, por ejemplo como procedió la ALN el 1° de mayo de 1946, un cordón cerca del palco se ocupó de interrumpir y abuchear a los laboristas hasta impedirles hablar, mientras otro grupo cercano a un balcón donde se situó Perón aclamaba al presidente. Furman, Rubén: Puños y pistolas. La extraña historia de la Alianza Libertadora Nacionalista, Buenos Aires, Sudamericana, 2014, p. 192.

13Testimonio de Luis Gay, op. cit.

14Luna, Marcial: Telefonistas. Las obreras torturadas durante el gobierno de Perón, Buenos Aires, Ediciones ryr, en prensa.

15Ver: Kabat, Marina: PerónLeaks, op. cit., caps. 4 y 8.

16Sobre este punto ver: Sartelli, Eduardo (dir): Patrones en la ruta. El conflicto agrario y los enfrentamientos en el seno de la burguesía, marzo-julio de 2008, Ediciones ryr, Buenos Aires, 2008.

17Es correcta la idea presente en el libro del PO de que el peronismo no surge sobre una clase obrera virgen. Por el contrario es equivocado que su caída habría sido dictada por el imperialismo que habría decidido el golpe de 1955, al constatar que el peronismo era una débil cáscara de contención de las masas (p. 17). En principio, el peronismo venía conteniendo a las masas con cierto éxito, por ejemplo, doblegó la huelga metalúrgica de 1954 y si bien ese año se firmaron acuerdos por un aumento salarial superior al que quería el gobierno, también empezaron a implementarse cláusulas de flexibilidad laboral en los convenios. Por otra parte, al momento de su caída el peronismo se encontraba en buenas relaciones con Estados Unidos, al punto que en un primer momento en Estados Unidos hay inquietud respecto de si el sucesor respetaría o no los acuerdos petroleros firmados por Perón. Ver: Kabat, Marina: PerónLeaks…, op. cit., caps. 4 y 8.

18Altamira, Jorge, 26/06/2002, http://goo.gl/8zvI5T.

19Archivo General de la Nación. Archivo intermedio. Fondo Ministerio del Interior Expedientes Secretos, confidenciales y reservados, caja 55, 1943, expte. 475, fs. 404.

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