El movimiento de Diciembre. El papel y función de la lucha de calles

Por Beba C. Balvé y Colectivo CICSO1 – Las formas principales del movimiento de diciembre 2001 fueron a escala nacional: 1) la huelga general nacional; 2) la apropiación de alimentos (asalto); 3) los piquetes (ocupación de territorio); 4) las movilizaciones y 5) las Multisectoriales.2

En la ciudad de Buenos Aires el día 19, se produjeron movilizaciones acompañadas de cacerolazos y bocinazos con concentración en Plaza de Mayo y el día 20, de una masa de población movilizada se desprendieron combatientes dispuestos al enfrentamiento con la policía y la infantería. En su mayoría jóvenes de clase media baja y el activismo político y social.

Al principio del mes y en medio de la ruptura de la cadena de pagos, el gobierno decidió bancarizar a toda la población, para lo que debían inscribirse en la DGI y pagar el IVA. Además hubo, por medio de los bancos, apropiación de dinero de particulares que incluía salarios, pudiéndose retirar solamente una pequeña suma fija de dinero. Es decir, hubo incautación de depósitos.

La bancarización y la incautación llevaron a que una masa muy grande de población, fundamentalmente trabajadores por cuenta propia -entre los que se encuentran cartoneros, plomeros, servicio doméstico, etc.- quedara fuera del mercado. Los bancos, en su mayoría extranjeros, llevaron todo el dinero del país al exterior, dirigido fundamentalmente a bancos de Uruguay y Estados Unidos. En este cuadro de situación, de saqueo generalizado a nivel nacional, de dinero, divisas, empleo, etc. se llevó a cabo el movimiento general nacional de diciembre de 2001.

El organizador del movimiento fue el plan sistemático de cortes de ruta a nivel nacional, el día 12, en manos de los “piqueteros” –desocupados, asalariados rurales, camioneros, etc.-, y la huelga general nacional del día 13 de diciembre convocada por la CGT y CTA. A partir de allí, se sucedieron y encadenaron distintas formas de lucha interviniendo distintos sectores de la sociedad: productores rurales, industriales, comercio, asalariados, privados y estatales (como municipales, provinciales, docentes, personal de hospitales) más camioneros y obreros rurales. Todo el pueblo alzado. La huelga de los asalariados y el corte de ruta de los desocupados tuvieron la capacidad de actuar como detonante y organizador de distintas fracciones sociales y del proletariado en su conjunto. A lo disperso, le da organización de conjunto, legitimando la lucha.

Las multisectoriales son una alianza entre industriales, productores agropecuarios, camioneros, asalariados, comercio, políticos, intendentes, sindicatos, etc. en relación a una crisis de carácter regional que conduce a enfrentamientos con la policía, sublevación de ciudades y en donde el enemigo son los bancos y el Mercosur, en particular Brasil, por vaciamiento y contrabando. Argentina se convirtió en una especie de Líbano de 1982, ocupada por países limítrofes.

Condiciones sociales generales en proceso

La base material de todo este andamiaje lo constituyen los grupos sociales y sus organizaciones económico-corporativas más toda la reglamentación e institutos económico-sociales. El proceso económico-político a partir de 1983 produjo: desindustrialización, tres hiperinflaciones -en 1989-90-, desnacionalización, pérdida de poder material del Estado, colapso económico-financiero en 2001. Sus efectos fueron: masiva desocupación, masiva pobreza y miseria y pérdida de la participación del salario en la distribución del ingreso. Paralelamente se ha producido una mayor dependencia financiera, incremento exponencial de la deuda externa, pérdida del manejo de la moneda, la aduana, el sistema fiscal, etc. Sintéticamente: pérdida de la soberanía. Esto ha conducido a una crisis de hegemonía y del Estado en su conjunto. Hemos entrado en una crisis aguda, es decir, una crisis orgánica y de hegemonía.

En esta situación, los grupos sociales o fracciones de ellos se separan de sus partidos tradicionales -campo electoral-parlamentario. No son reconocidos como expresión de su clase o fracción. Esto se transmite a todo el organismo estatal reforzando la posición relativa del poder de la burocracia y de las altas finanzas, hoy extranjeras. El contenido es la crisis de hegemonía de la clase dirigente, que ocurre porque dicha clase fracasó en alguna empresa política (Alianza 1997-2001) y grandes masas, especialmente pequeños burgueses e intelectuales pasaron de golpe de la pasividad política a cierta actividad, con reivindicaciones que en su caótico conjunto constituyen una revolución (13-20 de diciembre de 2001). Los partidos políticos no pueden reaccionar contra el espíritu de rutina que los domina, contra la tendencia a momificarse y volverse anacrónicos. ¿Qué condiciones hacen posible este anacronismo? La contrarrevolución, cuyo punto de iniciación data de 1982-83.

Ahora bien. ¿Las crisis históricas, como la de la actualidad, son provocadas inmediatamente por las crisis económicas? No. Sólo crean el terreno a la difusión de ciertas maneras de pensar. Lo que estamos presenciando es la catástrofe del Estado enfrentado a una mortal crisis financiera. Lo que estaba en disputa en 2001 era sobre cuál de los tres estratos sociales debían caer los sacrificios y las cargas para poner en orden las finanzas del Estado. Hoy, esa disputa en el bloque de poder ha sido resuelta: es el pueblo, de allí la “gobernabilidad”.

¿Cómo está constituido este bloque de poder? En 1976 se derrota una alianza en el poder, constituida por la burguesía industrial, la burguesía agraria y la clase obrera. Accede al Estado el capital financiero estableciendo su hegemonía, tomando forma una moderna aristocracia financiera compuesta por grupos económicos, bancos, exportadores, importadores y la oligarquía terrateniente. La pequeña burguesía como base social y las fuerzas armadas como garantes de esa hegemonía.

Desde 1997, pero en particular desde el 2000 a la fecha, algunos políticos, la prensa y organismos internacionales, atacan a los partidos políticos, los tres poderes del Estado, las instituciones, las provincias y la fuerza material del Estado. Es decir a la organización del Estado Nación. Hoy se encuentra desmantelado. La crisis orgánica es aguda. La base social se encuentra dispersa, desorganizada, fragmentada. Las relaciones políticas en crisis. Las contradicciones de clase en la superficie y, una salida ocasional, como fue la coalición de la Alianza en el gobierno -1999-2001- y los sucesivos gobiernos a la fecha.

Ahora bien. La pequeña burguesía y sectores medios, orgánicos a la renta especulativa, quedaron atrapados con sus ahorros en el “corralito”. En el movimiento de diciembre, los atrapados en la cárcel de la miseria salieron en busca de alimentos, y los otros entran en acción callejera (rotura de bancos, etc.) en defensa de la “propiedad privada”. Extraordinaria visión: la de la clase trabajadora en contradicción con la propiedad privada. Se deben distinguir estos dos hechos, ya que tienen distinta significación. Los “saqueos” los producen las víctimas de la política económica implementada a partir de 1976, mientras que las “cacerolas” son una reacción de sus beneficiarios. La lucha del proletariado en sus distintas manifestaciones es de carácter orgánica, estratégica. La de la pequeña burguesía es ocasional, inmediata.

Esta crisis financiera del Estado, desató un movimiento en la ciudad de Buenos Aires que tomó forma de una rebelión de masas de clase media, la que por su naturaleza es apolítica y antipartido. Entre el 12 y 20 de diciembre se movieron las dos clases sociales fundamentales: burguesía y proletariado. Estos últimos, en su mayoría, en condición de desocupados, o trabajadores en “negro”, cuya relación orgánica es entre el capital y el trabajo mediando el salario y en donde el propósito es acceder a “trabajo genuino”; y la burguesía articulada al mercado de dinero donde su propósito es que se garantice la renta, sus ahorros.

Los esfuerzos por articular a esta fracción de burguesía con los llamados “piqueteros y los pobres” es una fantasía, porque es ocasional. Hace a seres sociales antagónicos. Unos pertenecen al mundo de la plusvalía y los otros al del dinero-renta que brota de la plusvalía y se apropian unos pocos. Unos luchan porque se industrialice el país, otros para que se garantice la renta en un sistema financiero especulativo que destruye a la industria y el trabajo.

Todo movimiento social contiene tres fuerzas: la fuerza de la protesta (pueblo), la fuerza de la oposición política (clase obrera) y el bloque de oposición burguesa permanentemente representado por la pequeña burguesía institucionalista (la que en Buenos Aires, en 2001, capitalizó las luchas). La relación que se establece entre estas tres fuerzas y quien lucha por la conducción de las masas -clase obrera o pequeña burguesía- depende de cada período histórico y de las circunstancias, es decir, si refiere a un momento ascendente en las alianzas de clases (democrático) o a un momento contrarrevolucionario, descendente, como el actual. A la vez, dentro del bloque de oposición burguesa deben distinguirse tres capas que hacen a su situación: la pequeña burguesía radicalizada, la proletarizada y la pauperizada. Cada situación determina comportamientos y alineamientos en relación al proletariado.

Si distinguimos lo que es una manifestación-demostración (protesta) que hace a la rebelión de clase media del 19-20 de diciembre en Ciudad de Buenos Aires, de las asambleas barriales que se desprenden de esa demostración, quedando fijadas territorialmente bajo la figura del “vecino”, el problema es saber si trascienden lo económico inmediato y se plantean problemas políticos en el marco de un programa de liberación nacional y social.

Por otro lado, se encuentra la movilización de obreros, ocupados y desocupados, cuya lucha hace a un problema de carácter orgánico y no ocasional y en donde se plantean los problemas del poder. Por el momento, objetivamente, clase obrera y pequeña burguesía marchan por separado, salvo en las regiones donde se forman Multisectoriales y a raíz de su lucha emerge la burguesía nacional. La alianza de clases tomó forma de fuerza social (ejemplo: Departamento Caseros, en Santa Fe y otros). Lo que estableció las condiciones del enfrentamiento fue la delimitación del enemigo: Bancos, Gobierno y Mercosur.

En el análisis, el dato son las personificaciones. Una cosa es obrero ocupado o desocupado, que hace a categoría económica y otra la del ahorrista y el vecino. En un intento por articular dentro del proceso social lo espontáneo con lo conciente tomaremos algunas sugerencias de Georg Luckács del libro Historia y conciencia de clase contenidas en el capítulo “Metodología de la organización”: “Los movimientos de las capas intermedias son realmente espontáneos y tan solo espontáneos […] Estas capas no tienen conciencia de clase que se relacione o pueda relacionarse con la transformación del conjunto de la sociedad. También representan siempre intereses de clase exclusivamente particulares que ni siquiera tienen la apariencia de intereses objetivos del conjunto de la sociedad. Su ligazón objetiva con la totalidad, cuando se produce, son conmociones dentro de la totalidad y no dirigidas hacia la transformación de la totalidad”.

Finalmente, el papel estratégico de la lucha de calles por medio de acciones directas, creó las condiciones de una insurrección popular a escala nacional, concentrándose en ciertas estructuras económico-sociales, a un mismo tiempo y espacio, produciendo enfrentamientos entre masas y fuerzas armadas del gobierno (policía, infantería, gendarmería) Su riqueza consiste en haber articulado todas las formas históricas de lucha del campo del pueblo, ejercitadas a lo largo del tiempo, haciendo emerger la burguesía nacional y una alianza de clases que actualizó la de 1969, socialmente hablando.


Notas

1Héctor Santella, Claudia Guerrero y Beatriz S. Balvé, Centro de Investigaciones en Ciencias Sociales. Buenos Aires 16 de junio de 2007.
2Su antecedente más inmediato se encuentra en Balvé, Beba C, Andrea Messina, Claudia Guerrero y Beatriz S. Balvé: “Lucha de calles, lucha de clases: Insurrección popular e insurrección proletaria (Corrientes 1999, Mosconi y Tartagal 2000)”, en: Revista La Maza, nº 1, Julio de 2001.

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