El mito de YPF. Auge nacionalista y petróleo en la Argentina

Por Fernando Dachevsky – A 100 años del origen de la producción petrolera en Argentina, las propuestas de nacionalización vuelven a tomar fuerza inspiradas por el aire nacional y popular que Kirchner le quiere dar a su gestión. De acuerdo con MORENO1, un grupo liderado por Pino Solanas, la nacionalización se alcanzaría con la nulidad de la Ley de Reforma del Estado sancionada durante el gobierno Menem. Es decir, el objetivo sería volver a la YPF estatal previa a los noventa. El nacionalismo popular reivindica el rol progresivo que habría tenido el Estado desde el inicio de la producción petrolera. Para éste, la historia del desarrollo de la producción de petróleo nacional se resume en un permanente tira y afloje entre los intereses privados y los defensores de la soberanía nacional. Frente a la defensa del control estatal de los recursos petroleros, sostienen, se opuso el interés del capital privado que sólo buscaría la ganancia fácil. El razonamiento que siguen es el siguiente: las petroleras privadas siempre se sirvieron de reservas descubiertas por YPF y nunca habrían aportado nada para el desarrollo del capital petrolero. Por lo tanto, si no hubiera habido injerencia privada, YPF se habría liberado de una pesada carga y hubiese podido desarrollarse al máximo. Esta carga que significó la satisfacción del interés de las petroleras explicaría la situación deficitaria de YPF y la consiguiente privatización. Por su parte, Repsol no habría hecho sino extraer petróleo sin aumentar el nivel de reservas, explotando en base a lo invertido previamente por YPF. Así, los problemas actuales del petróleo argentino estarían determinados por la imposición de una concepción según la cual este recurso, lejos de ser valorado como estratégico y al servicio del público, sería “una simple mercancía negociable […] nada más que un commodity”.2 De esta forma, pareciera ser que la producción petrolera no tuviera más limitaciones que las políticas económicas que actuarían como cómplices del capital privado. Ahora bien, ¿es posible volver atrás? ¿Qué significa volver a la YPF estatal? Un examen de la trayectoria de YPF permitirá realizar una mejor evaluación de la propuesta nacionalista.

Dos caras de lo mismo

El origen de la producción petrolera en Argentina se remonta a 1907, cuando se produce el primer descubrimiento de petróleo. Efectivamente, el estado intervino desde los inicios y garantizó la producción de petróleo con la creación, en 1910, de la primera empresa estatal del mundo: la Dirección General de Explotación de Petróleo de Comodoro Rivadavia. Comenzada la Primera Guerra Mundial, las dificultades para importar carbón dieron al petróleo mayor importancia en el consumo interno de energía. Durante el primer gobierno de Yrigoyen, el consumo petróleo se triplicó3 y antes de finalizar su primer mandato, en 1922, el primer presidente radical creó Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF). Así, el estado se hizo cargo no sólo de la exploración, sino de las distintas etapas que se suceden hasta la refinación y comercialización. Cuando YPF comenzó a operar, competía con otras empresas privadas como la Shell y la Standard Oil (en Argentina ESSO). La mayor parte de la producción era llevada a cabo por las empresas privadas. Al mismo tiempo que se creó YPF, crecieron los reclamos desde miembros de las Fuerzas Armadas. El más renombrado fue el Gral. Mosconi, quien operó a favor de que el estado monopolizase la producción petrolera, para garantizar el autoabastecimiento de combustible. Hoy Mosconi es tomado como una referencia para los defensores de YPF. Ahora bien, un elemento común en todos los planteos nacionalistas es la tendencia a oponer la producción estatal contra el avance del capital privado. Sin embargo, esta contradicción es falsa. De hecho, ya en las primeras décadas de producción petrolera en Argentina pueden observarse a la empresa estatal y a las privadas impulsando políticas petroleras en forma conjunta. Tal es el caso, por ejemplo, de la propuesta de elevación de aranceles a la importación de crudo y derivados que se encontraban abaratados, producto de la sobreproducción generada por la crisis del ‘30.4 Durante esa década, se dictaron las primeras leyes nacionales sobre hidrocarburos,5 mediante las cuales se buscaba regularizar la participación del mercado interno que le correspondía abastecer a cada una de las empresas. La producción nacional se desarrolló y las empresas privadas se volcaron a la producción de refinados, llegando a abastecer cerca de un 60% de las naftas consumidas al interior. Luego del impasse provocado por la Segunda Guerra Mundial, el consumo interno de petróleo se vio nuevamente impulsado. La elaboración interna -en su mayor parte a cargo de YPF- resultó insuficiente para abastecer una demanda en aumento. Al gobierno peronista se le presentó, entonces, la necesidad de ensanchar la producción. Una de las medidas tomadas -que suele ser bandera del nacionalismo- es la sanción de la Constitución de 1949. A través de ésta, los yacimientos eran declarados propiedad inalienable del estado. Sin embargo, en ningún momento la nacionalización de Perón comprometió a las petroleras privadas. No se estatizó ninguna compañía. Luego, sobre el final de su mandato, junto con el retroceso de la renta agraria -producto de la reducción de las exportaciones- el nacionalismo petrolero comenzó a retroceder. Perón apeló a la estadounidense Standard Oil y le otorgó concesiones sobre los “inalienables” yacimientos, para intentar suplir la falta de petróleo.6 Luego del fin de la Segunda Guerra se revitalizará el mercado mundial de petróleo. Sin embargo, el petróleo argentino no era competitivo a nivel internacional. El conjunto del capital petrolero que operaba en el país estaba orientado hacia el mercado interno y no alcanzaba para abastecerlo. La producción nacional debía luchar por su participación en el propio mercado interno contra las importaciones.

La amenaza externa

En las décadas siguientes, las políticas en torno al fortalecimiento de YPF expresaron el intento de proteger a un pequeño capital improductivo, frente a la amenaza que le representaba la importación masiva de petróleo más barato. Respondían, también, a la dinámica de la propia actividad petrolera. Al igual que sucede con la producción de otras mercancías -tales como las agrarias- la producción petrolera depende en gran medida de condiciones naturales. En el caso del petróleo, esta condición impone un límite más fuerte, dado el carácter no renovable del mismo. Esto lleva a que su producción contenga de manera permanente tareas de exploración de nuevas tierras petroleras. A medida que pasan los años y se explotan las reservas conocidas, la exploración supone un riesgo mayor, que se agudiza en Argentina dado lo limitado de sus reservas. Por lo tanto, los capitales individuales delegan esta tarea al estado. La propiedad estatal del petróleo no constituye una especificidad Argentina. De hecho, las principales empresas petroleras del mundo son estatales. En tanto que representante del capital global, el estado no se opone al interés de los capitales privados, sino que actúa como su garante. En el caso particular de Argentina, se observa que los capitales privados tendieron a centrarse en tareas de refinación y comercialización, mientras la exploración quedará a cargo de YPF.7 La producción de petróleo en Argentina resulta más costosa que a nivel internacional. Durante la última mitad de la década de 1970, la brusca elevación del precio internacional llegó a cuadriplicar el promedio de los 30 años anteriores. Sin embargo, los costos de YPF eran aún superiores a esos exorbitantes precios8. La variación en las políticas petroleras no responde, entonces, a meras convicciones enfrentadas del personal político de turno, sino a la cantidad de recursos que cada gobierno contará para proteger la baja productividad de YPF. Con superávit, cualquiera puede presentarse como defensor de la soberanía nacional. Pero en momentos en que la disponibilidad de recursos se restringe, comienza a cobrar fuerza la posición privatista. Tal es el caso del segundo gobierno de Perón, el último gobierno militar y el de Menem. En este sentido, lo que aparece como una continua retirada del estado de la producción expresa, en realidad, la incapacidad de la economía argentina de seguir sosteniendo la acumulación de pequeños capitales improductivos. La privatización, por ejemplo, acarreó la quita de producción de los pozos marginales.

¿Volver a YPF?

El nacionalismo suele dejar de lado el análisis de la producción a nivel internacional9. De esta forma no da cuenta de que el actual estancamiento de reservas no es un fenómeno meramente nacional. Si tomamos su evolución mundial, desde que se inició la desregulación petrolera en Argentina hasta la actualidad, nos encontramos que el conjunto de las reservas de los países no pertenecientes a la OPEP se encuentran estancadas en los mismos niveles que 1988. Sólo alcanzaron cierto crecimiento la de los principales países petroleros (OPEP y Rusia), sin llegar a equiparar el aumento en el consumo mundial de petróleo.10 La producción energética actual encontró un techo. Cada vez es más evidente la necesidad de una reconstrucción de las bases energéticas mundiales, lo que acarreará transformaciones gigantescas. Más que preocuparse por recuperar lo irrecuperable, se trata de construir una sociedad que, sobre nuevas bases, pueda plantear el problema en beneficio de las grandes masas y de una nueva relación con el medio ambiente. Una tarea que se torna imposible si se la restringe a los estrechos marcos nacionales. La propuesta de Pino Solanas y compañía, en cambio, lejos apuntar en la construcción de una nueva sociedad, representa un mezquino homenaje al pequeño capital decadente.


Notas

1Movimiento por la Recuperación de la Energía Nacional Orientadora.

2La causa del MORENO. Defensa del petróleo Argentino. Texto del recurso de amparo y acción de inconstitucionalidad., p. 30

3San Martín, José: El petróleo y la petroquímica en la Argentina (1914–1983). Emergencia, expansión y declinación del nacionalismo petrolero, Ediciones Cooperativas, Buenos Aires, 2006, p. 24.

4Mayo, Carlos y Molina, Fernando: El general Uriburu y el petróleo, CEAL, 1985.

5Hasta entonces la actividad petrolera estaba reglamentada por el código de Minería. Véase Bravo, Víctor y Kozuij, Roberto: La política de desregulación petrolera argentina. Antecedentes e impactos, CEAL, Buenos Aires, 1993.

6San Martín, José: op. cit.

7Bravo, Victor: op. cit.

8San Martín: op. cit., p. 166.

9Tanto la obra de José San Martín como la de Bravo citadas anteriormente incurren en este tipo de error.

10Mientras las reservas mundiales crecieron en un 20% el consumo creció en un 26%. Véase BP Statististical Review of World Energy, 2006 en http://www.bp.com/statisticalreview

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